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  • Lucio Dupuy y la familia natural

    La vida de horror que dos lesbianas que fungían de “madres” infligieron al pobrecito Lucio Dupuy hasta matarlo no es un caso aislado.

    Los homosexuales no suelen ser buenos padres ni buenos esposos, suponiendo que esas nobles palabras pudieran por absurdo aplicárseles. La supuesta “familia” homosexual es una construcción artificial en la que los niños son los más perjudicados. 

    Pero es políticamente incorrecto decirlo. 

    Hace treinta años, decir que el ambiente natural para que un niño crezca era la familia natural, con padre y madre, era una obviedad que sólo se negaba en algunos cenáculos trasnochados a los que nadie prestaba atención.

    Después de tres décadas de insistencia machacona los progresistas (y de los gobiernos que les temen) consiguieron instalar la idea de que los homosexuales son tan buenos padres como cualquiera. 

    Por supuesto que no todas las familias naturales son buenas con sus hijos ni todas las pseudo- familias homosexuales son malas con los niños que les entregan. Pero es falso afirmar que para un niño es exactamente lo mismo. 

    La homosexualidad es un vicio, no una enfermedad, pero como todo vicio deriva en enfermedad. El alcohólico también es un enfermo, pero su enfermedad proviene de un vicio que no se esforzó en combatir. A causa del vicio derivado en enfermedad estas personas tienen su voluntad debilitada. Cada vez les cuesta más autocontrolarse. De nuevo conviene recordar que no todos los casos son iguales; la mayoría mantiene un cierto autocontrol y pocos lo pierden completamente. Pero es lógico suponer que personas dominadas por un vicio sean EN PROMEDIO más violentas y caprichosas. 

    No hay estadísticas sobre fidelidad pseudo conyugal entre homosexuales o de cumplimiento de sus deberes pseudo parentales. Las que hay se esconden. Hace veinte años había salido una estadística policial sobre violencia entre homosexuales, pero desapareció rápidamente. Los “enamoramientos”, los celos, las rabias, los despechos, todo es más agudo cuando la persona ha perdido todo o parte de su autocontrol por practicar un vicio. Y los niños -obtenidos por medio del temor de los funcionarios- tienen que vivir en ese clima pseudo familiar.

    Rodríguez Larrata se sacó una foto entregando el primer bebito en adopción a una pareja homosexual. ¿Cómo será la vida de ese niño hoy, quince años después? ¿Qué ejemplos recibe de sus supuestos “padres”? ¿Qué enseñanzas le dan?

    Ahora están todos indignados con la jueza Ana María Pérez Ballester, por haber entregado a Lucio a esta pareja de lesbianas. Es muy probable que ella haya actuado por miedo. El mismo diario La Nación menciona esa posibilidad, aunque muy discretamente y con signo de pregunta: 

    “La otra hipótesis, tan de nuestros tiempos de territorios minados y cancelaciones, se relaciona con la condición de la progenitora que pertenece a la comunidad LGTB. Fallar en contra de la solicitud de revinculación podría ser visto como un atentado discriminatorio contra este grupo y sus derechos. No miró lo que había que mirar, no tomó los recaudos que había que tomar, ¿fue por no ser acusada como discriminadora?” (Ver nota acá).

    El miedo de una Jueza a apartarse del Pensamiento Único la llevó a destruir un niño.

  • Lago Escondido

    El padre Paco Olveira, líder del grupo “Curas en Opción por los pobres” empezó una huelga de hambre para exigir que se abra un camino que llegue al Lago Escondido, uno de los lugares más lindos del mundo, atravesando propiedades privadas.
    La reacción de los gauchos locales consistió en subirse a sus caballos y echar a rebencazos a los agitadores. Esos gauchos tienen más derecho al título evangélico de “pobres” debido a que trabajan pequeñas parcelas de tierra bastante magras para la producción. “Queridos vecinos de la comarca, soy propietario de un campito en El Foyel, dónde somos agredidos por gente que viene de Buenos Aires, hoy llegaron un montón de micros a querernos atropellar, a tirarnos el portón abajo, y necesitamos su apoyo. Vienen patotas, vienen barras bravas, viene sindicalismo, les agradecemos si alguno puede ayudar”, indicó un conocido productor, Pablo Puchi en uno de los audios que circuló.
    Moseñor Ojea, Arzobispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal se interesó por la salud del padre Olveira, pero no le afeó su conducta. 
    No se advierte qué relación puede existir entre la reducción de la pobreza y la apertura de ese camino, excepto que se trata de un reclamo de agitadores violentos provenientes de Buenos Aires que se autoproclaman “pobres” y sin embargo cobran todo tipo de subsidios del Estado.

    ¿Volvemos a los años ’70?

  • ¿Un país serio, o un flan mal hecho?

    Introducción de La Botella al Mar: Los paralelismos entre la situación de Chile y la de la Argentina son suficientes como para que el análisis de Cristián Warnken en El Mercurio de hoy bajo el título Chile es en serio sean muy relevantes.

    Nos vamos acostumbrando a las chambonadas, las desprolijidades, la falta de rigor. Vamos de una en otra y, a estas alturas, ya no se puede hablar de errores de novatos: comienza a manifestarse en todo su esplendor una forma de ser. Es una forma de ser que desprecia las formas, las formalidades, las estructuras, el orden. ¿Resonancias de esa deconstrucción en la filosofía que infestó las humanidades, la academia, el mundo intelectual, y que ha servido de fundamento para muchos de los experimentos teóricos que abundaron en la Convención y que persisten en el discurso de muchos funcionarios de gobierno? Fue George Steiner, tal vez el último gran humanista europeo, quien constató el fenómeno de lo que llamó el “contrato roto”, cuando se rompe la relación entre la palabra (el logos) y el mundo. La confianza en la palabra (“en el principio fue el verbo”), ese contrato, permitió la existencia del pensamiento, del derecho, de la política. Roto ese “contrato”, desaparecen las “presencias” detrás de los conceptos, las instituciones, etc. Algo de ese vacío, de esa ausencia de “presencia” se siente en este gobierno. No hay ideas (sí muchos eslóganes), parecieran haberse quedado sin proyecto para el país, y para llenar ese vacío o compensarlo, se sobregiran en gestos y actos simbólicos (como el de terminar con las funciones de la Primera Dama o dar indultos a delincuentes disfrazados de héroes de la primera línea). Y como no hay un orden, una estructura, un plan en serio para el país, ese “vacío”, esa nada, comienza a impregnar todo el aparato estatal y se traduce en este festival de improvisaciones, desprolijidades, algunas de antología. Ese desorden, además, se suma a la anomia (el irrespeto por toda norma o ley) que uno percibe todos los días en el país. Mala mezcla. Lo que ocurrió con la Cancillería es parte del horror vacui que nos toca vivir.

    La vulnerabilidad geopolítica de Chile (en un contexto latinoamericano lleno de populismos y tiranías varias) es tan grande que nuestra diplomacia ha cuidado durante siglos los límites, las formas, los bordes, todo aquello que se parece desdeñar olímpicamente. Pero parece que da lo mismo hacer un papelón con las caprichosas side letters, da lo mismo agraviar al embajador del Estado de Israel, da lo mismo indultar a delincuentes, da lo mismo insultar con declaraciones soberbias a los parlamentarios con quienes después vas a tener que forjar acuerdos, da lo mismo ningunear en un discurso en el momento de asumir la Presidencia a un expresidente de la República que te dio su apoyo decisivo para la segunda vuelta. ¿Da lo mismo que se desmantele día a día la política exterior chilena, política exterior que ha sido forjada a través de siglos por gobiernos de izquierda, derecha y centro? La deconstrucción del Estado chileno no pudo realizarse siguiendo el plan de refundación que latía en la fracasada Convención constituyente, pero sí se está haciendo de otra manera: en cámara lenta, en los gestos, modos, formas de operar de todos los días, en todos los servicios públicos, en las omisiones, en un desgobierno que parece haber encontrado —¿inconsciente o conscientemente?— en el “desgobernar” tal vez la última posibilidad de imponerle a la realidad chilena su fracasado modelo de interpretación de nuestra sociedad, que el pueblo rechazó rotundamente en septiembre.

    Nostalgia de las formas, profunda nostalgia republicana en este momento anómico e informe. Alguna vez se habló del “caos”, como lo opuesto al orden. Tal vez habría que hablar más bien de la “jalea”, del flan mal hecho. Harían bien las nuevas autoridades en mirar los retratos de Montt o de Varas que están cerca suyo, en las oficinas de la Presidencia o de algún ministerio. Ellos los están mirando severamente desde la historia y el pasado como diciéndoles: “acaben la ‘chacota’ millennial, Chile es en serio”.

    Por Cristián Warnken, publicado el 26 de enero 2023 en El Mercurio Blog.

  • El activismo climático tiene un problema sectario

    Como miembro de Extinction Rebellion, escribe Zion Lights, observé a personas a las que les lavaron el cerebro para que hicieran malabarismos escandalosos en nombre de ‘salvar el planeta’.

    Tal vez viste los “Girasoles” de Van Gogh manchados con dos latas de sopa de tomate. O el hombre de 20 años que se prendió fuego en el brazo en un torneo de tenis, vistiendo una camiseta estampada con las palabras “Acaben con los aviones privados del Reino Unido”. O el tráfico en la autopista M25 de Londres bloqueado por los manifestantes durante días. Una niña de 24 años, Louise, se subió a una grúa en la carretera. “Estoy aquí porque no tengo futuro”, exclamó entre sollozos.

    Todas estas historias presentan a jóvenes miembros de un movimiento que afirma luchar contra el cambio climático exigiendo a sus gobiernos que dejen de usar y producir combustibles fósiles de inmediato.

    Sus métodos parecen poco ortodoxos, y probablemente te estés preguntando cómo desfigurar obras de arte o pegar tu mano al piso de una sala de exhibición de Volkswagen reduce las emisiones de carbono. No te culpo.

    La diferencia entre tú y yo es que yo solía ser uno de ellos.

    Durante los últimos 16 años, formé parte de una u otra organización ambientalista como activista o empleada asalariada. Primero fue Camp for Climate Action, donde protestamos contra una corporación diferente cada año. Una vez, en una manifestación frente a un banco en Edimburgo, usamos bolsas de basura y nos pintamos con melaza, en alusión a las arenas bituminosas en las que el banco estaba invirtiendo, y asaltamos la sede del Royal Bank of Scotland, donde me arrestaron.

    Me convertí en madre en 2011 y juré no ponerme en peligro, pero redoblé mi compromiso con el movimiento. Escribí un libro sobre la crianza ecológica. Fui coeditor de una revista, Juno, sobre el mismo tema. Di charlas, aparecí en televisión y escribí artículos sobre la amenaza que representan las temperaturas insoportables que provienen de nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

    Luego, en 2018, me uní a Extinction Rebellion UK, el precursor de Just Stop Oil, el grupo detrás de esta reciente ola de acciones directas destructivas.

    Empecé a nivel local. Nuestro grupo formó parte del grupo que tomó Waterloo Bridge en Londres durante dos semanas. Llenamos el puente con manifestantes y nos negamos a irnos. Extinction Rebellion, también conocido como XR, se hizo cargo de cuatro sitios clave en Londres durante ese tiempo, la demostración de obediencia civil más grande en décadas. Dimos de que hablar a todos. 

    Uno de los fundadores de XR había visto algunas de mis apariciones en los medios en las que hablé sobre el cambio climático y mirar las estrellas. Le gustó que me basara en datos en mis charlas y me pidió que me uniera al Equipo de Prensa de XR. Fui catapultada de ser una participante local a vocero de toda la organización.

    Pasé mis días escribiendo para la prensa nacional, alimentando a los periodistas con citas e información, y editando nuestro periódico, The Hourglass. Las personas con las que trabajé tenían un gran corazón y buenas intenciones. Algunos siguen siendo mis amigos.

    Pero había indicios alarmantes. 

    En mi primer sesión de entrenamiento, me dijeron en XR que llorara en la televisión. “La gente necesita ver madres llorando”, me dijo Jamie Kelsey-Fry, entrenadora y activista de XR desde hace mucho tiempo. “Necesitan ser despertados a lo que realmente les debería importar”. Me preguntaron si llevaría a mis hijos a las marchas climáticas por la misma razón. Todo fue una clase magistral sobre cómo manipular las emociones. Nos dieron instrucciones de redireccionar todos los temas a la emergencia climática y cómo los políticos nos estaban fallando. Nada sobre soluciones o ciencia.

    En la oficina de XR en Londres, había un letrero que le decía que no se quitaran los zapatos. Inicialmente, pensé que esto era divertido, un guiño a nuestra reputación como hippies descalzos, hasta que tuve que sentarme junto a personas que de hecho iban descalzas. Tuvimos problemas constantes con personas que no se limpiaban y caminaban sin zapatos. Recuerdo recoger todas las tazas y otros platos en la oficina y lavarlos yo misma para que pudiéramos tener un ambiente limpio para trabajar. La administración del edificio siempre amenazaba con echarnos. Eventualmente, lo hicieron.

    Otro ejemplo: había una sala de curación en la oficina, donde las personas podían dormir la siesta, meditar o recibir masajes de los voluntarios. Una vez, un amigo me llamó a la sala de curación para hablar sobre problemas en el movimiento. Pensé que esta podría ser una reunión productiva para hablar sobre las cosas que debían cambiar, por ejemplo, nuestro enfoque en el fin del mundo. Pero me decepcionó cuando nos dijeron que formáramos parejas y compartiéramos afirmaciones entre nosotros. Se nos indicó que meditáramos y luego nos conectáramos a un poder superior antes de compartir nuestros sentimientos. Se habló mucho de la “unidad”. Después de unos diez minutos de extrañas prácticas pseudocientíficas, me fui con otro asistente. Yo quería arreglar problemas, no rezar.

    Me dije a mí misma que los activistas pueden ser gente rara y traté de no pensar más en ello. La mayoría de las veces salía con gente más informal, como yo. Pero con el tiempo, me di cuenta de que algo andaba mal y que el tipo a cargo de XR, Roger Hallam, era la raíz del problema.

    Roger, de 56 años, un agricultor orgánico convertido en radical, es el líder más dominante de XR. Recurrió al activismo después de que colapsara su negocio agrícola en Gales, un fracaso que atribuyó a extremos climáticos. En 2018, Roger fundó XR con varias personas, pero su ego lo impulsó a la cima.

    Cuando vi a Roger por primera vez en la oficina de XR en Londres, no vi su atractivo. Su cabello canoso y áspero estaba despeinado, y se sentaba detrás de su escritorio todos los días comiendo hummus casero picante. Me di cuenta de que no prestaba atención a las personas cuando hablaban. El hecho que nos enfrentábamos a una muerte segura era su justificación (o racionalización) para ser grosero con todos.

    Los miembros lo llamaron héroe y cayeron en sus constantes autocomparaciones con Martin Luther King y Gandhi. Se refirió a sí mismo como un profeta y “probó” que era un mártir a través de arrestos regulares y períodos en la cárcel.

    “Es un genio”, me dijo Joel Scott-Halkes, otro vocero. Otro estribillo comunmente oído: “Él es la única oportunidad que tenemos”.

    A Roger le gustaba afirmar que la guerra, el asesinato y “la violación de mujeres jóvenes a escala mundial” están a la vuelta de la esquina.

    En 2019, calificó el Holocausto como “sólo otra mierda más en la historia de la humanidad”.

    Si bien Roger insiste en que está salvando a la especie humana del Armagedón, no hace las cosas que debe hacer para evitarlo, como hacer campaña a favor de legislación pertinente, elegir políticos centrados en la sostenibilidad o luchar por soluciones reales. (The Free Press no obtuvo respuesta de Roger Hallam después de enviar solicitudes de comentarios por correo electrónico y su sitio web).

    No obstante, la gente, especialmente las mujeres, clamaba por él.

    Eso es porque Roger sabe que sus seguidores, en su mayoría hombres y mujeres jóvenes, sienten una inmensa culpa por sus estilos de vida con alto consumo de carbono. Se aprovecha de su culpa y de su ansiedad por el futuro. Casi se podría describir a Roger como el líder de una secta.

    Para que cualquier culto funcione necesita ofrecer salvación. Roger ofrece eso, además de un objetivo y sentido de pertenencia a los jóvenes que acuden a él.

    “No viviré hasta los treinta”, me decían los jóvenes. Traté de convencerlos de que vivirían, pero ya estaban bajo el hechizo de Roger.

    En un TedTalk, la socióloga Janja Lalich identifica los elementos clave de una secta: “Una secta es un grupo o movimiento con un compromiso compartido con una ideología generalmente extrema que típicamente se encarna en un líder carismático”. Roger predicó el martirio—empujó a todos a sacrificar más para “llenar las cárceles”—y usó el miedo y el control como herramientas para ejercer el poder. A menudo, los periodistas me preguntaban si XR era una secta, y yo decía que no. Pero fue.

    No es solo Roger Hallam quien inspira terror y devoción entre su rebaño del cambio climático. Esas cualidades tipifican todo el movimiento.

    Recuerden a Greta Thunberg, a la vez un arcángel y un Jeremías, diciendo en un foro de Davos en 2019: “Quiero que entren en pánico”. Ella también está fuertemente influenciada por XR. En 2018, a los 15 años, fue invitada a asistir a su primera asamblea, que atrajo a más de 1000 personas a la Plaza del Parlamento de Londres para una “Declaración de Rebelión”. Desde entonces, ha amplificado el mensaje del apocalipsis inminente a sus 5,8 millones de seguidores en Twitter y más allá, construyendo su propio culto a la personalidad en el proceso.

    Cuando un movimiento que se anuncia a sí mismo como compasivo y democrático parece depender tanto de figuras mesiánicas que comercian con el pesimismo, debes preguntarte: ¿Es esta realmente la forma más ética de cambiar el mundo?

    Octubre de 2019 fue, para muchos de nosotros en XR, un punto de inflexión.

    Fue entonces cuando XR cerró el metro de Londres. Yo estaba en contra de esa acción, pero otros apuntaron a la estación de Canning Town porque no tenía seguridad adecuada. No les importó que la razón por la que no tenía la seguridad adecuada era que no tenía fondos suficientes porque estaba ubicada en un vecindario menos afluente. Las personas que usan la estación de Canning Town todos los días son los trabajadores pobres, las personas que realmente necesitan ir a trabajar, las personas que no pueden darse el lujo de trabajar desde casa. Observé con horror cuando llegó la noticia, que mostraba videos de una turba sacando a un activista desde un tren de metro, arrastrándolo por el pie y pateándolo.

    En respuesta a las preocupaciones sobre la violencia, Gail Bradbrook, otra cofundadora de XR, me dijo: “El lío es lo que hacemos. Esto es a lo que conducirá el cambio climático de todas maneras, y la gente necesita verlo”.

    Algunos de los otros portavoces (éramos seis) se negaron a defender el evento del metro de Londres en la televisión, aunque algunos de los aliados más cercanos de Roger sí lo hicieron. Ya no vieron la necesidad de ningún tipo de persuasión: “No necesitamos llevar a la gente con nosotros, Zion”, me dijo Caspar Hughes, un hombre mayor que también estaba obsesionado con Roger. “No tenemos tiempo para eso”. (Hughes fue arrestado el verano pasado después de pegarse a una copia de “La última cena” de Da Vinci).

    La interrupción del metro hizo que el grupo perdiera el apoyo público que tanto necesitaba y una gran cantidad de dinero. También fraccionó el movimiento.

    Unas semanas más tarde, aparecí en The Andrew Neil Show. Desde XR me presionaron para que defendiera la afirmación de que “seis mil millones de personas morirán a finales de siglo a causa del cambio climático”, una cifra inventada por Roger.

    Sabía que no podía condenar a Roger en la televisión nacional, pero tampoco podía mentir. El anfitrión continuó: ¿Exactamente con qué pensó XR que deberíamos reemplazar el gas?

    Quería decir energía nuclear, pero no pude. Finalmente, le dije a Andrew Neil la verdad: “No estoy aquí para hablar de soluciones”.

    No renuncié a XR la noche de la entrevista con Andrew Neil. Para eso yo requeriría algunas sorpresas más: el gran plan de Roger (incumplido) de cerrar el aeropuerto de Heathrow volando drones sobre él; su propia hija, Savannah Lovelock, rompiendo lazos con XR por ese truco; la propuesta de Roger (rechazada) de gastar una pequeña fortuna de las donaciones de XR para financiar un viaje a los Estados Unidos, en un jet privado, nada menos, para lanzar la organización allí.

    Aunque XR oficialmente comenzó a cortar lazos con Roger en noviembre de 2019, él siguió yendo a la oficina y hablando con la prensa. Me di cuenta de que XR era realmente su movimiento y que realmente nunca se iría.

    En junio de 2020, finalmente dejé XR. Poco después, XR emitió un comunicado diciendo que yo era una negadora del cambio climático y que los medios no deberían hablar conmigo.

    Después de que comencé a hablar sobre la energía nuclear, como parte de mi decisión de centrarme en soluciones para abordar el cambio climático y la contaminación del aire en lugar del apocalipsis, dos de los principales portavoces de XR, Rupert Read y Donnachadh McCarthy, se indignaron. Me enviaron mensajes enojados, llamándome “cómplice”, “vendida”, “traidora” y “negadora del cambio climático”. Me dijeron que se avergonzaban de mí, que había traicionado al grupo. Los bloqueé desde mi teléfono y luego también en las redes sociales cuando llevaron la pelea allí.

    Si abogar por un futuro lleno de energía donde la humanidad prospere constituye una traición, entonces tal vez los traicioné. Mis viejos colegas quieren el achique, que la gente tenga que vivir con menos. Prefieren la vieja retórica ambientalista de la culpa y la autoflagelación. Yo prefiero soluciones.

    Eventualmente, fundé mi propio grupo, Emergency Reactor, donde reúno voluntarios para luchar por un cambio real. Había decidido guardar silencio sobre lo que vi en XR. Pero últimamente, me preocupo por los jóvenes llorando, pegados a las carreteras y subiendo a las grúas.

    En julio de 2020, XR anunció que Roger ya no tiene ningún cargo formal en la organización del Reino Unido. Pero ha seguido adelante. Su último proyecto es un “rebranding” de la facción más extrema de XR, Just Stop Oil, que cuenta con el apoyo del Fondo de Emergencia Climática, financiado por el director Adam McKay (ganador de un Oscar) y Rory Kennedy, la hija de Robert F. Kennedy, entre otros.

    La retórica apocalíptica de Roger se ha vuelto, en todo caso, más espeluznante: aquí hay una cita de su folleto de 2019 dirigido a los jóvenes: “[Las pandillas] verán a tu madre, tu hermana, tu novia, y la violarán en grupo en la mesa de la cocina. . . . tomarán un encendedor y te quemarán los ojos con él”.

    Tengo dos niños. Y creo profundamente en corregir el cambio climático y salvar nuestro planeta; he dedicado mi vida a esa causa. Pero en ningún universo creo que aterrorizar a las personas con imágenes de violaciones y quemaduras de cigarrillos haga otra cosa que paralizar exactamente a las personas que queremos activar.

    Aquí está la verdad: si dejáramos de usar petróleo hoy, miles de personas se verían envueltas en una crisis energética aún peor, y las ruedas de la sociedad dejarían de girar. Necesitamos reemplazar los combustibles fósiles, pero con alternativas reales, no el borrado radical que quiere Roger.

    Aquí hay otra verdad: Just Stop Oil no tiene nada que ver con salvar el medio ambiente o despertar a las personas sobre la emergencia climática. Se trata de un hombre, sus ambiciones de revolución y poder, y los niños inocentes a los que les ha lavado el cerebro para cumplir sus órdenes. Un día, espero que el hechizo se pueda romper.

    Por Zion Lights, publicado el 23 de enero 2023 en The Free Press. Traducción de La Botella al Mar.

  • Benedicto XVI, un Girondino

    Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) siempre fue lo que Plinio Correa de Oliveira describía como “un revolucionario de marcha lenta, pero con coágulos contrarrevolucionarios” “se deja arrastrar por la Revolución pero en algún punto concreto la rechaza; así, por ejemplo, será socialista en todo, pero conservará el gusto por las maneras aristocráticas” (Revolución y ContraRevolución, Primera parte, Capítulo VI, 5).

    Summorum Pontificum” es un caso típico. Su principal argumento es el “amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían impregnado su cultura y su espíritu”. Además cita “Ecclesia Dei” cuyo principal argumento es “la sensibilidad de todos aquellos que se sienten unidos a la tradición litúrgica latina”. Es una cuestión de amor, afecto y sensibilidad, pero no de doctrina, porque en materia de doctrina Benedicto XVI era fundamentalmente revolucionario.

    Benedicto XVI no tenía la misma Fe que San Benito, San Agustín, San Patricio, San Beda, San Eric, Santo Domingo, San Francisco, San Buenaventura, Santo Tomás, San Luis Rey de Francia.

    Benedicto XVI no entendía ni podía entender a esos santos por la sencilla razón que no compartía con ellos la pretensión de que la Fe Católica es la única verdadera y sobre todo no compartía las consecuencias prácticas que se deducen de tal pretensión. Sentía “amor, afecto y sensibilidad” por la Europa que esos santos habían fundado, pero era incapaz de restaurarla porque le faltaban los principios sobre los que se había establecido.

    La Civilización Cristiana se fundó sobre la negación de la libertad religiosa, llamada “locura” por los papas. En cambio Benedicto XVI la defendió siempre, desde que fue uno de los autores de la pésima doctrina del Concilio Vaticano II en esa materia, de donde brotan todos los demás errores progresistas.

    “Tiempos vendrán en que el debate sobre la libertad religiosa será contado entre los acontecimientos más relevantes del Concilio (…). En este debate estaba presente en la basílica de San Pedro lo que llamamos el fin de la Edad Media, más aún, de la era constantiniana. Pocas cosas de los últimos 150 años han inferido a la Iglesia tan ingente daño como 

    la persistencia a ultranza en posiciones propias de una iglesia estatal, dejadas atrás por el curso de la historia.” (Joseph Ratzinger, Resultados y perspectivas en la Iglesia conciliar, Buenos Aires 1965).

    “El Concilio Vaticano II, en la constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, ha subrayado nuevamente esta profunda correspondencia entre cristianismo e Ilustración, buscando llegar a una verdadera conciliación entre la Iglesia y la modernidad, que es el gran patrimonio que ambas partes deben tutelar. (Joseph Ratzinger, Conferencia en Subiaco, 1-IV-2005)

    “Los mártires de la Iglesia primitiva murieron por su fe en el Dios que se había revelado en Jesucristo, y precisamente así murieron también por la libertad de conciencia y por la libertad de profesar la propia fe, una profesión que ningún Estado puede imponer, sino que sólo puede hacerse propia con la gracia de Dios, en libertad de conciencia.» (Benedicto XVI, Alocución, 22-XII-2005)

    Era imposible que Benedicto XVI entendiera la Edad Media teniendo semejantes ideas sobre la Ilustración y la libertad religiosa.

    Por supuesto que todo acto humano debe ser voluntario, de lo contrario es nulo de nulidad absoluta. Ya lo decía el Derecho Romano 25 siglos antes que el Concilio y Benedicto XVI lo exhibieran como una novedad liberadora del oscurantismo.

    Una profesión de fe católica arrancada mediante tortura es una aberración religiosa, pero más que nada es una aberración jurídica. Y de eso se trata; porque Benedicto XVI y la Revolución Francesa se refieren al hombre frente a la sociedad humana, que ciertamente no le puede imponer legalmente una profesión de fe. El tema es jurídico, porque frente a Dios no hay libertad religiosa. El que equivoca el camino se va al Infierno. El Evangelio está lleno de afirmaciones en ese sentido. Los herejes no quemarán en la Piazza della Signoria, pero ciertamente quemarán en el Infierno.

    No es éste el lugar para explicar a fondo la cuestión de la libertad religiosa como cuestión jurídica. Baste decir que la doctrina que comparten Benedicto XVI, el Concilio, la Declaración de los Derechos Humanos de la Revolución Francesa y la de la ONU (los cuatro casi con las mismas palabras) se resume en la afirmación de que el Estado no debe ejercer ningún tipo de coacción en materia religiosa, o dicho más claramente, que la fuerza del Estado en ningún caso debe estar al servicio de la Verdad.

    El problema es que para Benedicto XVI y para la Revolución Francesa no existe UNA verdad, única con derecho a ser difundida, y muchos errores, todos sin derecho a ser difundidos. Para ellos la religión católica no es “verdadera” sino que es “razonable”, y debe convencer por su “razonabilidad”. Es cierto, pero el Estado tiene la obligación de favorecer la razonabilidad de la fe Verdadera y desalentar la supuesta razonabilidad de las religiones falsas. Y cuando en un debate entre la verdad y el error está en juego la sociedad (por ejemplo, la indisolubilidad del vínculo matrimonial) el Estado debe imponer la Verdad. Con prudencia y tolerancia, por supuesto. Nadie habla de lapidar a los adúlteros.

    Esto de la firmeza en los principios pero prudencia y tolerancia en su aplicación es muy importante porque la principal artimaña que utilizan los defensores de la libertad religiosa consiste en exagerar las consecuencias de la doctrina católica tradicional en la materia. Está en esa línea la comparación que hace el discurso de Ratisbona a la violencia religiosa del islamismo.Cualquier persona que sostenga algún tipo de coacción en materia religiosa es presentado como un talibán asesino.

    El argumento falaz es así: “Suponiendo que hubiera UNA Verdad con derechos y muchos errores sin derechos, para erradicarlos a todos y de manera definitiva el Estado debería quemar, estrangular y lapidar a la casi totalidad de los habitantes del planeta. Visto que eso es imposible, el Estado debe ser prescindente en materia religiosa.”

    Pero negarle una cátedra en una Universidad del Estado a un profesor brillante pero que propaga doctrinas erróneas es claramente una “coacción”, y ésa, el Estado la debe ejercer.

    Volviendo al inicio, Benedicto XVI era como los revolucionarios girondinos. Adhería a las principales tesis revolucionarias, pero le disgustaban los jacobinos, que por supuesto lo terminaron destruyendo.

  • Último desprecio al Rey

    Constantino II de Grecia ha fallecido el 10 de enero pasado y el Gobierno le ha negado cualquier tipo de honores no obstante haber sido el último rey de los helenos. Sin honores de Estado, sin honores militares, sin honores al deportista destacado que ganó una medalla de oro para su querida Grecia en los Juegos Olímpicos del año 1960, sin la presencia del Primer Ministro, sin que se haya declarado duelo nacional y sin ninguna bandera a media asta, han sido las ordenes impartidas. Incluso prohibieron el uso en público de la bandera real y cualquier signo similar. Sólo se permitió que sus restos mortales fueran enterrados en la casa que el Gobierno Helénico le robo hace años a la familia real, donde se encuentra el cementerio real en los bosques de la finca de Tatoi, después de un funeral como cualquier ciudadano común y corriente.

    Constantino II fue enterrado vestido de civil, sin ningún protocolo militar en los ceremoniales, por la negativa expresa del Gobierno, siendo el ataúd portado por sus tres hijos varones y nietos, y no por la Guardia Presidencial, los famosos Evzones como habría correspondido a una persona de su altura.

    La negativa del Ejecutivo a dar carácter de Estado al funeral es en realidad coherente con lo que ha sido un historial de agravios ilimitados por parte de la clase política griega hacia la familia real, hasta el punto, de que a pesar de que la bandera nacional cubrió el ataúd de Constantino II, murió sin haber recuperado su nacionalidad originaria, que le fuera despojada a través de una ley. 

    Sin embargo, a pesar de las prohibiciones del Primer Ministro y que dejó de ser soberano de facto en 1974, cuando Grecia adoptó la República circunstancialmente a través de un referéndum, el pueblo ha dicho otra cosa y ha llenado las calles para rendir un ultimo homenaje a su  rey, que tanto quiso a Grecia y su gente y a la amplísima representación de miembros de la realeza que asistieron a despedirlo. –

    El funeral se ofició en la Catedral Metropolitana de Atenas, a puertas cerradas y presidido por el arzobispo Jerónimo II, la máxima autoridad de la Iglesia ortodoxa griega, después de una capilla ardiente instalada en San Eleftherios, para que los ciudadanos venidos de todas partes del país pudieran despedirlo tras largas filas de espera, con banderas y fotografías de Constantino, mientras entonaban el himno.

    Se ha despedido al último Rey sin honores de Estado ni rango oficial alguno, pero con el cariño y reconocimiento de su pueblo a quién tanto quiso y qué cómo recordó su hijo mayor, repasando las facetas de su padre: “Rey, padre, olímpico, ha llegado el día de la separación de nuestra madre y de tus hijos”.

  • La magnanimidad y el diálogo

    La magnanimidad es en cierto sentido la virtud del futuro, la gran virtud del futuro. Como el mundo se amplía, como vamos a tener que convivir con mucha gente de otras razas, de otras mentalidades que se encuentran en otras fases del desarrollo cultural, etc., como la convivencia en todos los niveles, en todos los campos se está haciendo cada vez más intensa, la vida se va a hacer invivible si nuestra capacidad afectiva no se dilata. Es necesario que nuestra capacidad afectiva se dilate, que se agrande. Pero no se trata de una ampliación meramente cuantitativa, porque se trata de una virtud, de una perfección. […] La magnanimidad, según la tradición filosófica, teológica y moral, es una virtud que se coloca en la prolongación de la virtud de la fortaleza. La valentía, la fortaleza es una virtud de lucha, es decir, el magnánimo es aquél que sabe enfrentarse con lo grande y luchar por las cosas grandes, y eso es necesario que se forme poco a poco: es una virtud. Porque no es fácil tener visiones grandes, no es fácil extender nuestra mirada para que incluya también lo distinto, lo otro. Es muy fácil quedarse en lo propio, es muy cómodo reducir lo otro a lo propio, pero no es cómodo, no es nada fácil incluir lo otro y mantenerlo como otro. […] Dialogar con el otro significa ampliarse, desarrollarse, perfeccionarse. Cuando el hombre empieza a conocer las cosas, cuando se abre a nuevos horizontes, ya en la primera fase, al encontrar lo otro, un panorama nuevo, tiene dificultades, grandes dificultades; lo que llaman los franceses la puissance d’accueil, es decir la capacidad de recepción intelectual, exige mucha capacidad de lucha. La gente débil no es capaz de ensanchar sus horizontes, la gente enferma, anciana, agotada, nerviosa, etc., no tiene mucha puissance d’accueil, es necesaria mucha fuerza para que el hombre se abra. Esos horizontes están poblados de cosas distintas y diversas que chocan. Lo diverso choca. Piensen ustedes por ejemplo en la tremenda fuerza igualitaria de la moda, en la intolerancia que se tiene por lo distinto. […] no se aceptan actitudes de las cuales se sabe que no van a ser aceptadas por la gran mayoría. El hombre es conformista, porque el conformismo es tremendamente cómodo.

    […]

    De ahí un lindo pensamiento que se encuentra en los Padres orientales, sobre todo en San Juan Crisóstomo, que dice: “no hay humildad sin magnanimidad, pero no hay orgullo sin pusilanimidad”. […] La “magnanimitas” es virtud de ánimo grande, la “pusillanimitas” es actitud de ánimo pequeño. Hoy la pusilanimidad es sinónimo corriente de la cobardía, de la timidez o de la falta de ánimo, pero originalmente significa “pequeñez del ánimo”. El que tiene ánimo pequeño no está en condiciones de enfrentar situaciones grandes […] El orgulloso que vive en un mundo falso, en una realidad falsificada, no puede sino ser pusilánime por dos razones, por dos aspectos como causa y efecto: la persona pusilánime no se encuentra con la realidad, no establece la verdadera apertura con la realidad, con la creación, con Dios, entonces se encierra en su pequeño mundo, busca las vastedades cósmicas dentro de su universo falsificado. La pusilanimidad es consecuencia del orgullo, y por otro lado, es efecto también del orgullo porque aquél que vive en su universo falso, teme ir afuera, entonces todo lo que rompe ese universo falso lo acobarda, lo desmoraliza.

    por Emilio Komar, La estructura del diálogo, Buenos Aires: Sabiduría Cristiana, 2007, p. 22-23; 83-84

  • Fueguitos por todas partes

    La serie me pareció aburrida aunque tiene el atractivo de estar ambientada a 10 minutos de mi casa. Y los pensamientos que se desataron en mi mente no tienen nada que ver con el contenido. Pero el nombre, oh el nombre, (del libro en el que se basa) se me quedó pegado como un chicle de la vereda en la suela del zapato. Porque hay gente que mira el mundo a través de los cristales del Señor de los Anillos, y tienen mucha razón al ver cómo avanza la nube oscura cubriendo todo. Pero también hay miles de fueguitos por todas partes. Este blog es uno de esos fueguitos. Y si uno mira detenidamente, se ven muchos, muchos, muchos fueguitos (y algunas hogueras) dando luz y calor, por todas partes. 

    ¡Vamos pirómanos! ¡A seguir con esta pasión incendiaria! 

  • Sorpresas de la vida (porteña)

    Que en medio de la oleada cultural anticristiana que experimentamos en nuestro querido país un productor teatral de la Ciudad de Buenos Aires apueste por una obra que presenta una discusión sobre la Fe entre un ya anciano y enfermo Sigmund Freud y el fabuloso escritor inglés C. S. Lewis, y que además las localidades estén agotadas, es para mí una prueba de que por debajo de la fachada de la  posmodernidad corren aún ríos subterráneos de anhelo de Verdad y profundidad.

    La última sesión de Freud, de Mark St. Germain, se propone mostrarnos el posible diálogo que tuviera lugar en la residencia londinense del fundador del psicoanálisis en los albores de la Segunda Guerra Mundial, cuando éste recibe la visita del ya por entonces encumbrado autor de las Crónicas de Narnia.

    Freud, un ateo empedernido, no concibe que una persona en apariencia inteligente y bien formada como Lewis haya sucumbido a la superchería de la fe religiosa, tal como él la interpreta. Lewis, que habiendo sido ateo atravesó un proceso de conversión,  argumenta una y otra vez sobre la plausibilidad de la existencia de Dios y sobre su acción en nuestras vidas. Asoma una y otra vez el tema del misterio del mal,  así como los clásicos tópicos freudianos de la culpa, la vergüenza y la pulsion sexual.

    Estamos frente a líneas de razonamiento que corren en paralelo y ninguno de los dos está dispuesto a conceder algo al otro.

    Sin embargo, la escena final de la obra nos muestra a Freud solo y “entregado”, a instancias de Lewis, a la experiencia casi mística de la música,  que él siempre había desdeñado por considerarla irracional e incómoda, tal como a la Fe. Esa escena es un guiño a la apertura a lo Sagrado, que quiera Dios Freud se haya permitido al menos en esa fase final de su vida, atravesada por el dolor físico de su enfermedad terminal y también moral, por el avance del Nazismo en Europa y el retorno de la guerra.

  • Las palabras ambiguas invitan las malas acciones

    Uno de los consuelos de estudiar filosofía es darse cuenta de que el aforismo francés plus ça change, plus c’est la même chose —cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual— describe con precisión gran parte de la historia de las ideas, especialmente en el campo de la moral y la política. Es tentador sentir que vivimos en una era de locura sin precedentes, tan desconectada de la realidad que solo puede significar que el fin del mundo está cerca. Pero la locura y la negación de la realidad tienen un legado largo, aunque menos augusto, que vale la pena recordar. De hecho, podemos remontarnos al nacimiento de la filosofía misma.

    Sócrates (470-399 a. C.) pasó gran parte de su tiempo debatiendo con sus interlocutores sobre el significado de las palabras. Siempre buscó claridad en las definiciones. Sus interlocutores, a menudo con prisa por terminar la conversación, casi invariablemente querían dejar los términos lo más ambiguos posible. En un diálogo, por ejemplo, Sócrates se encuentra con un tipo llamado Eutifrón que tiene prisa por procesar a su propio padre en los tribunales atenienses por un crimen contra la “piedad”. Sorprendido por el celo de Eutifrón, Sócrates responde que él seguramente debe estar bien versado en el significado de “piedad” y haber pensado muy cuidadosamente en su aplicación para justificar esta escandalosa falta de respeto filial. Eutifrón le asegura a Sócrates que él es, de hecho, un experto, lo que lleva a Sócrates a realizar un examen dialéctico del significado y la justificación del término, que pronto revela que Eutifrón no tiene la menor idea de lo que está hablando.

    Este tema, la necesidad de establecer significados objetivos y precisos para palabras que no pueden reducirse a los caprichos de los poderosos, es un hilo conductor en los diálogos socráticos. Sin embargo, tiene mucho más que una importancia histórica. El sentido de las palabras —o, mejor dicho, su falta de sentido— sigue causando grandes estragos en la vida individual y social. Tomemos, por ejemplo, estos tres bon mots que han llegado a dominar nuestra propia cultura moral y política:

    1. Mi cuerpo, mi elección.

    2. El amor es amor.

    3. Un hombre puede ser una mujer.

    Con un efecto talismán, estas afirmaciones encantadas han alcanzado el codiciado estatus de “sentido común” en nuestra época, tanto que cuestionarlas inmediatamente invita a rabiosas acusaciones de enfermedad mental (estar infligido con una “fobia”) o mal carácter (estar lleno de “odio”). Sin embargo, arriesguémonos al oprobio y preguntemos, al estilo socrático, ¿qué significan realmente estas declaraciones? (Y tengan en cuenta: las siguientes críticas están dirigidas a las ideas que contienen estas declaraciones, no a las personas que las sostienen).

    Tome el primero: “Mi cuerpo, mi elección”. Estas palabras ostensiblemente constituyen evidencia dispositiva de que las mujeres tienen un derecho inviolable a procurarse un aborto. Sin embargo, como la comunidad pro-vida ha estado observando durante mucho tiempo (y pacientemente), un “cuerpo” tiene una definición fija, tanto biológica como conceptualmente. Podemos decir, por ejemplo, que una definición razonable de un cuerpo humano es un individuo cuya existencia física contiene exactamente el mismo marcador bioquímico único (ADN). Podríamos agregar que el cuerpo de uno también se define como una unidad de partes, por ejemplo, una cabeza, un cerebro, un corazón, etc. Si esta es la definición de “cuerpo”, entonces los defensores de la vida pueden estar de acuerdo en el principio básico, “El cuerpo de uno, la elección de uno”. Sin embargo, eso también apunta al hecho obvio —sí, obvio— de que el niño por nacer, sin importar su etapa de desarrollo fetal, no es “el cuerpo de uno” y, por lo tanto, según la lógica de la afirmación, no es “la elección de uno”. El mismo error de definición también está presente al llamar al aborto un tema de “derechos reproductivos”; biológicamente hablando, el aborto solo se convierte en un problema después de que ya ha tenido lugar la reproducción, es decir, después de que ya se ha formado una vida nueva y única. De hecho, abogar por un derecho reproductivo al aborto es racionalmente análogo a reclamar el derecho de aquellos que están fuera del útero a elegir no nacer. Es un poco tarde para eso.

    ¿Qué tal el término “Amor es amor”? Aparentemente, estas palabras significan que las personas (a) tienen atracciones sexuales inherentes sobre las que no tienen elección y (b) por lo tanto, deberían poder expresar esas atracciones participando en actos sexuales con quien deseen, siempre que exista un consentimiento mutuo. Sin embargo, si ese es el caso, esta afirmación tautológica no solo autoriza moralmente la actividad sexual entre personas del mismo sexo biológico; también autoriza moralmente la actividad sexual entre miembros de la misma familia biológica, incluida la familia biológica inmediata. También autoriza moralmente los actos sexuales con cualquier cosa que carezca de autonomía, incluidos los animales. Estas son las implicaciones inevitables de tomar “Amor es amor” al pie de la letra.

    También hay problemas con la afirmación “Un hombre puede ser una mujer” (o “Una mujer puede ser un hombre”). Teniendo en cuenta las falsedades biológicas que contiene (decididamente no es “seguir la ciencia”), la afirmación viola las tres leyes clásicas de la lógica mutuamente implicativas, los principios racionales que hacen posible que la mente humana comprenda y evalúe cualquier concepto en cualquier momento: (1) la ley de identidad (una cosa es lo que es), (2) la ley de no contradicción (una cosa no puede ser ella misma y su opuesto al mismo tiempo de la misma manera), y (3) la ley del tercero excluido (una cosa es ella misma o no es ella misma). La afirmación “Un hombre puede ser una mujer” viola la primera ley al afirmar que las definiciones de “hombre” y “mujer” no son fijas y, por lo tanto, no tienen un significado objetivo; viola la segunda ley al afirmar que una persona humana puede ser una cosa (un hombre) y el anverso biológico de esa cosa (una mujer) al mismo tiempo y de la misma manera; viola la tercera ley al afirmar que un individuo puede ser él mismo y no ser él mismo al mismo tiempo. En resumen, la declaración es una tontería biológica, gramatical y lógica, algo que la Congregación para la Educación Católica del Vaticano también ha señalado:

    “Los esfuerzos por ir más allá de la diferencia sexual constitutiva entre hombre y mujer, como las ideas de “intersexual” o “transgénero”, conducen a una masculinidad o feminidad que es ambigua, aunque (de una manera contradictoria), estos conceptos en sí mismos en realidad presuponen la misma diferencia sexual que ellos proponen negar o reemplazar.”

    En otras palabras, la afirmación “Los hombres pueden ser mujeres” presupone una verdad (la categoría “hombre” es diferente de “mujer”) que también niega (no hay diferencia entre la categoría “hombre” y “mujer”).

    Una detracción común para señalar esta falacia a menudo toma la siguiente forma: “¿Quién eres tú para decir qué es un ‘hombre’ o una ‘mujer’?” El problema es que esa respuesta puede devolverse inmediatamente al detractor: “Bueno, ¿quién eres tú para decirlo?” Si la creencia subyacente a la posición “pro-trans” es que no existe una definición objetiva de los términos porque no existe la verdad objetiva, la posición trans es tan arbitraria, tan falsa, como cualquier otra posición. En otras palabras, si la ideología de género abraza el relativismo, saca la alfombra debajo de su propia autoridad moral; si, por el contrario, acepta la existencia de la verdad objetiva, entonces se ve obligada a reconocer que sostiene un punto de vista irracional. Esto también se aplica a las posiciones pro-elección y pro-amor-es-amor. Por lo tanto, queda claro por qué estas ideologías están tan involucradas en generar tanta ambigüedad y confusión como sea posible.

    Al final, el tema aquí no es de naturaleza meramente teórica o académica. Es tan práctico, tan “vida real”, como parece: estas definiciones ambiguas están en el corazón justificativo de las visiones del mundo que son responsables del exterminio de los no nacidos, la degradación de la sexualidad humana y el envenenamiento y mutilación de seres humanos sanos, incluidos los cuerpos de los niños. El mal uso del lenguaje provocó la prematura muerte de Sócrates en su época. Nos está haciendo lo mismo a nosotros en el nuestro.

    Por Dr. Matthew Petrusek, publicado por Word on Fire el 9 de noviembre de 2022.

  • Mentiras que importan

    Mentiras que importan

    Un político ganó la elección mintiendo en su currículo. 

    No. No me refiero a Elizabeth Warren (Senadora por Massachussets) que dijo ser “Nativa Americana” cuando tiene menos sangre india que un Sueco y que eso le sirvió para ser profesora en Harvard lo cual le dio la plataforma que necesitaba para lanzar su carrera.    

    O a Biden que dijo haber salido entre los primeros de la clase cuando en realidad salió entre los últimos. O que su hijo había muerto en Irak aunque murió de Cáncer, o que se plagio un discurso, o que había pasado tiempo en la cárcel en Sudáfrica combatiendo el apartheid, cuando es completamente falso, o que dijo que Trump había alabado a los Nazis, o que había dicho que la gente tenia que inyectarse lavandina (y larga lista).

    Me refiero a George Santos que mintió diciendo que había ido a un colegio que nunca había oído hablar de él, que había recibido un diploma que no había recibido, que había trabajado en un banco en el que no había trabajado, que había fundado una obra de caridad para salvar animales cuando lo único que había hecho era una vez asistir a una de sus reuniones, y otras…  Es decir, lo normal para cualquier político que no tiene plata para pagar a consultores para que le “empaqueten” mejor las mentiras.  Por supuesto que, habiendo ganado como Republicano, las rasgaduras de vestiduras son sensacionales. Creo que a esta altura ya hay pedidos de fusilamiento.

    Muy mal todos ellos. Pero después de todo, esas mentiras son bastante irrelevantes.  Demuestran la baja calidad moral de los políticos, pero eso es como decir que la lluvia es mojada.

    En estas mentiras lo que está en juego es un sueldo, un poco de influencia y un par de titulares.  Es decir, no mucho.

    Las mentiras que realmente cuentan son la que se perpetúan durante décadas, que sirven para justificar políticas de enorme alcance, que son perpetradas no por una persona, si no por miles. Que cuentan con el apoyo de cientos de instituciones que supuestamente tiene como objetivo ser los custodios de recursos públicos y que por lo tanto tienen el deber fiduciario de ser extremadamente escrupulosos en presentar los datos de la forma más fidedigna posible.

    Hoy nos referimos a la mentira de la desigualdad.

    Según este estudio las estadísticas oficiales del Gobierno Americano sobre el tema son engañosas.  Engañosa al nivel de esa publicidad de cigarrillos que decía que había que fumar porque hace bien a los pulmones.  Es decir, criminalmente engañosas.

    Algunos puntos relevantes como los describe Real Clear Investigations:

    “Si bien la Oficina del Censo de EE. UU. informa que el ingreso promedio del 20% superior de los hogares estadounidenses ese año fue 16,7 veces mayor que el ingreso promedio del 20% inferior de los hogares, el número real, argumentan, es 4,1 veces. Esta enorme discrepancia se explica por un simple truco de contabilidad: la Oficina no contó dos tercios de los $2,8 billones en transferencias que se entregaron principalmente a los pobres y la clase trabajadora ni los $4,4 billones que se recaudaron a través de impuestos federales, estatales y locales. El 82% de los cuales son pagados por el 40% superior de los asalariados del hogar”.

    Repetimos por si no queda claro: las estadísticas de “pobreza” no cuentan los subsidios y los de la “riqueza” no descuentan los impuestos….  Engañoso, no?

    Nos dan números exactos:

    “El hogar promedio en el quintil inferior [el 20 % más bajo de los ingresos] recibió anualmente la asombrosa cantidad de $45 389 en pagos de transferencias del gobierno, más de nueve veces más que sus ingresos devengados. El segundo quintil recibió un total de $29 793 en pagos de transferencias del gobierno, aproximadamente dos tercios de lo que recibió el quintil inferior, y el quintil medio recibió $17 850”.

    Gracias a esta gran transferencia de ingresos (y la acumulación de deuda federal), la tasa real de pobreza para los niños no es la cifra de 2017 de la Oficina del Censo del 17,5 %, sino del 3,1 %. Para los estadounidenses de 65 años o más, agregan, la proporción en la pobreza cae del 9,2% al 1,1%. ¿El resultado? “El Seguro Social, Medicare, la Seguridad de Ingreso Suplementario, los cupones de alimentos y otros pagos de transferencia prácticamente han eliminado la pobreza entre las personas mayores”.

    Con estos números los burócratas se verían mas complicados para seguir gastando como marineros borrachos la plata de los contribuyentes, siempre bajo el estandarte y la excusa del “hambre infantil”.  Los avisos de viejitos desnutridos serian menos efectivos para servirles de cobertura para justificar nuevos billones para que ellos “administren”.

    Esta mentira ha beneficiado a la izquierda y sus idiotas útiles de la industria de los “bien pensantes”, mientras ha perjudicado a los supuestos beneficiaros, transformándolos en sirvientes dependientes de los anteriores.

    “En 1967, el 68 % de los adultos en edad de trabajar en el quintil inferior tenían trabajo, pero para 2017 ese porcentaje se había reducido casi a la mitad al 36 %. El porcentaje que trabaja en el segundo quintil disminuyó del 90% al 85%. Al mismo tiempo, la proporción de personas en edad laboral óptima que trabajan en los tres quintiles superiores de los hogares aumentó en un 7 %, en gran parte debido a un aumento en el empleo de las mujeres”.

    Así que no me vengan a hablar de democracia cundo los votos son comprados con plata obtenida mediante engaños.

    Cual sería el tratamiento que se merecerían los promotores de una obra de caridad que pide donaciones para solucionar un problema que es descripto en términos falsos, que beneficia primariamente a sus administradores y que además produce daños objetivos a sus supuestos beneficiarios.   Y todavía tendrían el atenuante de que todavía dependerían de aportes voluntarios…