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  • Benedicto XVI, un Girondino

    Benedicto XVI, un Girondino

    Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) siempre fue lo que Plinio Correa de Oliveira describía como “un revolucionario de marcha lenta, pero con coágulos contrarrevolucionarios” “se deja arrastrar por la Revolución pero en algún punto concreto la rechaza; así, por ejemplo, será socialista en todo, pero conservará el gusto por las maneras aristocráticas” (Revolución y ContraRevolución, Primera parte, Capítulo VI, 5).

    Summorum Pontificum” es un caso típico. Su principal argumento es el “amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían impregnado su cultura y su espíritu”. Además cita “Ecclesia Dei” cuyo principal argumento es “la sensibilidad de todos aquellos que se sienten unidos a la tradición litúrgica latina”. Es una cuestión de amor, afecto y sensibilidad, pero no de doctrina, porque en materia de doctrina Benedicto XVI era fundamentalmente revolucionario.

    Benedicto XVI no tenía la misma Fe que San Benito, San Agustín, San Patricio, San Beda, San Eric, Santo Domingo, San Francisco, San Buenaventura, Santo Tomás, San Luis Rey de Francia.

    Benedicto XVI no entendía ni podía entender a esos santos por la sencilla razón que no compartía con ellos la pretensión de que la Fe Católica es la única verdadera y sobre todo no compartía las consecuencias prácticas que se deducen de tal pretensión. Sentía “amor, afecto y sensibilidad” por la Europa que esos santos habían fundado, pero era incapaz de restaurarla porque le faltaban los principios sobre los que se había establecido.

    La Civilización Cristiana se fundó sobre la negación de la libertad religiosa, llamada “locura” por los papas. En cambio Benedicto XVI la defendió siempre, desde que fue uno de los autores de la pésima doctrina del Concilio Vaticano II en esa materia, de donde brotan todos los demás errores progresistas.

    “Tiempos vendrán en que el debate sobre la libertad religiosa será contado entre los acontecimientos más relevantes del Concilio (…). En este debate estaba presente en la basílica de San Pedro lo que llamamos el fin de la Edad Media, más aún, de la era constantiniana. Pocas cosas de los últimos 150 años han inferido a la Iglesia tan ingente daño como 

    la persistencia a ultranza en posiciones propias de una iglesia estatal, dejadas atrás por el curso de la historia.” (Joseph Ratzinger, Resultados y perspectivas en la Iglesia conciliar, Buenos Aires 1965).

    “El Concilio Vaticano II, en la constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, ha subrayado nuevamente esta profunda correspondencia entre cristianismo e Ilustración, buscando llegar a una verdadera conciliación entre la Iglesia y la modernidad, que es el gran patrimonio que ambas partes deben tutelar. (Joseph Ratzinger, Conferencia en Subiaco, 1-IV-2005)

    “Los mártires de la Iglesia primitiva murieron por su fe en el Dios que se había revelado en Jesucristo, y precisamente así murieron también por la libertad de conciencia y por la libertad de profesar la propia fe, una profesión que ningún Estado puede imponer, sino que sólo puede hacerse propia con la gracia de Dios, en libertad de conciencia.» (Benedicto XVI, Alocución, 22-XII-2005)

    Era imposible que Benedicto XVI entendiera la Edad Media teniendo semejantes ideas sobre la Ilustración y la libertad religiosa.

    Por supuesto que todo acto humano debe ser voluntario, de lo contrario es nulo de nulidad absoluta. Ya lo decía el Derecho Romano 25 siglos antes que el Concilio y Benedicto XVI lo exhibieran como una novedad liberadora del oscurantismo.

    Una profesión de fe católica arrancada mediante tortura es una aberración religiosa, pero más que nada es una aberración jurídica. Y de eso se trata; porque Benedicto XVI y la Revolución Francesa se refieren al hombre frente a la sociedad humana, que ciertamente no le puede imponer legalmente una profesión de fe. El tema es jurídico, porque frente a Dios no hay libertad religiosa. El que equivoca el camino se va al Infierno. El Evangelio está lleno de afirmaciones en ese sentido. Los herejes no quemarán en la Piazza della Signoria, pero ciertamente quemarán en el Infierno.

    No es éste el lugar para explicar a fondo la cuestión de la libertad religiosa como cuestión jurídica. Baste decir que la doctrina que comparten Benedicto XVI, el Concilio, la Declaración de los Derechos Humanos de la Revolución Francesa y la de la ONU (los cuatro casi con las mismas palabras) se resume en la afirmación de que el Estado no debe ejercer ningún tipo de coacción en materia religiosa, o dicho más claramente, que la fuerza del Estado en ningún caso debe estar al servicio de la Verdad.

    El problema es que para Benedicto XVI y para la Revolución Francesa no existe UNA verdad, única con derecho a ser difundida, y muchos errores, todos sin derecho a ser difundidos. Para ellos la religión católica no es “verdadera” sino que es “razonable”, y debe convencer por su “razonabilidad”. Es cierto, pero el Estado tiene la obligación de favorecer la razonabilidad de la fe Verdadera y desalentar la supuesta razonabilidad de las religiones falsas. Y cuando en un debate entre la verdad y el error está en juego la sociedad (por ejemplo, la indisolubilidad del vínculo matrimonial) el Estado debe imponer la Verdad. Con prudencia y tolerancia, por supuesto. Nadie habla de lapidar a los adúlteros.

    Esto de la firmeza en los principios pero prudencia y tolerancia en su aplicación es muy importante porque la principal artimaña que utilizan los defensores de la libertad religiosa consiste en exagerar las consecuencias de la doctrina católica tradicional en la materia. Está en esa línea la comparación que hace el discurso de Ratisbona a la violencia religiosa del islamismo.Cualquier persona que sostenga algún tipo de coacción en materia religiosa es presentado como un talibán asesino.

    El argumento falaz es así: “Suponiendo que hubiera UNA Verdad con derechos y muchos errores sin derechos, para erradicarlos a todos y de manera definitiva el Estado debería quemar, estrangular y lapidar a la casi totalidad de los habitantes del planeta. Visto que eso es imposible, el Estado debe ser prescindente en materia religiosa.”

    Pero negarle una cátedra en una Universidad del Estado a un profesor brillante pero que propaga doctrinas erróneas es claramente una “coacción”, y ésa, el Estado la debe ejercer.

    Volviendo al inicio, Benedicto XVI era como los revolucionarios girondinos. Adhería a las principales tesis revolucionarias, pero le disgustaban los jacobinos, que por supuesto lo terminaron destruyendo.

  • Yellowstone

    Yellowstone

    Estuve mirando la serie televisiva Yellowstone, que sigue la historia de la familia de un tal John Dutton (Kevin Costner), dueños de una gran estancia dedicada a la explotación ganadera en el estado de Montana. Siguiendo el estilo de otras series parecidas como “Succession”, es triste constatar que todos los personajes de la serie son moral o temperamentalmente lamentables. Inclusive el personaje central, John Dutton, supuestamente un hombre con valores “tradicionales” y enfrentado a la “modernidad” o el “progreso”, es una catástrofe como padre de familia, tolerando o incentivando comportamientos de sus hijos y empleados que redundan en la muerte o la quiebra económica de los que él considera sus enemigos o aquellos que le hacen daño. En otras palabras, es un criminal.

    Pero no es mi intención enfocarme en este estilo de narrativa televisiva, la del “anti-héroe”, en la que una persona que busca alguien a quien seguir de modelo mientras se entretiene mirando una película, saldrá defraudado ya que lo único que encotrará, en el mejor de los casos, son personajes “menos malos”. Lo que despertó mi indignación, es otra constante de las producciones televisivas o cinematográficas, que tal vez nuestros lectores ya hayan notado.

    Específicamente, me refiero al doble estandard cuando se trata de presentar a la religión, o las creencias religiosas de los personajes en la pantalla, ya que Yellowstone, como a mi ver la gran mayoría de lo que se produce para consumo masivo, evita sistemáticamente mostar las creencias religiosas cristianas en una buena luz, mientras se desdobla de respeto y minutos de espacio televisivo cuando se trata de otras creencias, en este caso, los rituales y visión indígena del mundo y sus virtudes humanas.

    Así, mientras que el único pastor que aparece en la serie es un hombre que ejerce su influencia desde el púlpito para disuadir a un feligrés de hacer una denuncia contra John Dutton por un crimen cometido por su familia, la serie está plagada de personajes representando indígenas americanos y sus costumbres y puntos de vista, todos presentados de la forma más favorable posible.

    Naturalmente, la visón “indígena” del mundo está plagada de propaganda “progresista”. Colón y el descubrimiento son denostados, la propiedad privada atacada, las causas ambientalistas favorecidas, y un largo “etc.” como es de imaginar. Y mientas que el “hombre blanco” es presentado como avaro, asesino y destructor del medio ambiente, el “indígena” es un santo, paciente y sabio, que sufre en silencio a la espera de una oportunidad de hacer el bien.

    Sin haber hecho un estudio científico, puedo afirmar que en líneas generales, esta en una constante, que conforma un verdadero esfuerzo de adoctrinamiento dirigido principalmente a las generaciones más jóvenes que generalmente absorben estos mensajes sin mucho pensamiento crítico, ya que les faltan las lecturas y formación para descubrir otros puntos de vista o realizar una refutación de lo presentado en la pantalla, dejándose llevar por lo emocional y lo gráfico.

    Para cerrar, es interesante notar que ha habido grades éxitos cinematográficos y televisivos que se han centrado en el mensaje cristiano. Me viene a la memora La Pasión, de Mel Gibson, una más reciente sobre Fr. Stu, de Mark Wahlberg, y en la pantalla chica una serie sobre los Evangelios llamada The Chosen. En otras palabras, Hollywood y los principales difusores de películas no evitan presentar al cristianismo en una buena luz por falta de mercado. Tampoco lo hacen porque eligen excluir temas religiosos de sus producciones. Lo hacen porque, específicamente, odian o desprecian al cristianismo y prefieren poner cualquier otra religión en su lugar.

    Es bueno recordarlo cada tanto.

  • Último desprecio al Rey

    Último desprecio al Rey

    Constantino II de Grecia ha fallecido el 10 de enero pasado y el Gobierno le ha negado cualquier tipo de honores no obstante haber sido el último rey de los helenos. Sin honores de Estado, sin honores militares, sin honores al deportista destacado que ganó una medalla de oro para su querida Grecia en los Juegos Olímpicos del año 1960, sin la presencia del Primer Ministro, sin que se haya declarado duelo nacional y sin ninguna bandera a media asta, han sido las ordenes impartidas. Incluso prohibieron el uso en público de la bandera real y cualquier signo similar. Sólo se permitió que sus restos mortales fueran enterrados en la casa que el Gobierno Helénico le robo hace años a la familia real, donde se encuentra el cementerio real en los bosques de la finca de Tatoi, después de un funeral como cualquier ciudadano común y corriente.

    Constantino II fue enterrado vestido de civil, sin ningún protocolo militar en los ceremoniales, por la negativa expresa del Gobierno, siendo el ataúd portado por sus tres hijos varones y nietos, y no por la Guardia Presidencial, los famosos Evzones como habría correspondido a una persona de su altura.

    La negativa del Ejecutivo a dar carácter de Estado al funeral es en realidad coherente con lo que ha sido un historial de agravios ilimitados por parte de la clase política griega hacia la familia real, hasta el punto, de que a pesar de que la bandera nacional cubrió el ataúd de Constantino II, murió sin haber recuperado su nacionalidad originaria, que le fuera despojada a través de una ley. 

    Sin embargo, a pesar de las prohibiciones del Primer Ministro y que dejó de ser soberano de facto en 1974, cuando Grecia adoptó la República circunstancialmente a través de un referéndum, el pueblo ha dicho otra cosa y ha llenado las calles para rendir un ultimo homenaje a su  rey, que tanto quiso a Grecia y su gente y a la amplísima representación de miembros de la realeza que asistieron a despedirlo. –

    El funeral se ofició en la Catedral Metropolitana de Atenas, a puertas cerradas y presidido por el arzobispo Jerónimo II, la máxima autoridad de la Iglesia ortodoxa griega, después de una capilla ardiente instalada en San Eleftherios, para que los ciudadanos venidos de todas partes del país pudieran despedirlo tras largas filas de espera, con banderas y fotografías de Constantino, mientras entonaban el himno.

    Se ha despedido al último Rey sin honores de Estado ni rango oficial alguno, pero con el cariño y reconocimiento de su pueblo a quién tanto quiso y qué cómo recordó su hijo mayor, repasando las facetas de su padre: “Rey, padre, olímpico, ha llegado el día de la separación de nuestra madre y de tus hijos”.

  • La magnanimidad y el diálogo

    La magnanimidad y el diálogo

    La magnanimidad es en cierto sentido la virtud del futuro, la gran virtud del futuro. Como el mundo se amplía, como vamos a tener que convivir con mucha gente de otras razas, de otras mentalidades que se encuentran en otras fases del desarrollo cultural, etc., como la convivencia en todos los niveles, en todos los campos se está haciendo cada vez más intensa, la vida se va a hacer invivible si nuestra capacidad afectiva no se dilata. Es necesario que nuestra capacidad afectiva se dilate, que se agrande. Pero no se trata de una ampliación meramente cuantitativa, porque se trata de una virtud, de una perfección. […] La magnanimidad, según la tradición filosófica, teológica y moral, es una virtud que se coloca en la prolongación de la virtud de la fortaleza. La valentía, la fortaleza es una virtud de lucha, es decir, el magnánimo es aquél que sabe enfrentarse con lo grande y luchar por las cosas grandes, y eso es necesario que se forme poco a poco: es una virtud. Porque no es fácil tener visiones grandes, no es fácil extender nuestra mirada para que incluya también lo distinto, lo otro. Es muy fácil quedarse en lo propio, es muy cómodo reducir lo otro a lo propio, pero no es cómodo, no es nada fácil incluir lo otro y mantenerlo como otro. […] Dialogar con el otro significa ampliarse, desarrollarse, perfeccionarse. Cuando el hombre empieza a conocer las cosas, cuando se abre a nuevos horizontes, ya en la primera fase, al encontrar lo otro, un panorama nuevo, tiene dificultades, grandes dificultades; lo que llaman los franceses la puissance d’accueil, es decir la capacidad de recepción intelectual, exige mucha capacidad de lucha. La gente débil no es capaz de ensanchar sus horizontes, la gente enferma, anciana, agotada, nerviosa, etc., no tiene mucha puissance d’accueil, es necesaria mucha fuerza para que el hombre se abra. Esos horizontes están poblados de cosas distintas y diversas que chocan. Lo diverso choca. Piensen ustedes por ejemplo en la tremenda fuerza igualitaria de la moda, en la intolerancia que se tiene por lo distinto. […] no se aceptan actitudes de las cuales se sabe que no van a ser aceptadas por la gran mayoría. El hombre es conformista, porque el conformismo es tremendamente cómodo.

    […]

    De ahí un lindo pensamiento que se encuentra en los Padres orientales, sobre todo en San Juan Crisóstomo, que dice: “no hay humildad sin magnanimidad, pero no hay orgullo sin pusilanimidad”. […] La “magnanimitas” es virtud de ánimo grande, la “pusillanimitas” es actitud de ánimo pequeño. Hoy la pusilanimidad es sinónimo corriente de la cobardía, de la timidez o de la falta de ánimo, pero originalmente significa “pequeñez del ánimo”. El que tiene ánimo pequeño no está en condiciones de enfrentar situaciones grandes […] El orgulloso que vive en un mundo falso, en una realidad falsificada, no puede sino ser pusilánime por dos razones, por dos aspectos como causa y efecto: la persona pusilánime no se encuentra con la realidad, no establece la verdadera apertura con la realidad, con la creación, con Dios, entonces se encierra en su pequeño mundo, busca las vastedades cósmicas dentro de su universo falsificado. La pusilanimidad es consecuencia del orgullo, y por otro lado, es efecto también del orgullo porque aquél que vive en su universo falso, teme ir afuera, entonces todo lo que rompe ese universo falso lo acobarda, lo desmoraliza.

    por Emilio Komar, La estructura del diálogo, Buenos Aires: Sabiduría Cristiana, 2007, p. 22-23; 83-84

  • “Cambio climático” camufla genocidio

    “Cambio climático” camufla genocidio

    Un sacerdote fue quemado vivo en su casa el último domingo en Nigeria. “El reverendo Isaac Achi fue asesinado en el área de Paikoro, en el estado de Níger, luego de que hombres armados no lograron entrar a su casa y en su lugar le prendieron fuego, dijo Wasiu Abiodun, el portavoz de la policía. Un segundo sacerdote que vivía en el recinto escapó con una herida de bala en el hombro, dijo.” (ABC News).

    Esto no es un incidente aislado. Un verdadero genocidio anti-cristiano está siendo ejecutado por musulmanes embanderados con el movimiento Boko Haram o el ISAWP (Islamic State West Africa Province). Según la publicación “Genocide Watch“…

    “Nigeria está experimentando actualmente uno de los genocidios más mortíferos del mundo. Más personas mueren en Nigeria cada mes que en Ucrania. El PNUD [Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo]  estima que los terroristas han matado a más de 350.000 personas en Nigeria desde 2009. 300.000 eran niños. Los yihadistas de Boko Haram, ISWAP y Fulani también han desplazado por la fuerza a más de 2,9 millones de nigerianos. Las masacres genocidas se han dirigido principalmente a los cristianos.

    “En mayo de 2021, el líder de Boko Haram, Abubakar Shekau, se inmoló para evitar que ISWAP lo capturara. Pero Boko Haram no ha detenido sus ataques. En marzo de 2022, Boko Haram, aliado con bandidos, secuestró un tren de pasajeros en la ruta de Kaduna a Abuja y secuestró a más de 2 docenas de civiles. También capturaron brevemente el aeropuerto de Kaduna.”

    “En los primeros 3 meses de 2022, los yihadistas asesinaron a más de 6000 civiles, la gran mayoría de los cuales eran cristianos. En el Cinturón Medio y el Noroeste, las milicias Fulani se han embarcado en una campaña de masacres genocidas de pueblos agrícolas cristianos. Su objetivo es la expansión depredadora de sus tierras de pastoreo. Están financiados por oficiales corruptos del ejército nigeriano que poseen grandes rebaños de ganado.”

    “El Departamento de Estado de EE.UU. niega por completo la naturaleza genocida de las masacres de Fulani. Ha caracterizado el terrorismo y los asesinatos de Fulani como motivados no por la intención genocida sino por la escasez de tierra cultivable y los efectos del “cambio climático” en las comunidades de pastores. El embajador de EE. UU. en Nigeria y el Departamento de Estado niegan la naturaleza religiosa de las masacres, en las que los aldeanos cristianos son masacrados, pero los pueblos musulmanes quedan ilesos.” (el énfasis es nuestro).

    La indiferencia del Departamento de Estado y su patético esfuerzo para evitar llamar a las cosas por su nombre (recordemos que hay una fobia a denunciar el componente religioso del terrorismo islamita) no es del todo sorprendente, y viene de larga data.

    Por su parte, nuestro Papa Francisco, siempre tan locuaz a la hora de enfocar la atención de la prensa en las causas que merecen su interés, se ha limitado en este tema a las condolencias de rigor, fraseadas casi quirúrgicamente para evitar la indignación o movilizar a nadie, como este ejemplo en ocasión de una masacre a fieles durante la Santa Misa en la Fiesta de Pentecostés: “El Papa Francisco reza por las víctimas y por el país, dolorosamente afectado en un momento de celebración, y encomienda a ambos al Señor, para que envíe su Espíritu a consolarlos”. (Vatican News).


    No puedo sino recordar que hace poco más de 900 años, el mundo vivió algo similar cuando algunos musulmanes decidieron que había que erradicar a los cristianos de Tierra Santa, y condujeron un genocidio similar, con un objetivo similar. Lo que no fue similar fue la reacción de occidente. El Papa Urbano II convoca una Cruzada para liberar esas tierras y garantizar la permanencia de cristianos en Jerusalem. Su discurso enfervoriza a toda Europa, y la historia que sigue es conocida.

    Muchas cosas han cambiado. Pero el odio de fanáticos islamitas contra el cristianismo no lo ha hecho. Perdura en el tiempo, y sigue generando mártires que son al mismo tiempo una honra y una mancha en la conciencia de la Cristiandad.

  • Fueguitos por todas partes

    Fueguitos por todas partes

    La serie me pareció aburrida aunque tiene el atractivo de estar ambientada a 10 minutos de mi casa. Y los pensamientos que se desataron en mi mente no tienen nada que ver con el contenido. Pero el nombre, oh el nombre, (del libro en el que se basa) se me quedó pegado como un chicle de la vereda en la suela del zapato. Porque hay gente que mira el mundo a través de los cristales del Señor de los Anillos, y tienen mucha razón al ver cómo avanza la nube oscura cubriendo todo. Pero también hay miles de fueguitos por todas partes. Este blog es uno de esos fueguitos. Y si uno mira detenidamente, se ven muchos, muchos, muchos fueguitos (y algunas hogueras) dando luz y calor, por todas partes. 

    ¡Vamos pirómanos! ¡A seguir con esta pasión incendiaria! 

  • Sorpresas de la vida (porteña)

    Sorpresas de la vida (porteña)

    Que en medio de la oleada cultural anticristiana que experimentamos en nuestro querido país un productor teatral de la Ciudad de Buenos Aires apueste por una obra que presenta una discusión sobre la Fe entre un ya anciano y enfermo Sigmund Freud y el fabuloso escritor inglés C. S. Lewis, y que además las localidades estén agotadas, es para mí una prueba de que por debajo de la fachada de la  posmodernidad corren aún ríos subterráneos de anhelo de Verdad y profundidad.

    La última sesión de Freud, de Mark St. Germain, se propone mostrarnos el posible diálogo que tuviera lugar en la residencia londinense del fundador del psicoanálisis en los albores de la Segunda Guerra Mundial, cuando éste recibe la visita del ya por entonces encumbrado autor de las Crónicas de Narnia.

    Freud, un ateo empedernido, no concibe que una persona en apariencia inteligente y bien formada como Lewis haya sucumbido a la superchería de la fe religiosa, tal como él la interpreta. Lewis, que habiendo sido ateo atravesó un proceso de conversión,  argumenta una y otra vez sobre la plausibilidad de la existencia de Dios y sobre su acción en nuestras vidas. Asoma una y otra vez el tema del misterio del mal,  así como los clásicos tópicos freudianos de la culpa, la vergüenza y la pulsion sexual.

    Estamos frente a líneas de razonamiento que corren en paralelo y ninguno de los dos está dispuesto a conceder algo al otro.

    Sin embargo, la escena final de la obra nos muestra a Freud solo y “entregado”, a instancias de Lewis, a la experiencia casi mística de la música,  que él siempre había desdeñado por considerarla irracional e incómoda, tal como a la Fe. Esa escena es un guiño a la apertura a lo Sagrado, que quiera Dios Freud se haya permitido al menos en esa fase final de su vida, atravesada por el dolor físico de su enfermedad terminal y también moral, por el avance del Nazismo en Europa y el retorno de la guerra.

  • Las palabras ambiguas invitan las malas acciones

    Las palabras ambiguas invitan las malas acciones

    Uno de los consuelos de estudiar filosofía es darse cuenta de que el aforismo francés plus ça change, plus c’est la même chose —cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual— describe con precisión gran parte de la historia de las ideas, especialmente en el campo de la moral y la política. Es tentador sentir que vivimos en una era de locura sin precedentes, tan desconectada de la realidad que solo puede significar que el fin del mundo está cerca. Pero la locura y la negación de la realidad tienen un legado largo, aunque menos augusto, que vale la pena recordar. De hecho, podemos remontarnos al nacimiento de la filosofía misma.

    Sócrates (470-399 a. C.) pasó gran parte de su tiempo debatiendo con sus interlocutores sobre el significado de las palabras. Siempre buscó claridad en las definiciones. Sus interlocutores, a menudo con prisa por terminar la conversación, casi invariablemente querían dejar los términos lo más ambiguos posible. En un diálogo, por ejemplo, Sócrates se encuentra con un tipo llamado Eutifrón que tiene prisa por procesar a su propio padre en los tribunales atenienses por un crimen contra la “piedad”. Sorprendido por el celo de Eutifrón, Sócrates responde que él seguramente debe estar bien versado en el significado de “piedad” y haber pensado muy cuidadosamente en su aplicación para justificar esta escandalosa falta de respeto filial. Eutifrón le asegura a Sócrates que él es, de hecho, un experto, lo que lleva a Sócrates a realizar un examen dialéctico del significado y la justificación del término, que pronto revela que Eutifrón no tiene la menor idea de lo que está hablando.

    Este tema, la necesidad de establecer significados objetivos y precisos para palabras que no pueden reducirse a los caprichos de los poderosos, es un hilo conductor en los diálogos socráticos. Sin embargo, tiene mucho más que una importancia histórica. El sentido de las palabras —o, mejor dicho, su falta de sentido— sigue causando grandes estragos en la vida individual y social. Tomemos, por ejemplo, estos tres bon mots que han llegado a dominar nuestra propia cultura moral y política:

    1. Mi cuerpo, mi elección.

    2. El amor es amor.

    3. Un hombre puede ser una mujer.

    Con un efecto talismán, estas afirmaciones encantadas han alcanzado el codiciado estatus de “sentido común” en nuestra época, tanto que cuestionarlas inmediatamente invita a rabiosas acusaciones de enfermedad mental (estar infligido con una “fobia”) o mal carácter (estar lleno de “odio”). Sin embargo, arriesguémonos al oprobio y preguntemos, al estilo socrático, ¿qué significan realmente estas declaraciones? (Y tengan en cuenta: las siguientes críticas están dirigidas a las ideas que contienen estas declaraciones, no a las personas que las sostienen).

    Tome el primero: “Mi cuerpo, mi elección”. Estas palabras ostensiblemente constituyen evidencia dispositiva de que las mujeres tienen un derecho inviolable a procurarse un aborto. Sin embargo, como la comunidad pro-vida ha estado observando durante mucho tiempo (y pacientemente), un “cuerpo” tiene una definición fija, tanto biológica como conceptualmente. Podemos decir, por ejemplo, que una definición razonable de un cuerpo humano es un individuo cuya existencia física contiene exactamente el mismo marcador bioquímico único (ADN). Podríamos agregar que el cuerpo de uno también se define como una unidad de partes, por ejemplo, una cabeza, un cerebro, un corazón, etc. Si esta es la definición de “cuerpo”, entonces los defensores de la vida pueden estar de acuerdo en el principio básico, “El cuerpo de uno, la elección de uno”. Sin embargo, eso también apunta al hecho obvio —sí, obvio— de que el niño por nacer, sin importar su etapa de desarrollo fetal, no es “el cuerpo de uno” y, por lo tanto, según la lógica de la afirmación, no es “la elección de uno”. El mismo error de definición también está presente al llamar al aborto un tema de “derechos reproductivos”; biológicamente hablando, el aborto solo se convierte en un problema después de que ya ha tenido lugar la reproducción, es decir, después de que ya se ha formado una vida nueva y única. De hecho, abogar por un derecho reproductivo al aborto es racionalmente análogo a reclamar el derecho de aquellos que están fuera del útero a elegir no nacer. Es un poco tarde para eso.

    ¿Qué tal el término “Amor es amor”? Aparentemente, estas palabras significan que las personas (a) tienen atracciones sexuales inherentes sobre las que no tienen elección y (b) por lo tanto, deberían poder expresar esas atracciones participando en actos sexuales con quien deseen, siempre que exista un consentimiento mutuo. Sin embargo, si ese es el caso, esta afirmación tautológica no solo autoriza moralmente la actividad sexual entre personas del mismo sexo biológico; también autoriza moralmente la actividad sexual entre miembros de la misma familia biológica, incluida la familia biológica inmediata. También autoriza moralmente los actos sexuales con cualquier cosa que carezca de autonomía, incluidos los animales. Estas son las implicaciones inevitables de tomar “Amor es amor” al pie de la letra.

    También hay problemas con la afirmación “Un hombre puede ser una mujer” (o “Una mujer puede ser un hombre”). Teniendo en cuenta las falsedades biológicas que contiene (decididamente no es “seguir la ciencia”), la afirmación viola las tres leyes clásicas de la lógica mutuamente implicativas, los principios racionales que hacen posible que la mente humana comprenda y evalúe cualquier concepto en cualquier momento: (1) la ley de identidad (una cosa es lo que es), (2) la ley de no contradicción (una cosa no puede ser ella misma y su opuesto al mismo tiempo de la misma manera), y (3) la ley del tercero excluido (una cosa es ella misma o no es ella misma). La afirmación “Un hombre puede ser una mujer” viola la primera ley al afirmar que las definiciones de “hombre” y “mujer” no son fijas y, por lo tanto, no tienen un significado objetivo; viola la segunda ley al afirmar que una persona humana puede ser una cosa (un hombre) y el anverso biológico de esa cosa (una mujer) al mismo tiempo y de la misma manera; viola la tercera ley al afirmar que un individuo puede ser él mismo y no ser él mismo al mismo tiempo. En resumen, la declaración es una tontería biológica, gramatical y lógica, algo que la Congregación para la Educación Católica del Vaticano también ha señalado:

    “Los esfuerzos por ir más allá de la diferencia sexual constitutiva entre hombre y mujer, como las ideas de “intersexual” o “transgénero”, conducen a una masculinidad o feminidad que es ambigua, aunque (de una manera contradictoria), estos conceptos en sí mismos en realidad presuponen la misma diferencia sexual que ellos proponen negar o reemplazar.”

    En otras palabras, la afirmación “Los hombres pueden ser mujeres” presupone una verdad (la categoría “hombre” es diferente de “mujer”) que también niega (no hay diferencia entre la categoría “hombre” y “mujer”).

    Una detracción común para señalar esta falacia a menudo toma la siguiente forma: “¿Quién eres tú para decir qué es un ‘hombre’ o una ‘mujer’?” El problema es que esa respuesta puede devolverse inmediatamente al detractor: “Bueno, ¿quién eres tú para decirlo?” Si la creencia subyacente a la posición “pro-trans” es que no existe una definición objetiva de los términos porque no existe la verdad objetiva, la posición trans es tan arbitraria, tan falsa, como cualquier otra posición. En otras palabras, si la ideología de género abraza el relativismo, saca la alfombra debajo de su propia autoridad moral; si, por el contrario, acepta la existencia de la verdad objetiva, entonces se ve obligada a reconocer que sostiene un punto de vista irracional. Esto también se aplica a las posiciones pro-elección y pro-amor-es-amor. Por lo tanto, queda claro por qué estas ideologías están tan involucradas en generar tanta ambigüedad y confusión como sea posible.

    Al final, el tema aquí no es de naturaleza meramente teórica o académica. Es tan práctico, tan “vida real”, como parece: estas definiciones ambiguas están en el corazón justificativo de las visiones del mundo que son responsables del exterminio de los no nacidos, la degradación de la sexualidad humana y el envenenamiento y mutilación de seres humanos sanos, incluidos los cuerpos de los niños. El mal uso del lenguaje provocó la prematura muerte de Sócrates en su época. Nos está haciendo lo mismo a nosotros en el nuestro.

    Por Dr. Matthew Petrusek, publicado por Word on Fire el 9 de noviembre de 2022.

  • Mentiras que importan

    Mentiras que importan

    Un político ganó la elección mintiendo en su currículo. 

    No. No me refiero a Elizabeth Warren (Senadora por Massachussets) que dijo ser “Nativa Americana” cuando tiene menos sangre india que un Sueco y que eso le sirvió para ser profesora en Harvard lo cual le dio la plataforma que necesitaba para lanzar su carrera.    

    O a Biden que dijo haber salido entre los primeros de la clase cuando en realidad salió entre los últimos. O que su hijo había muerto en Irak aunque murió de Cáncer, o que se plagio un discurso, o que había pasado tiempo en la cárcel en Sudáfrica combatiendo el apartheid, cuando es completamente falso, o que dijo que Trump había alabado a los Nazis, o que había dicho que la gente tenia que inyectarse lavandina (y larga lista).

    Me refiero a George Santos que mintió diciendo que había ido a un colegio que nunca había oído hablar de él, que había recibido un diploma que no había recibido, que había trabajado en un banco en el que no había trabajado, que había fundado una obra de caridad para salvar animales cuando lo único que había hecho era una vez asistir a una de sus reuniones, y otras…  Es decir, lo normal para cualquier político que no tiene plata para pagar a consultores para que le “empaqueten” mejor las mentiras.  Por supuesto que, habiendo ganado como Republicano, las rasgaduras de vestiduras son sensacionales. Creo que a esta altura ya hay pedidos de fusilamiento.

    Muy mal todos ellos. Pero después de todo, esas mentiras son bastante irrelevantes.  Demuestran la baja calidad moral de los políticos, pero eso es como decir que la lluvia es mojada.

    En estas mentiras lo que está en juego es un sueldo, un poco de influencia y un par de titulares.  Es decir, no mucho.

    Las mentiras que realmente cuentan son la que se perpetúan durante décadas, que sirven para justificar políticas de enorme alcance, que son perpetradas no por una persona, si no por miles. Que cuentan con el apoyo de cientos de instituciones que supuestamente tiene como objetivo ser los custodios de recursos públicos y que por lo tanto tienen el deber fiduciario de ser extremadamente escrupulosos en presentar los datos de la forma más fidedigna posible.

    Hoy nos referimos a la mentira de la desigualdad.

    Según este estudio las estadísticas oficiales del Gobierno Americano sobre el tema son engañosas.  Engañosa al nivel de esa publicidad de cigarrillos que decía que había que fumar porque hace bien a los pulmones.  Es decir, criminalmente engañosas.

    Algunos puntos relevantes como los describe Real Clear Investigations:

    “Si bien la Oficina del Censo de EE. UU. informa que el ingreso promedio del 20% superior de los hogares estadounidenses ese año fue 16,7 veces mayor que el ingreso promedio del 20% inferior de los hogares, el número real, argumentan, es 4,1 veces. Esta enorme discrepancia se explica por un simple truco de contabilidad: la Oficina no contó dos tercios de los $2,8 billones en transferencias que se entregaron principalmente a los pobres y la clase trabajadora ni los $4,4 billones que se recaudaron a través de impuestos federales, estatales y locales. El 82% de los cuales son pagados por el 40% superior de los asalariados del hogar”.

    Repetimos por si no queda claro: las estadísticas de “pobreza” no cuentan los subsidios y los de la “riqueza” no descuentan los impuestos….  Engañoso, no?

    Nos dan números exactos:

    “El hogar promedio en el quintil inferior [el 20 % más bajo de los ingresos] recibió anualmente la asombrosa cantidad de $45 389 en pagos de transferencias del gobierno, más de nueve veces más que sus ingresos devengados. El segundo quintil recibió un total de $29 793 en pagos de transferencias del gobierno, aproximadamente dos tercios de lo que recibió el quintil inferior, y el quintil medio recibió $17 850”.

    Gracias a esta gran transferencia de ingresos (y la acumulación de deuda federal), la tasa real de pobreza para los niños no es la cifra de 2017 de la Oficina del Censo del 17,5 %, sino del 3,1 %. Para los estadounidenses de 65 años o más, agregan, la proporción en la pobreza cae del 9,2% al 1,1%. ¿El resultado? “El Seguro Social, Medicare, la Seguridad de Ingreso Suplementario, los cupones de alimentos y otros pagos de transferencia prácticamente han eliminado la pobreza entre las personas mayores”.

    Con estos números los burócratas se verían mas complicados para seguir gastando como marineros borrachos la plata de los contribuyentes, siempre bajo el estandarte y la excusa del “hambre infantil”.  Los avisos de viejitos desnutridos serian menos efectivos para servirles de cobertura para justificar nuevos billones para que ellos “administren”.

    Esta mentira ha beneficiado a la izquierda y sus idiotas útiles de la industria de los “bien pensantes”, mientras ha perjudicado a los supuestos beneficiaros, transformándolos en sirvientes dependientes de los anteriores.

    “En 1967, el 68 % de los adultos en edad de trabajar en el quintil inferior tenían trabajo, pero para 2017 ese porcentaje se había reducido casi a la mitad al 36 %. El porcentaje que trabaja en el segundo quintil disminuyó del 90% al 85%. Al mismo tiempo, la proporción de personas en edad laboral óptima que trabajan en los tres quintiles superiores de los hogares aumentó en un 7 %, en gran parte debido a un aumento en el empleo de las mujeres”.

    Así que no me vengan a hablar de democracia cundo los votos son comprados con plata obtenida mediante engaños.

    Cual sería el tratamiento que se merecerían los promotores de una obra de caridad que pide donaciones para solucionar un problema que es descripto en términos falsos, que beneficia primariamente a sus administradores y que además produce daños objetivos a sus supuestos beneficiarios.   Y todavía tendrían el atenuante de que todavía dependerían de aportes voluntarios…

  • La falsa tolerancia

    La falsa tolerancia

    El Demonio es el príncipe de la mentira. Cuando el Bien predomina exige “tolerancia” con el mal para que este sobreviva. Pero una vez que el mal domina, no tolera al bien. Hoy por hoy, a medida que el Mal domina, el demonio y sus seguidores se van sacando la careta de la tolerancia y toleran cada vez menos a los que se atreven a disentir.

    Santo Tomás de Aquino define la tolerancia (más o menos) como la prudencia en el combate contra el mal. A veces es prudente tolerar un mal para evitar otro mayor. Por eso Santo Tomás dice que sin dejar de ser parte de la virtud de la prudencia, también es un fracaso, porque es una actitud indeseada y forzada frente al mal. Ejemplo: un padre se ve forzado a tolerar que su hijo viva en concubinato con una novia de malas costumbres, recibirla como “visita” y saludarla como “conocida”, porque la prudencia le indica que si la condena como corresponde el hijo se aleja definitivamente, perdiendo así la poca buena influencia que pueda tener para su ulterior salvación eterna. Esto pasa “hasta en las mejores familias”, pero esa tolerancia prudente no deja de ser un fracaso para el padre. 

    El mismo concepto de “fracaso” se aplica a las sociedades humanas. Santo Tomás dice que si los gobernantes dieran buen ejemplo y llevaran sus pueblos hacia el Bien no necesitarían tolerar el Mal, o lo necesitarían cada vez menos. O sea: el buen gobernante tiende a la menor tolerancia posible. 

    El verdadero concepto de tolerancia es por lo tanto inseparable de los conceptos de Bien y Mal. No se tolera cualquier cosa y porque sí. La tolerancia no es un Bien en sí mismo. Se tolera un Mal con la finalidad de obtener un Bien o evitar otro Mal peor que el que se tolera. 


    Los conceptos de Bien y Mal fueron establecidos por Dios al crear el universo. Siguiendo con una excelente y conocida metáfora, Dios es como un relojero que puso las reglas para que el reloj funcione. Se altera un engranaje y el reloj ya no da la hora. El Bien es lo que hace funcionar el reloj; el Mal es lo que lo altera. 

    No es verdad que esas reglas del Bien y del Mal son un capricho del relojero, como dijeron Occam y los primeros filósofos decadentes, que sostenían que Dios podría haber hecho el universo al revés, e igual debería funcionar. Decir que si Dios hubiera puesto cualquier otro conjunto de reglas también sería bueno, era el primer paso para decir que todos los conjunto de reglas son buenos, aunque se contradigan. Pero Dios es racional y no hace disparates. Las reglas del Bien y del Mal son lógicas. Otro conjunto de reglas carecería de lógica. Como dice “Word on Fire” citado por LBM del 29-12-22 en su artículo “El catolicismo refugio de la racionalidad”, el Bien y el Mal son “una colección ordenada de hechos morales deducidos de la estructura de la realidad.”

    El Demonio y todos sus seguidores conscientes o inconscientes se sublevan contra el orden del Bien y del Mal puesto por Dios. Pretextan que quieren un orden alternativo y de hecho han inventado sistemas filosóficos que parecen muy bien armados. Pero siempre fallan y se derrumban, porque no consiguen hacer que el reloj funcione. Como dicen los franceses “chassez le naturel; il reviendra au galop” (expulse lo natural; volverá al galope).

    El Demonio puede decir lo que NO quiere, pero es incapaz de proponer un Orden alternativo. Citando otra vez a Word on Fire: “…las mismas teorías no pueden, en consonancia con sus propios fundamentos filosóficos, decir algo sobre lo que un individuo o una sociedad debe hacer, por ejemplo, qué bien positivo debe perseguirse…” 

    En el Orden del Bien y del Mal puesto por Dios en el universo todos los engranajes del reloj cumplen su función automáticamente, excepto una pieza: el Hombre. Dios dispuso que los planetas no puedan cambiar de órbita y que las golondrinas no puedan dejar de emigrar, pero quiso que el Hombre cumpla voluntariamente su parte en el funcionamiento del reloj. Si el Hombre quiere, puede desobedecer las reglas y romper el reloj. Dios no se lo impide en esta vida, pero los demás hombres sí se lo deben impedir, en la medida de lo posible. Las sociedades humanas tienen que organizarse para cumplir su fin último que es la salvación de las almas (además hay un montón de fines intermedios; es bueno aclararlo para refutar desde ya la acusación de que la sociedad católica padece de un exceso de “espiritualidad”). 

    La tolerancia entonces es la virtud que deben practicar todos, pero especialmente los gobernantes, para que los hombres practiquen el Bien y eviten el Mal, mediante un sistema prudente de premios y castigos. Al contrario de lo que pretende el Demonio, nunca puede haber una tolerancia funcional al Mal. La tolerancia tiene un sólo sentido: hacer el Bien.     

    Tolerar no implica reconocer derechos al mal y al error. Muy por el contrario, tolerar es combatirlos de la manera más prudente y por lo tanto más eficiente. Un combate imprudente puede dar ínfulas al mal. Ejemplo: Haití es un país que practica el satanismo en masa y que un presidente consagró al demonio. Si mañana asume un buen gobernante no va a poder prohibir el satanismo de la noche a la mañana porque va a fracasar y el demonio va a aumentar su poder sobre ese desgraciado país. Tendrá que hacer procesiones, vigilias, exhortaciones, dar buen ejemplo, invitar misioneros católicos en serio a que prediquen en las plazas. Después de un tiempo podrá prohibir el satanismo.


    Pretender que la tolerancia del mal constituye un derecho es precisamente el sofisma sobre el que se basa el famoso caso “FAL” con el que la Corte Suprema de Justicia introdujo el aborto en Argentina. Después vino la ley del Congreso, pero el sofisma de la Corte fue el antecedente necesario. 

    Resulta que en el Código Penal de 1922 se había infiltrado una “tolerancia” a ciertos casos de aborto, como el embarazo por violación sobre mujer idiota. La ley los condenaba como delitos, pero por razones de prudencia (en este caso equivocada) excluía el castigo que corresponde al homicidio. Eran los llamados “abortos no punibles”. La Corte inventó el sofisma que cuando un acto no es punible se convierte en un derecho y por lo tanto el Estado debe garantizar su ejercicio. Para demostrar lo equivocado de este sofisma basta recordar que el Código Penal tiene otros casos de “no punibilidad”, por ejemplo el hurto entre hermanos que conviven. Por razones de prudencia (en este caso acertada) la ley no quiere que un hermano mande a la cárcel a otro porque le sacó plata de la mesa de luz que tienen en el cuarto adonde duermen los dos. El mensaje de la ley es: “si tenés un hermano vago y ladrón perdonalo, escondé mejor tu plata, o mudate a vivir sólo en otro lado, pero no lo mandes a la cárcel”. Para la Corte Suprema el Estado debería garantizar el derecho del hermano vago y ladrón a sacarle toda la plata que pueda al hermano trabajador y ahorrativo.

    A pesar de la ya mencionada incapacidad del demonio para generar un “orden alternativo” al de Dios, no deja de intentarlo, utilizando especialmente a los falsos filósofos. Aclaro que si “filosofía” significa amor por la sabiduría, no deben llamarse filósofos a los pensadores que no adhieren a la verdad revelada. Así como tampoco pueden llamarse “antropólogos” a los que niegan el alma inmortal; deberían llamarse “simiólogos” o “primatólogos”.

    Enfin, resulta que como se dijo al principio el demonio exige una adhesión intolerante a cada uno de estos sistemas de falso “orden” que se suceden y se contradicen unos a otros. Más o menos como en Rusia soviética, que mandaba al paredón al distraído que seguía sosteniendo el mismo conjunto de mentiras, sin darse cuenta que ahora lo oficial es otro conjunto de mentiras.

    ¡Qué triste es la Humanidad lejos de las vías católicas!  

  • Benedicto XVI – RIP

    Benedicto XVI – RIP

    Oh Dios, que por una inefable disposición tuya, quisiste contar entre los Sumos Sacerdotes a tu siervo Benedicto: concede propicio que el que en la tierra hizo las veces de tu Unigénito Hijo, sea agregado a la eterna sociedad de tus santos Pontífices. Por el mismo Señor Nuestro Jesucristo… (Oración colecta de la misa de Requiem por un Sumo Pontífice)

    Alguien dijo alguna vez que la Iglesia desde su fundación hasta la Reforma fue la protagonista de la Historia. Era la que marcaba el paso, fijó el almanaque, fundó monasterios, hospitales y universidades, rigió la cultura y pensamiento. A partir de la quiebra religiosa del siglo XVI pasó a ser la gran antagonista de la historia, papel no menos glorioso, donde encabezada por España resistió como pudo y supo la Civilización Cristiana.

    Después del Concilio Vaticano II, fruto de sus textos o su espíritu o de ambos, no es el momento de discutirlo ahora, un gran complejo de inferioridad se apoderó de todos los hombres de la Iglesia y pasó a ser apenitas un perrito faldero del mundo moderno y post-moderno.

    Pero aún siguió habiendo coletazos de ese respeto por la Sede Romana como faro de la inteligencia y cultura en el mundo. Un ejemplo palmario fueron los funerales de Juan Pablo II donde pudimos ver a Condoleezza Rice, secretaria de Estado de los EEUU y no católica, de luto, arrodillada y con mantilla frente al féretro del difunto Pontífice.

    Con Benedicto XVI se nos va quizás la última inteligencia cristiana universal que entendía en el cabal sentido de la palabra lo que era la Europa cristiana y el papel de la Iglesia en el mundo. En él vivían Homero y Virgilio, toda la antigüedad clásica y el Sacro Imperio Germánico. Providencialmente era papa en Roma un germano.

    Él como muy pocos hoy en día, fue el último hombre con influencia mundial que entendía a San Benito y a San Agustín; encarnaba a San Patricio,  San Beda y San Eric; a Santo Domingo y a San Francisco, a San Buenaventura y a Santo Tomás, a San Luis Rey de Francia y a Isabel la Católica, a Santo Tomás Moro y a San Juan de la Cruz. Más allá de pedidos de perdón políticamente correctos, entendía la importancia de las cruzadas (por eso se oponía al ingreso de Turquía en la UE, independientemente de la opinión que ésta nos merezca) y agradecía la Reconquista española y la Evangelización de América (no hay más que leer su famoso discurso de Ratisbona).

    Era un hombre que entendía que para ser papa hay que saber, entre otras cosas, entre Monet y Manet no hay sólo una vocal de diferencia. Y ya que estamos con la pintura me viene a la mente una observación que hizo sobre los íconos y la pintura simbólica medieval. Estas, a diferencia de transmitirnos sentimientos o momentos como el barroco (con todo lo valioso que tiene), nos transmitían verdades eternas. La Iglesia en todo el pensamiento y cultura se apropió de la doctrina de la abstracción de Aristóteles, pero ello implicaba la “conversio ad Phantasmata”, la vuelta a lo real. Picasso, en el arte, cometió el error idealista de quedarse en lo abstracto como los idealistas lo hicieron en la filosofía. Joseph Ratzinger conociendo todo esto, no adhería a sistemas ideológicos sino a una Persona: Jesucristo. Y por eso también nos explicaba el Verbo hecho carne, lo eterno develado en el arte cristiano.

    Por ello mismo consideraba como la mejor evangelización el cumplir con el primer y tercer mandamiento: Amar a Dios sobre todas las cosas y rendirle el culto debido y digno de Él. No se contentaba con Sínodos de todos los colores sobre la catequesis como si fueran políticas de marketing para ganar adeptos. Volviendo a buscar el Reino de Dios en primer lugar sabía que luego vendría la añadidura. Así entendemos la centralidad total que le dio al culto en su Pontificado, restituyendo a la misa romana de siempre el valor perenne que tiene y que no podía perder al afirmar sin ambigüedades que nunca había sido derogada y que nunca había dejado de ser legítimo decirla. Esto le valió el odio del mundo, supuestamente tan propicio a favorecer cualquier tipo de manifestación religiosa del color que sea en aras de la libertad. Y ese mundo que busca que la Iglesia tire agua bendita sobre cualquier aberración, no soportó la misericordia y la justicia cuando levantó las excomuniones a los obispos de la Fraternidad San Pío X.

    Benedicto era teólogo y filósofo brillante, aunque pudiéramos discrepar con él; era paciente, humilde y devoto. Y por supuesto, como encarnación de esa cultura que se resiste a morir y de la que quedan solo algunos coletazos, era también eximio músico; no sólo en apreciarla sino también en tocar una pieza de Beethoven en el piano. 

    Quizás Benedicto nunca sea santo canonizado, no tenemos cómo saberlo ahora. No corresponde hablar mal de los muertos y menos en el inmediato momento de su fallecimiento. Pero sí marcar que su misma sabiduría antigua, de carácter no nominalista ni voluntarista, lo llevó a gobernar la Iglesia suponiendo la buena fe de sus adversarios internos y sin terminar de ver que a los ideólogos intra-eclesiales no se los convencía con buenas razones. Fue esa misma debilidad o ingenuidad, son palabras muy duras lo sé pero no encuentro otras, la que dio empuje a sus enemigos para sabotear todo su pontificado desde aquel 19 de abril de 2005.

    Santidad: ¡muchas gracias!

    “Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor” (Mt. XXIII, 25)