Autor: Cosme Beccar Varela

  • Chesterton: Democracia y Tradición

    Nunca he sido capaz de entender de dónde obtiene la gente la idea de que la democracia era en cierta forma opuesta a la tradición. Es obvio que la tradición es solo democracia extendida a través del tiempo. Es la confianza en un consenso de voces humanas comunes en vez de un registro aislado y arbitrario. El hombre que cita a algún historiador alemán contra la tradición de la Iglesia Católica, por ejemplo, es absolutamente atractivo para los aristócratas. Es atractivo por la superioridad de un experto contra la imponente autoridad del pueblo.

    La tradición puede definirse como una extensión de la franquicia. Tradición significa dar votos a la clase más oscura, nuestros antepasados. Es la democracia de los muertos. La tradición se niega a someterse a la pequeña y arrogante oligarquía de los que andan deambulando.

    Todos los demócratas se oponen a que los hombres sean descalificados por el accidente de su nacimiento; la tradición se opone a que se los descalifique por el accidente de su muerte.

    Yo no puedo separar las dos ideas de democracia y tradición. Tendremos a los muertos en nuestro consejo. (Tomado de “Orthodoxy”2”)

  • QUÉ ES UN LIBERAL y QUÉ ES UN LIBERTARIO

    Estamos viviendo una ola “libertaria” -que prendió especialmente en los jóvenes- y que por ignorancia confunden con liberalismo.
    El liberalismo es una herejía antigua que consiste en negar que los diez mandamientos sean obligatorios siempre y para todos los seres humanos. Los liberales creen que cada ser humano tiene derecho a tener sus propios diez mandamientos, o a no tener ninguno, con la única limitación de no hacer daño a los demás. Esta supuesta limitación es obviamente falsa, porque justamente los diez mandamientos son los que hacen el menor daño a los demás, ya que los puso Aquél que creó la sociedad humana. Es como si un reloj pretendiera ser ajeno a las leyes que le puso el relojero con la “sola limitación” de que deber dar la hora correctamente. El liberalismo es por lo tanto un disparate del orgullo humano que surge durante el siglo XVIII con el fin de acabar con la odiada tutela moral del Catolicismo.
    En cambio la ola libertaria consiste en una enorme desconfianza respecto a la aptitud de los gobernantes para permitir que los individuos generen salud, riqueza y cultura. A lo que agrego la ineptitud, mejor dicho la enemistad, del Estado para promover las virtudes cristianas y el ejercicio del culto público católico. Estos cinco bienes, salud, riqueza, cultura, virtudes y culto público, son el “Bien Común” de la sociedad.
    La idea en boga es que donde el Estado mete su torpe pata generalmente arruina al Bien Común, aunque pretenda favorecerlo.
    Hubo algunos períodos de la Historia en que el Estado fue más apto para favorecer el Bien Común, pero en los últimos siglos su ineptitud ha ido creciendo hasta casi convertirse en un enemigo del Bien Común, especialmente en los países latinos, propensos a adoptar ideologías absolutas y equivocadas (como el liberalismo).
    Dice León XIII en la Encíclica Rerum Novarum:

    “Lo que más contribuye a la prosperidad de las naciones es la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constitución de las familias, la observancia de la religión y de la justicia, las moderadas cargas públicas y su equitativa distribución, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esta índole.”

    “El individuo es anterior a la república y por naturaleza tiene derechos como el de velar por su vida y por su cuerpo. Esos derechos de los individuos se hacen fuertes dentro de la sociedad doméstica, la familia, que también es anterior al Estado. Por eso es de absoluta necesidad que haya derechos y deberes totalmente independientes de la potestad civil.”
    “Pues si los ciudadanos, si las familias, hechos partícipes de la convivencia y sociedad humanas, encontraran en los poderes públicos perjuicio en vez de ayuda, un cercenamiento de sus derechos más bien que una tutela de los mismos, la sociedad sería, más que deseable, digna de repulsa.”

    De lo que se deduce que el verdadero libertario debe ser anti-liberal, porque los diez mandamientos que el liberalismo rechaza son precisamente la mejor solución para el convivio humano sin injerencia del Estado.

    El gran católico Gustavo Martínez Zuviría (alias “Hugo Wast”) en su tesis doctoral para la Facultad de Derecho de la Universidad de Santa Fe, redactada en 1907 dice “La excesiva intervención del Estado en el organismo político prepara maravillosamente el terreno para el comunismo. La tendencia individualista hace hombres, la tendencia comunista hace mansos borregos destinados a formar en la caravana del proletariado. Mientras menos se acostumbra al individuo a la tutela del estado más capaz se hace de esfuerzos personales, vigorosos y constantes.”
    No debería existir una tensión entre el bien individual y el bien común. Semejante tensión huele a dialéctica hegeliana. Lo mejor es hablar de equilibrio, no de conflicto ni tensión. La naturaleza creada por Dios está toda hecha de equilibrios, como bien observó Heráclito de Éfeso hace casi tres mil años.

    Es verdad que las pasiones humanas individuales pueden provocar desequilibrios en la sociedad, pero también es verdad que la intervención del Estado provoca aún mayores desequilibrios. Coincido con Milei que el mejor mecanismo para fijar precios es el equilibrio entre oferta y demanda. Cuando el Estado fija precios, supuestamente por razones de bien común, desquicia todo.
    Admito que hay empresarios inescrupulosos que les gustaría imponer precios, pero el peligro es bastante menor de lo que dicen los progresistas para fundamentar sus errores. Por supuesto que hay empresarios ladrones, pero habitualmente se apoyan en los Gobiernos. Sin la fuerza estatal las prestaciones tienden al equilibrio.

  • Juvenal contra Fiducia Supplicans

    Decimo Junio Juvenal (60 d.C.) describió la decadencia del Imperio Romano. Redactó sus críticas en forma de versos distribuidos en 16 poemas llamados “Sátiras”, porque son una ironía mordaz y amarga de la vida en Roma en el Siglo Primero.

    En varias de sus sátiras critica la epidemia de homosexualidad en que se hundía Roma.

    En un trecho se dirige a Rómulo, fundador de Roma: “Oh padre de la ciudad ¿cómo es posible que los antiguos pastores del Lacio hayan llegado hasta este sacrilegio? He aquí un hombre ilustre por su nacimiento y fortuna que se entrega a otro hombre sin que tú agites tu casco ni sacudas la tierra con tu lanza. ¡Renuncia a la austera tierra que has negligenciado! Un hombre me dice que mañana a la salida del sol tiene un deber que cumplir en el valle Quirino. Le pregunto cuál y me contesta que toma marido y hace una fiesta con pocos invitados. Que nuestra vida se prolongue y veremos -¡sí, lo veremos!- que semejantes cosas se harán públicamente, y hasta querrán que ellas queden registradas en actas.” (Sátira II, versos 125 y siguientes).

    Fiducia Supplicans otorga a las parejas homosexuales y adúlteras la publicidad temida por Juvenal hace dos mil años. Ya no hace falta hacerlo a la madrugada en un valle apartado sino que se hace en una iglesia, ante un sacerdote. No importa qué tipo de bendición recibe la pareja, lo esencial es la publicidad del acto. Siguiendo la lógica de Juvenal el próximo paso será registrar esa “bendición” en la parroquia, inicialmente como un hecho digno de ser recordado y finalmente en igualdad de condiciones con el matrimonio católico.

    Yendo ahora al texto de Fiducia Supplicans, consta de una presentación y 45 artículos. La autorización para “bendecir” parejas homosexuales y adúlteras está en el artículo 31. Los otros 44 puntos son un fallido intento de fabricar las premisas necesarias para llegar a la conclusión del artículo 31.

    Estrictamente las premisas no son falsas, el problema es que ninguna lleva a la conclusión. El silogismo tiene un hiato insalvable, que lo convierte en sofisma.

    Es verdad que hay todo tipo de bendiciones disponibles para un católico, desde la bendición de la mesa por el padre de familia antes de comer, hasta la bendición de perros y caballos el día de San Huberto. Pero todas ellas dan publicidad a hechos o actos legítimos dentro de la ley natural y divina. Comer en familia es legítimo; salir a cazar ciervos es legítimo. Unirse en pareja homosexual o adúltera no es legítimo.
    Reitero el argumento que he leído en casi todos los blogs: ¿porqué ese trato privilegiado a las violaciones contra el 6° Mandamiento? Un par de delincuentes dedicados a la violación del 7° (“no robar”) también debería tener derecho a su bendición, no individualmente sino juntos.

    Para terminar, veo que Wikipedia habilitó un lugar para consignar todas las reacciones en contra de Fiducia Supplicans. La Corporación de Abogados Católicos tiene el honor de estar mencionada!

  • Lamentables primeras decisiones de Milei

    La ley de Ministerios aprobada por Decreto de Necesidad y Urgencia crea el “Ministerio del Capital Humano” (artículo 23 bis) entre cuyas funciones está la Educación Sexual Integral – ESI (ítem 17), y la perspectiva de género (ítem 30).

    La ESI es un eufemismo cuyo auténtico significado es el de forzar la inmoralidad en los niños. Milei no ignora ese significado porque él mismo se ocupó de explicarlo en su campaña electoral (https://www.youtube.com/watch?v=LGbwj8VEGX8). Por lo tanto Milei no tiene derecho a defender su mala decisión pretendiendo que se trata de una “ESI” neutra, ajena al significado perverso que la distingue.

    Lo mismo sucede con la perspectiva de género que Milei adopta como política de Estado en el ítem 30 de su “capital humano”. Significa la negación de la familia tradicional con padre, madre e hijos, para adoptar otras formas “variadas” de familia, y el rechazo militante del rol de la mujer como esposa y madre. Ni Milei ni la Mnistra de Capital Humano pueden defenderse diciendo que ignoran este significado, que surge de los textos de las conferencias internacionales adonde se elaboró ese concepto (http://www.notivida.com.ar/Articulos/Genero/Perspectiva%20de%20Genero,%20peligros%20y%20alcances.html#:~:text=La%20perspectiva%20del%20’g%C3%A9nero’%20debe,sobre%20el%20’g%C3%A9nero’%22.)

    El marxismo cultural sigue adelante bajo el gobierno de Milei.

    Lamentable.
    Cosme María Beccar Varela

  • Milei le tiene miedo al mercado

    Una semana después de haber asumido como Presidente, Milei todavía no se atrevió a liberar el mercado de cambios. Eligió el mismo camino “gradualista” que hizo fracasar a Macri.

    Tiene pánico de la cifra en que se estabilizaría el tipo de cambio y del impacto que tendría sobre la inflación. Es decir que no aprendió nada de su profesor Huerta de Soto, que en este vídeo explica que los precios se deben liberar de golpe, no gradualmente (https://youtu.be/MgHJmh3_f-U?si=EgOXaOntVmLJOQY1) Lo que vale para liberar el precio de todos los productos vale con más razón para liberar el precio de las divisas.

    Gracias a Milei seguimos teniendo docenas de tipos de cambio, unos para los favorecidos, otros para los menos favorecidos, dependiendo de lo que el Estado omnipresente y todopoderoso considere conveniente en su ciencia superior, a los que ahora se agrega el ridículo bono de la Comunicación BCRA “A” 7918 del 13-12-23.

    El Clarín de hoy (18-12-23) calcula que este nuevo “dólar-bono” estaría en unos $1175:

    Lo peor es que esos 1175 ni siquiera le sirven al importador para pagar sus deudas. La Comunicación7918 que fabricó este engendro no explica cómo sigue el proceso desde la suscripción del bono hasta que el acreedor del exterior recibe su pago. Pero queda claro que el importador que no compra el bono tampoco puede acceder al Contado con Liquidación y menos aún al mal llamado MULC, monopolizado por el Banco Central.

    “Según el consultor Fernando Marull quien compra el bono importador podrá hacerse de dólares en el mercado secundario o esperar el vencimiento del bono. Calcula que el bono saldrá en el mercado secundario con un descuento del 20%. Es decir que el importador que compró el bono a $ 800 más el impuesto país del 17,5%, es decir a $ 940, al venderlo en el mercado secundario pagaría $ 1.175 por cada dólar.” (https://www.clarin.com/economia/importadores-suscriban-bono-ofrecera-banco-central-podrian-usarlo-pagar-impuestos_0_9lJQrBj3h1.html)

    Cepo y corralito, como siempre.

    Si Milei fuera coherente con su doctrina económica debería permitir que los privados argentinos compren directamente las divisas a los privados del exterior, al precio que esos extranjeros consideren “de mercado”, sin tener que pasar por el Banco Central. Y tampoco debería forzar a los privados a recurrir al Contado con Liquidación (CCL), a menos que alguien lo quiera, por el motivo que sea.

    Algún precio internacional tiene el peso argentino. En algún momento de la negociación el extranjero aceptará desprenderse de sus divisas a cambio de los pesos argentinos. Es cuestión de ir subiendo la cantidad de pesos hasta que el extranjero los acepte.

    Claro que esta manera de fijar el valor del peso tiene la “desventaja” de que no pasa por el Banco Central, un ente al que Milei por lo visto está decidido a sostener.

    La única duda que podría tener Milei es “¿A cuánto se dispararía la inflación si se libera el cambio?”. Duda bastante zonza para quien acaba de crear un tipo de cambio 20% por encima del dólar “blue” de doy (de 955 a 1175). ¿Acaso cree que ese aumento de 20% en el dólar “importador” no pasará a los precios, especialmente en los productos que tienen insumos extranjeros? ¿Porqué Milei fabrica su propia inflación cuando podría dejar que surja del mercado? ¿Le tiene miedo al mercado?

    Le respondo con el video de Huerta de Soto y con todos los videos de la campaña de Milei. Ese miedo al salto de la inflación es paralizante, destructor. La realidad es que muy probablemente el precio de las divisas se estabilice no muy lejos del actual tipo de cambio “negro”, un tipo de cambio más “libertario” y más sano que el de Milei.

    Cosme M. Beccar Varela

  • La derecha argentina

    Alberto Fernández echó la culpa de la devaluación del peso a “la derecha argentina” (ver noticia en Infobae). Lo triste de esta afirmación es que es falsa, porque la sencilla razón de que la derecha argentina no existe.

    Sí existe una izquierda argentina bastante fuerte, pero exigua. El resto 
    de los argentinos de cualquier pelaje se aglomeran en el centro. Están 
    tan aterrados de ser vistos en un costado del centro que se aprietan 
    cada vez más hacia el medio, en un fenómeno de anulación creciente 
    similar al “Big Crunch” que viene después del “Big Bang”. Todos los 
    argentinos vamos a terminar en un puntito microscópico adonde nadie va a 
    estar a la derecha de nadie.

    Supongamos que Fernandez tiene razón y en este momento hay cenáculos 
    secretos apostando contra el peso. Si pudiéramos introducirnos en uno de 
    esos cenáculos y los acusamos de ser de “derecha” creo que tendrían un 
    ataque de pánico peor que si los acusamos de violar la Ley Penal Cambiaria.

    Todo “relato” exige un enemigo arquetípico. Es irrelevante que ese 
    enemigo realmente exista. Lo esencial es generar en la opinión la 
    necesidad de distinguirse de ese modelo presentado como horriblemente 
    negativo. Lo importante es que la gente diga orgullosamente “Yo no soy 
    eso”, “Yo no soy de derecha”.

    El Concilio Vaticano II es un caso típico de relato trucho. Fabricaron 
    un mal por excelencia, consistente en el rechazo a dialogar con el 
    mundo. Una detestable “derecha preconciliar” de la que todos huían como 
    la lepra. Era inútil argumentar que ese rechazo nunca existió, que la 
    Iglesia siempre “dialogó” con todos los mundos que le tocó vivir, 
    incluyendo el paganismo romano, el islamismo español, los chinos de 
    Mateo Ricci, los Incas de Perú, etc. El Evangelio relata un “diálogo” 
    impresionante entre Pilatos y Nuestro Señor. Para el Vaticano II ninguno 
    de esos diálogos es aceptable porque se basaban en la afirmación de la 
    verdad y la negación del error. El nuevo mito del “dialoguismo” exige 
    abandonar los principios.

    No ser de derecha en materia política sinifica no creer en la 
    civilización cristiana. Significa no creer que se puede y se debe 
    gobernar los pueblos con la filosofía del Evangelio. Los argentinos son 
    unánimes en ese rechazo. Alberto Fernández sueña cuando habla de una 
    “derecha argentina”. Que busque sus enemigos en otro lado.

  • Lucio Dupuy y la familia natural

    La vida de horror que dos lesbianas que fungían de “madres” infligieron al pobrecito Lucio Dupuy hasta matarlo no es un caso aislado.

    Los homosexuales no suelen ser buenos padres ni buenos esposos, suponiendo que esas nobles palabras pudieran por absurdo aplicárseles. La supuesta “familia” homosexual es una construcción artificial en la que los niños son los más perjudicados. 

    Pero es políticamente incorrecto decirlo. 

    Hace treinta años, decir que el ambiente natural para que un niño crezca era la familia natural, con padre y madre, era una obviedad que sólo se negaba en algunos cenáculos trasnochados a los que nadie prestaba atención.

    Después de tres décadas de insistencia machacona los progresistas (y de los gobiernos que les temen) consiguieron instalar la idea de que los homosexuales son tan buenos padres como cualquiera. 

    Por supuesto que no todas las familias naturales son buenas con sus hijos ni todas las pseudo- familias homosexuales son malas con los niños que les entregan. Pero es falso afirmar que para un niño es exactamente lo mismo. 

    La homosexualidad es un vicio, no una enfermedad, pero como todo vicio deriva en enfermedad. El alcohólico también es un enfermo, pero su enfermedad proviene de un vicio que no se esforzó en combatir. A causa del vicio derivado en enfermedad estas personas tienen su voluntad debilitada. Cada vez les cuesta más autocontrolarse. De nuevo conviene recordar que no todos los casos son iguales; la mayoría mantiene un cierto autocontrol y pocos lo pierden completamente. Pero es lógico suponer que personas dominadas por un vicio sean EN PROMEDIO más violentas y caprichosas. 

    No hay estadísticas sobre fidelidad pseudo conyugal entre homosexuales o de cumplimiento de sus deberes pseudo parentales. Las que hay se esconden. Hace veinte años había salido una estadística policial sobre violencia entre homosexuales, pero desapareció rápidamente. Los “enamoramientos”, los celos, las rabias, los despechos, todo es más agudo cuando la persona ha perdido todo o parte de su autocontrol por practicar un vicio. Y los niños -obtenidos por medio del temor de los funcionarios- tienen que vivir en ese clima pseudo familiar.

    Rodríguez Larrata se sacó una foto entregando el primer bebito en adopción a una pareja homosexual. ¿Cómo será la vida de ese niño hoy, quince años después? ¿Qué ejemplos recibe de sus supuestos “padres”? ¿Qué enseñanzas le dan?

    Ahora están todos indignados con la jueza Ana María Pérez Ballester, por haber entregado a Lucio a esta pareja de lesbianas. Es muy probable que ella haya actuado por miedo. El mismo diario La Nación menciona esa posibilidad, aunque muy discretamente y con signo de pregunta: 

    “La otra hipótesis, tan de nuestros tiempos de territorios minados y cancelaciones, se relaciona con la condición de la progenitora que pertenece a la comunidad LGTB. Fallar en contra de la solicitud de revinculación podría ser visto como un atentado discriminatorio contra este grupo y sus derechos. No miró lo que había que mirar, no tomó los recaudos que había que tomar, ¿fue por no ser acusada como discriminadora?” (Ver nota acá).

    El miedo de una Jueza a apartarse del Pensamiento Único la llevó a destruir un niño.

  • Lago Escondido

    El padre Paco Olveira, líder del grupo “Curas en Opción por los pobres” empezó una huelga de hambre para exigir que se abra un camino que llegue al Lago Escondido, uno de los lugares más lindos del mundo, atravesando propiedades privadas.
    La reacción de los gauchos locales consistió en subirse a sus caballos y echar a rebencazos a los agitadores. Esos gauchos tienen más derecho al título evangélico de “pobres” debido a que trabajan pequeñas parcelas de tierra bastante magras para la producción. “Queridos vecinos de la comarca, soy propietario de un campito en El Foyel, dónde somos agredidos por gente que viene de Buenos Aires, hoy llegaron un montón de micros a querernos atropellar, a tirarnos el portón abajo, y necesitamos su apoyo. Vienen patotas, vienen barras bravas, viene sindicalismo, les agradecemos si alguno puede ayudar”, indicó un conocido productor, Pablo Puchi en uno de los audios que circuló.
    Moseñor Ojea, Arzobispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal se interesó por la salud del padre Olveira, pero no le afeó su conducta. 
    No se advierte qué relación puede existir entre la reducción de la pobreza y la apertura de ese camino, excepto que se trata de un reclamo de agitadores violentos provenientes de Buenos Aires que se autoproclaman “pobres” y sin embargo cobran todo tipo de subsidios del Estado.

    ¿Volvemos a los años ’70?

  • Benedicto XVI, un Girondino

    Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) siempre fue lo que Plinio Correa de Oliveira describía como “un revolucionario de marcha lenta, pero con coágulos contrarrevolucionarios” “se deja arrastrar por la Revolución pero en algún punto concreto la rechaza; así, por ejemplo, será socialista en todo, pero conservará el gusto por las maneras aristocráticas” (Revolución y ContraRevolución, Primera parte, Capítulo VI, 5).

    Summorum Pontificum” es un caso típico. Su principal argumento es el “amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían impregnado su cultura y su espíritu”. Además cita “Ecclesia Dei” cuyo principal argumento es “la sensibilidad de todos aquellos que se sienten unidos a la tradición litúrgica latina”. Es una cuestión de amor, afecto y sensibilidad, pero no de doctrina, porque en materia de doctrina Benedicto XVI era fundamentalmente revolucionario.

    Benedicto XVI no tenía la misma Fe que San Benito, San Agustín, San Patricio, San Beda, San Eric, Santo Domingo, San Francisco, San Buenaventura, Santo Tomás, San Luis Rey de Francia.

    Benedicto XVI no entendía ni podía entender a esos santos por la sencilla razón que no compartía con ellos la pretensión de que la Fe Católica es la única verdadera y sobre todo no compartía las consecuencias prácticas que se deducen de tal pretensión. Sentía “amor, afecto y sensibilidad” por la Europa que esos santos habían fundado, pero era incapaz de restaurarla porque le faltaban los principios sobre los que se había establecido.

    La Civilización Cristiana se fundó sobre la negación de la libertad religiosa, llamada “locura” por los papas. En cambio Benedicto XVI la defendió siempre, desde que fue uno de los autores de la pésima doctrina del Concilio Vaticano II en esa materia, de donde brotan todos los demás errores progresistas.

    “Tiempos vendrán en que el debate sobre la libertad religiosa será contado entre los acontecimientos más relevantes del Concilio (…). En este debate estaba presente en la basílica de San Pedro lo que llamamos el fin de la Edad Media, más aún, de la era constantiniana. Pocas cosas de los últimos 150 años han inferido a la Iglesia tan ingente daño como 

    la persistencia a ultranza en posiciones propias de una iglesia estatal, dejadas atrás por el curso de la historia.” (Joseph Ratzinger, Resultados y perspectivas en la Iglesia conciliar, Buenos Aires 1965).

    “El Concilio Vaticano II, en la constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, ha subrayado nuevamente esta profunda correspondencia entre cristianismo e Ilustración, buscando llegar a una verdadera conciliación entre la Iglesia y la modernidad, que es el gran patrimonio que ambas partes deben tutelar. (Joseph Ratzinger, Conferencia en Subiaco, 1-IV-2005)

    “Los mártires de la Iglesia primitiva murieron por su fe en el Dios que se había revelado en Jesucristo, y precisamente así murieron también por la libertad de conciencia y por la libertad de profesar la propia fe, una profesión que ningún Estado puede imponer, sino que sólo puede hacerse propia con la gracia de Dios, en libertad de conciencia.» (Benedicto XVI, Alocución, 22-XII-2005)

    Era imposible que Benedicto XVI entendiera la Edad Media teniendo semejantes ideas sobre la Ilustración y la libertad religiosa.

    Por supuesto que todo acto humano debe ser voluntario, de lo contrario es nulo de nulidad absoluta. Ya lo decía el Derecho Romano 25 siglos antes que el Concilio y Benedicto XVI lo exhibieran como una novedad liberadora del oscurantismo.

    Una profesión de fe católica arrancada mediante tortura es una aberración religiosa, pero más que nada es una aberración jurídica. Y de eso se trata; porque Benedicto XVI y la Revolución Francesa se refieren al hombre frente a la sociedad humana, que ciertamente no le puede imponer legalmente una profesión de fe. El tema es jurídico, porque frente a Dios no hay libertad religiosa. El que equivoca el camino se va al Infierno. El Evangelio está lleno de afirmaciones en ese sentido. Los herejes no quemarán en la Piazza della Signoria, pero ciertamente quemarán en el Infierno.

    No es éste el lugar para explicar a fondo la cuestión de la libertad religiosa como cuestión jurídica. Baste decir que la doctrina que comparten Benedicto XVI, el Concilio, la Declaración de los Derechos Humanos de la Revolución Francesa y la de la ONU (los cuatro casi con las mismas palabras) se resume en la afirmación de que el Estado no debe ejercer ningún tipo de coacción en materia religiosa, o dicho más claramente, que la fuerza del Estado en ningún caso debe estar al servicio de la Verdad.

    El problema es que para Benedicto XVI y para la Revolución Francesa no existe UNA verdad, única con derecho a ser difundida, y muchos errores, todos sin derecho a ser difundidos. Para ellos la religión católica no es “verdadera” sino que es “razonable”, y debe convencer por su “razonabilidad”. Es cierto, pero el Estado tiene la obligación de favorecer la razonabilidad de la fe Verdadera y desalentar la supuesta razonabilidad de las religiones falsas. Y cuando en un debate entre la verdad y el error está en juego la sociedad (por ejemplo, la indisolubilidad del vínculo matrimonial) el Estado debe imponer la Verdad. Con prudencia y tolerancia, por supuesto. Nadie habla de lapidar a los adúlteros.

    Esto de la firmeza en los principios pero prudencia y tolerancia en su aplicación es muy importante porque la principal artimaña que utilizan los defensores de la libertad religiosa consiste en exagerar las consecuencias de la doctrina católica tradicional en la materia. Está en esa línea la comparación que hace el discurso de Ratisbona a la violencia religiosa del islamismo.Cualquier persona que sostenga algún tipo de coacción en materia religiosa es presentado como un talibán asesino.

    El argumento falaz es así: “Suponiendo que hubiera UNA Verdad con derechos y muchos errores sin derechos, para erradicarlos a todos y de manera definitiva el Estado debería quemar, estrangular y lapidar a la casi totalidad de los habitantes del planeta. Visto que eso es imposible, el Estado debe ser prescindente en materia religiosa.”

    Pero negarle una cátedra en una Universidad del Estado a un profesor brillante pero que propaga doctrinas erróneas es claramente una “coacción”, y ésa, el Estado la debe ejercer.

    Volviendo al inicio, Benedicto XVI era como los revolucionarios girondinos. Adhería a las principales tesis revolucionarias, pero le disgustaban los jacobinos, que por supuesto lo terminaron destruyendo.

  • La falsa tolerancia

    El Demonio es el príncipe de la mentira. Cuando el Bien predomina exige “tolerancia” con el mal para que este sobreviva. Pero una vez que el mal domina, no tolera al bien. Hoy por hoy, a medida que el Mal domina, el demonio y sus seguidores se van sacando la careta de la tolerancia y toleran cada vez menos a los que se atreven a disentir.

    Santo Tomás de Aquino define la tolerancia (más o menos) como la prudencia en el combate contra el mal. A veces es prudente tolerar un mal para evitar otro mayor. Por eso Santo Tomás dice que sin dejar de ser parte de la virtud de la prudencia, también es un fracaso, porque es una actitud indeseada y forzada frente al mal. Ejemplo: un padre se ve forzado a tolerar que su hijo viva en concubinato con una novia de malas costumbres, recibirla como “visita” y saludarla como “conocida”, porque la prudencia le indica que si la condena como corresponde el hijo se aleja definitivamente, perdiendo así la poca buena influencia que pueda tener para su ulterior salvación eterna. Esto pasa “hasta en las mejores familias”, pero esa tolerancia prudente no deja de ser un fracaso para el padre. 

    El mismo concepto de “fracaso” se aplica a las sociedades humanas. Santo Tomás dice que si los gobernantes dieran buen ejemplo y llevaran sus pueblos hacia el Bien no necesitarían tolerar el Mal, o lo necesitarían cada vez menos. O sea: el buen gobernante tiende a la menor tolerancia posible. 

    El verdadero concepto de tolerancia es por lo tanto inseparable de los conceptos de Bien y Mal. No se tolera cualquier cosa y porque sí. La tolerancia no es un Bien en sí mismo. Se tolera un Mal con la finalidad de obtener un Bien o evitar otro Mal peor que el que se tolera. 


    Los conceptos de Bien y Mal fueron establecidos por Dios al crear el universo. Siguiendo con una excelente y conocida metáfora, Dios es como un relojero que puso las reglas para que el reloj funcione. Se altera un engranaje y el reloj ya no da la hora. El Bien es lo que hace funcionar el reloj; el Mal es lo que lo altera. 

    No es verdad que esas reglas del Bien y del Mal son un capricho del relojero, como dijeron Occam y los primeros filósofos decadentes, que sostenían que Dios podría haber hecho el universo al revés, e igual debería funcionar. Decir que si Dios hubiera puesto cualquier otro conjunto de reglas también sería bueno, era el primer paso para decir que todos los conjunto de reglas son buenos, aunque se contradigan. Pero Dios es racional y no hace disparates. Las reglas del Bien y del Mal son lógicas. Otro conjunto de reglas carecería de lógica. Como dice “Word on Fire” citado por LBM del 29-12-22 en su artículo “El catolicismo refugio de la racionalidad”, el Bien y el Mal son “una colección ordenada de hechos morales deducidos de la estructura de la realidad.”

    El Demonio y todos sus seguidores conscientes o inconscientes se sublevan contra el orden del Bien y del Mal puesto por Dios. Pretextan que quieren un orden alternativo y de hecho han inventado sistemas filosóficos que parecen muy bien armados. Pero siempre fallan y se derrumban, porque no consiguen hacer que el reloj funcione. Como dicen los franceses “chassez le naturel; il reviendra au galop” (expulse lo natural; volverá al galope).

    El Demonio puede decir lo que NO quiere, pero es incapaz de proponer un Orden alternativo. Citando otra vez a Word on Fire: “…las mismas teorías no pueden, en consonancia con sus propios fundamentos filosóficos, decir algo sobre lo que un individuo o una sociedad debe hacer, por ejemplo, qué bien positivo debe perseguirse…” 

    En el Orden del Bien y del Mal puesto por Dios en el universo todos los engranajes del reloj cumplen su función automáticamente, excepto una pieza: el Hombre. Dios dispuso que los planetas no puedan cambiar de órbita y que las golondrinas no puedan dejar de emigrar, pero quiso que el Hombre cumpla voluntariamente su parte en el funcionamiento del reloj. Si el Hombre quiere, puede desobedecer las reglas y romper el reloj. Dios no se lo impide en esta vida, pero los demás hombres sí se lo deben impedir, en la medida de lo posible. Las sociedades humanas tienen que organizarse para cumplir su fin último que es la salvación de las almas (además hay un montón de fines intermedios; es bueno aclararlo para refutar desde ya la acusación de que la sociedad católica padece de un exceso de “espiritualidad”). 

    La tolerancia entonces es la virtud que deben practicar todos, pero especialmente los gobernantes, para que los hombres practiquen el Bien y eviten el Mal, mediante un sistema prudente de premios y castigos. Al contrario de lo que pretende el Demonio, nunca puede haber una tolerancia funcional al Mal. La tolerancia tiene un sólo sentido: hacer el Bien.     

    Tolerar no implica reconocer derechos al mal y al error. Muy por el contrario, tolerar es combatirlos de la manera más prudente y por lo tanto más eficiente. Un combate imprudente puede dar ínfulas al mal. Ejemplo: Haití es un país que practica el satanismo en masa y que un presidente consagró al demonio. Si mañana asume un buen gobernante no va a poder prohibir el satanismo de la noche a la mañana porque va a fracasar y el demonio va a aumentar su poder sobre ese desgraciado país. Tendrá que hacer procesiones, vigilias, exhortaciones, dar buen ejemplo, invitar misioneros católicos en serio a que prediquen en las plazas. Después de un tiempo podrá prohibir el satanismo.


    Pretender que la tolerancia del mal constituye un derecho es precisamente el sofisma sobre el que se basa el famoso caso “FAL” con el que la Corte Suprema de Justicia introdujo el aborto en Argentina. Después vino la ley del Congreso, pero el sofisma de la Corte fue el antecedente necesario. 

    Resulta que en el Código Penal de 1922 se había infiltrado una “tolerancia” a ciertos casos de aborto, como el embarazo por violación sobre mujer idiota. La ley los condenaba como delitos, pero por razones de prudencia (en este caso equivocada) excluía el castigo que corresponde al homicidio. Eran los llamados “abortos no punibles”. La Corte inventó el sofisma que cuando un acto no es punible se convierte en un derecho y por lo tanto el Estado debe garantizar su ejercicio. Para demostrar lo equivocado de este sofisma basta recordar que el Código Penal tiene otros casos de “no punibilidad”, por ejemplo el hurto entre hermanos que conviven. Por razones de prudencia (en este caso acertada) la ley no quiere que un hermano mande a la cárcel a otro porque le sacó plata de la mesa de luz que tienen en el cuarto adonde duermen los dos. El mensaje de la ley es: “si tenés un hermano vago y ladrón perdonalo, escondé mejor tu plata, o mudate a vivir sólo en otro lado, pero no lo mandes a la cárcel”. Para la Corte Suprema el Estado debería garantizar el derecho del hermano vago y ladrón a sacarle toda la plata que pueda al hermano trabajador y ahorrativo.

    A pesar de la ya mencionada incapacidad del demonio para generar un “orden alternativo” al de Dios, no deja de intentarlo, utilizando especialmente a los falsos filósofos. Aclaro que si “filosofía” significa amor por la sabiduría, no deben llamarse filósofos a los pensadores que no adhieren a la verdad revelada. Así como tampoco pueden llamarse “antropólogos” a los que niegan el alma inmortal; deberían llamarse “simiólogos” o “primatólogos”.

    Enfin, resulta que como se dijo al principio el demonio exige una adhesión intolerante a cada uno de estos sistemas de falso “orden” que se suceden y se contradicen unos a otros. Más o menos como en Rusia soviética, que mandaba al paredón al distraído que seguía sosteniendo el mismo conjunto de mentiras, sin darse cuenta que ahora lo oficial es otro conjunto de mentiras.

    ¡Qué triste es la Humanidad lejos de las vías católicas!  

  • Lecciones de San Luis Rey a los gobernantes actuales

    San Luis Rey se tomaba muy en serio su obligacion de tocar a los escrofulosos (Mycobacterium tuberculosis) diciendo “El Rey te toca, que Dios te cure”. ¿Se imaginan a Alberto Fernández o a Lula tocando escrofulosos? ¡Ni por demagogia lo harían! ¡Qué asco!

    En 1264 (siglo XIII) San Luis recibió la visita oficial del Rey de Inglaterra Enrique III. Hicieron un gran banquete… ¡para los mendigos de Paris!… ¡los dos reyes servían la mesa! Sólo después que los mendigos comieron bien empezó el banquete para los reyes. No lo hicieron por razones electorales; no necesitaban votos. Tampoco lo hicieron para quedar bien ante sus seguidores, o para que la noticia saliera en los diarios, o para exhibir cuán humildes eran (una forma refinada de orgullo). Lo hicieron porque eran católicos practicantes; porque querían hacer méritos ante Dios, irse al Cielo y evitar el Infierno. Ni Alberto Fernández ni Lula entenderían estos conceptos, ni aunque se los expliquen.

    En ese viaje San Luis le devolvió a Enrique III muchas tierras que los reyes de Inglaterra habían tenido en Francia por herencias de Guillermo el Conquistador y Eleonora de Aquitania, pero que su abuelo Felipe Augusto había arrebatado a los ingleses en varias guerras. Así Inglaterra recuperó Normandía, Anjou, Turena, Maine, Poitou, Perigord, Bretaña, Auvernia, Berry, etc, etc. ¡casi la mitad de Francia, sin derramar sangre! En compensación Enrique III realizó el acto de vasallaje a San Luis. La ceremonia se hacía con el vasallo arrodillado ante su señor, con las manos juntas; el señor le tomaba las manos y juraban por su honor mutua fidelidad y ayuda. Para San Luis, muy legalista, este acto de vasallaje era suficiente protección. El Rey de Ingaterra quedaba legalmente atado a nunca levantar la mano contra el Rey de Francia.

    Así hubo paz entre Inglaterra y Francia, hasta que un siglo después (Siglo XIV) los dos países se volvieron a pelear. Para esa fecha el mundo había adoptado los falsos principios que todavía lo gobiernan. No en vano Barbara Tuckman llama al Siglo XIV el “Espejo Distante” del mundo actual. Ahí empezaron los nacionalismos, los absolutismos en nombre del pueblo, el Bien Común separado de la salvación eterna, el maquiavelismo en la política y todo lo que seguimos viendo día a día.

    Como ya dijimos en otro Post citando a Donoso Cortés: ¡Qué triste espectáculo es la humanidad alejada de las vías católicas!