La Botella al Mar – Página 240 – No es tolerable sufrir, sin réplica, la lluvia de mentiras, errores y banalidades que caen sobre nosotros desde todos los medios de difusión.

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  • La deuda externa y una fallida investigación (II)

    por Alejandro Olmos Gaona

    Se puede leer este trabajo completo acá.

    LA JUDICIALIZACIÓN DE LAS DECISIONES POLÍTICAS

    Una de las cuestiones más discutidas  respecto a los aspectos legales y constitucionales de las operaciones que permitieron la constitución de la deuda exterior de la Nación, ha sido que la misma no puede ser materia de ningún cuestionamiento judicial, debido a que se trata de decisiones políticas del Poder Ejecutivo, y que además las posibles ilegalidades y la posible y eventual comisión de delitos de acción pública no serían susceptibles de ser investigados, debido a que se trata de decisiones políticas reservadas a las esfera de la administración del Estado (4). Este extendido criterio que sostiene la dirigencia política, algunos politólogos o analistas, una variada gama de comunicadores y aún algunos cultores del derecho judicial, utiliza como fundamento  que los actos del Poder Ejecutivo en determinadas materias no pueden ser objeto de revisión por el Poder Judicial. Se entiende en forma errónea que tales actos no pueden ser materia de control alguno, debido a que son el producto de facultades privativas y propias del poder que las ejerce.

    Desde muy antiguo se ha alegado que admitir el control judicial de los actos emanados del poder político significaría una clara violación de la división de los poderes, al permitir la ingerencia de uno de ellos en el ámbito en el que se desenvuelve el otro poder; y en un sistema marcadamente presidencialista como el argentino, ello significaría una inadmisible intromisión, que de realizarse alteraría sustancialmente un esquema constitucional que ha señalado competencias específicas en las que debe desenvolverse cada uno de esos poderes. Ésta cuestión del control judicial de los actos ejercidos por el poder administrador constituye un tema clásico de la teoría del Derecho que ha sido largamente discutido atreviéndose algunos tratadistas a plantear Algunos se han atrevido a plantear que: “Verdaderamente, ¿de qué trata el Derecho Administrativo si no es del control de la discrecionalidad?” (5) pudiéndose registrar una larga lista de trabajos que se han  enfocado a analizar con minuciosidad todas las cuestiones atinentes a un tema fundamental, que se ha soslayado, continuándose con insistir por parte de integrantes del Poder Legislativo mayoritariamente, en conceptos ya abandonados desde hace muchos años y que parten de la concepción soberana del poder que tenían los regímenes absolutistas, donde las decisiones no admitían control jurisdiccional alguno. Esto se pudo observar particularmente, en las expresiones condenatorias de una importante cantidad de legisladores respecto al fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que declaró la inconstitucionalidad  de los arts. 2, 4, 18 y 30 de la Ley 26.855 que estableció una nueva regulación del Consejo de la Magistratura y del Decreto 577/13 (6). Se llegó a sostener el absurdo que el Poder Judicial no podía cuestionar lo decidido por los representantes del pueblo.  

    Tales planteos comunes en la consideración de la dirigencia política, si bien han quedado desestimados por el Derecho Administrativo, todavía persisten, con la suficiente entidad, para que en la magistratura federal, no se haya procedido de acuerdo  al derecho que tienen los ciudadanos de recurrir a la justicia ante decisiones del Poder Ejecutivos que puedan afectarlos, ya que una genuina concepción de lo que es la organización del Estado determina que los ciudadanos no sean súbditos sino mandantes del Poder Administrador y en consecuencia este sea un servidor y no  como lo planteaba la concepción monárquica.

    Aunque no es mi intención extenderme  en largas consideraciones sobre el particular –aunque el tema lo amerita, dada la concepción que todavía pareciera sigue vigente en la Argentina- me  pareció oportuna  la opinión de  Woehrling quien sostiene que “Desde hace aproximadamente 20 años se constata un profundo movimiento de reforma en los sistemas de control jurisdiccional de la Administración en prácticamente todos los países europeos. Se puede afirmar que este movimiento se ha acentuado aún en el período último” y cita los regímenes contencioso-administrativos de Suecia y Holanda, la constitucionalización de de la jurisdicción contencioso-administrativa en Grecia, Portugal, España, Alemania e Italia, agregando que “estas disposiciones constitucionales, constituyen un verdadero mandato constitucional dado a los Tribunales encargados del contencioso-administrativo y refuerzan la legitimidad de sus intervenciones. Este cuadro constitucional juega, pues un papel directo en la extensión y la intensificación del control jurisdiccional de la administración” (7). Esa corriente de control de la legalidad de los actos de gobierno, es unánime en la mayor parte de los países europeos, y se funda en los principios fundamentales que deben regir en una democracia. . No se trata pues de la invasión de un poder sobre el otro como lo sostienen algunos vulgares apologistas de las decisiones del Poder Ejecutivo, sino simplemente de ese inexcusable control de establecer la legalidad de esos actos.

    Resulta por demás evidente, que ante una violación a las normas constitucionales que afecten los derechos de cualquier ciudadano, éste no tiene otra alternativa que recurrir a la justicia con el objeto de que se restablezcan sus derechos conculcados. Eso no significa intromisión o injerencia, sino el correcto funcionamiento del orden establecido por la propia Constitución. En nuestra doctrina, Bidart Campos ha sido el más enfático en sostener que “El aspecto primordial de las cuestiones políticas radica entonces, en que la exención de control judicial involucra exención del control de constitucionalidad… En primer lugar estamos ciertos que la detracción del control viola el derecho a la jurisdicción de los justiciables. No poder conseguir por declinación del Tribunal el juzgamiento de una cuestión rotulada como política, es tanto como decir que los ciudadanos carecen del derecho a la jurisdicción, o sea de derecho a acudir a un órgano judicial para que se resuelva una pretensión…. Cuando el Estado no puede ser llevado a los tribunales estamos además fácticamente ante el hecho de la irresponsabilidad. Es elemental que si el Estado no puede ser juzgado, el Estado no responde por ese acto que conserva todos sus efectos, aunque sea infractorio de la Constitución…La sumisión completa del estado al orden jurídico reclama que el gobernante esté sujeto no solo a la vis directiva de la ley, sino a la vis coactiva y compulsiva… Hay un argumento muy sólido que resulta favorable a la judiciabilidad. Al organizar la administración de justicia, la Constitución argentina confiere a la Corte y a los demás tribunales inferiores en su artículo 100 la competencia de decidir “todas” las causas que versan sobre puntos regidos por la Constitución. Cuando se dice “todas” las causas es imposible interpretar que haya “algunas” causas que escapen al juzgamiento. Dividir las causas en judiciables y políticas (no judiciables) es fabricar una categoría de causas en contra de lo que impone la misma Constitución” (8).

    Resulta indudable que la concepción de la no judicialidad, no responde de ninguna forma al orden jurídico, sino a la invariable pretensión del Poder Ejecutivo, sustentada durante décadas, de no aceptar control judicial alguno, lo que puede resultar correcto cuando las decisiones adoptadas estén conforme al orden público, no causen perjuicio a los ciudadanos y no alteren el orden constitucional. Pero cuando esas decisiones, se traducen en una afectación de las garantías constitucionales, cuando el Poder Ejecutivo impone normas que contravienen la ley, no puede desconocerse la facultad que tiene el Poder Judicial para revisarlas y dejarlas sin efecto, ya que esa es una de las misiones que le ha conferido la Ley Fundamental. Suponer lo contrario, significaría otorgar facultades omnímodas al Poder Administrador, no sujetas a control alguno, lo que por supuesto no tiene nada que ver con el ordenamiento republicano y democrático, y como afirmaría Kelsen “El destino de la democracia moderna depende en una gran medida de una organización  sistemática de todas las instituciones de control. La democracia sin control no puede durar. Si excluye esta autolimitación que representa el principio de legalidad la democracia se disolverá a si misma” (9).

    Tales conceptos son esenciales para definir algo que la dirigencia política se  encargó de enmarañar, y es el real concepto de servicio que debe tener el poder administrador, que no resulta una entidad con poderes ilimitados a  cuyas decisiones deben someterse los ciudadanos que son sujetos tributarios de esa administración. Muy por el contrario, el Poder Ejecutivo gobierna y ejecuta los actos que el Poder Legislativo ha sancionado como representante del pueblo. También está facultado para reglamentar las leyes y adoptar todas aquellas medidas administrativas que hacen al buen funcionamiento del  Estado, pero ello en modo alguno significa el otorgamiento de poderes extraordinarios o facultades especiales, ya que como la propia Constitución señala en su Art. 29, tales facultades llevan consigo una nulidad insanable y sujetarán a los que las formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de infame traidores a la patria. Esa concepción de servicio parece haber sido olvidada hace décadas y es por eso que puede verse que en muchos casos el ejercicio del Poder Ejecutivo ha devenido en una suerte de poder supralegal que ejerce su voluntad a través de un riguroso control de la actividad parlamentaria. García de Enterría ha señalado con claridad algo que muchas veces la dirigencia política parece haber olvidado, para no afrontar las responsabilidades que le competen, y es el hecho de que “La Administración no es representante de la comunidad, sino una organización puesta a su servicio, lo cual es en esencia distinto. Sus actos no valen por eso como propios de la comunidad –que es lo característico de la Ley, lo que presta a esta su superioridad e irresistibilidad- sino como propios de una organización dependiente, necesitada de justificarse en cada caso en el servicio de la comunidad a la que está ordenada” (10).

    Este imperativo de servicio, supone por cierto, el control de legalidad inherente a la condición que tiene, para evitar una desnaturalización de sus derechos, mediante la instrumentación de disposiciones que los restrinjan o los eliminen. Es una forma de resistir la arbitrariedad del poder mediante la utilización de todos los recursos que la ley otorga. Como con propiedad se ha dicho “El derecho de resistencia se canaliza, pues, hacia la responsabilidad o dación de cuentas y ésta, a su vez, finalmente, hacia una acción judicial que pide que se restituya al demandante su situación arbitrariamente afectada por el agente que obra al margen o en contradicción con la Ley” (11).

    Seguramente la forma peculiar con la que se maneja la política en el país, y la discrecionalidad con la que muchas veces se desempeñan los cargos en los más altos estamentos del Estado, ha determinado  que las formalidades democráticas sustituya lo que es la democracia real, que ha veces no se ejerce como debiera. Afirmar apodícticamente que los que gobiernan representan la voluntad del pueblo y que cuentan en su favor con una legitimidad que los justifica formalmente ante los órganos de control, es rendir tributo a una mística de la representación política que nada tiene que ver con la realidad que puede observarse a diario. Pretender oponer, como alguna vez se ha intentado, a las exigencias del control, en sus varias aplicaciones (político, presupuestario, legal o jurídico, preventivo) la necesidad de un desembarazo de los gobernantes para poder actuar con eficacia, resulta en la situación actual de la democracia, a la que nos hemos referido una completa ingenuidad. La famosa eficacia, si pretendiese hacerse a costa del Derecho y como una alternativa al mismo, no es más que la fuente de la arbitrariedad, como enseña la experiencia humana ya más vieja y hoy vívidamente renovada. Es necesario, como ya observó Locke, confiar el gobierno a personas sobre las que resulta inevitable desconfiar. Elegir gobernantes, como ya sabemos, no es alienar de una vez por todas, y ni siquiera por un plazo temporal la facultad completa de decisión, sino confiar a unos determinados equipos políticos la gestión pública bajo el gobierno de la Ley, que sigue siendo la estructura de hierro ineludible del gobierno democrático, y la observancia efectiva de esta Ley no puede quedar a la sola discreción de los mandatarios del pueblo (12).

    Sin embargo  existen doctrinarios que han sostenido que el control jurídico de los actos políticos que se ejerce en un estado de derecho, implica de hecho la ruptura del principio de división de poderes (13) alimentando sus concepciones en peculiares interpretaciones de la democracia y porqué no, en las teorías de Carl Schmitt; empero tales criterios no se siguen en ningún país occidental, donde el control constitucional es un elemento fundamental de las democracias. Esto es así porque en regímenes de tal naturaleza hay una delegación temporal del poder que efectúa el pueblo en sus representantes, la que está sujeta a las limitaciones de un ejercicio que no puede ser discrecional sino acotado al mandato que le ha sido conferido. Como gráficamente lo expresara un distinguido sociólogo español “Una democracia propia de una sociedad civil (en su sentido amplio) no es aquella donde la vida pública se reduce al momento de la representación política: aquel cuando la sociedad entrega su voto, supuestamente, su capacidad de decisión sobre asuntos públicos a una clase política, que a partir de ese momento, decidiría por ella… Lo cierto es que, como se demuestra en la vida real de la mayor parte de las sociedades civilizadas, las gentes libres se resisten a entregar su capacidad política, acotan un espacio para sus propias decisiones poniendo límites al Estado y cuando delegan su poder lo hacen bajo condiciones estrictas, reservándose incluso entonces recursos y capacidades de intervención. Más aún, como ciudadanos, y no súbditos, se definen como interventores y participantes permanentes de la cosa pública, y consideran a la clase política no como sus señores, sino como sus servidores. Ello significa, por tanto, que definen a la democracia como un proceso de formación de opinión, donde todos, políticos y ciudadanos, debaten continuamente la naturaleza de los problemas políticos y sus soluciones. Cada decisión que pueda tomarse, con el procedimiento que en cada caso corresponda, es considerada como una decisión provisional, a ser reexaminada a la vista de sus consecuencias y de los cambios de las circunstancias, incluidos los cambios en los sentimientos colectivos y en cuál pueda ser, a cada momento, el estado de la conciencia civilizada en la sociedad en cuestión” (14).

    Aunque el control jurisdiccional de las potestades del poder ejecutivo es un viejo tema de la teoría del derecho, que ha sido nutrido por interesantes aportes durante diversas épocas,  hoy es casi inexistente la discusión, ya que no se admite que los actos del poder ejecutivo revistan una categoría especial o posean un bill de indemnidad que los haga poseedores de un “status” jurídico especial, que le permite estar exento del control que pueda ejercer la magistratura judicial. En nuestro medio solo los dirigentes políticos, pretenden sostener esa suerte de inmunidad. La alegación más común que se efectúa,  es que admitir ese control jurisdiccional significaría constituir una especie de supra-poder o dejar el poder real en manos de los jueces, lo que resultaría una negación del sistema de la división de poderes. Esto, es naturalmente un argumento falaz, ya que no se trata de que exista un poder  que esté por encima de los otros que componen el sistema, sino de algo mucho más simple y elemental, y es el de pretender que las decisiones del Poder Ejecutivo, se ajusten a la Constitución y a las leyes de la República.

    Existe tal acostumbramiento en nuestro régimen político a negar ese control como si se tratar de una injustificada intromisión en áreas reservadas exclusivamente al poder político, que cuando se efectúa un planteo limitativo al exceso de poder, surge inmediatamente el rechazo a aceptar lo que no es sino un mecanismo que está claramente establecido por la Constitución Nacional. Además de ello se trata de impedir que ese decisionismo del  Poder Ejecutivo lo convierta en una entidad autoritaria con capacidades no solo administrativas, sino legislativas y aún judiciales al determinar cuáles de sus actos son susceptibles de un encuadramiento jurídico y cuáles no.

    Uno de los argumentos generalmente utilizados, respecto a la no-judicialización de las cuestiones políticas, es también de que se trata de decisiones políticas, sin afectación constitucional, invocándose la doctrina norteamericana que ha establecido una cuasi separación de competencias al respecto. Sin embargo creemos que aquí también se cae en una gran equivocación, por soslayar en definitiva, la naturaleza específica de la acción y quien es el encargado de decidir la misma. Al respecto el Juez Brennan sostuvo oportunamente que “El carácter no justiciable de una cuestión política es esencialmente una función de la separación de poderes. Se origina mucha confusión en la capacidad del rótulo de la cuestión política para oscurecer la necesidad de una indagación casos por caso. Decidir si un asunto ha sido destinado  en cierta medida por la Constitución u otra rama del gobierno, o si la acción de esa rama excede la autoridad que será dispensada es en sí mismo un delicado ejercicio de interpretación constitucional, y es una responsabilidad de esta Corte como interprete definitiva de la Constitución” (15).

    En la doctrina norteamericana, que muchos utilizan equivocadamente, está muy claro el hecho de la “revisión  judicial” de aquellas cuestiones que se susciten al amparo de la  Constitución, tengan que ver con una ley del Congreso, o un Tratado. Esto tiene viejos antecedentes y va mucho más lejos que la propia Constitución; tiene que ver con el conocido dictamen del Jurista Coke, Presidente de la Corte, que determinó “que cuando una ley del Parlamento se opone al derecho común o a la razón…la ley común se impondrá y despojara de validez a dicha norma”, y el Juez William Cushing, que fuera uno de los primero juristas designados por Washington para integrar la Suprema Corte, recomendó a un jurado de Massachussets, que ignorase ciertas leyes del Parlamento por nulas e inoperantes. Hamilton plantearía después en El Federalista, Nº 78 que “La interpretación de las leyes es dominio apropiado y peculiar de los tribunales”.

    Aunque resulte una obviedad la Constitución, en cuanto norma fundamental del orden  jurídico del Estado, no puede ser alterada por leyes u otras normas que la alteren, y es por ello que solo a los jueces les corresponde interpretarla  como asi también el significado de determinada ley originada en el cuerpo legislativo, y en caso de diferencia irreconciliable entre las dos, preferir la voluntad del pueblo declarada en la Constitución a la de la legislatura expresada en la ley”. De allí han salido diversas doctrinas destinadas a establecer esa cuasi separación, pero en ningún caso se ha negado el derecho del Poder Judicial a revisar cualquier acto que afecte el derecho constitucional de un ciudadano. Aquí de lo que se trata, es no de justificar la existencia de un poder judicial por encima de los otros que integran la estructura del Estado, sino simplemente de un control de constitucionalidad que no es fácil de ejercer.

    No corresponde seguir  extendiéndome sobre una doctrina ya aceptada en forma casi unánime, superadora del viejo esquema conceptual de la no judicialidad de las decisiones políticas. No caben dudas que los actos impropios, arbitrarios o ilegales deben ser materia de juzgamiento, y todo lo referido al endeudamiento externo, que ha sido materia de una complicada investigación en la justicia federal penal   es precisamente uno de esos actos, donde se han sumado todo tipo de obstrucciones, se han planteado incompetencias, utilizándose todo tipo de recursos para evitar que se establezcan responsabilidades, estableciéndose las sanciones que correspondan a quienes defraudaron el patrimonio público.


    Notas

    (4) Respecto a tales criterios, el Secretario general de la Presidencia de la Nación, me hizo llegar en nombre de la entonces Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, una carta en el mes de enero de 2010,e, respuesta a una mía, donde expresaba, que debido que ciertos actos habían sido convalidados por el Poder Legislativo, nada se podía hacer respecto a la celebración de actos, que podían ser objeto de reproche penal.

    (5) Bernard Schwartz, Administrative Law, 3ª. ed. Bostón 1991, pág. 652.

    (6) CSJN: Fallos 336:760.

    (7) Le contrôle juridictionnel de l’Administration en Europe de L’Ouest, en “Revue Europeénne de Droit Public, Londres 1995, vol. 6, Nº 2, pág. 353 y siguientes.

    (8) Germán J. Bidart Campos, La Interpretación y el Control Constitucional en la Jurisdicción Constitucional,  Ediar, Buenos Aires, 1987, pág. 161/162.

    (9) Hans Kelsen La Democratie. Sa nature. Sa valeur, Económica, Paris, 1988, pág. 72-73. Es traducción del original publicado en Tübingen en 1929.

    (10) Eduardo García de Enterría y Tomás R. Fernández, Curso de Derecho Administrativo, Ed. Civitas, 5º ed. Madrid 1996, Tº I, pág. 30.

    (11) Eduardo García de Enterría, La Lengua de los derechos. La Formación del Derecho Público Europeo tras la Revolución Francesa, Madrid, Alianza, 1994, pág. 140.

    (12) Eduardo García de Enterría, Democracia, Justicia y Control de la Administración, Ed. Civitas, Madrid, 1998, pág. 114.

    (13) Nuria Garrido Cuenca, El Acto de Gobierno, Cedesc Editorial, Barcelona, 1998.

    (14) Víctor Pérez Díaz, España puesta a prueba 1976-1996, Alianza, Madrid, 1996, pág. 65.

    (15) “Baker v. Carr”. U.S. 186, 198-a962. 

  • La edad contemporánea ha muerto. Bienvenidos a la era tecnológica.

    Quizás es un cliché pensar que uno vive en lo más importante de la historia de su tiempo, pero hay algunas cosas que me llaman la atención actualmente, y si me das unos minutos te digo porqué pienso que hay un cambio de Era, de época histórica, y porqué a este nuevo capítulo lo llamaría “Era tecnológica”.

    En la antigüedad caían los imperios y se pensaba que la historia estaba en su punto mas profundo; o por el contrario la conformación de nuevas dinastías y una paz duradera, hacían pensar a los contemporáneos que se abría una nueva época. A veces esto sucedía efectivamente, por ejemplo, con la caída del Imperio Romano, Europa quedó sumida en el desconcierto, poblaciones aisladas en constante alerta frente a partidas de antiguos guerreros convertidos en bandoleros. Terminaba la Edad Antigua y comenzaba la Edad Media.

    Estos vaivenes de la Historia producían cambios de época. Y si bien estamos acostumbrados a mirar la historia desde el punto de vista político, en paralelo y no menos importante, se producen descubrimientos y evoluciones en la técnica que marcan puntos de inflexión en la Historia. Por ejemplo, el arte de dominar al caballo hizo enormes diferencias entre los pueblos antiguos. Así mismo, la rueda, la palanca, o las técnicas de forja de metales. Más tarde el descubrimiento de la pólvora marcó un antes y un después en la historia. La máquina de vapor produjo la revolución industrial, y el automóvil y el avión transformaron para siempre la forma de desplazarse de la humanidad.

    Asimilable a esto, y quizás mucho más importante todavía para la historia, es lo que -a mi entender- da inicio a la nueva Era Tecnológica: el celular.

    Si pensamos que -salvo contados casos en el mundo- todos tenemos un celular en el bolsillo todo el día, y que lo usamos un promedio de 3 horas por día, no existe ningún otro descubrimiento que sea tan difundido, en tan poco tiempo, y con tanta influencia diaria en la vida de la humanidad. Ni siquiera la rueda. Por supuesto que todos los inventos suman elementos de otros anteriores, y en esta línea son antecedentes necesarios del celular la computadora y el internet.

    Y si bien el celular es el rey de esta nueva época, hay muchos otros inventos que hacen patente un cambio diametral en los usos y costumbres sociales, laborales y culturales. En esta nueva era se trabaja desde la casa, se hacen transacciones bancarias on-line, se venden propiedades, se aprende todo tipo de cosas por internet, se sacan fotos y se envían al instante al otro lado del mundo. Los mercados más grandes son digitales, las empresas tecnológicas marcan el ritmo de las inversiones globales, e incluso las monedas digitales se abren camino desplazando al papel moneda, el rubro más exclusivo del mundo.

    Con el desarrollo tecnológico se aceleran todos los demás procesos, porque en la medida en que la información está mas a la mano, todos podemos tomar ideas de otros y de esta forma avanzar más rápido en nuestros propios proyectos. Antes, hasta hace muy poco, para estudiar cierto asunto había que recurrir a libros que nacían viejos porque al momento de ser publicados ya estaban desactualizados.

    La capacidad de adaptación también se transformó. Todo es mucho más rápido. Éste es quizás uno de los elementos más disruptivos de la nueva era: la velocidad con que la tecnología permite aprender y desarrollar todas las demás herramientas disponibles. Cruza transversal y constantemente nuestras acciones diarias, nuestras decisiones laborales y sociales. Incluso las amorosas, desde que se puede consultar el perfil del “target” en las redes sociales.

    A veces los cambios de época se miden o se manifiestan por el aspecto cultural, otros, por cambios políticos, religiosos, o en algún momento por fenómenos económicos o industriales. Desde que se popularizó la tecnología, con su buque insignia el celular, todos estos órdenes se vieron transversalmente afectados. Los autores culturales se volvieron “influencers”, la guerra se puede hacer desde un comando virtual, la política y los medios de comunicación pasaron a ser digitales, etc. En pandemia fuimos a Misa por computadora -eso sí- transmisión en vivo.

    Por supuesto la política no pudo resistir la tentación, y hay varios casos de campañas electorales con buenos resultados, hechas totalmente por medios tecnológicos. Ni hablar de las no tan límpidas victorias mediante votos electrónicos (que les expliquen a los griegos lo que es democracia de verdad) ¡Ésa no se le había ocurrido ni a Maquiavelo!

    Desde el momento en que la misma tecnología permite el autoaprendizaje de los programas, tiene a su disposición la experiencia y el aporte del 99% de la humanidad, que pasa al menos 3 horas por día en medios tecnológicos, retroalimentando el desarrollo de las distintas plataformas y terminales.

    La humanidad del ser humano permanece tal y como la conocieron todas las épocas de la historia, pero las herramientas a su disposición actualmente son extraordinarias respecto de las eras anteriores. La universalidad de la tecnología, el acceso al conocimiento y la velocidad de comunicación, transforman totalmente el panorama global.

    La vida y el mundo ya no son los mismos antes y después del celular. Esa mini computadora que tenemos en el bolsillo es una ventana al multiverso dominado por la tecnología.

    Y si esto no es un cambio de época… ¡leo las críticas que manden por paloma mensajera!

  • La deuda externa y una fallida investigación

    por Alejandro Olmos Gaona

    Introducción

    Aunque la problemática de la deuda externa, siempre ha estado presente de una u otra manera en los análisis económicos, y ha tomado una enorme gravitación en los últimos años, debido al crecimiento de la misma, a la dificultad de pago de las obligaciones externas, y las dificultades generadas por su posible incumplimiento; su relación con el derecho siempre ha estado ausente,  y son prácticamente desconocidos los aspectos que la vinculan al derecho penal, debido a los actos ilegales e ilícitos que se realizaran, durante la constitución de la misma. Esa invisibilización permitió que no se tomara debida conciencia, de la gravedad de un proceso que comenzara en el año 1976, y que se desarrollara a través de los distintos gobiernos, después de la instauración de la democracia en diciembre de 1983, y que las investigaciones que llevara a cabo la justicia en lo criminal y correccional federal permanecieran ignorada no solo por los grandes medios, sino también en los ámbitos universitarios donde ha estado ausente su consideración, salvo alguna que otra excepción (1).

    Entre los estudiosos del derecho penal, es prácticamente desconocida esa investigación, los actos ilegales e ilícitos que fueran comprobados, la sentencia dictada respecto a un tramo de la deuda, y el trabajo desarrollado por el Ministerio Público Fiscal, para poner en evidencia la enorme cantidad de operaciones ilícitas que se constituyeron a partir de la dictadura, y que a través de similares acciones siguieron adelante en el tiempo, sin que la justicia adoptara una decisión sobre los involucrados en los distintos procesos, limitándose a una recolección de pruebas, acumulando documentos, testimonios, informes, y auditorías que mostraban como se fue articulando un proceso de graves consecuencias para la estructura económica de la Nación.

    Cuando se ponen en evidencia las morosidades de la justicia en la investigación de determinadas causas que involucran a funcionarios públicos, se hacen múltiples referencias a la comisión de posibles delitos de acción pública, pero la deuda siempre está ausente, siendo esta precisamente una de las investigaciones más importantes que están en la justicia federal por la magnitud de los créditos investigados, y por el desmesurado crecimiento de la misma, que nunca se detuvo, desde las primeras operaciones que comenzaron en la primera mitad del año 1976. De allí que surge una relación inescindible entre ciertas formas de las operaciones que se llevaron a cabo y la aplicación del derecho penal, como ha intentado hacerlo desde hace décadas el Ministerio Público Fiscal, sin que la justicia, haya adoptado procedimientos que permitieran juzgar a los responsables de diversas acciones, que ocasionaron graves perjuicios a la economía nacional.

    No me estoy refiriendo a cuestionar algunas decisiones económicas, que pueden no ser materia de judicialización alguna, sino a la realización de actos ilegales, la comisión de delitos de acción pública, las diversas acciones de encubrimiento, para que una investigación que comenzara hace 38 años, terminara en la nada, y se convirtiera nada más que en una acumulación de papeles sin destino.

    En la primera investigación de la deuda que tuviera sentencia definitiva en el año 2001, se decretó el sobreseimiento por prescripción, debido a que los 18 años de trámite no daban lugar a resolverla de otra manera, aun cuando el tribunal fue el principal responsable, por su constante inacción. La causa que tramitara en la justicia en lo penal económico, que fuera remitida por incompetencia a la justicia federal, no tuvo mejor resultado, ya que el magistrado interviniente, no adoptó ni una sola medida para investigarla a pesar de los miles de infracciones a la ley penal cambiaria que fueran detectadas, y a la responsabilidad penal, que el juez en lo penal económico había detectado en el comportamiento de los directivos del Banco Central de la República Argentina. La tercera causa de la deuda, donde se investigaran los distintos ilícitos relacionados con la estatización de la deuda privada, la deuda con el Club de Paris y los distintos procesos llevados a cabo a partir de 1984 sigue abierta, sin que se adoptara decisión alguna. A esta causa se añadió otra iniciada en el año 2006 para investigar hasta la última reestructuración de la deuda del 2005, que siguió el mismo camino después de años donde se discutió la competencia del tribunal que debía intervenir.

    En estos procesos penales, donde como se verá más adelante se pusieron en evidencia distintas maniobras defraudatorias en perjuicio del patrimonio público, el procedimiento penal se constituyó en letra muerta. A pesar de enorme trabajo realizado por algunos peritos del Banco Central, de la existencia de numerosa documentación probatoria, los distintos titulares del Juzgado federal N°2 no consideraron que debían cumplir con los tramites fijados por el Código Procesal Penal, y fue así que las distintas causas, fuera de los documentos que se incorporaban, permanecieron en una especie de limbo, cuyas consecuencias sería  nuevamente la prescripción de los ilícitos investigados. En  una de las apelaciones relacionadas con incidentes de las últimas causas, uno de los jueces de la  Cámara en lo Criminal y Correccional Federal, consideró que no tenía ningún sentido seguir adelante con estas investigaciones, debido a que no se podía volver atrás en las operaciones  de endeudamiento (2).

    Ninguno de los organismos de control que tuvieron debido conocimiento de los distintos procesos quisieron involucrarse en materia tan peligrosa. Ni la Sindicatura General de la Nación, ni la Auditoría General de la Nación, ni la Procuración General de la Nación, ni la Procuración del Tesoro, y vanos fueron los esfuerzos del titular de la Fiscalía Federal N° 6, Dr. Federico Delgado, que reiteradamente insistiera, para que se tomara la debida intervención en la causa. La Procuración del Tesoro, entendió que no le correspondía efectuar acciones de responsabilidad, ante un pedido del Ministerio Público Fiscal, y decidió que solo lo haría después de analizar las conclusiones a las que hubiera llegado la Comisión Bicameral de Investigación y Seguimiento de la Deuda Externa, creada en septiembre del año 2014, mediante la ley 26.984, que fuera disuelta en marzo de 2016 (3). La Procuradora estimaba más relevantes el trabajo de la Comisión y no las investigaciones llevadas a cabo por la justicia.

    Pareciera que todas las herramientas suministradas por el derecho penal, y las propias competencias que la Constitución le asigna al Poder Judicial de la Nación, hubieran resultado inútiles para llevar a cabo un proceso, donde además de verificar las existencia de los posibles delitos de acción pública y actos ilegales realizados por funcionarios públicos, se estableciera con claridad las responsabilidades emergentes de muchas decisiones, que llevaron a constituir una deuda externa pública, que comenzara a incrementarse desde marzo de 1976, hasta este año 2020.  En las páginas que siguen, además de los comentarios pertinentes sobre una casi desconocida sentencia judicial, se podrá ver en apretada síntesis las particulares características de un proceso, donde el derecho penal estuvo ausente, a pesar de su decisiva importancia, en causas de tal gravedad como las que aquí se exponen. Su aplicación irrestricta, hubiera significado poner en evidencia las constantes transgresiones al orden jurídico por parte de funcionarios públicos, mostrando además que la deuda no resulta ser solo una categoría económica, que no admite controversia legal alguna, sino que también le son aplicables las normas del orden jurídico como a cualquier acto de la administración pública.

    El fundador de este sitio web Cosme Beccar Varela, siempre estuvo interesado en esta problemática, y cuando el Dr. Jorge Ballestero, emitió su fallo sobre la deuda en el año 2000 lo publicó íntegramente, ya que le interesaba mostrar cuestiones que son invariablemente silenciadas, y aunque quizás discrepamos en muchas apreciaciones políticas, siempre reconocí su valentía de decir lo que pensaba, sin importarle que fueran criticadas sus posiciones. Es por eso que entiendo que estos datos objetivos, de alguna manera pueden ser útiles a todos aquellos que les interese el tema.


    Notas

    (1) La Cátedra Libre de Deuda externa  que funciona hace más de 6 años en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, que está a cargo del Embajador Miguel Espeche Gil ha funcionado de manera intermitente.

    (2) Voto del Dr. Eduardo Farah.

    (3) En la nota enviada el 17 de noviembre de 2014 a la Comisión Bicameral por la Dra. Angelina Abbona, se hizo constar “Ahora bien, la Procuración del Tesoro de la Nación no ha intervenido en representación del Poder Ejecutivo Nacional, en carácter de parte, en la referida causa judicial, ni en ninguna otra vinculada con la estatización de la deuda externa privada entre 1981 y 1983… Ello en virtud de no haber recibido encomienda alguna en tal sentido, decisión esta derivada de las conclusiones a las que arribó el Juzgado en lo Criminal y Correccional FederalN°2 de esta Capital en el pronunciamiento dictado el 13 de julio de 2000 en la causa 14.467, caratulada “Olmos Alejandro s/denuncia” (Expte 7723/98) en la que el magistrado actuante concluyó dictando sobreseimiento en la causa; pero a la vez, dispuso la remisión de los antecedentes reunidos durante la investigación al H. Congreso de la Nación, instándolo a adoptar dentro de sus competencias constitucionales, las medidas que estime conducentes para a mejor solución de la deuda externa de la República. Esa cuestión ha sido finalmente abordada por el Poder Legislativo con la sanción de la Ley 26984, en la que se contempló la creación de la Comisión Bicameral que Ud. preside, a los fines de la investigación del origen y legitimidad de la deuda externa de la Nación. Resulta claro que las conclusiones a las que arribe esa Comisión constituirán el antecedente indispensable para la adopción de diversos cursos de acción futuros, en el ámbito jurisdiccional.”


    Se puede leer este trabajo completo acá.

  • No voy a ser hipócrita

    “Yo estaba con mi hija en Cuba y me alegré mucho cuando escuché la noticia. No voy a ser hipócrita con este tema: no me dolió para nada el atentado [de las Torres Gemelas]”

    Hebe de Bonafini.

    Sabio consejo.  Yo tampoco voy a ser hipócrita. Reciproco el sentimiento.

    Para conmemorar su comparición ante el único Juicio que verdaderamente importa, reproducimos este artículo de la hermana del soldado Hermindo Luna, víctima de la violencia terrorista.

    ¡Pobres y brutos, ríndanse que los venimos a liberar!

    Por Jovina Luna

    En estos días se escucha hablar mucho, a pocos, sobre las clases sociales y lo bueno que son los de una y lo malo que son los de la otra.

    Yo no coincido con esa forma de ver las cosas: la bondad o la maldad anida en el corazón del hombre sin importar si tiene dinero o no. Hay gente muy pobre y muy mala, también gente muy rica y muy buena; y al revés, igual.

    Esto de “las clases” yo lo leí en las revistas de la guerrilla del ERP y de Montoneros de los años ’70: decían que había una “lucha de clases” en donde los malos eran los ricos que oprimían a los buenos que eran los pobres y que ellos, la guerrilla, eran la “vanguardia”, los “abanderados” de estos pobres, que vaya uno a saber quién los había elegido para eso. El “paraíso socialista” al que nos querían llevar a los tiros iba a llegar cuando ya no hubiera más ricos propietarios.

    Todos sabemos que ninguna de esas ideas llevaron a ningún pueblo a ninguna felicidad y que muy por el contrario solo trajeron muerte, hambre y pérdida de la libertad, y se necesitó y necesita de un Estado terrorista para imponerlas. Sólo se aplican con un Estado policía, de toda la vida de toda la comunidad, salvo para una clase dirigente que goza de todos los privilegios, como pasa en las dictaduras de China, Corea del Norte, Cuba o Venezuela. Mientras tanto todo el pueblo es igual de pobre.

    En los años ’70 por detrás de esas ideas empezaron a matar gente en la Argentina y así lo hicieron con mi hermano Hermindo y sus compañeros soldados en el Regimiento de Formosa el 5 de octubre de 1975. Los asesinos de entonces pensaban igual que los que ahora hablan de las clases sociales. Y los apellidos se repiten: Donda, Perdía, Vaca Narvaja, Pietragalla, Verbitsky, Bonafini, Grabois.

    El discurso de “odio de clases” de los usurpadores de propiedades en todo el país, seudo aborígenes o no, y de sus ideólogos, revive aquellos años donde personas de clase media y/o alta, de “izquierda” o “marxistas” o “comunistas”, o como se los quiera llamar, arrogándose una representación que no tenían hablaban de un “paraíso igualitario” y en gobiernos constitucionales asesinaron a personas de condición humilde que, por “brutos”, no alcanzaron a entender que ellos eran sus “libertadores” que venían a sacarlos de la “opresión”.

    En ese entonces no había una “dictadura”, había un gobierno democrático, peronista, con 5% de pobreza y los sediciosos montoneros, siempre en nombre de los pobres, atacaron el cuartel para robar armamento y combatir y derrocar a Isabel Perón.

    El organizador del ataque, Horacio Pietragalla, padre del actual Secretario de Derechos Humanos, era de una clase diferente a los soldados de Formosa: pertenecía a la clase media de la ciudad de Buenos Aires, al igual que la mayor parte de los atacantes. Norma Arrostito, fundadora de Montoneros, explicaría que la organización estaba integrada “mayoritariamente y por amplio margen” por gente de clase media.

    Mi familia es muy humilde y vive en Las Lomitas, en el centro de la provincia de Formosa, a trescientos kilómetros de la capital provincial. Mi papá se llamaba Jesús Luna y era albañil. Mi mamá se llamaba Secundina Vázquez y era ama de casa, hacía pan y empanadas para vender. Ellos se conocieron en el campo, en Paraje Las Delicias, y se casaron. No pudieron terminar la escuela primaria. Mamá no sabía leer ni escribir y papá sí, pero hizo hasta 4to grado. Toda la vida trabajaron muy duro para criar a trece hijos, a los que educaron en la humildad, la honestidad, el trabajo, el amor a la Patria y la fe cristiana. Así se crió Hermindo: sin plata y con muchos valores.

    Horacio Pietragalla, padre, desde sus 17 años actuaba en la guerrilla y entre otros tantos crímenes mató al empresario Alberto Bosch y al chofer Juan Carlos Pérez con una ametralladora como parte de un comando montonero que secuestró en Agosto de 1974, durante un gobierno peronista, a otros dos empresarios, los hermanos Jorge y Juan Born, en el Gran Buenos Aires. Por los Born, los terroristas cobraron un rescate multimillonario en dólares.

    Pietragalla planificó desde Resistencia, adonde se había mudado con su mujer, la también montonera Liliana Corti, y en complicidad con el soldado traidor montonero Roberto Mayol, el ataque al Regimiento que tenía un supuesto principal: que los soldados no iban a pelear; que se iban a rendir. Por eso se hizo un domingo a la tarde, a la hora de la siesta, cuando en el cuartel había sólo un puñado de oficiales y suboficiales y todo el resto eran soldados conscriptos. Lo que nunca sospecharon los atacantes fue la heroica resistencia de esos soldados.

    En publicaciones posteriores dejaron escrito para la posteridad lo frustrante que les resultó la lección de los bravos defensores del cuartel. La revista “Evita Montonera” que describe la intentona en Formosa dice, sin vueltas: “A partir de este momento comienza una verdadera batalla; los soldados – armados o desarmados en algunos casos – desobedecieron la orden de rendición, en todos lados presentaron fuerte resistencia y en algunos lugares esa resistencia fue suicida (…) Aventuramos la hipótesis de que esa resistencia suicida de los soldados tiene que ver en parte con el bajísimo nivel de conciencia de la población de la zona”.

    La traducción es: “Somos los que los vamos a liberar de la opresión de los ricos porque poseemos la solución a su pobreza, les damos la oportunidad de rendirse y nos corren a tiros. Esto pasa porque son brutos y no entendieron nada”.

    Mi hermano, de guardia, desobedeció la orden: “Rendite negro, que con vos no es la cosa”. Él les gritó: “¡Aquí no se rinde nadie, mierdas!”. Él, junto a sus compañeros soldados, ofrendó su vida entrando en la Historia y demostrándoles, que habían entendido todo y a la perfección.

    Este es el diálogo entre un combatiente montonero que participó del ataque y el también guerrillero Sergio Berlín, unos días después, ya de vuelta en Buenos Aires:

    -¡Carlitos, que suerte que no te pasó nada!

    -No, si para matarme a mí hace falta mucho más que un cuartel lleno tirando como en Stalingrado.

    -O sea que…

    -Sí, lo terrible fueron los soldaditos. Ahí sí que nos agarraron por sorpresa. No se imaginan cómo tiraban, los muy pelotudos. Ahora resulta que se creyeron el verso que les hicieron y se van a jugar la vida para defender a sus generales, a sus patrones, a todos los peores hijos de puta que siempre los cagaron. Eso sí que fue un desastre.

    -No, pero ahí hay un grave error de evaluación. Pero no un error militar. Esto es peor, es un error político. Se evalúa que los soldados no van a resistir y nos cagan a tiros. Es grave, che. Es grave. Va a haber que pensarlo mucho.

    En estos días, Victoria Donda, hija de dos guerrilleros montoneros, desde el INADI, defiende a la usurpadora Dolores Etchevehere; Roberto Perdía, segundo en jerarquía de Montoneros, asesoró a los usurpadores de Guernica; Fernando Vaca Narvaja, tercero en jerarquía de Montoneros, asesora a los usurpadores seudo mapuches en la cordillera; Horacio Pietragalla, hijo de dos terroristas montoneros, tutela los derechos humanos en la Argentina; el CELS de Horacio Verbitsky, terrorista montonero, denuncia ante la Justicia el desalojo de Guernica; Hebe de Bonafini, madre de dos terroristas, dijo que “hay que sacarles tierras a los ricos, la mitad de lo que tengan”, y Juan Grabois, hijo de un filo montonero en los ’70, defiende a los usurpadores de la propiedad privada en todo el país con su discurso de “odio de clases”.

    El Presidente Alberto Fernández al asumir dijo que nos convocaba a “superar el muro del rencor y del odio entre argentinos” y anunció que no podíamos contar con él “para seguir transitando el camino del desencuentro”. Sería muy positivo que sacara cuentas que con el mismo combustible que en los ’70, con la misma leña y con los mismos fósforos, es probable que se genere fuego.

    Los pobres de Argentina necesitan que las instituciones de la República, por la que murieron los soldados de Formosa, funcionen y les mejoren la vida dentro del sistema democrático. Hay que dejar de subsidiar, con nuestra plata, a los pirómanos setentistas que nos pueden incendiar.

  • Mentiras Oficiales en la Argentina de hoy

    Los tiranos de la Antiguedad eran eso, es decir, Tiranos. Su objetivo perfectamente declarado era someter a sus conciudadanos y reprimir a los disidentes. No pretendían otra cosa.

    En cambio las tiranías modernas sienten un deseo incontrolable por disfrazarse de algo noble. No importa si NADIE cree en el disfraz, ni aquellos que se lo ponen ni aquellos que lo miran. Es una versión más audaz de la fábula del Traje del Emperador. Las mentiras son tan disparatadas que ni siquiera pretenden engañar. Más bien buscan la humillación como arma de sometimiento.

    Traigo a colación dos mentiras que humillan:

    “Resolución 36.162/2011 de la Superintendencia de Seguros de la Nación….

    “CONSIDERANDO

    “Que el proceso de crecimiento sostenido de la economía argentina ha creado las condiciones propicias para que la totalidad de las inversiones y disponibilidades de las entidades aseguradoras estén radicadas en la Republica Argentina.

    “Que las condiciones desfavorables que evidencian los mercados internacionales hacen desaconsejable mantener activos fuera del país.

    “Por ello, EL SUPERINTENDENTE DE SEGUROS RESUELVE:

    “En el plazo de 50 (CINCUENTA) días corridos las entidades aseguradoras deberán acreditar haber transferido la totalidad de sus inversiones y disponibilidades en el exterior a la República Argentina. Vencido el plazo referido en el párrafo anterior las entidades aseguradoras no podrán tener ningún tipo de inversión y/o disponibilidad en el exterior.

    COMENTARIO: Un Tirano de la Antiguedad hubiera dicho: “Considerando que QUIERO los dólares que las Aseguradoras tienen atesorados en el exterior… Por ello ORDENO que me los traigan en 50 días”.

    Las Aseguradoras tienen todos sus dólares declarados en blanco y los necesitan para mantener sus relaciones técnicas y pagar siniestros.
    Están por lo tanto completamente al descubierto frente al Gobierno. No tienen defensa. Era casi imposible incumplir la orden de traer los dólares.

    Sin embargo la Resolución consideró necesario justificarse diciendo que los dólares estarían mejor resguardados en argentina que en el exterior.
    Teniendo en cuenta que las Aseguradoras guardaban su plata en países como Suiza y Estados Unidos, la Resolución 36.162 está diciendo que la economía argentina es mejor que la suiza o la americana. Más que una mentira es un disparate para humillar.

    Otra:

    “Resolución General 5248/2022 de la AFIP…

    CONSIDERANDO

    “Que a comienzos del corriente año la economía mundial se vio afectada como consecuencia del conflicto bélico en Europa Oriental, por un incremento general y extraordinario de los precios internacionales, en especial de los commodities, de los alimentos y de la energía.

    “Que, a resultas de esta situación excepcional, actores económicos locales se han visto beneficiados al obtener ingresos extraordinarios por la comercialización de ciertos productos y servicios.

    “Por ello, EL ADMINISTRADOR FEDERAL DE INGRESOS PÚBLICOS RESUELVE:

    “Establecer -por única vez- un pago a cuenta del impuesto a las ganancias… sin aplicar la deducción de los quebrantos impositivos de ejercicios anteriores…”

    COMENTARIO: Un Tirano de la Antiguedad hubiera dicho: “Considerando que QUIERO más dinero de mis súbditos… Por ello ORDENO un aumento de los impuestos”.

    Decir que la guerra en Europa Oriental benefició a TODAS las empresas argentinas era una mentira innecesaria. Pretender que TODOS los quebrantos de períodos anteriores son artificios para evadir impuestos es otra mentira innecesaria.

    Al margen de estas mentiras estaría la galaxia de las mentiras covidianas, pero eso sería muy largo de exponer.

  • La Perversión de los lemas

    El ser humano es un rumiante (que me perdonen las vacas), pero no de ingesta (o no siempre) sino de lemas, de consignas que se inducen por repetición, hasta quedar remachadas en el inconsciente, y que sirven como base para elaborar otros conceptos, ideas, o sacar conclusiones para la vida.

    Estas consignas breves, puestas en palabras fuertes, se llaman “Lemas”. Tienen una función similar a las banderas o a los escudos en la heráldica, porque dan un sentido de pertenencia. Son conceptos con los que uno puede identificarse rápidamente dentro de un colectivo social. Prueba de ello es que todos los escudos llevan un lema, y todos los países, estados o instituciones en general tienen uno propio.

    ¿A que le llamamos “perversión”? Se podría resumir como un movimiento de la inteligencia que contempla la verdad, y luego la rechaza procurando lo opuesto. Sin embargo, la voluntad (que es bastante zonza) no se deja mover sino bajo apariencia de bien.  Recordemos que todo lo que se quiere es en razón de bien/verdad. Para convencer a la voluntad hay que hacer un buen make-up del error. En esto sobran ejemplos. Hay grupos de lobby especialistas en vender perversión pintada de lindos colores.

    Entonces, la receta sería la siguiente: unos gramos de palabras fuertes y buenas, revolver en sentido opuesto, condimentar y colorear. Poner a fuego medio desde bien temprano, machacar repetidas veces y mezclar en las ollas populares. Se recomienda consumir desde la infancia.

    Si vemos en la historia, ya Sócrates se peleaba con los sofistas por la adulteración de los conceptos. Mas tarde la revolución francesa tomó la “libertad” como una ausencia de reglas, la igualdad como medida geométrico-social (al que asoma la cabeza se la cortamos), y la fraternidad como un concepto promiscuo, donde por ser hermanos puedo comer de tu plato y dormir en tu cama con la ropa sucia.

    Lo único que no puede ser relativo es la relatividad. Actualmente se habla mucho del amor, de la tolerancia, del respeto, de la libertad… Si, son las mismas preocupaciones que tiene la humanidad desde siempre. Ya son palabras que me dan asco de tantas veces que las oí mal usadas.

    En el imaginario colectivo (y basta con preguntar en la calle) el amor es un sentimiento errático e inasible que hoy está y mañana no, desconectado de cualquier plan. Ni hablar de grados, o de acepción de personas. ¡Ah! no nos olvidemos de los animales.

    Sin embargo, sabemos que el amor siempre fue el motor, el aglutinante para un proyecto de trascendencia. El primer analogado es el Amor Divino por el cual fuimos creados y al cual estamos llamados a volver. Luego está el amor a la Patria, en conexión directa con la familia y la tierra. Y también con el amor al prójimo por el cual nos esforzamos en ser educados, o en enseñar, o en formar una familia estable que dé vida a nuevos seres humanos.

    Hoy la tolerancia es una palabra que significa “hace lo que quieras mientas no me molestes”, siendo que el verdadero sentido (del latín “tollere”) es el de tomar sobre las espaldas las cargas ajenas. La tolerancia es la virtud del cordero sacrificado en holocausto. Está intrínsecamente ligada con la paciencia, y -de vuelta- con la trascendencia de una causa común. El respeto se basa en la dignidad y en la confianza. Y el verdadero respeto se gana y tiene grados. No es lo mismo el respeto hacia un desconocido que hacia nuestros abuelos, por ejemplo.

    Y la libertad… la gran protagonista. Esa señora sin frío.

    Pero la libertad no es una condición permanente, es un medio para conseguir un fin. La libertad está atada a ese fin. Si, atada. Solo es libre el que nada desea. Y nada desea quien todo lo posee. ¿Quién posee todo? Sólo “la Verdad os hará libres” (Jn. 8-32.)

    Volver a darle sentido a las palabras y a los lemas es un trabajo duro pero necesario. De a poco se puede ir logrando. In God we trust.

  • Cinco valientes cruzan los Andes

    En 1554, Juan Gregorio Bazán queda a cargo de Santiago del Estero cuando Francisco de Aguirre vuelve a Chile con la esperanza de obtener el gobierno de ese “Reyno” por haber muerto Valdivia. La situación del baluarte levantado en la inmensidad desconocida del Tucumán, no podía ser más crítica. Aguirre al partir, “sacó consigo alguna gente española y muchos indios naturales de esta tierra, e cavallos”, por lo que su solitaria y lejana fundación quedó casi desamparada. Si bien, en los papeles, había repartido encomiendas entre 56 conquistadores, los favorecidos arrostraron, durante dos interminables años, la mayor pobreza. Una indigencia tal – se lee en la Información levantada por Alonso Abad – que “vestían cueros e sacaban una cabuya (fibra) a manera de esparto de unos cardones y espinos, a puro trabajo de manos, que hilándolo hacían camisas”.

    Ese desamparo a que los condenaba la naturaleza salvaje, hubiera justificado la despoblación de aquella base conquistadora, en hombres de otra complexión física y con otro temple moral. Pero el sentimiento de la propia responsabilidad y el altivo amor propio, les impelía a quedarse, a no proclamar su fracaso, a no dejar en la estacada a los amigos juríes, expuestos siempre a la venganza de los lules que, irreductibles, los acorralaban dentro de sus “fuertes de paliçadas”.

    Hambres – hasta “comían algunas sabandijas silvestres que nunca los españoles suelen comer sino con mucha necesidad” – miserias sin cuento, desconección total con el mundo civilizado; todo fueron capaces de soportar esos varones de rompe y rasga; todo menos la falta de un sacerdote que le suministrara los auxilios espirituales, tan necesarios para sus fervorosas almas católicas. Por esto, casi “estuvieron por despoblar esta ciudad e yrse al Pirú”.

    Los frailes Alonso Trueno y Gaspar de Carvajal, que acompañaron a Nuñez de Prado, al imperar Aguirre habían abandonado al población tucumana. Si voluntariamente o no, conocemos los testimonios contradictorios de Mexía Mirabal, de Antonio Alvarez, de Francisco de Carvajal y de Cristóbal Pereyra. Por su parte Rodríguez Juárez manifestó al respecto, que ambos dominicanos, “visto la pobreza de esta tierra, y que no avía ni oro ni plata ni otra cosa alguna, mas solo mayz, se bolbieron al Perú, sin quedar en la tierra sacerdote”. De tenor semejante resultan las declaraciones de Miguel de Ardiles, de Gonzalo Sánchez Garzón, de Santos Blásquez, de Juan García, de Pedro Jiménez y de Juan Pérez Moreno.

    Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que desde el alejamiento de los frailes de grado o por fuerza, quedó sin clérigos Santiago del Estero, y que por tan poderosa razón, los fervorosos vecinos en las ceremonias religiosas, y “todos los lunes e sábados”, andaban “en prosición de la yglesia a las hermitas e cruzes, cantando letanías e suplicando a Nuestro Señor les enbiase sacerdotes que les administrasen los sacramentos”. Si alguno de ellos moría, “lo llevavan a enterrar los españoles con hartas lágrimas e con harto desconçuelo, rogando a Dios por él en sus oraciones”.

    Aquellos conquistadores cansados de esperar mas de dos años, “ansí sin sacramentos, no pudiéndolo sufrir, despacharon cinco ombres que fueron al rreyno de Chile a traer sacerdotes”. Y para allá se ponen en movimiento Hernán Mexía Mirabal y Bartolomé Mansilla, junto con Rodrigo de Quiroga, Nicolás de Garnica y Pedro de Cáceres.

    Corajudos, aguantadores de “nieves, fríos y hambres” esos cinco Capitanes recorrieron leguas y leguas acosados “por la mucha gente de guerra muy velicosa que ay en el camino”, y cruzaron “con gran riesgo de sus vidas”, los Andes “fragosos y tempestuosos”. Al otro lado de “la cordillera de Chile” los indios “alçados” de Copiapó les cierran el paso. Esto produce desánimo en algunos componentes del quinteto temerario, que insinúan el regreso al pago santiagueño, lo cual frustraría los propósitos del viaje; pero “el averse atrevido el dicho Capitán Hernán Mexía solo a adelantarse”, logró que los indecisos le siguieran, y al cabo de “muchos meses, con la ayuda de Nuestro Señor Jesucristo que los faboreció”, pudieron tornar los expedicionarios al punto de partida, trayendo, desde La Serena, un sacerdote; el padre Juan Cidrón.

    En tan abnegada como conmovedora hazaña – que si no tuviera a su favor los documentos de la historia tomaríase por leyenda hagiográfica o novela de caballería – Hernán Mexía Mirabal, Bartolomé Mansilla, Rodrigo de Quiroga, Nicolás de Garnica y Pedro de Cáceres, no olvidaron que, amén de los espirituales, el hombre necesita otros sustentos para vivir. En consecuencia, junto al clérigo Cidrón, “traxeron algunas semillas de trigo, cevada y otras cosas de Castilla; e algodón, que es de que al presente los naturales se bisten e cubren, haziendo mantas e camisetas”; y “plantas de ubas e árboles frutales, obejas, bacas e otros ganados”; conjunto de bestias y especies botánicas que se introducían, por primera vez, en aquella agreste región de los juríes.

    Así fue como esos desamparados conquistadores santiagueños – para decirlo con palabras de uno de ellos, Santos Blasquez – “se dieron a sembrar muchas semillas ansy de trigo como cebada, plantando viñas e otros árboles de Castilla, e fueron criando ganados, yeguas, vacas y ovejas, con que fue la tierra adelante, e se a sustentando con todos sus travajos, e dende este tiempo se comenzó a comunicar esta provincia con el Pirú e Chile”.

    De tal suerte, a los fieros arrestos de la guerra se sumaron, a partir de entonces, las mansas actividades agropecuarias, con su consecuente industria rudimental. Y quedó establecido, con regularidad relativa, un intercambio de colaboración entre aquel núcleo de cultura, que se iba desarrollando en Santiago del Estero, y los otros centros ya evolucionados peruanos y chilenos; desde donde había venido el inmediato impulso conquistador: hombres y recursos que casi siempre aportaba un Capitán empresario, “a su costa y minción”; con fundadas esperanzas – claro está – de que gastos y desvelos, ocasionados en el “real servicio”, le vendrían a ser retribuídos con creces, más tarde, por la Corona.

    Y no es impertinente repetir, que aquellas expediciones – gajes de hombres de acción, como Mexía Mirabal – que incursionaban dispersas, generalmente desconectadas las unas de las otras, dentro de un área de casi un millón y medio de kilómetros cuadrados, lejos de responder a las viarazas empíricas de sus respectivos caudillos – cual se ha dicho tan a menudo con ligereza – encontrábanse subordinadas, en primera instancia, a las directivas precisas de ciertos funcionarios con dotes de estadistas; cuyos planes de gran envergadura – “ideologías” los llama Levillier – demuestran hoy, a quienes estudian historia, la coherencia con que fue llevada a cabo la empresa fundacional de España. Tanto Vaca de Castro y La Gasca en el Perú, como Valdivia y Hurtado de Mendoza en Chile, y el excepcional realizador Francisco de Aguirre en el mismo campo de sus hazañas, y el Virrey Toledo en Lima, y en Charcas el Oidor Matienzo, resultan, en definitiva – cuando no, a la vez, ejecutores prácticos – los creadores intelectuales, los formidables estrategas que concibieron el gigantesco designio de incorporar el Tucumán y el Río de la Plata a la Corona de España; vale decir, a la civilización occidental.

    Sin aquellas ciudades fundadoras – puntos fortificados adecuadamente dispuestos – los conquistadores españoles hubieran sido física y moralmente aniquilados por los indios salvajes. Bien dice Romualdo Ardissone al respecto: “Al transcurrir la existencia del conquistador en el campo, separado de sus semejantes, en contacto diario con el indio, pierde su cultura, sus elementos europeos se atenúan, y a la larga se barbariza; el indio y la naturaleza que lo rodean, lo embisten, lo barnizan, lo conquistan. Grave es el problema para el europeo, más grave aún para sus hijos cuya educación progresivamente y con rapidez alarmante, cobra caracteres indígenas, intensificados por la mezcla de sangre que se hace poco menos que imposible impedir. En cambio, la existencia de ciudades trae la convivencia, el trato continuo o frecuente, el roce con los semejantes; la vida social logra salvar el caudal de costumbres e ideales traídos de Europa. El conquistador puede conservar y aún intensificar la superioridad con respecto al indígena, al cual sirve de ejemplo para que se le acerque siempre más en sus costumbres. La función educativa, política y militar de las ciudades es de primer orden, de aquí el interés de fundarlas”.

    Carlos F. Ibarguren, en Los Antepasados, a lo largo y mas allá de la historia argentina, Tomo IX.

  • La verdad según la justicia social

    Cómo la izquierda progresista se alineó con el posmodernismo

    Hemos llegado a un punto en la historia donde las ideas que sustentan el liberalismo y la modernidad en el seno de la civilización occidental están en grave riesgo. La naturaleza precisa de esta amenaza es complicada. Surge de al menos dos presiones abrumadoras, una revolucionaria y otra reaccionaria, que están en guerra sobre qué dirección iliberal deben ser arrastradas nuestras sociedades.

    Los movimientos populistas de extrema derecha afirman librar una última y desesperada batalla por el liberalismo y la democracia contra una ola creciente de progresismo y globalismo. Se están volviendo cada vez más hacia el liderazgo de dictadores y hombres fuertes que pueden mantener y preservar la soberanía y los valores “occidentales”.

    Mientras tanto, los cruzados “progresistas” de extrema izquierda se presentan a sí mismos como los únicos y justos campeones del progreso social y moral.

    No solo promueven su causa a través de objetivos revolucionarios que rechazan abiertamente el liberalismo como una forma de opresión: también lo hacen con medios cada vez más autoritarios, buscando establecer una ideología completamente fundamentalista de cómo debe ordenarse la sociedad. Cada lado en esta refriega ve al otro como una amenaza existencial y, por lo tanto, cada uno alimenta los mayores excesos del otro. Esta guerra cultural es lo suficientemente intensa como para definir la vida política —y, cada vez más, social— a principios del siglo XXI.

    Aunque el problema de la derecha es grave y merece un análisis cuidadoso en sí mismo, nos hemos convertido en expertos en la naturaleza del problema de la izquierda. Esto se debe en parte a que creemos que, mientras que los dos bandos se están conduciendo mutuamente a la locura y a una mayor radicalización, el problema que proviene de la izquierda representa un alejamiento de su punto histórico de razón y fuerza: el liberalismo esencial para el mantenimiento de nuestras seculares democracias liberales. La izquierda progresista se ha alineado no con la modernidad sino con el posmodernismo, que rechaza la verdad objetiva como una fantasía soñada por pensadores de la Ilustración ingenuos o arrogantemente fanáticos que subestimaron las consecuencias colaterales del progreso.

    El posmodernismo, según su punto de vista, se ha convertido o ha dado lugar a una de las ideologías menos tolerantes y más autoritarias con las que el mundo ha tenido que lidiar desde el final del colonialismo y la Guerra Fría. El posmodernismo se desarrolló en rincones relativamente oscuros de la academia como una reacción intelectual y cultural a todos estos cambios y, desde la década de 1960, se ha extendido a otras partes de la academia: al activismo, a través de las burocracias y al corazón de las escuelas y universidades. A partir de ahí, ha comenzado a filtrarse en la sociedad en general hasta el punto en que el posmodernismo y las reacciones violentas en su contra, tanto razonables como reaccionarias, dominan nuestro panorama sociopolítico.

    Este movimiento persigue nominalmente un objetivo amplio llamado “justicia social”. El término se remonta a casi 200 años. Bajo diferentes pensadores en diferentes momentos, sus diversos significados se han referido a abordar y reparar las desigualdades sociales, particularmente cuando se trata de cuestiones de clase, raza, género, sexo y sexualidad, y particularmente cuando estas van más allá del alcance de la justicia legal. Quizás lo más famoso sea que el filósofo progresista liberal John Rawls expuso una teoría filosófica de las condiciones bajo las cuales se podría organizar una sociedad socialmente justa. En esto, planteó un experimento de pensamiento universalista en el que una sociedad socialmente justa sería aquella en la que un individuo al que se le diera la opción sería igualmente feliz de nacer en cualquier medio social o grupo de identidad.

    También se ha empleado otro enfoque explícitamente antiliberal y antiuniversal para lograr la justicia social, particularmente desde mediados del siglo XX. Este tiene sus raíces en la “teoría crítica”. La teoría crítica se ocupa principalmente de revelar sesgos ocultos y suposiciones subexaminadas, por lo general, señalando los “problemas”, es decir, las formas en que la sociedad y los sistemas en los que opera van mal. El posmodernismo, en cierto sentido, fue una rama de este enfoque crítico.

    El movimiento que asume este cargo presuntuosamente se refiere a su ideología simplemente como “justicia social”, como si solo buscara una sociedad justa, mientras que el resto de nosotros abogamos por algo completamente diferente. Cada vez es más difícil pasar por alto la influencia del Movimiento por la Justicia Social en la sociedad, sobre todo en forma de “política de identidad” o “corrección política”. Casi a diario, sale una noticia sobre alguien que ha sido despedido, ‘cancelado’ u objeto de vergüenza pública en las redes sociales, por haber dicho o hecho algo interpretado como sexista, racista u homofóbico. A veces, las acusaciones están justificadas, y podemos consolarnos con el hecho de que un fanático, a quien vemos como completamente diferente a nosotros, está recibiendo la censura que “merece” por sus odiosas opiniones.

    Sin embargo, cada vez con mayor frecuencia, la acusación es altamente interpretativa y su razonamiento tortuoso. A veces pareciera como si cualquier persona bien intencionada, incluso alguien que valora la libertad y la igualdad universales, podría decir sin darse cuenta algo que no cumple con los nuevos códigos de expresión, con consecuencias devastadoras para su carrera y reputación.

    Esto es confuso y contrario a la intuición de una cultura acostumbrada a poner la dignidad humana en primer lugar y que, por lo tanto, valora las interpretaciones caritativas y la tolerancia de una amplia gama de puntos de vista. En el mejor de los casos, este comportamiento tiene un efecto escalofriante en la cultura de la libre expresión, que ha servido bien a las democracias liberales durante más de dos siglos: las buenas personas se autocensuran para evitar decir cosas “incorrectas”. En el peor de los casos, es una forma maliciosa de intimidación y, cuando se institucionaliza, una especie de autoritarismo.

    Estos cambios, que se están produciendo con una rapidez asombrosa, son muy difíciles de comprender. Esto se debe a que provienen de una visión muy peculiar del mundo, que incluso habla su propio idioma, en cierto modo. Dentro del mundo de habla inglesa, los defensores de la justicia social hablan inglés, pero los “despertados” (“woke” en inglés, es decir, aquellos que despertaron a la visión de la justicia social) usan palabras cotidianas de manera diferente al resto de nosotros. Cuando hablan de ‘racismo’, por ejemplo, no se refieren a prejuicios por motivos de raza, sino a, como ellos lo definen, un sistema racializado que impregna todas las interacciones en la sociedad pero que es en gran parte invisible excepto para aquellos que experimentan o que están versados ​​en los métodos ‘críticos’ apropiados que los entrenan para verlo.

    Estos académicos-activistas no solo hablan un lenguaje especializado, mientras usan palabras cotidianas que la gente asume, incorrectamente, que entienden, sino que también representan una cultura completamente diferente, incrustada en la nuestra. Las personas que han adoptado este punto de vista pueden estar físicamente cerca, pero intelectualmente están a un mundo de distancia. Están obsesionados con el poder, el lenguaje, el conocimiento y las relaciones entre ellos. Interpretan el mundo a través de una lente que detecta dinámicas de poder en cada interacción, expresión y artefacto cultural, incluso cuando no son obvios o reales.

    Esta es una visión del mundo que se centra en los agravios sociales y culturales y tiene como objetivo convertir todo en una lucha política de suma cero que gira en torno a marcadores de identidad como la raza, el sexo, el género y la sexualidad. Para un extraño, esta cultura parece haberse originado en otro planeta, cuyos habitantes no tienen conocimiento de las especies que se reproducen sexualmente, y que interpretan todas nuestras interacciones sociológicas humanas de la manera más cínica posible. Pero, de hecho, estas actitudes absurdas son completamente humanas. Dan testimonio de nuestra capacidad repetidamente demostrada para adoptar cosmovisiones espirituales complejas, que van desde el animismo tribal hasta el espiritualismo hippie y las religiones globales sofisticadas, cada una de las cuales adopta su propio marco interpretativo a través del cual ve el mundo entero. Este simplemente trata sobre una visión peculiar del poder y su capacidad para crear desigualdad y opresión.

    Interactuar con los defensores de este punto de vista requiere aprender no solo su lenguaje, que en sí mismo es bastante desafiante, sino también sus costumbres e incluso su mitología de los problemas “sistémicos” y “estructurales” inherentes a nuestra sociedad, sistemas e instituciones. Como saben los viajeros experimentados, comunicarse en una cultura completamente diferente implica más que aprender el idioma. Uno también debe aprender modismos, implicaciones, referencias culturales y etiqueta. A menudo, necesitamos a alguien que no sea solo un traductor sino también un intérprete en el sentido más amplio, alguien que conozca ambos conjuntos de costumbres, para comunicarnos de manera efectiva.

    En nuestro libro Cynical Theories explicamos cómo la teoría de la justicia social se ha convertido en la fuerza impulsora de la guerra cultural de finales de la década de 2010, y propone una forma filosóficamente liberal de contrarrestar sus manifestaciones en la erudición, el activismo y la vida cotidiana. Contamos la historia de cómo el posmodernismo aplicó sus teorías cínicas para deconstruir lo que podríamos estar de acuerdo en llamar las ‘viejas religiones’ del pensamiento, que incluyen creencias religiosas convencionales como el cristianismo e ideologías seculares como el marxismo, así como sistemas modernos cohesivos como la ciencia, el liberalismo filosófico y el ‘progreso’, y los reemplazó con una nueva religión propia, llamada justicia social.

    Es útil que la teoría de la justicia social se haya vuelto cada vez más segura y clara acerca de sus creencias y objetivos. Este desarrollo es, sin embargo, alarmante: ha hecho que la teoría sea mucho más fácil de entender y actuar por parte de los creyentes que quieren remodelar la sociedad. Podemos ver su impacto en el mundo en los ataques de la justicia social a la ciencia y la razón. También es evidente en las afirmaciones de los creyentes que la sociedad está dividida de manera simplista en identidades dominantes y marginadas y está respaldada por sistemas invisibles de supremacía blanca, patriarcado, heteronormatividad, cisnormatividad, capacitismo y gordofobia.

    Por Helen Pluckrose and James Lindsay.

    Traducido de The Spectator.

  • ¿Dónde está Greta Thunberg?

    Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunió en Nueva York en septiembre, los observadores del clima pueden haber notado la molesta falta de unas trenzas. Greta Thunberg, quien pasó el verano de 2019 acechando la Costa Este después de tomar un yate del príncipe de Mónaco a través del Atlántico, alcanzó su cenit en septiembre, la última vez que este organismo se reunió en persona, en la Cumbre de Acción Climática donde entregó su espeluznante, y repetido hasta el olvido discurso de “cómo te atreves”.

    Pero el pequeño ser escalofriante, salida directamente de Kubrick, estuvo notablemente ausente en la asamblea de este año, en un momento en que la administración Biden está impulsando la histeria climática con más fervor que nunca. En una sala llena de las personas favoritas de Jeffrey Epstein, tal vez ella haya perdido relevancia (cumplió diecinueve años este año) o tal vez sea su mensaje el que ya no está de moda. El mismo mes, su propia nación, Suecia, eligió lo que los periódicos llaman un gobierno de “extrema derecha” (una etiqueta general que se aplica a cualquier grupo sospechoso de no recibir dinero de George Soros). Durante las elecciones suecas, la izquierda se centró en la energía verde y el calentamiento global; los conservadores se concentraron en la inmigración y el crimen. 2022 estaba destinado a convertirse en el peor año registrado para la violencia de pandillas en Suecia y los informes de delincuencia callejera estallaron en los titulares suecos justo antes de las elecciones.

    La derecha también tenía la ventaja en el tema de la energía, con los votantes suecos alejados de sus partidos de izquierda, especialmente los Verdes, por el aumento de los precios de la energía en Europa. Dos semanas después, Italia hizo lo mismo cuando eligió a Giorgia Meloni como primera ministra. The Atlantic marcó la elección de la primera mujer primera ministra de Italia al declarar “el regreso del fascismo en Italia”. CNN llamó a Meloni “el primer ministro de más extrema derecha en Italia desde Mussolini”. Antes de las elecciones del 25 de septiembre, activistas climáticos desesperados organizaron una sentada en la oficina de Roma de la favorita Meloni. Su rabieta cayó en oídos sordos. La democracia estaba inconvenientmente en marcha en todo el continente, ya que los votantes expresaron su interés menguante en el evangelio climático cuando se enfrentaban a problemas diarios más apremiantes.

    Vladimir Putin sigue siendo el elefante de color sopa de remolacha en la sala. Las sanciones a Rusia tras la invasión de Ucrania por parte de Putin tienen a los europeos complicados. Se acerca el invierno y el continente necesita gasolina. Deutsche Bank ha advertido que los alemanes pueden tener que recurrir a la quema de madera para mantener calientes sus hogares. En medio de la crisis, Rumania, Estonia y Finlandia han aumentado la tala de bosques centenarios para cosechar árboles para obtener energía. Cuando las temperaturas comenzaron a bajar, la plataforma de video Twitch bloqueó el canal de un hombre ruso que estaba transmitiendo durante 24 horas la imagen en vivo de su estufa de gas a toda potencia para burlarse de los europeos. A finales de septiembre, Viktor Orbán, el primer ministro conservador de Hungría, anunció que su país celebraría un referéndum sobre las sanciones de la Unión Europea impuestas a Rusia y dijo que “las sanciones no se decidieron democráticamente, sino que las decidieron los burócratas de Bruselas y las élites europeas”.

    A medida que la popularidad de su tema preferido resulta tan volátil como el clima mismo, Thunberg puede estar dando un paso atrás para cambiar su marca a un regaño izquierdista de uso más genérico. En 2021, amenazó con boicotear la cumbre climática de la ONU, COP26 en Glasgow, por algo llamado “desigualdad de vacunas”. Si bien los últimos dos años demostraron sin lugar a dudas que no todas las vacunas son iguales (en seguridad y eficacia), el alboroto de Thunberg tuvo algo que ver con las naciones ricas que no proporcionaron suficientes vacunas a los países pobres. Terminó asistiendo a la cumbre en Glasgow de todos modos, pero se fue temprano y le dijo a una multitud fuera de la reunión que el calentamiento global era el resultado de un sistema basado en “la idea de que algunas personas valen más que otras” y que la atención debería centrarse en la causa “raíz”.

    Es una pendiente resbaladiza e inevitable desde salvar a los osos polares hasta que el hombre blanco crea el clima y es racista. Los osos polares, por ejemplo, lo están pasando muy bien. Hay casi tres veces más viviendo en su habitat hoy que cuando comenzamos a contarlos en la década de 1960. Esto explica por qué nunca más escuchas sobre ellos a menos que vivas en Churchill, Manitoba. A los humanos también les está yendo bien, en camino de alcanzar una población de 8 mil millones a finales de este siglo. Mientras tanto, Thunberg, en la semana doscientos y tantos de su ausentismo escolar, necesitará compromisos de discursos más estables y la justicia social está llamando. Como señaló Politico recientemente, Thunberg “está siendo impulsada por un mensaje diferente: escuchen a los más vulnerables y ayúdelos a construir el futuro justo que exigen”.

    O eso o los jefes climáticos, sintiendo que la mejor manera de mantener el poder es la ofuscación, han puesto a su títere adolescente en un segundo plano. Cuatro días después de que concluyera la Asamblea General de la ONU en Nueva York, unas cuadras al oeste en Central Park, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, apareció en el escenario de un festival de música para dar una conferencia a los asistentes sobre el calentamiento global. Vestida completamente de blanco (¡también después del Día del Trabajo!), recibió abucheos y protestas de una multitud de miles. La anciana temblorosa, con la voz chillona que gorjeaba sobre las burlas, no esperaba este rechazo de los jóvenes en el corazón de la ciudad liberal de Nueva York. Se suponía que esta era la base climática, y la consternación en el rostro de Pelosi parecía decirlo todo: ¿cómo te atreves?

    Por Chadwick Moore, para The Spectator, 25/10/2022.

    Chadwick Moore es el editor de Outspoken y es columnista de Spectator y editor colaborador. Su nuevo libro, Así que te han enviado a la capacitación en diversidad: sonriendo a través del apocalipsis DEI, ya está disponible.

  • Desamparados

    A través de una carta publicada por el diario El Mercurio el pasado 28 de octubre, denominada “Un predio quemado y tomado”, don Juan Sebastián Gana, propietario de tierras ubicadas en la Araucanía (Chile) relata el abuso cometido y que sigue cometiendo el Estado y su lucha de años ya no para que le devuelvan su propiedad, sino que para que no le cobren el impuesto territorial anual al cual están obligados sus dueños.

    Al día siguiente, el mismo diario le dedicó media pagina en el cuerpo C, señalando que se trata de 16 propietarios que en total suman 850 has., en la misma situación, que el 29 de mayo del año 2012 sufrieron un ataque incendiario de sus casas, galpones, bosques y posterior toma, por parte de una “comunidad radicalizada” – como llama la nota a los usurpadores que ingresaron abruptamente, encapuchados y apuntándolos con armas de fuego – impidiendo no solo desarrollar la actividad agrícola y forestal de muchos años, sino que volver a entrar en lo que les pertenecen “hasta hoy” según lo que indican los registros en el Conservador de Bienes Raíces, ya que convengamos que no le han sido expropiadas ni menos les han sido compradas, conforme a las reglas de un estado de derecho bien nacido. 

    Sin embargo, los hechos no llegan hasta ahí. Efectivamente y continuando con el relato del afectado por si y por sus vecinos en la usurpación y posterior negación de justicia,  a raíz de la toma violenta de sus tierras y al no poder desarrollar ninguna actividad lucrativa, solicitaron la exención del pago de impuesto territorial mientras se encontraran en tal situación, obteniendo recién de después de 10 años, que el organismo estatal encargado de su cobro se dignara darles una respuesta, rechazando la petición por “no existir antecedentes suficientes” para acoger la petición (sic). Tómese nota que, entre los antecedentes presentados, se encuentra la carpeta investigativa llevada por la Fiscalía por los delitos de incendio y usurpación.

    El problema que evidencia los hechos relatados no es sólo económico, sino que, de un grave incumplimiento de las obligaciones del Estado en la protección del bien común y una violación a numerosos derechos constitucionales de esos ciudadanos, como lo son el derecho a la propiedad y sus atributos, la proporcionalidad de los tributos y su igualdad, la equidad o justicia tributaria, entre otros.

    No olvidemos que el bien común comprende el libre desenvolvimiento humano, que estimula la responsabilidad y las iniciativas personales, el cual incluye al Estado, como gerente y guardián, que no destruye la propiedad privada, sino que la defiende; no debilita el dominio particular, sino que lo robustece. Todo lo contrario de lo que ocurre en nuestro país.

    Mientras leía la nota pensaba cuantos ciudadanos se encontrarán en la misma situación y que no exponen públicamente a través de los medios de comunicación o redes sociales, la tragedia que viven y el desamparo en que se encuentran de parte del Estado, por temor no solo a las represalias de los gobernantes que obviamente ya no son sus aliados ni los protegen, sino que de los ocupantes ilegales de sus tierras que gozan de total impunidad.

  • Tradición y libertad

    En la Encíclica Notre Charge Apostolique contra el espíritu democrático de “Le Sillon” San Pío X decía: “…persuádanse que la cuestión social y la ciencia social no nacieron ayer; que en todas las edades la Iglesia y el Estado concertados felizmente suscitaron para el bienestar de la sociedad organizaciones fecundas; que la Iglesia que jamás ha traicionado la felicidad del pueblo con alianzas comprometedoras, no tiene que desligarse de lo pasado, antes le basta anudar, con el concurso de los verdaderos obreros de la restauración social, los organismos rotos por la revolución, y adaptarlos, con el mismo espíritu cristiano de que estuvieron animados, al nuevo medio creado por la evolución material de la sociedad contemporánea, porque los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas.”

    Esta famosa frase de San Pío X es intrigante. ¿Qué tiene que ver la tradición con la cuestión social y la democracia? ¿Porqué San Pío X consideraba que el pueblo debe ampararse en la tradición?

    Curiosamente encontré la respuesta en el libro La libertad y la ley, de Bruno Leoni (1913-1967), un filósofo italiano liberal absolutamente insospechado de cualquier relación con las teorías político-tradicionalistas de San Pío X.

    La tesis principal de Leoni es que “existe un claro paralelismo entre el concepto de legislación positiva y el socialismo, por un lado, y el concepto de Derecho entendido como producto evolutivo y consuetudinario y la libertad, por otro.”

    O sea que según Bruno Leoni hay un paralelismo: Ley Positiva = Planificación socialista / Ley Consuetudinaria = Libertad.

    Aclaro para los que no son abogados que Ley “positiva” significa Ley “puesta” o sea dispuesta o impuesta por una autoridad. En cambio la Ley Consuetudinaria no es atribuible a ninguna autoridad concreta; es el fruto de siglos de lenta maduración, el resultado de muchas generaciones haciendo “try & error”, lo que le da a la tesis de Leoni un cariz un poco darwiniano. Pero no me parece que ese cariz la descalifique. Lo esencial es que la Ley Consuetudinaria no es planificada. Tiene la guía implícita de la naturaleza humana, de la manera de ser de cada pueblo y -esto no lo dice el liberal Leoni- de los designios de la Divina Providencia para cada pueblo. 

    La autoridad puede decir toda las veces que quiera “esto se va a hacer así de ahora en adelante” (son las leyes positivas), pero jamás va a poder decir “esto se hizo siempre así”. La contradicción con la ley consuetudinaria le resta legitimidad a la nueva ley.

    Es tal la fuerza de la ley consuetudinaria que a veces la autoridad siente necesidad de mentir, manipular y pretender que su ley positiva fruto de una fría planificación es apenas una reinterpretación de la consuetudinaria. Pero como decía alguien, se puede engañar a pocos durante mucho tiempo, se puede engañar a todos durante poco tiempo, pero no se puede engañar a todos durante mucho tiempo. A la larga quedará patente la contradicción entre la ley positiva y la consuetudinaria, en detrimento de la positiva.

    También hay que aclarar que puede haber una ley consuetudinaria injusta, como el canibalismo entre los aztecas, y puede haber una ley positiva justa, como la prohibición del canibalismo por los españoles. Una no es buena por el sólo hecho de ser espontánea y la otra mala por el sólo hecho de ser planificada. Obviamente las cuestiones que se resuelven mediante siglos de “try & error” tenderán a ser más justas que las cuestiones resueltas por un silogismo burocrático. Pero ésa no es la cuestión. Lo interesante de la tesis de Bruno Leoni es que relaciona la ley consuetudinaria con la LIBERTAD.  

    La imposibilidad que tiene la autoridad de manipular el pasado convierte a la ley Consuetudinaria en bastión de la libertad. Es una ley que está por encima de la autoridad del momento. Es un obstáculo que traba al gobernante. Por eso San Pio X decía que protege al pueblo.

     Este rol de la Tradición poniendo límites al poder aparece en nuestra reciente nota sobre Los Intelectuales. Paul Johnson dice sobre los intelectuales anteriores a la Revolución Francesa que “sus innovaciones morales e ideológicas estaban limitadas por los cánones de la autoridad externa y por la herencia de la tradición” y que “la sabiduría colectiva del pasado, el legado de la tradición, los códigos prescriptivos de la experiencia ancestral existían para ser seguidos selectivamente o rechazados por completo…”  

    El abandono progresivo de la Tradición durante los últimos 200 años fue removiendo ese obstáculo al poder y eso explica el creciente control del Estado sobre todos los aspectos de la vida, especialmente en la educación.

    En materia religiosa hay un paralelismo similar: Misa Nueva = Liturgia planificada / “Mass of the Ages” = Liturgia inspirada

    Como dijo Ratzinger, los Papas son los jardineros de la liturgia, no sus fabricantes. La liturgia es como un árbol que se desarrolla lentamente. El Papa debe regarlo y cuidarlo; no puede hacerle cambios, a no ser muy pequeños, casi imperceptibles, como haría un jardinero.

    Para ilustrar lo que es el despotismo inhumano planificador recomiendo ver el segundo capitulo de la serie “Mass of the Ages”. La imagen del árbol que se venía desarrollando durante veinte siglos aparece en el minuto 25 y la brutal poda que sufrió en 1970 aparece en el minuto 38. Escalofriante. 

    Pero como decía Bruno Leoni, la fuerza de la Tradición es inmensa. Lentamente la liturgia planificada va cediendo. Por un lado aumenta el número de sacerdotes que celebran la liturgia inspirada, especialmente sacerdotes jóvenes. Pero el mayor tributo a la Tradición consiste en que los sacerdotes que celebran la liturgia planificada (que siguen siendo mayoría) cuando quieren celebrarla bien, con piedad y devoción, imitan cada vez más a la liturgia inspirada. A la larga muchos se van a preguntar porqué seguir con imitaciones si pueden recurrir al original. Al despotismo planificador le va a costar cada vez más imponerse.  ¡Tradición es Libertad!

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