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  • La verdad según la justicia social

    La verdad según la justicia social

    Cómo la izquierda progresista se alineó con el posmodernismo

    Hemos llegado a un punto en la historia donde las ideas que sustentan el liberalismo y la modernidad en el seno de la civilización occidental están en grave riesgo. La naturaleza precisa de esta amenaza es complicada. Surge de al menos dos presiones abrumadoras, una revolucionaria y otra reaccionaria, que están en guerra sobre qué dirección iliberal deben ser arrastradas nuestras sociedades.

    Los movimientos populistas de extrema derecha afirman librar una última y desesperada batalla por el liberalismo y la democracia contra una ola creciente de progresismo y globalismo. Se están volviendo cada vez más hacia el liderazgo de dictadores y hombres fuertes que pueden mantener y preservar la soberanía y los valores “occidentales”.

    Mientras tanto, los cruzados “progresistas” de extrema izquierda se presentan a sí mismos como los únicos y justos campeones del progreso social y moral.

    No solo promueven su causa a través de objetivos revolucionarios que rechazan abiertamente el liberalismo como una forma de opresión: también lo hacen con medios cada vez más autoritarios, buscando establecer una ideología completamente fundamentalista de cómo debe ordenarse la sociedad. Cada lado en esta refriega ve al otro como una amenaza existencial y, por lo tanto, cada uno alimenta los mayores excesos del otro. Esta guerra cultural es lo suficientemente intensa como para definir la vida política —y, cada vez más, social— a principios del siglo XXI.

    Aunque el problema de la derecha es grave y merece un análisis cuidadoso en sí mismo, nos hemos convertido en expertos en la naturaleza del problema de la izquierda. Esto se debe en parte a que creemos que, mientras que los dos bandos se están conduciendo mutuamente a la locura y a una mayor radicalización, el problema que proviene de la izquierda representa un alejamiento de su punto histórico de razón y fuerza: el liberalismo esencial para el mantenimiento de nuestras seculares democracias liberales. La izquierda progresista se ha alineado no con la modernidad sino con el posmodernismo, que rechaza la verdad objetiva como una fantasía soñada por pensadores de la Ilustración ingenuos o arrogantemente fanáticos que subestimaron las consecuencias colaterales del progreso.

    El posmodernismo, según su punto de vista, se ha convertido o ha dado lugar a una de las ideologías menos tolerantes y más autoritarias con las que el mundo ha tenido que lidiar desde el final del colonialismo y la Guerra Fría. El posmodernismo se desarrolló en rincones relativamente oscuros de la academia como una reacción intelectual y cultural a todos estos cambios y, desde la década de 1960, se ha extendido a otras partes de la academia: al activismo, a través de las burocracias y al corazón de las escuelas y universidades. A partir de ahí, ha comenzado a filtrarse en la sociedad en general hasta el punto en que el posmodernismo y las reacciones violentas en su contra, tanto razonables como reaccionarias, dominan nuestro panorama sociopolítico.

    Este movimiento persigue nominalmente un objetivo amplio llamado “justicia social”. El término se remonta a casi 200 años. Bajo diferentes pensadores en diferentes momentos, sus diversos significados se han referido a abordar y reparar las desigualdades sociales, particularmente cuando se trata de cuestiones de clase, raza, género, sexo y sexualidad, y particularmente cuando estas van más allá del alcance de la justicia legal. Quizás lo más famoso sea que el filósofo progresista liberal John Rawls expuso una teoría filosófica de las condiciones bajo las cuales se podría organizar una sociedad socialmente justa. En esto, planteó un experimento de pensamiento universalista en el que una sociedad socialmente justa sería aquella en la que un individuo al que se le diera la opción sería igualmente feliz de nacer en cualquier medio social o grupo de identidad.

    También se ha empleado otro enfoque explícitamente antiliberal y antiuniversal para lograr la justicia social, particularmente desde mediados del siglo XX. Este tiene sus raíces en la “teoría crítica”. La teoría crítica se ocupa principalmente de revelar sesgos ocultos y suposiciones subexaminadas, por lo general, señalando los “problemas”, es decir, las formas en que la sociedad y los sistemas en los que opera van mal. El posmodernismo, en cierto sentido, fue una rama de este enfoque crítico.

    El movimiento que asume este cargo presuntuosamente se refiere a su ideología simplemente como “justicia social”, como si solo buscara una sociedad justa, mientras que el resto de nosotros abogamos por algo completamente diferente. Cada vez es más difícil pasar por alto la influencia del Movimiento por la Justicia Social en la sociedad, sobre todo en forma de “política de identidad” o “corrección política”. Casi a diario, sale una noticia sobre alguien que ha sido despedido, ‘cancelado’ u objeto de vergüenza pública en las redes sociales, por haber dicho o hecho algo interpretado como sexista, racista u homofóbico. A veces, las acusaciones están justificadas, y podemos consolarnos con el hecho de que un fanático, a quien vemos como completamente diferente a nosotros, está recibiendo la censura que “merece” por sus odiosas opiniones.

    Sin embargo, cada vez con mayor frecuencia, la acusación es altamente interpretativa y su razonamiento tortuoso. A veces pareciera como si cualquier persona bien intencionada, incluso alguien que valora la libertad y la igualdad universales, podría decir sin darse cuenta algo que no cumple con los nuevos códigos de expresión, con consecuencias devastadoras para su carrera y reputación.

    Esto es confuso y contrario a la intuición de una cultura acostumbrada a poner la dignidad humana en primer lugar y que, por lo tanto, valora las interpretaciones caritativas y la tolerancia de una amplia gama de puntos de vista. En el mejor de los casos, este comportamiento tiene un efecto escalofriante en la cultura de la libre expresión, que ha servido bien a las democracias liberales durante más de dos siglos: las buenas personas se autocensuran para evitar decir cosas “incorrectas”. En el peor de los casos, es una forma maliciosa de intimidación y, cuando se institucionaliza, una especie de autoritarismo.

    Estos cambios, que se están produciendo con una rapidez asombrosa, son muy difíciles de comprender. Esto se debe a que provienen de una visión muy peculiar del mundo, que incluso habla su propio idioma, en cierto modo. Dentro del mundo de habla inglesa, los defensores de la justicia social hablan inglés, pero los “despertados” (“woke” en inglés, es decir, aquellos que despertaron a la visión de la justicia social) usan palabras cotidianas de manera diferente al resto de nosotros. Cuando hablan de ‘racismo’, por ejemplo, no se refieren a prejuicios por motivos de raza, sino a, como ellos lo definen, un sistema racializado que impregna todas las interacciones en la sociedad pero que es en gran parte invisible excepto para aquellos que experimentan o que están versados ​​en los métodos ‘críticos’ apropiados que los entrenan para verlo.

    Estos académicos-activistas no solo hablan un lenguaje especializado, mientras usan palabras cotidianas que la gente asume, incorrectamente, que entienden, sino que también representan una cultura completamente diferente, incrustada en la nuestra. Las personas que han adoptado este punto de vista pueden estar físicamente cerca, pero intelectualmente están a un mundo de distancia. Están obsesionados con el poder, el lenguaje, el conocimiento y las relaciones entre ellos. Interpretan el mundo a través de una lente que detecta dinámicas de poder en cada interacción, expresión y artefacto cultural, incluso cuando no son obvios o reales.

    Esta es una visión del mundo que se centra en los agravios sociales y culturales y tiene como objetivo convertir todo en una lucha política de suma cero que gira en torno a marcadores de identidad como la raza, el sexo, el género y la sexualidad. Para un extraño, esta cultura parece haberse originado en otro planeta, cuyos habitantes no tienen conocimiento de las especies que se reproducen sexualmente, y que interpretan todas nuestras interacciones sociológicas humanas de la manera más cínica posible. Pero, de hecho, estas actitudes absurdas son completamente humanas. Dan testimonio de nuestra capacidad repetidamente demostrada para adoptar cosmovisiones espirituales complejas, que van desde el animismo tribal hasta el espiritualismo hippie y las religiones globales sofisticadas, cada una de las cuales adopta su propio marco interpretativo a través del cual ve el mundo entero. Este simplemente trata sobre una visión peculiar del poder y su capacidad para crear desigualdad y opresión.

    Interactuar con los defensores de este punto de vista requiere aprender no solo su lenguaje, que en sí mismo es bastante desafiante, sino también sus costumbres e incluso su mitología de los problemas “sistémicos” y “estructurales” inherentes a nuestra sociedad, sistemas e instituciones. Como saben los viajeros experimentados, comunicarse en una cultura completamente diferente implica más que aprender el idioma. Uno también debe aprender modismos, implicaciones, referencias culturales y etiqueta. A menudo, necesitamos a alguien que no sea solo un traductor sino también un intérprete en el sentido más amplio, alguien que conozca ambos conjuntos de costumbres, para comunicarnos de manera efectiva.

    En nuestro libro Cynical Theories explicamos cómo la teoría de la justicia social se ha convertido en la fuerza impulsora de la guerra cultural de finales de la década de 2010, y propone una forma filosóficamente liberal de contrarrestar sus manifestaciones en la erudición, el activismo y la vida cotidiana. Contamos la historia de cómo el posmodernismo aplicó sus teorías cínicas para deconstruir lo que podríamos estar de acuerdo en llamar las ‘viejas religiones’ del pensamiento, que incluyen creencias religiosas convencionales como el cristianismo e ideologías seculares como el marxismo, así como sistemas modernos cohesivos como la ciencia, el liberalismo filosófico y el ‘progreso’, y los reemplazó con una nueva religión propia, llamada justicia social.

    Es útil que la teoría de la justicia social se haya vuelto cada vez más segura y clara acerca de sus creencias y objetivos. Este desarrollo es, sin embargo, alarmante: ha hecho que la teoría sea mucho más fácil de entender y actuar por parte de los creyentes que quieren remodelar la sociedad. Podemos ver su impacto en el mundo en los ataques de la justicia social a la ciencia y la razón. También es evidente en las afirmaciones de los creyentes que la sociedad está dividida de manera simplista en identidades dominantes y marginadas y está respaldada por sistemas invisibles de supremacía blanca, patriarcado, heteronormatividad, cisnormatividad, capacitismo y gordofobia.

    Por Helen Pluckrose and James Lindsay.

    Traducido de The Spectator.

  • Disciplina en el mensaje

    Disciplina en el mensaje

    Este martes fueron las elecciones de medio término en Estados Unidos.  Hubo claro-oscuros y cuando escribo esto, todavía no se sabe quien controlará el Senado. Pero en general se puede decir que el resultado fue decepcionante, excepto en Florida donde DeSantis arrasó (¡¡¡¡Go DeSantis!!!!).  Se esperaba una victoria mucho mas clara por parte de los Republicanos. 

    No es mi objetivo hacer un análisis detallado porque no es el papel de La Botella al Mar. Pero si me tienen un poco de paciencia, comparto algunos pensamientos que se me fueron ocurriendo mientras miraba los resultados en TV. 

    Seguí el conteo en FOX News (derecha) y MSNBC (izquierda).  Confieso que mi intención era regodearme con lo que esperaba fuera una mala noche para los Demócratas.  Lamentablemente no conseguí mi objetivo de ver caras largas en las filas de la contra y la botella de champagne se quedó en la heladera.  Pero de todas maneras fue una experiencia fascinante. 

    Me impresionó el grado de disciplina que los comentaristas en MSNBC mostraron en el mensaje que difundieron. Por supuesto el contenido era de manicomio (los Republicanos están intimidando gente para que no voten, la economía está muy bien, hablar de la ola de crimen es racista, aborto, aborto, aborto). Pero nunca se apartaron de él. No hubo criticas veladas o abiertas a la “calidad de sus candidatos”, a Biden, a las políticas que están proponiendo.  Todos los cañones apuntados en una sola dirección.

    Mientras tanto en FOX se hacían frecuentes referencias a “la pobre calidad de los candidatos”. Curiosamente esa frase no se refería, por ejemplo, al candidato Demócrata para Senador en Pensilvania que literalmente no puede hablar porque tuvo un derrame cerebral.  Estaban hablando de los candidatos propios, todos ellos de una calidad humana igual o superior a sus contrincantes (por ejemplo, un general, dos empresarios muy exitosos, un ex presidente de un Senado estatal, etc). 

    En MSNBC, Biden era tratado con respeto y reverencia a pesar de que padece demencia senil y es tan popular como el sarampión. En FOX eran frecuentes las referencias anti-Trump porque la derecha, en lugar de cerrar filas como hicieron los de MSNBC, tiene una compulsión de “distanciarse” de la gente que es criticada por sus adversarios.

    En FOX se hablaba de los temas de fondo de forma general. Por ejemplo, mientras en MSNBC el aborto siempre era acompañado de referencias a “embarazos ectópicos” (!?),chiquitas de 12 años violadas por su padre, etc. en FOX nunca nadie habló de los cientos de miles de bebitos asesinados anualmente por razones egoístas que constituye la esencia del mensaje pro-vida. No hicieron ninguna referencia a la imposición de la ideología de género o educación marxista (Teoría Crítica de la Raza) en los colegios, que fue uno de los temas centrales en la campaña. Mismo sobre el crimen, el tema candente del momento, las políticas garantistas impuestas por fiscales financiados por Soros no fueron dignas de mención.  Solo en materia económica hubo algo más de detalle cuando se habló de producción de petróleo o control del gasto público.

    Mientras en MSNBC las teorías conspirativas sobre “la violencia de la derecha” (de la que existe considerablemente menos evidencia que la de izquierda) se repetían como una letanía, en FOX jamás se mencionaron los ataques violentos e intimidaciones de la izquierda, los incendios a centros de ayuda a la mujer, los motines de 2020. 

    Mientras en MSNBC hablaban frecuentemente de la “supresión del voto” (que no existe, como se demuestra por el aumento en la participación), en FOX no levantaron ni una duda sobre ninguna de las practicas electorales que se establecieron a partir de COVID. Por ejemplo, aun cuando no se pueda apuntar a una irregularidad especifica, es universalmente aceptado que el voto por correo es menos seguro que el voto en persona. Esto porque la presunción de secreto del voto desaparece, porque hace más fácil la cosecha de votos de gente vulnerable (por ejemplo, es sabido que en los hogares de ancianos es común que voten los cuidadores, no los ancianos o en las viviendas económicas los “punteros” entregan los votos por bloques).  Pero parece que es considerado de mal gusto siquiera mencionarlo a pesar de que los resultados favorables demócratas, fueron casi todos frutos de la generalización de esta práctica particularmente en lugares famosamente corruptos como Filadelfia, Milwaukee, o Atlanta.

    Mientras en MSNBC no pararon de hablar de la “desinformación” a la que supuestamente se abocan los Republicanos, en FOX se quejaban de que tal o cual candidato “no había sido capaz de hacer llegar su mensaje con claridad”. Pero nadie del panel aprovechó la oportunidad para denunciar el cerrojo que tiene la izquierda sobre prácticamente todos los medios, la censura en las redes sociales, el uso de las instituciones educativas como centros de adoctrinamiento, las enormes cantidades de recursos económicos que fueron entregados por los plutócratas de Silicon Valley o Wall Street a la izquierda o los mensajes ideológicos entrelazadas en la oferta de cultura y entretenimiento.

    La conclusión que saque de la noche es que hasta que la derecha no aprenda de las tácticas de la izquierda, y adopte una teoría de “guerra ideológica total” como hacen ellos, la decepción de anoche no será la última. 

    ¡Aunque gracias a Dios, con DeSantis tenemos alguien que nos enseñe el camino!

  • ¿Dónde está Greta Thunberg?

    ¿Dónde está Greta Thunberg?

    Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunió en Nueva York en septiembre, los observadores del clima pueden haber notado la molesta falta de unas trenzas. Greta Thunberg, quien pasó el verano de 2019 acechando la Costa Este después de tomar un yate del príncipe de Mónaco a través del Atlántico, alcanzó su cenit en septiembre, la última vez que este organismo se reunió en persona, en la Cumbre de Acción Climática donde entregó su espeluznante, y repetido hasta el olvido discurso de “cómo te atreves”.

    Pero el pequeño ser escalofriante, salida directamente de Kubrick, estuvo notablemente ausente en la asamblea de este año, en un momento en que la administración Biden está impulsando la histeria climática con más fervor que nunca. En una sala llena de las personas favoritas de Jeffrey Epstein, tal vez ella haya perdido relevancia (cumplió diecinueve años este año) o tal vez sea su mensaje el que ya no está de moda. El mismo mes, su propia nación, Suecia, eligió lo que los periódicos llaman un gobierno de “extrema derecha” (una etiqueta general que se aplica a cualquier grupo sospechoso de no recibir dinero de George Soros). Durante las elecciones suecas, la izquierda se centró en la energía verde y el calentamiento global; los conservadores se concentraron en la inmigración y el crimen. 2022 estaba destinado a convertirse en el peor año registrado para la violencia de pandillas en Suecia y los informes de delincuencia callejera estallaron en los titulares suecos justo antes de las elecciones.

    La derecha también tenía la ventaja en el tema de la energía, con los votantes suecos alejados de sus partidos de izquierda, especialmente los Verdes, por el aumento de los precios de la energía en Europa. Dos semanas después, Italia hizo lo mismo cuando eligió a Giorgia Meloni como primera ministra. The Atlantic marcó la elección de la primera mujer primera ministra de Italia al declarar “el regreso del fascismo en Italia”. CNN llamó a Meloni “el primer ministro de más extrema derecha en Italia desde Mussolini”. Antes de las elecciones del 25 de septiembre, activistas climáticos desesperados organizaron una sentada en la oficina de Roma de la favorita Meloni. Su rabieta cayó en oídos sordos. La democracia estaba inconvenientmente en marcha en todo el continente, ya que los votantes expresaron su interés menguante en el evangelio climático cuando se enfrentaban a problemas diarios más apremiantes.

    Vladimir Putin sigue siendo el elefante de color sopa de remolacha en la sala. Las sanciones a Rusia tras la invasión de Ucrania por parte de Putin tienen a los europeos complicados. Se acerca el invierno y el continente necesita gasolina. Deutsche Bank ha advertido que los alemanes pueden tener que recurrir a la quema de madera para mantener calientes sus hogares. En medio de la crisis, Rumania, Estonia y Finlandia han aumentado la tala de bosques centenarios para cosechar árboles para obtener energía. Cuando las temperaturas comenzaron a bajar, la plataforma de video Twitch bloqueó el canal de un hombre ruso que estaba transmitiendo durante 24 horas la imagen en vivo de su estufa de gas a toda potencia para burlarse de los europeos. A finales de septiembre, Viktor Orbán, el primer ministro conservador de Hungría, anunció que su país celebraría un referéndum sobre las sanciones de la Unión Europea impuestas a Rusia y dijo que “las sanciones no se decidieron democráticamente, sino que las decidieron los burócratas de Bruselas y las élites europeas”.

    A medida que la popularidad de su tema preferido resulta tan volátil como el clima mismo, Thunberg puede estar dando un paso atrás para cambiar su marca a un regaño izquierdista de uso más genérico. En 2021, amenazó con boicotear la cumbre climática de la ONU, COP26 en Glasgow, por algo llamado “desigualdad de vacunas”. Si bien los últimos dos años demostraron sin lugar a dudas que no todas las vacunas son iguales (en seguridad y eficacia), el alboroto de Thunberg tuvo algo que ver con las naciones ricas que no proporcionaron suficientes vacunas a los países pobres. Terminó asistiendo a la cumbre en Glasgow de todos modos, pero se fue temprano y le dijo a una multitud fuera de la reunión que el calentamiento global era el resultado de un sistema basado en “la idea de que algunas personas valen más que otras” y que la atención debería centrarse en la causa “raíz”.

    Es una pendiente resbaladiza e inevitable desde salvar a los osos polares hasta que el hombre blanco crea el clima y es racista. Los osos polares, por ejemplo, lo están pasando muy bien. Hay casi tres veces más viviendo en su habitat hoy que cuando comenzamos a contarlos en la década de 1960. Esto explica por qué nunca más escuchas sobre ellos a menos que vivas en Churchill, Manitoba. A los humanos también les está yendo bien, en camino de alcanzar una población de 8 mil millones a finales de este siglo. Mientras tanto, Thunberg, en la semana doscientos y tantos de su ausentismo escolar, necesitará compromisos de discursos más estables y la justicia social está llamando. Como señaló Politico recientemente, Thunberg “está siendo impulsada por un mensaje diferente: escuchen a los más vulnerables y ayúdelos a construir el futuro justo que exigen”.

    O eso o los jefes climáticos, sintiendo que la mejor manera de mantener el poder es la ofuscación, han puesto a su títere adolescente en un segundo plano. Cuatro días después de que concluyera la Asamblea General de la ONU en Nueva York, unas cuadras al oeste en Central Park, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, apareció en el escenario de un festival de música para dar una conferencia a los asistentes sobre el calentamiento global. Vestida completamente de blanco (¡también después del Día del Trabajo!), recibió abucheos y protestas de una multitud de miles. La anciana temblorosa, con la voz chillona que gorjeaba sobre las burlas, no esperaba este rechazo de los jóvenes en el corazón de la ciudad liberal de Nueva York. Se suponía que esta era la base climática, y la consternación en el rostro de Pelosi parecía decirlo todo: ¿cómo te atreves?

    Por Chadwick Moore, para The Spectator, 25/10/2022.

    Chadwick Moore es el editor de Outspoken y es columnista de Spectator y editor colaborador. Su nuevo libro, Así que te han enviado a la capacitación en diversidad: sonriendo a través del apocalipsis DEI, ya está disponible.

  • Desamparados

    Desamparados

    A través de una carta publicada por el diario El Mercurio el pasado 28 de octubre, denominada “Un predio quemado y tomado”, don Juan Sebastián Gana, propietario de tierras ubicadas en la Araucanía (Chile) relata el abuso cometido y que sigue cometiendo el Estado y su lucha de años ya no para que le devuelvan su propiedad, sino que para que no le cobren el impuesto territorial anual al cual están obligados sus dueños.

    Al día siguiente, el mismo diario le dedicó media pagina en el cuerpo C, señalando que se trata de 16 propietarios que en total suman 850 has., en la misma situación, que el 29 de mayo del año 2012 sufrieron un ataque incendiario de sus casas, galpones, bosques y posterior toma, por parte de una “comunidad radicalizada” – como llama la nota a los usurpadores que ingresaron abruptamente, encapuchados y apuntándolos con armas de fuego – impidiendo no solo desarrollar la actividad agrícola y forestal de muchos años, sino que volver a entrar en lo que les pertenecen “hasta hoy” según lo que indican los registros en el Conservador de Bienes Raíces, ya que convengamos que no le han sido expropiadas ni menos les han sido compradas, conforme a las reglas de un estado de derecho bien nacido. 

    Sin embargo, los hechos no llegan hasta ahí. Efectivamente y continuando con el relato del afectado por si y por sus vecinos en la usurpación y posterior negación de justicia,  a raíz de la toma violenta de sus tierras y al no poder desarrollar ninguna actividad lucrativa, solicitaron la exención del pago de impuesto territorial mientras se encontraran en tal situación, obteniendo recién de después de 10 años, que el organismo estatal encargado de su cobro se dignara darles una respuesta, rechazando la petición por “no existir antecedentes suficientes” para acoger la petición (sic). Tómese nota que, entre los antecedentes presentados, se encuentra la carpeta investigativa llevada por la Fiscalía por los delitos de incendio y usurpación.

    El problema que evidencia los hechos relatados no es sólo económico, sino que, de un grave incumplimiento de las obligaciones del Estado en la protección del bien común y una violación a numerosos derechos constitucionales de esos ciudadanos, como lo son el derecho a la propiedad y sus atributos, la proporcionalidad de los tributos y su igualdad, la equidad o justicia tributaria, entre otros.

    No olvidemos que el bien común comprende el libre desenvolvimiento humano, que estimula la responsabilidad y las iniciativas personales, el cual incluye al Estado, como gerente y guardián, que no destruye la propiedad privada, sino que la defiende; no debilita el dominio particular, sino que lo robustece. Todo lo contrario de lo que ocurre en nuestro país.

    Mientras leía la nota pensaba cuantos ciudadanos se encontrarán en la misma situación y que no exponen públicamente a través de los medios de comunicación o redes sociales, la tragedia que viven y el desamparo en que se encuentran de parte del Estado, por temor no solo a las represalias de los gobernantes que obviamente ya no son sus aliados ni los protegen, sino que de los ocupantes ilegales de sus tierras que gozan de total impunidad.

  • El 8% del presupuesto basta para eliminar el hambre

    El 8% del presupuesto basta para eliminar el hambre

    Cualquier persona que haya oído durante cinco minutos a un miembro de “la casta” (para pedir prestada una expresión) sabrá que es muy importante ser “solidario” ante los terribles problemas sociales que asolan el país.  Ser “solidario” se traduce normalmente en darles más plata y poder ya que los miembros de la casta nos aseguran que su única preocupación en la vida es buscar soluciones. Particularmente soluciones a la pobreza.  

    ¡Y cuán importante es este tema! El INDEC dice que el nivel de pobreza en el país alcanza al 40%. Sin una pizca de humor se congratulan de haberla hecho bajar 2 puntos, después de haberla hecho subir 35 desde un 5% en la década del 70.  

    El informe indica que el ingreso total familiar promedio de los hogares pobres fue de $37.803, mientras la Canasta Básica Total (CBT) mensual es $62.989. En otras palabras, la brecha entre lo que entra en una familia pobre y lo que necesita para subsistir durante un mes es de $25.186.  El mismo INDEC dice que un hogar está compuesto por 2.5 personas.

    Es decir que, según los datos del INDEC, faltan $120,892 por persona y año para eliminar la indigencia.

    Si multiplicamos esto por 18.8 millones (el 40% de pobres que hay en el país), el número total necesario para cubrir ese déficit es de $2.3 Billones de pesos.

    En noticias paralelas, el Presupuesto Federal 2023 fue aprobado por el Congreso.  Prevé un gasto de 29 Billones de pesos.  12,6 veces más grande que el numero anterior.

    A mi no me dan las cuentas. Si este es el problema prioritario, y teóricamente se solucionaría con un 8% de los fondos que disponen, ¿para qué sirven? O no son muy capaces, o no es un problema prioritario, o no están muy dispuestos a sacrificarse. ¿O será que para ellos eso de la “solidaridad” es una calle de una sola mano?

    Para un cínico como yo, parece que a los “estado presente” les interesa perpetuar el problema para usarlo como excusa para mantener su recaudación y poder.

    Imagínense una entidad privada que recaudara plata para solucionar un problema y después de obtener los fondos necesarios, simplemente lo ignora, o peor aún, lo agrava mientras mantiene los sueldos y prebendas de todos sus directivos, contrata amigos y parientes y miente cuando se les trata de investigar.

    ¿Cuánto tiempo estarían esos hipotéticos privados fuera de la cárcel?

    Y tengamos en cuenta que cuando un delito es hecho por el Estado es MUCHO peor. O por lo menos eso es lo que no se han cansado de decirnos con respecto a los “Delitos de Estado”.

    ¿O ahora nos van a decir que ese criterio solo sirve para vengarse de los militares que les ganaron en el campo de batalla, pero no para cuando tenemos que juzgar sus tropelías?

    Yo soy más bien partidario de lo de “enseñar a pescar”, (y financiar barcos de pesca, plantas procesadoras), más que lo de “regalar pescado”. Pero a efectos de la discusión, sigamos la lógica que ellos mismos proclaman: Es necesario tener una de las cargas impositivas mas altas del mundo, porque tenemos que redistribuir la riqueza para solucionar el urgente problema del hambre.

    Perfecto. Objetivo cumplido. Ya hay 12 veces más riqueza redistribuida que la necesaria.  Ahora queremos verlos “solucionar la pobreza”.

    Pregunta adicional ¿cuánto de los $26.5 Billones excedentes pueden sacrificar de sus presupuestos como señal de solidaridad?

  • Tradición y libertad

    Tradición y libertad

    En la Encíclica Notre Charge Apostolique contra el espíritu democrático de “Le Sillon” San Pío X decía: “…persuádanse que la cuestión social y la ciencia social no nacieron ayer; que en todas las edades la Iglesia y el Estado concertados felizmente suscitaron para el bienestar de la sociedad organizaciones fecundas; que la Iglesia que jamás ha traicionado la felicidad del pueblo con alianzas comprometedoras, no tiene que desligarse de lo pasado, antes le basta anudar, con el concurso de los verdaderos obreros de la restauración social, los organismos rotos por la revolución, y adaptarlos, con el mismo espíritu cristiano de que estuvieron animados, al nuevo medio creado por la evolución material de la sociedad contemporánea, porque los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas.”

    Esta famosa frase de San Pío X es intrigante. ¿Qué tiene que ver la tradición con la cuestión social y la democracia? ¿Porqué San Pío X consideraba que el pueblo debe ampararse en la tradición?

    Curiosamente encontré la respuesta en el libro La libertad y la ley, de Bruno Leoni (1913-1967), un filósofo italiano liberal absolutamente insospechado de cualquier relación con las teorías político-tradicionalistas de San Pío X.

    La tesis principal de Leoni es que “existe un claro paralelismo entre el concepto de legislación positiva y el socialismo, por un lado, y el concepto de Derecho entendido como producto evolutivo y consuetudinario y la libertad, por otro.”

    O sea que según Bruno Leoni hay un paralelismo: Ley Positiva = Planificación socialista / Ley Consuetudinaria = Libertad.

    Aclaro para los que no son abogados que Ley “positiva” significa Ley “puesta” o sea dispuesta o impuesta por una autoridad. En cambio la Ley Consuetudinaria no es atribuible a ninguna autoridad concreta; es el fruto de siglos de lenta maduración, el resultado de muchas generaciones haciendo “try & error”, lo que le da a la tesis de Leoni un cariz un poco darwiniano. Pero no me parece que ese cariz la descalifique. Lo esencial es que la Ley Consuetudinaria no es planificada. Tiene la guía implícita de la naturaleza humana, de la manera de ser de cada pueblo y -esto no lo dice el liberal Leoni- de los designios de la Divina Providencia para cada pueblo. 

    La autoridad puede decir toda las veces que quiera “esto se va a hacer así de ahora en adelante” (son las leyes positivas), pero jamás va a poder decir “esto se hizo siempre así”. La contradicción con la ley consuetudinaria le resta legitimidad a la nueva ley.

    Es tal la fuerza de la ley consuetudinaria que a veces la autoridad siente necesidad de mentir, manipular y pretender que su ley positiva fruto de una fría planificación es apenas una reinterpretación de la consuetudinaria. Pero como decía alguien, se puede engañar a pocos durante mucho tiempo, se puede engañar a todos durante poco tiempo, pero no se puede engañar a todos durante mucho tiempo. A la larga quedará patente la contradicción entre la ley positiva y la consuetudinaria, en detrimento de la positiva.

    También hay que aclarar que puede haber una ley consuetudinaria injusta, como el canibalismo entre los aztecas, y puede haber una ley positiva justa, como la prohibición del canibalismo por los españoles. Una no es buena por el sólo hecho de ser espontánea y la otra mala por el sólo hecho de ser planificada. Obviamente las cuestiones que se resuelven mediante siglos de “try & error” tenderán a ser más justas que las cuestiones resueltas por un silogismo burocrático. Pero ésa no es la cuestión. Lo interesante de la tesis de Bruno Leoni es que relaciona la ley consuetudinaria con la LIBERTAD.  

    La imposibilidad que tiene la autoridad de manipular el pasado convierte a la ley Consuetudinaria en bastión de la libertad. Es una ley que está por encima de la autoridad del momento. Es un obstáculo que traba al gobernante. Por eso San Pio X decía que protege al pueblo.

     Este rol de la Tradición poniendo límites al poder aparece en nuestra reciente nota sobre Los Intelectuales. Paul Johnson dice sobre los intelectuales anteriores a la Revolución Francesa que “sus innovaciones morales e ideológicas estaban limitadas por los cánones de la autoridad externa y por la herencia de la tradición” y que “la sabiduría colectiva del pasado, el legado de la tradición, los códigos prescriptivos de la experiencia ancestral existían para ser seguidos selectivamente o rechazados por completo…”  

    El abandono progresivo de la Tradición durante los últimos 200 años fue removiendo ese obstáculo al poder y eso explica el creciente control del Estado sobre todos los aspectos de la vida, especialmente en la educación.

    En materia religiosa hay un paralelismo similar: Misa Nueva = Liturgia planificada / “Mass of the Ages” = Liturgia inspirada

    Como dijo Ratzinger, los Papas son los jardineros de la liturgia, no sus fabricantes. La liturgia es como un árbol que se desarrolla lentamente. El Papa debe regarlo y cuidarlo; no puede hacerle cambios, a no ser muy pequeños, casi imperceptibles, como haría un jardinero.

    Para ilustrar lo que es el despotismo inhumano planificador recomiendo ver el segundo capitulo de la serie “Mass of the Ages”. La imagen del árbol que se venía desarrollando durante veinte siglos aparece en el minuto 25 y la brutal poda que sufrió en 1970 aparece en el minuto 38. Escalofriante. 

    Pero como decía Bruno Leoni, la fuerza de la Tradición es inmensa. Lentamente la liturgia planificada va cediendo. Por un lado aumenta el número de sacerdotes que celebran la liturgia inspirada, especialmente sacerdotes jóvenes. Pero el mayor tributo a la Tradición consiste en que los sacerdotes que celebran la liturgia planificada (que siguen siendo mayoría) cuando quieren celebrarla bien, con piedad y devoción, imitan cada vez más a la liturgia inspirada. A la larga muchos se van a preguntar porqué seguir con imitaciones si pueden recurrir al original. Al despotismo planificador le va a costar cada vez más imponerse.  ¡Tradición es Libertad!

  • En honor a Cervantes

    En honor a Cervantes

    ¿Por qué vas tan elegante a la universidad? Porque tengo clase.

    Quisiera comprar un libro sobre la fatiga y el cansancio. Lo siento, están agotados.

    Oye, ¿te gusta la teoría de Einstein? Relativamente.

    Alguna vez pensé que entre tú y yo todo se podría. Y pues sí, se pudrió.

    Mi hijo está practicando natación. ¿Y qué tal le va? Nada mal.

    Doctor, soy asmática, ¿es grave? No, señora, es esdrújula.

    El mes pasado contraí matrimonio. Contraje. Claro, tenía que ser formal.

    No me quieres porque soy daltónico, ¿verdad, Celeste? ¡Me llamo Violeta!

    Oye, ¿cómo te llamas? No soy el ayer, ni soy el mañana. ¿De qué hablas? Me llamo Eloy.

    Hola, cielo, ¿cómo estás? Parcialmente nublado, con probabilidades de lluvia.

    Joven, ¿podría decirme dónde vio por última vez a la señora de las empanadas? Por su puesto.

    Cusiosidades del idioma castellano:

    • Con 23 letras, se ha establecido que la palabra Electroencefalografista es la más extensa de todas las aprobadas por la Real Academia Española de la Lengua.
    • En el término Centrifugados, todas las letras son diferentes y ninguna se repite.
    • La palabra Oía tiene tres sílabas en tres letras.
    • En Aristocráticos, cada letra aparece dos veces.
    • El vocablo Cinco tiene a su vez cinco letras, coincidencia que no se registra en ningún otro número.
    • El término Corrección tiene dos letras dobles.
    • Las palabras Ecuatorianos y Aeronáuticos poseen las mismas letras, pero en diferente orden.
    • El término Estuve contiene cuatro letras consecutivas por orden alfabético: s-t-u-v.
    • Con nueve letras, Menstrual es el vocablo más largo con solo dos sílabas.
    • La palabra Pedigüeñería tiene los cuatro firuletes que un término puede tener en nuestro idioma: la virgulilla de la ñ, la diéresis sobre la ü, la tilde del acento y el punto sobre la i.
    • El vocablo Reconocer se lee lo mismo de izquierda a derecha que viceversa (palíndromo).
    • La palabra Euforia tiene las cinco vocales y sólo dos consonantes…

    Las cinco vocales:

    La famosa escritora española Lucía Echevarría, ganadora del Premio Planeta 2004, dijo en una entrevista, que “murciélago” era la única palabra en el idioma español que contenía las 5 vocales. Un lector, José Fernando Blanco Sánchez, envió la siguiente carta al director del diario ABC:

    Acabo de ver en la televisión estatal a Lucía Echevarría diciendo que, “murciélago” es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales.

    Mi estimada señora:

    Piense un poco y controle su “euforia”.

    Un “arquitecto” “escuálido”, llamado “Aurelio” o “Eulalio”, dice que lo más “auténtico” es tener un “abuelito” que lleve un traje “reticulado” y siga el “arquetipo” de aquel viejo “reumático” y “repudiado”, que “consiguiera” en su tiempo, ser “esquilado” por un “comunicante”, que cometió “adulterio” con una “encubridora” cerca del “estánquillo”, sin usar “éstimulador”.

    Señora escritora, si el “peliagudo” “enunciado” de la “ecuación” la deja “irresoluta,” y piense de modo “jerárquico”.

    No se atragante con esta “perturbación”, que no va con su “milonguera” y “meticulosa” “educación”.

    Y repita conmigo, como diría Cantinflas:
    ¡Lo que es la ignorancia!

    Solo me queda recomendarle que se refresque con hojas de “eucalipto”…

  • Los intelectuales

    Los intelectuales

    Aunque a veces no parezca, el hombre es un animal racional. El intelecto y la razón es lo que nos distingue del resto de la creación, y en la medida que el hombre ha moldeado la sociedad en base a ideas o creencias sanas, estas sociedades han sido fructíferas y mejorado su condición en esta tierra. Nuestra propia civilización occidental tiene sus raíces en la remota Grecia, donde los filósofos empezaron a idear el concepto de que fuimos creados a imagen de Dios, del alma inmortal, la felicidad, la libertad, los derechos del hombre, y la democracia misma. Pasaron siglos entre la primera aparición documentada de estas ideas y su difusión a Roma, donde estas continuaron creciendo, plasmándose en el derecho codificado y los rudimentos de un estado moderno. Otros siglos pasaron hasta que la semilla del Cristianismo echó raíces en esa civilización y la hizo propia.

    El reconocimiento de la primacía de la razón sobre otros aspectos de la naturaleza humana como pueden ser las pasiones o las necesidades del momento, es la base misma de la educación. Comenzando en el seno de la familia, y siguiendo durante toda una vida, educamos a nuestros hijos en conceptos que los forman como individuos primero, pero también están destinados a regir o al menos sugerir como deben ser las relaciones con sus semejantes, en otras palabras, a la vida en sociedad.

    Es acá donde el paso de los siglos nos debería dar el gran beneficio de identificar y adoptar ideas y conceptos que han “funcionado” mientras descartamos lo que ha fracasado. Reduciendo esto a lo más básico, la mera existencia de bibliotecas, libros u otros medios de retener información, es un “ayuda-memoria” valiosísimo en este sentido. Pero más allá de esto, la humanidad ha desarrollado también tradiciones, costumbres y formas que también son un “archivo viviente” de las ideas y conceptos que pretende preservar para las generaciones futuras.

    Como católicos creemos también que “Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros”, dejándonos una Iglesia para preservar y difundir sus enseñanzas, y ayudarnos a plasmar estas en nuestras vidas individuales y también como sociedad.

    Muchos de los males que nos aquejan, surgen de una pseudo-liberación del hombre y la sociedad de este corpus de conocimiento o tradiciones que componían el entramado de nuestra civilización occidental. En ese sentido, es clave el papel que en esta revolución han jugado un gran número de intelectuales en los últimos 200 años.

    Así explica Paul Johnson el fenómeno en su libro Los Intelectuales:

    Durante los últimos doscientos años, la influencia de los intelectuales ha crecido constantemente. De hecho, el surgimiento del intelectual secular ha sido un factor clave en la configuración del mundo moderno. Visto contra la larga perspectiva de la historia, es en muchos sentidos un fenómeno nuevo. Es cierto que en sus encarnaciones anteriores como sacerdotes, escribas y adivinos, los intelectuales han pretendido guiar a la sociedad desde el principio. Pero como guardianes de culturas hieráticas, ya fueran primitivas o sofisticadas, sus innovaciones morales e ideológicas estaban limitadas por los cánones de la autoridad externa y por la herencia de la tradición. No eran, ni podían ser, espíritus libres, aventureros de la mente.

    Con el declive del poder clerical en el siglo XVIII, surgió un nuevo tipo de mentor para llenar el vacío y captar la atención de la sociedad. El intelectual secular puede ser deísta, escéptico o ateo. Pero estaba tan dispuesto como cualquier pontífice o presbítero a decirle a la humanidad cómo conducir sus asuntos. Proclamó, desde el principio, una especial devoción por los intereses de la humanidad y el deber evangélico de promoverlos con su enseñanza. Aportó a esta tarea autoproclamada un enfoque mucho más radical que sus predecesores clericales. No se sentía atado por ningún corpus de religión revelada. La sabiduría colectiva del pasado, el legado de la tradición, los códigos prescriptivos de la experiencia ancestral existían para ser seguidos selectivamente o rechazados por completo según lo decidiera su propio sentido común. Por primera vez en la historia humana, y con creciente confianza y audacia, los hombres se levantaron para afirmar que podían diagnosticar los males de la sociedad y curarlos con sus propios intelectos sin ayuda: más aún, que podían idear fórmulas mediante las cuales no sólo la estructura de la sociedad pero los hábitos fundamentales de los seres humanos podrían transformarse para bien. A diferencia de sus antecesores sacerdotales, no eran servidores e intérpretes de los dioses sino sustitutos. Su héroe fue Prometeo, quien robó el fuego celestial y lo trajo a la tierra.

    Una de las características más marcadas de los nuevos intelectuales seculares fue el gusto con el que sometieron a la religión y a sus protagonistas al escrutinio crítico. ¿Hasta qué punto habían beneficiado o perjudicado a la humanidad estos grandes sistemas de fe? ¿Hasta qué punto estos papas y pastores habían vivido de acuerdo con sus preceptos, de pureza y veracidad, de caridad y benevolencia? Los veredictos pronunciados tanto sobre las iglesias como sobre el clero fueron duros. Ahora, después de dos siglos durante los cuales la influencia de la religión ha seguido disminuyendo y los intelectuales seculares han desempeñado un papel cada vez mayor en la configuración de nuestras actitudes e instituciones, es hora de examinar su historial, tanto público como personal. En particular, quiero centrarme en las credenciales morales y de juicio de los intelectuales para decirle a la humanidad cómo comportarse. ¿Cómo dirigían sus propias vidas? ¿Con qué grado de rectitud se comportaron con familiares, amigos y asociados? ¿Eran justos en sus tratos sexuales y financieros? ¿Dijeron y escribieron la verdad? ¿Y cómo sus propios sistemas han resistido la prueba del tiempo y la praxis?

    Paul Johnson pone el foco en la vida e ideas de estos intelectuales modernos, y con el estilo que le es característico, los presenta de una forma muy clara y cuestiona si son merecedores o no de la admiración que posibilitó la difusión de sus ideas. Ciertamente recomendamos la lectura de este libro a todos los que les interese el papel que las ideas juegan en nuestras vidas.

  • Malas noticias de Colombia

    Malas noticias de Colombia

    Introducción de La Botella al Mar: Nos llegan noticias de Colombia sobre los primeros meses de gobierno del ex-guerrillero Gustavo Petro. No son alentadoras. Transcribimos abajo algunos puntos de un comunicado del grupo Tradición y Acción, firmado por Eugenio Trujillo Villegas. Diríamos que esto debería representar una voz de alerta para nuestra Argentina. Lamentablemente en esto corremos con ventaja y ya nos encontramos mucho más hundidos en las miasmas del populismo izquierdista que nuestros hermanos colombianos. Dios quiera que ellos se den cuenta del camino que han emprendido antes que sea tarde. ¿Será que es tarde para nosotros?


    Los colombianos estamos perplejos y desconcertados ante todos los desastres originados por el gobierno de Petro. El País parece haber entrado en una pesadilla sin fin, en la cual todos los días acontecen cosas peores, promovidas por los funcionarios del Gobierno.  

    Todos ellos demuestran una incompetencia jamás vista, gobiernan con la más absoluta ignorancia, por lo cual incurren en los más grandes desatinos.

    Para no repetir lo que todos saben, basta apenas con mencionar algunos de ellos. El ministro de Hacienda ha presentado una reforma tributaria que arruinará al sector empresarial, estableciendo unos impuestos confiscatorios e irracionales que espantarán las inversiones. La ministra de Agricultura propone comprar tres millones de hectáreas productivas para repartirlas entre campesinos, indígenas y agitadores sociales, sin tener dinero para ello y desconociendo algo elemental, como lo es que repartir tierra no basta para producir alimentos. La ministra de Minas y Energía anuncia que acabará con la producción de petróleo, gas y carbón, que son la columna vertebral de nuestra economía. La ministra de Salud amenaza con abolir las EPS privadas (Entidades prestadoras de salud), para que sea el Estado socialista quien asuma la atención médica de todos los colombianos, algo que ya vivimos en el pasado y que fue un absoluto fracaso.

    Los ejemplos podrían ser tantos, que es inútil continuar con ellos. En realidad, Colombia fue tomada fraudulentamente por una banda marxista que ha tomado la decisión de demoler el País a las patadas, para reemplazar el progreso y el desarrollo alcanzado durante décadas de trabajo y esfuerzo, por un sistema socialista antinatural y fracasado.

    El socialismo solo ha generado pobreza, miseria y opresión en todo el mundo. Después de pocos o muchos años de dominio, los países afectados se han levantado indignados contra esta secta marxista, y solo así han podido regresar a la libertad y al progreso. Pero el precio que se paga por esta aventura es inmenso, pues se sufren las consecuencias de la miseria y el subdesarrollo, mientras que los gobernantes establecen el más escandaloso saqueo de los bienes públicos.

    ¡Que nadie se engañe! Cuando este tipo de gobiernos proponen aumentar los impuestos a unos niveles impagables, expropiar las empresas y asumir el control de la economía, eso jamás se convierte en beneficios sociales. Lo que acontece es que se roban todo, estableciendo el saqueo y la corrupción desenfrenada como el principal objetivo de los burócratas que ostentan el poder.

    A simple vista, toda esta pesadilla parece apenas un gobierno de incompetentes, de demagogos y de estúpidos, que no tienen la menor idea de resolver los problemas. ¡Lamentablemente, esa es la pura verdad! Pero hay además un trasfondo que no todos ven con claridad, que es necesario denunciar si queremos salvar a Colombia de las garras del comunismo que ya comienza a estrangularnos.

    El mundo está entrando en un misterioso proceso denominado post-marxismo. Ahora no se trata de imponer el comunismo al estilo de la revolución bolchevique en el siglo pasado, sino de imponer el llamado Nuevo Orden Mundial. Éste será el gobierno dictatorial de todas las naciones, ejercido con mano de hierro por una secta trans-nacional poderosa.

    Pretenden crear una República Universal, que será la mayor de las dictaduras de la historia. Comparados con estos nuevos sátrapas, Lenín, Stalin y Mao pasarán a ser unos aprendices de tiranos. Lo que el post-marxismo pretende imponer al mundo parece inverosímil, pero en realidad ya es un proceso en estado de ejecución avanzada.

    Entre sus grandes objetivos y realizaciones están la abolición de todas las religiones, especialmente la Católica, que ya está en un proceso de espantosa auto-demolición. Pretenden imponer la ideología de género y la dictadura de los colectivos LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros); quieren destruir la familia cristiana y promover el aborto sin restricciones; ejercen el control de los medios de comunicación y de las redes sociales, para que la única verdad existente sea la que ellos divulguen; quieren destruir la economía, el progreso y el concepto de propiedad privada, para reemplazarlos por el estado ecologista, miserabilista y tribal; abolirán los valores morales, para imponer la dictadura de lo irracional, de lo horrendo y de lo absurdo; tratarán de disminuir la población mundial por todos los medios, para lo cual se inventarán guerras y pandemias planificadas.  

    Por supuesto, para llegar a este sistema de gobierno antinatural, será necesario suprimir paulatinamente todas las libertades legítimas, tal como lo han venido experimentando con el pretexto de la pandemia.

    Por estas razones, cuando los ministros de Colombia proponen las ideas más aberrantes, descabelladas y catastróficas, no lo hacen apenas por ignorancia o incompetencia. Lo que realmente hacen es demoler el País en el menor tiempo posible.   

    ¿Lo van a conseguir? Ese es el gran interrogante. Si el País opta por la cobardía y la indolencia, Petro lo va a destruir. Pero si Colombia resiste con entereza y se opone por todos los medios legítimos a que se destruya en pocos días lo que se ha construido en decenas de años, Petro y su gobierno jamás podrán destruir a Colombia.    

    Los colombianos tendrán que decidir. Cada día que pasa sin luchar para impedir la demolición de la Patria, hará más difícil evitar el cataclismo que vendrá. Con las marchas y las protestas realizadas, se ha conseguido frenar o modificar algunas de las sandeces que nos quieren imponer. Pero esta sana reacción tiene que multiplicarse, extenderse a todos los rincones de la Patria, y debe ser apoyada por todos, si es que queremos salvar a Colombia del desastre.

    Octubre 28 de 2022.

  • Hoy es la fiesta de los antepasados

    Hoy es la fiesta de los antepasados

    Siempre pensé que, a falta de un santo patrono de la genealogía (aunque San Mateo, que empieza su Evangelio con una genealogía de Jesús ¡es un buen candidato!), el 2 de noviembre, fecha en que la Iglesia celebra a los Fieles Difuntos, es lo más próximo que tenemos a una Fiesta de los Antepasados.

    Durante esta fiesta — cuyo objetivo es orar por los que han concluido su vida terrena — no recordemos únicamente a aquellos familiares próximos, aquellos cuyo salto a la eternidad (tal vez reciente) todavía nos duele. No pensemos solamente en hermanos, padres, abuelos o hijos que conocimos íntimamente e hicieron huella en nuestra vida, nuestra personalidad o nuestros sueños, dejándonos sus recuerdos, sus historias o sus pertenencias.

    Acordémonos también — ¡porque no! — de aquellos antepasados más remotos que siempre fueron parte de nuestra historia familiar, que brillan en nuestro árbol genealógico, que tal vez de jóvenes — sino de chicos — conocimos y con los que establecimos una conexión llena de orgullo: el patriarca, la artista, el conquistador, la filántropa, el prócer, el empresario exitoso… aquellos que un país entero tal vez los tiene como suyos, pero sólo de nosotros recibirán el título de abuelo o de pariente.

    Acordémonos especialmente también este año, de aquellos desconocidos que irrumpieron en nuestras vidas, saltando de la página de un libro, un estudio genealógico (o tal vez de un sitio como Genealogía Familiar), y se introdujeron en nuestras vidas reclamando esa familiaridad con nosotros que el parentesco les otorga.

    Recemos por el eterno descanso de todos estos antepasados y, sin necesariamente entender la forma misteriosa con que la Providencia teje el tapiz de la historia de cada familia y de cada país, agradezcámosles la parte que cada uno de ellos contribuyó hacia lo que somos nosotros hoy.

    Porque vivir en nuestro recuerdo es, después de la salvación eterna, lo más parecido a la inmortalidad que podemos darles.

  • El equivalente moral a una guerra

    El equivalente moral a una guerra

    En 1911 un intelectual socialista americano llamado William James dictó una conferencia que llamo “El equivalente moral a una guerra”. James, que se decía pacifista, considera que los militaristas de su época tenían razón en apuntar a las virtudes cívicas que la guerra trae a la superficie de una población: “intrepidez, desprecio a la debilidad, subordinación de los intereses privados, obediencia a las órdenes” son las que menciona.  Se pregunta cómo podrían los socialistas incentivar similares virtudes sin llegar a provocar guerras sangrientas.  En particular se refiere a las clases burguesas que solo estaban expuestas a vicisitudes y sufrimientos en tiempos de conflicto.  La solución que propuso es lo que llamó “el equivalente moral a una guerra”.  Crear en la población el estado de ánimo que justificaría por ejemplo una conscripción (temporaria) de todos los ciudadanos para trabajar “por el bien común” y experimentar en carne propia las penurias de los soldados en el frente.

    Y no es patrimonio exclusivo de los socialistas “internacionales”.  Los socialistas “nacionales”, los fascistas y todo gobierno totalitario ha llegado a la misma conclusión: la población en “pie de guerra” es una población obediente y dependiente del poder del Estado.

    En 1977, Carter estaba sumido en la crisis energética y económica producto de las políticas estatistas en boga en esos años (agravadas por el conflicto en Medio Oriente) e hizo un discurso con ese mismo leitmotiv. La solución que propuso, haciéndose eco de James, fue que los americanos pensaran en la crisis por la que atravesaban como “el equivalente moral a una guerra”. Y que hicieran los sacrificios que estarían dispuestos a hacer en un conflicto. Implícito estaba el pedido de que le dieran el tipo de poder casi omnímodo que tiene un gobierno en tiempos de crisis.  Es decir que la culpa de la crisis no eran sus políticas si no que la gente no era suficientemente obediente.  No aclaró si la equivalencia llegaría al punto de hacer fusilar gente por desacato.

    Si consiguiéramos entender lo que dice Biden, creo que esta tratando de vender un punto similar.

    Sospecho que la posición pacifista que tradicionalmente ha adoptado la izquierda es uno de sus “valores temporarios”. Similar al “mi cuerpo, mi elección” (solo aplicable al aborto, pero no a los experimentos con inyectables), “abolir la policía” (hasta que la policía les responde y se convierten en estados policiales), o “libertad de expresión” (hasta que controlan los medios), o “derechos humanos” (hasta que quieren vengarse de sus enemigos).  China, Rusia y todos los gobiernos comunistas cayeron en un militarismo caricaturesco, incluyendo varias aventuras bélicas no muy consistente con una doctrina pacifista.  

    Es natural que esto sea así. Para la Izquierda el Estado es su religión. Rousseau, uno de los padres fundadores del “progresismo”, llego a articular esto claramente cuando llamo a reemplazar el Cristianismo por “una religión civil”.  A la misma conclusión llego Voltaire quien consideraba que la religión (por supuesto no Católica) debía ser una función más del estado.  

    Cuando la izquierda y otros idiotas útiles hablan de un “estado presente” siguen en esta tradición. Mas allá del tamaño del estado (obviamente lo quieren grande) quieren que las competencias del estado abarquen todos los aspectos de la vida humana.  Como la Ley de Dios es enteramente abarcativa.

    La diferencia es que la Iglesia sí cree en la separación del poder temporal del poder espiritual. Desde que Jesús instruyó lo de darle al Cesar lo que es del Cesar, la Iglesia lo ha mantenido (al menos doctrinariamente). Vale la pena aclarar que eso no significa eximir al estado de la Ley de Dios. Simplemente que las competencias, las herramientas, las penalidades, los mecanismos de aplicación son todos distintos. Por ejemplo, cuando uno comete una ilegalidad la pena puede ser la cárcel. Cuando uno comete un pecado, la penalidad puede ser el infierno.  

    ¿Se acuerdan cuando hablábamos de la proyección psicológica de la Izquierda que acusa a Iglesia de querer “teocracias”?  Eso es exactamente lo que quieren ellos. Solo que el Estado es su dios y su iglesia.

    La “guerra” contra la pobreza, la “guerra” contra el calentamiento global, la “guerra” contra el COVID y todas las otras “guerras” que nos venden continuamente son “guerras santas” para aumentar los sacrificos en el altar del Estado.  Siempre y cuando el mismo esté en manos de sus “clérigos” (burócratas o plutócratas), claro está. 

    Y esto nos lleva a la pregunta inevitable: ¿la belicosidad que están demostrando los antiguos pacifistas en el caso de Ucrania, es por sincera simpatía al pueblo ucraniano, o porque sienten que una “guerra caliente” es una mucho mejor oportunidad para expandir su poder que los débiles sucedáneos que mencionamos arriba?  

    El que viva, verá…