Categoría: Frente Cultural

Comentarios y noticias sobre la guerra cultural incluyendo temas morales, familia, cultura, arte, etc.

  • El Vaticano rompe un silencio vergonzoso para crear más vergüenza

    Comunicado publicado en la Sala Stampa el pasado 3 de agosto sobre la blasfemia cometida en los Juegos Olímpicos en París:

    “La Santa Sede, entristecida por algunas escenas de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París, no puede sino unirse a las voces que se han alzado en los últimos días para deplorar la ofensa causada a muchos cristianos y creyentes de otras religiones.”

    Ofensa causada a muchos cristianos y creyentes de otras religiones? Pero si la ofendida fue exclusivamente la Iglesia Católica Apostólica y Romana!!! Y sobretodo Dios Nuestro Señor en la Eucaristía!!!

    Y finaliza diciendo:

    “En un acontecimiento prestigioso, en el que el mundo entero se une en torno a valores comunes, no debería haber alusiones que ridiculicen las convicciones religiosas de muchas personas. La libertad de expresión, que evidentemente no se cuestiona, encuentra su límite en el respeto a los demás.” No es el número lo que define el escándalo, sino contra quién se realiza. Muchos judíos se escandalizaron contra Cristo, pero ese escándalo era humano, y por eso reprochable por ser dirigido contra Dios nuestro Señor. En el caso de los Juegos Olímpicos el escándalo de los LTGB fue contra la Eucaristía al punto de burlarse de Ella, y eso es lo que lo hace reprochable, después se puede considerar el número de personas. Pero esta aclaración no existe en el comunicado Vaticano.

    El escueto comunicado mas parece un pedido de perdón del Vaticano a los organizadores por tener que hacer ese “reclamo” a fin de no quedar mal con los “débiles” católicos que se escandalizaron ante el “arte” blasfemo de los LTGB… a lo que el comunicado simplemente alude como “algunas escenas” sin decir cuales.

    Acaso el ofendido no fue Dios Nuestro Señor en la Eucaristía? Dónde está el pedido de perdón a Dios? Dónde está la reparación de la ofensa cometida por parte de los organizadores de los Juegos Olímpicos y sus patrocinadores? Por ejemplo, dónde están los actos de reparación a nivel mundial promoviendo un mes de adoración eucarística reparadora en todos las Iglesias del mundo? Es decir, el verdadero Dios de la única religión verdadera fundada por Jesucristo a sido ofendido y el Papa Francisco, con los cardenales y obispos, sólo pueden escribir esa nota?

    En aquello que el mal actuar de los hombres ofende a Dios, la Iglesia, que vela por el depósito de la Fe, debería incentivar a los fieles en el punto que fuimos atacados. Es decir, si ellos ofende la Eucaristía, el Vaticano debería promover la Adoración Eucarística; misas de desagravio en todas las iglesias; procesiones con el Santísimo Sacramento; comunión reparadora, etc etc a nivel mundial y por un largo período de tiempo. Eso sería lo ideal.

    El Vaticano debería haber ido más lejos, y haber pedido a todos los competidores católicos que participaban de los juegos olímpicos que, como protesta, se retirasen del certamen. Así dejar claro nuestra indignación, como católicos, ante semejante blasfemia. Nada de eso sucedió… se siguió compitiendo como si las olimpiadas fueran una aprobación a todo lo que se hizo en dicha inauguración.

    No nos engañemos, el que calla es Francisco que dos días después de la inauguración de los juegos Olímpicos, el pasado 26 de julio, en donde se ofendió tan claramente a la Iglesia Católica y a la Eucaristía, dirigió unas palabras durante el Ángelus en donde habló de la Eucaristía y se “indignó” tan sólo por las guerras diciendo: “Este es un escándalo que la comunidad internacional no debería tolerar, y que contradice el espíritu de fraternidad de los Juegos Olímpicos que acaban de comenzar.” En serio no sabía de la blasfemia que se había cometido en esos mismos Juegos Olímpicos dos día antes? Y sólo se escandaliza por el hambre que provoca las guerras animando a la comunidad internacional a no tolerar semejante situación? Esta omisión es de quedar pasmo!!!

    No hay dudas que hay un lobby LTGB dentro del Vaticano, y quién lo proteje y promociona es el propio Francisco que de Papa deja que desear… Basta ver todos los nombramientos de Cardenales y Obispos pro-LTGB realizados “discretamente” durante su pontificado… La Iglesia ha sido copada y secuestrada por una ideología atea, modernista y anti-cristiana que, usando todos los símbolos y organizaciones creadas para proteger a su Iglesia, ahora la está persiguiendo, sobretodo no la está defendiendo, que es una forma de persecución.

    Quién intenta defender a la Santa Iglesia de Cristo o protesta categóricamente, es corrido de su función, o atacado con todo rigor e impiedad por la prensa progresista o por el propio Vaticano. Realmente promueven estos progresistas la fraternidad, la igualdad y la inclusión?

    Muchos que se dicen católicos están asistiendo a la crucifixión de la Santa Iglesia mirando desde la acera, como lo hicieron los judíos en los tiempos de Cristo cuando era llevado al Calvario; y quizás… son los que le están tirando piedras “indignados” contra el Hijo de Dios, hoy, en su Iglesia la única verdadera, para escándalo de los incrédulos y paganos.

    Y tú, en qué parte estás? En los que como Santa Verónica intentan secar la sangre del rostro de la Santa Iglesia defendiéndola; en los que asisten de manera indiferente y casual sobre la acera; o peor. en los que le están tirando piedras criticando y apoyando el progresismo del lobby LTGB infiltrado en el Vaticano?

    No todos los que digan Señor Señor entrarán en el reino de los Cielos.

    “Del santo Evangelio según san Lucas 17, 1-6

    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado. Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo.”

    No olvidemos lo que Francisco dijo de este mismo evangelio en la capilla Santa Marta el 13 de noviembre del 2017:

    «El escándalo es feo porque hiere la vulnerabilidad del Pueblo de Dios, hiere la debilidad del Pueblo de Dios, y muchas veces estas heridas se llevan para toda la vida». Es más, el escándalo, explicó el Papa, «no solo hiere» sino que «es capaz de matar: matar esperanzas, matar ilusiones, matar familias, matar muchos corazones». Y por lo tanto puede ser equiparada a una guerra que mata las almas. Y ante eso también hay que escandalizarse y promover “que la comunidad internacional no debería tolerar” lo que pasó en los Juegos Olímpicos en París del 2024.

    En esa misma homilía decía «después podemos preguntarnos sobre el escándalo de los pastores, porque en la Iglesia estamos también nosotros pastores». El profeta Jeremías, «hablaba de este “ay de vosotros”» refiriéndose precisamente a los «pastores que explotan a la gente, explotan a las ovejas, para enriquecerse buscan la leche o la lana, así dice Jeremías, para vestirse y por la vanidad, pero no cuidan a las ovejas».

    Comencemos a ver quién realmente cuida de la ovejas y quienes son lobos vestidos de pastores…

    Contra lo que pasó en los Juegos Olímpicos INDIGNACIÓN!!

    Jorge Martínez

    Peregrino indignado.

    240803b.pdf (vatican.va)

    Ángelus, 28 de julio de 2024 | Francisco (vatican.va)

    Los que escandalizan (13 de noviembre de 2017) | Francisco (vatican.va)

  • QUÉ ES UN LIBERAL y QUÉ ES UN LIBERTARIO

    Estamos viviendo una ola “libertaria” -que prendió especialmente en los jóvenes- y que por ignorancia confunden con liberalismo.
    El liberalismo es una herejía antigua que consiste en negar que los diez mandamientos sean obligatorios siempre y para todos los seres humanos. Los liberales creen que cada ser humano tiene derecho a tener sus propios diez mandamientos, o a no tener ninguno, con la única limitación de no hacer daño a los demás. Esta supuesta limitación es obviamente falsa, porque justamente los diez mandamientos son los que hacen el menor daño a los demás, ya que los puso Aquél que creó la sociedad humana. Es como si un reloj pretendiera ser ajeno a las leyes que le puso el relojero con la “sola limitación” de que deber dar la hora correctamente. El liberalismo es por lo tanto un disparate del orgullo humano que surge durante el siglo XVIII con el fin de acabar con la odiada tutela moral del Catolicismo.
    En cambio la ola libertaria consiste en una enorme desconfianza respecto a la aptitud de los gobernantes para permitir que los individuos generen salud, riqueza y cultura. A lo que agrego la ineptitud, mejor dicho la enemistad, del Estado para promover las virtudes cristianas y el ejercicio del culto público católico. Estos cinco bienes, salud, riqueza, cultura, virtudes y culto público, son el “Bien Común” de la sociedad.
    La idea en boga es que donde el Estado mete su torpe pata generalmente arruina al Bien Común, aunque pretenda favorecerlo.
    Hubo algunos períodos de la Historia en que el Estado fue más apto para favorecer el Bien Común, pero en los últimos siglos su ineptitud ha ido creciendo hasta casi convertirse en un enemigo del Bien Común, especialmente en los países latinos, propensos a adoptar ideologías absolutas y equivocadas (como el liberalismo).
    Dice León XIII en la Encíclica Rerum Novarum:

    “Lo que más contribuye a la prosperidad de las naciones es la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constitución de las familias, la observancia de la religión y de la justicia, las moderadas cargas públicas y su equitativa distribución, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esta índole.”

    “El individuo es anterior a la república y por naturaleza tiene derechos como el de velar por su vida y por su cuerpo. Esos derechos de los individuos se hacen fuertes dentro de la sociedad doméstica, la familia, que también es anterior al Estado. Por eso es de absoluta necesidad que haya derechos y deberes totalmente independientes de la potestad civil.”
    “Pues si los ciudadanos, si las familias, hechos partícipes de la convivencia y sociedad humanas, encontraran en los poderes públicos perjuicio en vez de ayuda, un cercenamiento de sus derechos más bien que una tutela de los mismos, la sociedad sería, más que deseable, digna de repulsa.”

    De lo que se deduce que el verdadero libertario debe ser anti-liberal, porque los diez mandamientos que el liberalismo rechaza son precisamente la mejor solución para el convivio humano sin injerencia del Estado.

    El gran católico Gustavo Martínez Zuviría (alias “Hugo Wast”) en su tesis doctoral para la Facultad de Derecho de la Universidad de Santa Fe, redactada en 1907 dice “La excesiva intervención del Estado en el organismo político prepara maravillosamente el terreno para el comunismo. La tendencia individualista hace hombres, la tendencia comunista hace mansos borregos destinados a formar en la caravana del proletariado. Mientras menos se acostumbra al individuo a la tutela del estado más capaz se hace de esfuerzos personales, vigorosos y constantes.”
    No debería existir una tensión entre el bien individual y el bien común. Semejante tensión huele a dialéctica hegeliana. Lo mejor es hablar de equilibrio, no de conflicto ni tensión. La naturaleza creada por Dios está toda hecha de equilibrios, como bien observó Heráclito de Éfeso hace casi tres mil años.

    Es verdad que las pasiones humanas individuales pueden provocar desequilibrios en la sociedad, pero también es verdad que la intervención del Estado provoca aún mayores desequilibrios. Coincido con Milei que el mejor mecanismo para fijar precios es el equilibrio entre oferta y demanda. Cuando el Estado fija precios, supuestamente por razones de bien común, desquicia todo.
    Admito que hay empresarios inescrupulosos que les gustaría imponer precios, pero el peligro es bastante menor de lo que dicen los progresistas para fundamentar sus errores. Por supuesto que hay empresarios ladrones, pero habitualmente se apoyan en los Gobiernos. Sin la fuerza estatal las prestaciones tienden al equilibrio.

  • Juvenal contra Fiducia Supplicans

    Decimo Junio Juvenal (60 d.C.) describió la decadencia del Imperio Romano. Redactó sus críticas en forma de versos distribuidos en 16 poemas llamados “Sátiras”, porque son una ironía mordaz y amarga de la vida en Roma en el Siglo Primero.

    En varias de sus sátiras critica la epidemia de homosexualidad en que se hundía Roma.

    En un trecho se dirige a Rómulo, fundador de Roma: “Oh padre de la ciudad ¿cómo es posible que los antiguos pastores del Lacio hayan llegado hasta este sacrilegio? He aquí un hombre ilustre por su nacimiento y fortuna que se entrega a otro hombre sin que tú agites tu casco ni sacudas la tierra con tu lanza. ¡Renuncia a la austera tierra que has negligenciado! Un hombre me dice que mañana a la salida del sol tiene un deber que cumplir en el valle Quirino. Le pregunto cuál y me contesta que toma marido y hace una fiesta con pocos invitados. Que nuestra vida se prolongue y veremos -¡sí, lo veremos!- que semejantes cosas se harán públicamente, y hasta querrán que ellas queden registradas en actas.” (Sátira II, versos 125 y siguientes).

    Fiducia Supplicans otorga a las parejas homosexuales y adúlteras la publicidad temida por Juvenal hace dos mil años. Ya no hace falta hacerlo a la madrugada en un valle apartado sino que se hace en una iglesia, ante un sacerdote. No importa qué tipo de bendición recibe la pareja, lo esencial es la publicidad del acto. Siguiendo la lógica de Juvenal el próximo paso será registrar esa “bendición” en la parroquia, inicialmente como un hecho digno de ser recordado y finalmente en igualdad de condiciones con el matrimonio católico.

    Yendo ahora al texto de Fiducia Supplicans, consta de una presentación y 45 artículos. La autorización para “bendecir” parejas homosexuales y adúlteras está en el artículo 31. Los otros 44 puntos son un fallido intento de fabricar las premisas necesarias para llegar a la conclusión del artículo 31.

    Estrictamente las premisas no son falsas, el problema es que ninguna lleva a la conclusión. El silogismo tiene un hiato insalvable, que lo convierte en sofisma.

    Es verdad que hay todo tipo de bendiciones disponibles para un católico, desde la bendición de la mesa por el padre de familia antes de comer, hasta la bendición de perros y caballos el día de San Huberto. Pero todas ellas dan publicidad a hechos o actos legítimos dentro de la ley natural y divina. Comer en familia es legítimo; salir a cazar ciervos es legítimo. Unirse en pareja homosexual o adúltera no es legítimo.
    Reitero el argumento que he leído en casi todos los blogs: ¿porqué ese trato privilegiado a las violaciones contra el 6° Mandamiento? Un par de delincuentes dedicados a la violación del 7° (“no robar”) también debería tener derecho a su bendición, no individualmente sino juntos.

    Para terminar, veo que Wikipedia habilitó un lugar para consignar todas las reacciones en contra de Fiducia Supplicans. La Corporación de Abogados Católicos tiene el honor de estar mencionada!

  • Dr. John Money y los orígenes siniestros de la ideología de género

    Dr. John Money y los orígenes siniestros de la ideología de género

    Cómo un experimento cruel y amoral ayudó a nacer el movimiento trans de hoy.

    Hoy todos estamos demasiado familiarizados con los conceptos básicos de la ideología trans. Que el sexo biológico no determina la “identidad de género” de uno. Que alguien nacido biológicamente varón puede convertirse en mujer. Y que necesitamos afirmar la “identidad de género” de una persona, incluso si esa persona es un niño pequeño. Lo que quizás pocos se den cuenta es que los orígenes intelectuales de gran parte de la ideología trans se remontan al trabajo de un hombre: el sexólogo y psicólogo Dr. John Money (1921-2006).

    Money, nacido en Nueva Zelanda, fue un pionero en el campo de la sexualidad y el género. En 1955, fue la primera persona en utilizar la palabra “género” en lugar de “sexo” para establecer una distinción entre los atributos biológicos y las características de comportamiento que diferencian a los hombres de las mujeres. Posteriormente, popularizó términos como “identidad de género” e incluso fundó la primera clínica de identidad de género del mundo en la Universidad John Hopkins en Baltimore, EE. UU., en 1966, especializándose en el tratamiento psicológico y médico de pacientes transgénero. Sobre todo, Money impulsó la visión, tan central para el movimiento trans actual, de que, aunque podemos nacer con características sexuales determinadas biológicamente, estas no determinan si somos hombres o mujeres. Sin Money, es poco probable que la ideología trans, especialmente el fenómeno de los ‘niños trans’, existiese hoy en la forma en que lo hace.

    No todo lo que Money creía sobre el género ha sido absorbido por el movimiento trans. Creía, por ejemplo, que cuando los niños tienen alrededor de dos años pasan por una “puerta de identidad de género”, que determina su género por el resto de sus vidas. Pocos activistas trans harían tal afirmación hoy. Pero la idea central que Money desarrolló por primera vez es todavía defendida por los activistas trans hoy en día, a saber, que ser hombre o mujer no está determinado biológicamente. Esta es la idea que impulsa la ideología trans y la noción de “niños trans” hoy en día. Significa que alguien puede nacer con genitales masculinos, pero aún puede “convertirse” en mujer.

    Entonces, ¿por qué los que promueven la ideología trans hoy en día rara vez mencionan a Money? No lo encontrará citado en las guías educativas de Stonewall. No lo verá citado en ningún documento de Mermaids. Y no escucharás a la brigada #BeKind rindiéndole homenaje. La razón de esto es bastante simple: el trabajo de John Money fue espeluznante, cruel y amoral, y dejó un rastro de miseria, dolor y suicidio a su paso.

    La tragedia de David Reimer

    Los puntos de vista de Money sobre el sexo y el género se desarrollaron inicialmente a través de la experimentación con bebés intersexuales: bebés nacidos sin características sexuales definitivamente masculinas ni femeninas. Desde el punto de vista de Money, la mejor manera de tratar a estos bebés era usar hormonas y cirugías para “transmitirlos” a un género desde la edad más temprana posible. Los órganos sexuales con los que nacieron los niños no importaban; lo más importante era que sean criados total y exclusivamente con el género elegido. Las recomendaciones y métodos de Money tuvieron una profunda influencia en el tratamiento de los niños intersexuales y fueron ampliamente aceptados hasta hace relativamente poco tiempo.

    Sin embargo, según un ensayo en Salon, los niños intersexuales no eran la principal preocupación de Money. Estaba más interesado en el desarrollo de la identidad de género de los niños con características sexuales normales. Quería aplicar su teoría sobre la maleabilidad del género a todos los niños. El problema, por supuesto, era probar esta hipótesis.

    Sería imposible para Money probar su teoría en bebés “normales”. ¿Qué madre permitiría que su bebé saludable sea “transmitido” al sexo opuesto, se someta a innumerables cirugías y sesiones de terapia intensiva, todo por algo que tal vez ni siquiera funcione? Pero entonces, como relata un ensayo de Rolling Stone de 1997, David Reimer cayó en sus manos.

    Cuando nació en 1965, David Reimer era un bebé perfectamente sano. Conocido entonces como Bruce, era la uno de dos de gemelos idénticos nacidos de Janet y Ron Reimer, una pareja de clase trabajadora de Winnipeg, Canadá. Sin embargo, ocho meses después de su nacimiento, fue víctima de un trágico accidente que pondría en marcha uno de los experimentos médicos más crueles de la historia reciente.

    Los gemelos Reimer nacieron con genitales masculinos normales. Pero cuando los gemelos tenían siete meses, su madre notó que ambos tenían problemas para orinar. Un médico les diagnosticó a ambos fimosis, una afección relativamente común que puede corregirse fácilmente mediante la circuncisión. Debería haber sido una operación de rutina.

    Una mañana temprano, mientras los gemelos estaban siendo operados, Janet y Ron recibieron una llamada telefónica. Algo había salido mal. Ya sea por negligencia o por error, Reimer había sufrido graves lesiones en el pene.

    Los médicos no pudieron realizar una reconstrucción. Y así, en palabras de un psiquiatra que consultaba con sus padres en ese momento, Reimer sería “incapaz de consumar el matrimonio o tener relaciones heterosexuales normales; tendrá que reconocer que está incompleto, físicamente defectuoso, y que debe vivir apartado”.

    Los padres de Reimer estaban angustiados. Visitaron innumerables especialistas con la esperanza de encontrar alguna alternativa, pero la respuesta siempre fue la misma. No había nada que hacer. Eso fue hasta una tarde de diciembre de 1966, cuando Janet y Ron Reimer estaban viendo la televisión. Captaron un programa en el que un médico carismático detallaba su trabajo pionero en la clínica de identidad de género John Hopkins en Baltimore. El Dr. John Money incluso afirmó que un hombre podría transformarse en mujer.

    Convencidos por la confianza de Money y sin tener a quién acudir, los Reimer se acercaron a él. Rápidamente recibieron una respuesta. Pensaron que por fin habían encontrado a alguien que podría ayudar a su hijo. Y Money había encontrado por fin a sus sujetos de prueba ideales.

    Los niños Reimer eran gemelos idénticos y, a diferencia de los niños intersexuales con los que Money había estado trabajando anteriormente, ambos nacieron con características sexuales definitivamente masculinas. Esto significaba que en Brian, el hermano de David, Money tenía el punto perfecto de comparación o “control”. Esta fue una oportunidad para que Money probara su hipótesis de que todos los bebés nacían sin género y podían ser “transmitidos” al género elegido.

    Cuando los Reimers hicieron su primer viaje para ver a Money en 1967, él se había ganado la reputación de ser el principal experto en trastornos de género de los Estados Unidos. Janet y Ron confiaban en él. No estaba claro cuánto entendían realmente sobre el procedimiento y si sabían cuán experimental era. Simplemente pensaron que Money le estaba ofreciendo a su hijo la oportunidad de tener una vida normal, aunque como una niña.

    Janet y Ron aún dudaban. Pero Money fue persistente. Los instó a permitir que Reimer se sometiera a una operación para extirparle los testículos y construir una vagina lo antes posible, antes de que la “puerta de la identidad de género” se cerrara para siempre. También propuso que, cuando Reimer cumpliera 11 o 12 años, se le podrían administrar hormonas femeninas. Según Rolling Stone, Money persiguió a los padres de Reimer, inculcándoles la necesidad de tomar una decisión sobre la cirugía antes de que fuera demasiado tarde. Y así, en contra del consejo de otros médicos, aceptaron permitir que Reimer, que entonces tenía 22 meses, se sometiera a una castración clínica y a la construcción de genitales femeninos.

    Así comenzó una vida de sufrimiento y trauma.

    Según las instrucciones de Money, los padres de Reimer lo criaron pretendiendo que había nacido como niña. Ahora rebautizada como Brenda, a Reimer le pusieron vestidos y le ofrecieron casas de muñecas y una máquina de coser para jugar. Nadie fuera de la familia inmediata sabía sobre la complicada situación médica de Reimer; incluso a su hermano gemelo se le hizo creer que Reimer había sido una niña todo el tiempo.

    A pesar de los mejores esfuerzos de sus padres, Reimer siempre sintió que algo andaba mal. Hablando en entrevistas años más tarde, explicó cómo tanto él como su hermano sintieron que había algo fuera de lo común en él. Rechazó las ofertas de su madre para maquillarse con ella y rasgó la ropa de encaje con la que ella lo vestía. Alrededor de los 11 años, le describió a un psicólogo que tenía un miedo intenso de que ‘le [habían] hecho algo a [su] órganos genitales’.

    En la escuela, Reimer exhibió un comportamiento marimacho y sus compañeros de clase se burlaban de él. Incluso sus maestros no lo aceptaron completamente.

    Peor aún eran las visitas anuales a ver Money en Baltimore. Según Rolling Stone, tanto él como su hermano, Brian, fueron sometidos a agotadoras sesiones de “asesoramiento”, durante las cuales Money indagaría a los gemelos sobre su desarrollo sexual. Desde alrededor de los seis años, Money les preguntó sobre sus deseos y preferencias sexuales, y les mostraron fotos desnudas de otros niños y de adultos teniendo sexo. Les pidió que se quitaran la ropa y se inspeccionaran los genitales, a veces con la observación de hasta cinco o seis colegas más. A veces, Money tomaba fotografías. Lo más perverso de todo es que Money a menudo les pedía a los jóvenes gemelos que “jugaran a los movimientos de empuje y la cópula”, fingiendo tener relaciones sexuales en varias posiciones mientras él los observaba. Cuando los gemelos se negaban a hacer lo que él decía, según los informes, se enfurecía y les gritaba hasta que cumplían.

    Como Reimer le dijo a un entrevistador, tanto él como su hermano comenzaron a temer estas visitas anuales, más aún cuando Reimer se acercaba a la edad de ocho años. Fue entonces cuando Money comenzó a abordar el tema de una nueva cirugía para terminar la construcción interna de la vagina de Reimer, que en ese momento era puramente cosmética. Para Money, esto era de suma importancia: no creía que un cambio de sexo psicológico pudiera completarse sin cambiar físicamente la apariencia de los genitales. Para Reimer, esto era lo que más había comenzado a temer. Su aversión a la cirugía procedía en parte de un miedo intenso a los hospitales y las agujas, pero también de la sensación de que esto lo “atraparía” en un género en el que se sentía cada vez más extraño.

    En 1972, cuando Reimer tenía siete años, Money publicó sus primeros hallazgos del llamado “caso de los gemelos”. Fue presentado como un éxito rotundo. En Man and Woman, Boy and Girl, Money y su coautora, la Dra. Anke Ehrhardt, describieron lo notablemente femenino que había resultado Reimer, ilustrando su “éxito” con anécdotas cuidadosamente seleccionadas de los exasperados, pero siempre esperanzados, padres de Reimer. Dijeron que a Reimer le gustaba jugar con sus muñecas y su casa de muñecas, especialmente en contraste con el amor de su hermano por los autos y las herramientas.

    Los medios de comunicación no tardaron en defender el trabajo de Money. En 1973, The New York Times Book Review describió a Man and Woman, Boy and Girl como “el volumen más importante de las ciencias sociales aparecido desde los informes de Kinsey” y anunció que finalmente había resuelto la antigua cuestión de la naturaleza frente a la crianza – aterrizando firmemente en el lado de la crianza. Para Money, el caso se convirtió en la base sobre la que se basaron muchos de sus futuros escritos. Ayudó a legitimar la práctica de la cirugía de reasignación de sexo para niños en todo el mundo.

    Los propios gemelos eran considerablemente menos felices. A medida que Reimer envejecía y comenzaba a acercarse a la pubertad, la intensa alienación de su propio cuerpo se volvió más insoportable. Según el propio Money, la mera mención de someterse a tratamientos hormonales o cirugía a David fue suficiente para provocar un “pánico tan intenso que es imposible abordar cualquier conversación sobre estos temas sin que el niño huya de la habitación, gritando”. Pero para Money, no había vuelta atrás. El inicio de la pubertad obligó a administrar hormonas femeninas a Reimer lo antes posible.

    Los médicos, psicólogos y padres de Reimer lograron persuadirlo para que tomara estrógeno cuando tenía 12 años. Pero la operación crucial seguía siendo una fuente de gran conflicto entre Reimer y los adultos en su vida. En un incidente en 1976, Money intentó que un adulto transexual, que se había sometido a procedimientos similares, hablara con Reimer para aliviar sus temores. Esto culminó con Reimer corriendo hacia la parte superior del edificio de la clínica y amenazando con suicidarse si lo obligaban a ver a Money nuevamente. Esa sería la última vez que Reimer fue a Baltimore. Money visitó a los padres de Reimer una vez más en su casa en 1979. Los gemelos intentaron esconderse en el sótano durante la estadía de Money. Después de esto, Reimer nunca volvió a ver a Money.

    Con la influencia de Money eliminada de la vida de Reimer, los adultos que lo rodeaban comenzaron a perder la fe en el proceso de transición. Y Reimer tenía más libertad para vivir como quería. A los 14 años, dejó de vivir como una niña por completo. Uno por uno, el equipo médico que había tratado de implementar el plan de tratamiento de Money abandonó la idea de someter a David a más cirugías. Más tarde, tuvieron dudas sobre si seguir manteniendo el engaño.

    En marzo de 1980, el padre de Reimer lo recogió de su cita semanal con el psiquiatra, lo llevó a comprar un helado y le contó todo. Cuando cumplió 16 años, Reimer había cambiado su nombre de Brenda a David, estaba tomando hormonas masculinas y le habían extirpado quirúrgicamente los senos. También se sometió a una operación para construir genitales masculinos rudimentarios que no funcionan.

    Saber la verdad sobre su sexo no alivió el sufrimiento de Reimer. Intentó suicidarse dos veces antes de los 21 años; en una ocasión, sus padres dudaron si debían tratar de salvarlo. “Ese niño no ha hecho más que sufrir toda su vida”, recordó haber pensado su madre en ese momento.

    Las cosas empezaron a mejorar para Reimer cuando, en 1990, se casó y adoptó a los tres hijos de su esposa. Durante un tiempo, incluso se asentó en una apariencia de vida normal. Fue durante este período que se hizo pública la verdadera naturaleza de la experimentación de Money con él. Milton Diamond, colega sexólogo y rival académico de Money, había creído durante mucho tiempo que el experimento con Reimer era fundamentalmente defectuoso. Se las arregló para localizar a Keith Sigmundson, quien anteriormente había supervisado el tratamiento psiquiátrico de Reimer, y juntos decidieron dejar las cosas claras sobre los hallazgos de Money.

    Compilando entrevistas con Reimer, su esposa y su madre, el artículo de Diamond y Sigmundson se publicó en 1997 y resultó increíblemente controvertido dentro de la comunidad científica. Pero convenció a un gran número de pediatras de que la hipótesis de Money sobre la neutralidad de género de los bebés había fallado y que su recomendación para el tratamiento de niños intersexuales, en muchos casos, había causado más daño que bien.

    El reconocimiento de que la hipótesis de Money era incorrecta llegó demasiado tarde para Reimer: el daño ya estaba hecho. Como cuenta Slate, después de que su hermano sufriera una sobredosis de antidepresivos en 2002 y su mujer le pidiera el divorcio, Reimer acabó con su propia vida en 2004. Tenía 38 años.

    Lecciones no aprendidas

    El experimento de John Money fue mal dirigido y cruel. Al intentar demostrar que el sexo biológico no influye en si uno es hombre o mujer, solo logró demostrar lo contrario. Que el género no es fluido. Que no se puede moldear a voluntad mediante intervenciones médicas y tratamientos hormonales.

    Hoy hay pocas dudas de que el experimento de Money fue un fracaso total. Las vidas de Reimer, su hermano y sus padres fueron sacrificadas en el altar de una forma temprana de ideología de género. Sin embargo, incluso ahora, muchos no han aprendido las lecciones de esta tragedia. Las instituciones, desde las escuelas hasta la atención médica, todavía promueven sin preocupación las ideas de identidad y fluidez de género. Muchos políticos todavía tratan la ideología trans como si fuera una causa “progresista” a la que solo se opondrían los fanáticos indiferentes. Y los niños siguen siendo utilizados por los ideólogos de género como forraje para la experimentación trans.

    Sí, es posible que la clínica de identidad de género de Tavistock en el Reino Unido cierre por sentirse amenazada. Pero la idea de que uno puede “nacer en el cuerpo equivocado”, que la masculinidad o la feminidad de uno no tiene relación con el sexo biológico, todavía se promueve regularmente entre los niños desde una edad preocupantemente joven. Además, los activistas trans quieren que sea aún más fácil para las personas cambiar de género. Y cuanto más jóvenes sean, al parecer, mejor.

    Sin duda, muchos de los que abrazan sin cuestionar los principios de la ideología de género ignoran por completo sus orígenes intelectuales. Probablemente no tengan idea de que fue el Dr. John Money quien ideó la idea del ‘niño trans’. Y claramente tienen poca idea del impacto devastador que las ideas de Money tuvieron en una familia joven hace tantos años.

    Lo que le sucedió a David Reimer fue una tragedia para él y su familia. No aprender de ello sería una tragedia para todos nosotros.

    Por Lauren Smith, asistente editorial en Spiked. Este artículo se puede leer en su inglés origina acá, y fue traducido por La Botella al Mar.

  • La mentira del arte moderno

    La mentira del arte moderno

    Tom Wolfe, autor entre otras cosas del famoso libro “La Hoguera de las Vanidades” escribió una tremenda crítica al arte moderno en su libro “Painted Word”. La tesis del libro es que antiguamente se hablaba sobre la pintura, se comentaba un cuadro, se elogiaba la habilidad del artista, se buscaba detectar la emoción que transmitía el cuadro. En cambio en el arte moderno es al revés. Primero hay una doctrina elaborada por los teóricos del arte, una supuesta “emoción” inducida, y después viene cualquier cosa pintada que pretenda acomodarse a esa doctrina y a esa emoción. 

    Bajo la apariencia de espontaneidad y rupturismo en realidad el arte moderno es un sometimiento humillante a reglas arbitrarias.

    El arte moderno surge de la vanidad diabólica del hombre que se rebela contra lo que viene dado por Dios y prefiere inventar otra cosa, aunque sea fea, pero que sea SU propio invento. Claro que al excluir la realidad creada, los inventos solamente pueden ser pesadillas. Un artista que se rebela contra el caballo de cuatro patas y cuello arqueado (creado por Dios) y decide inventar un caballo alternativo (inventado por él) inevitablemente va a dibujar un monstruo.  

    Tom Wolfe denuncia la existencia de una click de sinverguenzas que se hacen millonarios manipulando el mercado del arte. Ese tipo de clicks existen en otros mercados, por ejemplo los futuros del oro, pero se limitan a manipular, sin elaborar teorías artísticas. Son menos peligrosos que los teóricos del arte, que se retroalimentan con los manipuladores, y muchas veces (según Wolfe) son los mismos, es decir, el mismo gurú que inventa la teoría es el que manipula el mercado.

    Tom Wolfe relata que en un momento dado los gurús lanzaron el delirio de la “flatness” (cuanto más liso, mejor). Aparece un tipo midiendo en micrones cuánto sobresalía la pintura del lienzo. Esto demuestra que lejos de romper límites, el arte moderno los impone. Para ser exactos el arte moderno rompe los límites buenos (“prohibido pintar mamarrachos”) e impone límites malos (“prohibido pintar otra cosa que no sean mamarrachos; y que sean los mamarrachos de moda, no otros”).

    No es exagerado comparar el arte moderno con el Concilio Vaticano II. La religión dejó de ser algo dado por Dios y pasó a ser algo elaborado por el hombre en base a teorías propias. Como consecuencia natural, la liturgia pasó de la belleza al mamarracho. Y para completar la similitud, tampoco falta en la Iglesia la click de sinverguenzas que crean y se aprovechan de la situación. Por eso la misa tradicional es incómoda, como es incómoda la pintura tradicional. DEBE ser evitada. Hay que hacer lo posible para que no cunda.

    Cuando vivía en New York me gustaba ir a los remates de arte de Christie’s. Mantenía mis manos cuidadosamente en la espalda, no fuera a ser que por rascarme la nariz terminara comprando algo carísimo. Observé que la pintura tradicional valía dos o tres ceros menos que la moderna. Un día ví vender un Giotto del siglo XIV a USD20.000 (serían unos USD100.000 de hoy). Y en el mismo remate vendieron un mamarracho moderno a USD2.000.000. Me acerqué a un empleado de Christie´s y le pregunté si eso era normal. Me contestó que nadie especula con Giotto, el que lo compra quiere mirarlo. El otro cuadro es para mandarse la parte, para exhibirlo socialmente y después venderlo más caro.

    ¿Los mamarrachos pueden ser lindos? 

    Si por “mamarracho” entendemos un conjunto de rayas y colores sin un formato determinado entonces mi respuesta es que sí, que muchas veces los mamarrachos son muy lindos. De hecho la fealdad absoluta es imposible de retratar. El planeta Tierra fotografiado desde un satélite es un redondel de rayas curvas y colores; estrictamente un “mamarracho”. Un fotógrafo inglés amigo nuestro, Michael Hutchinson, casado con María Inés Aguirre, saca fotos en primer plano de texturas con formatos insólitos, por ejemplo hierros herrumbrados. La herrumbre tiene colores y figuras sin sentido, pero atractivos.  

    Lo malo del arte moderno no son los mamarrachos, que en algunos casos puede dar gusto mirar. Lo malo es que son mamarrachos que responden a las teorías de unos iluminados que se creen dioses, como le dijo la serpiente a Adán y Eva. 

    Es impresionante el elemento gnóstico del Arte Moderno. Tiene mucho de “conocimiento iniciático” que solo unos pocos pueden entender (o pretenden entender). La arbitariedad de las reglas, como en tantas otras cosas de hoy en día, preservan ese conocimiento en las manos de pocos. Si fueran reglas estables, el mero pasaje del tiempo haría que fueran normas universalmente aceptadas o rechazadas, y que debieran ser capaces de resistir análisis lógico y racional.  

    Es interesante comprobar nuevamente que así como las leyes físicas son muy claramente impuestas “desde afuera”, lo mismo pasa con la belleza, aunque tienen una “zona de equilibrio” mas amplia que, por ejemplo, la gravedad.  Lo mismo con la moral, etc.   La pregunta que se hacen los ateos es quién creó la materia. Y se responden a si mismos con teorías cada vez mas mirabolantes como la del multiverso para tratar de dar una pátina “científica” a la teoríaa, no muy distinta a las supuestas teorías del arte moderno, que no resisten el menor análisis racional.  

    La pregunta más relevante es “¿quien creo un set de reglas tan precisas y que funcionan tan bien en conjunto?”.  Basta ver cualquier cuerpo normativo un poco complejo, para darse cuenta la dificultad de desarrollar sistemas coherentes.  Sin embargo el Universo, que es increíblemente mas complejo que el Codigo de Comercio, tiene un “sistema normativo” totalmente coherente a todos los niveles. Y cuando nos tratamos de desviar, llegamos a resultados mamarrachescos como es el caso de mucho arte moderno, especialmente el que describe el libro de Tom Wolfe.

    Lo que olvida el arte moderno es el fin contemplativo del arte. Hay un crítico literario llamado George Steiner que escribió “Presencias Reales” (1986). En ese libro, entre las muchas cosas interesantes que dice, sostiene que la contemplación estética de una obra de arte es como tocar el más allá, un percibir lo divino por un instante, como una ventana a Dios. Esos momentos en que nuestra alma se conmueve frente a la belleza son los que alimentan nuestra esperanza para vivir en esta vida. De hecho lo compara a vivir en el Sábado Santo, después del dolor del Viernes y a la espera del Domingo de Resurrección.

    Esto dicho por Steiner no tiene lugar entre los “culturatis”, esa elite de gnósticos que lucran con la vanidad de los pseudo educados. Eso que llaman “arte” moderno no es arte, lo que no quiere decir que la única manera de expresarse artísticamente se haya acabado en el S XIX. Muy por el contrario, el arte moderno es un hiato desagradable en la historia del arte. La sociedad humana verá nuevas y magníficas expresiones artísticas en el futuro, siempre y cuando abandone su rebelión contra Dios Creador y Legislador y vuelva a los caminos de la Fe Católica.

    (Este artículo es un resumen de una conversación sobre el tema entre miembros del equipo editorial de La Botella al Mar. La imagen es de la obra She Wolf de Jason Pollock, 1943).

  • Vencer o morir

    Vencer o morir

    Hoy voy a dejar descansar a las neofeministas —bastante tienen con los desastres que ellas mismas generan— y voy a hablar de una película francesa; no tanto del film en sí —que no he visto aún— sino de la polémica que ha suscitado. Un verdadero ataque de urticaria entre la progresía bienpensante.

    ¿Motivo? Vencer o morir, así se llama, comete un sacrilegio: rescata a uno de los personajes que se opusieron a la Revolución Francesa y evoca la sangrienta guerra civil que desencadenó en algunas regiones, en este caso en La Vendée, oeste de Francia.

    Algo que por otra parte ha sucedido en todas las revoluciones. Pero como el bando triunfante escribe la historia —o la borra—, se pierde a veces la memoria de todos aquellos a los que fue aplastando en su etapa de consolidación en el poder. Lo hicieron los bolcheviques con los llamados rusos blancos (y con parte de su propia tropa disidente, como los marineros del Kronstadt); lo hizo Fidel Castro con todos los disidentes a los que se fue sacando de encima, arrojándolos al exilio o a la cárcel (o derribando un avión, en algún caso, según se sospecha). 

    Con la Revolución Francesa pasa algo parecido. No pueden borrar la guillotina, entonces culpan exclusivamente a Robespierre y lo demás está todo santificado. 

    El anuncio del estreno de Vencer o morir, que relata la cruzada en 1793 de un general al frente de una tropa desordenada de campesinos en defensa de la monarquía y contra el ejército revolucionario (o republicano), desató una verdadera competencia en los medios por ver quién despedazaba más y mejor la película.

    Se produjo entonces un fenómeno no del todo infrecuente: con unanimidad de la crítica en contra, Vencer o morir se ha convertido en un éxito de taquilla, a pesar de su distribución limitada (nadie le tenía fe). En París sólo se proyectaba en siete salas, un número muy modesto para un estreno en la capital francesa. 

    Las críticas no eran sólo cinematográficas. Además de defenestrar la película, la prensa se hizo eco de declaraciones de referentes del partido LFI (La Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon) que llamaban a “una amplia movilización contra la ‘falsificación de la historia’ y ‘la cultura de la cancelación’ que promueve Vencer o Morir”. 

    El film sería, según esta corriente, una “ofensiva reaccionaria” y un avance más en “la empresa ideológica de la derecha ultraconservadora (que) quiere imponer a la sociedad su matriz de lectura de los problemas de nuestro tiempo…” ¿Me parece a mí o el muerto se asusta del degollado?

    Le Monde, el Nouvel Observateur, Télérama (revista de espectáculos), France Inter (radio) y sobre todo el diario de izquierda Libération (¡que le dedicó portada y 5 páginas!) lograron con sus críticas lapidarias que la gente se lanzara en masa a los cines para confirmar por sí misma lo que ya intuía: que si Vencer o morir despertaba semejante odio, algo bueno debía tener, por caso, rescatar un episodio de la historia de Francia poco recordado. Claro que la película deja mal parados a los republicanos que cometieron en La Vendée todo tipo de abusos contra la población civil. Es decir, actuaron con la misma ferocidad que atribuían al absolutismo. O sea, Vencer o morir comete el sacrilegio de meterse con la Revolución Francesa que es más sagrada que la Iglesia Católica.

    La crítica desaforada operó como propaganda de una película modesta que de otro modo quizás no habría sido tan vista. Para Le Monde, es “un bodrio histórico”; para Libération, una “ofensiva conservadora”; según Télérama, “hasta los realistas la odiarán”. Solo Le Figaro, diario de derecha tradicional, dijo que tiene “buen ritmo, elenco acertado” y reconstruye fielmente el hecho histórico.

    Como vimos, la prensa no se limitó a cuestionar la calidad de la película, sino que la acusó de difundir una ideología, señalando la paja en el ojo ajeno. Al parecer la izquierda es la única con legitimidad para hacer el panegírico de sus héroes y de sus epopeyas.

    Lo más llamativo es la intolerancia de que hacen gala frente a libros, films o artículos que no vayan en el sentido de sus creencias. Hoy la izquierda cultural, por llamarla de algún modo, es hegemónica en el discurso público y se siente poseedora exclusiva del derecho al relato. Vivimos una época en la que el macartismo —hoy llamado cancelación— lo ejercen los progresistas. Con toda naturalidad, anatemizan, censuran, reprimen, adoctrinan, apelando a los mismos métodos que otrora denunciaban.

    Por ejemplo, uno de los críticos de la película denunció el uso de la historia “como campo de batalla cultural para los réacs” (apócope de reaccionarios). Otro tituló: “Grossière Terreur” (Terror grosero) y habló de “epopeya imaginaria (sic) de un general realista frente a los ejércitos republicanos”. “Un objeto extraño lleno de lugares comunes” para “la defensa del ‘antes estábamos mejor’ (cuando Francia era una monarquía católica)”, agregaron.

    En este momento, la producción cinematográfica francesa está casi toda centrada en la temática de la corrección política. Pero el público no se siente convocado por el cine edificante.

    Los críticos se burlaban de la aspiración de los realizadores de Vencer o morir de llegar a los 100 mil espectadores; pero la denostada película alcanzó esa cifra en una sola semana. Y lo más aleccionador es que otras películas ensalzadas por los periodistas especializados apenas lograban entre 30 y 70 mil con más de tres semanas en cartel. 

    Te resumo los argumentos de las películas con las que la crítica fue generosa: Les Rascals, desventuras de jóvenes en suburbios donde la extrema derecha gana terreno (31.000 espectadores en dos semanas); Les engagés (Los comprometidos), sobre la ayuda a un joven exiliado para ingresar ilegalmente a Francia (33.500 en seis semanas); Les survivants, argumento similar, en los Alpes el protagonista salva a una joven afgana perseguida por fascistas (66.000 en 3 semanas). Finalmente, Le monde d’hier, una mujer es presidente y enfrenta con coraje a la extrema derecha que Moscú alienta en las sombras: 78 000 espectadores en total, para un film que de tan evidente en su mensaje resulta caricaturesco.

    En comparación, Vencer o Morir, filmada en apenas 18 días con un presupuesto modesto (tres millones de euros) y una difusión moderada, no sólo convocó a 100 mil espectadores en la primera semana, sino que ya se acerca a los 300 mil.

    Esta actitud de la prensa demuestra hasta qué punto se ha instalado como normal que todo el mundo deba plegarse a la doctrina de la corrección política. Y que lo artístico debe subordinársele. Que hasta se pueden —deben— corregir (censurar en realidad) las obras de arte, como vemos que está sucediendo con la reescritura de libros para que encajen en los moldes de lo que es o no aceptable, según los inquisidores laicos del wokismo imperante.

    El sitio Allociné, que recoge opiniones del público, decía: “No es raro que la opinión de la crítica no coincida con la del público, pero en el caso de Vencer o morir, la brecha es enorme”. Los periodistas le dieron 1,4 de puntaje, en una escala del 1 al 5, pero para el público mereció 3,9. 

    Entre los comentarios, la gente destacaba que el film logra emocionar, rescata “una página de nuestra historia”, toca un “tema que merece ser tratado”, es un verdadero “acto de memoria” y “tiene rigor en los hechos narrados”, porque “las guerras de la Vendée fueron verdaderos baños de sangre”. “Se diría un documental con bellas reconstrucciones”, que “permite comprender muy claramente todos los encadenamientos de un período histórico mal conocido”, fue uno de los comentarios.

    La película tiene la particularidad de haber sido filmada y producida por una fundación que desde finales de los 70 administra un sitio llamado Le Puy du Fou, una suerte de parque temático, un Disney francés, tanto o más denostado por la izquierda que la película, porque el lugar rescata mediante juegos y reconstrucciones la historia francesa tradicional, con un tono patriótico que hoy resulta demodé.

    Por ejemplo, Libération denunciaba una operación de soft power, por parte de la familia de derecha que creó el parque. Con el título “Difundir para reinar”, el diario fundado por Jean-Paul Sartre, describía: “Film, viaje organizado, incursiones en escuelas… Convertido en 40 años en el segundo parque de atracciones francés, el Puy du Fou se ha diversificado en todas las direcciones bajo el impulso de Nicolas de Villiers, hijo del muy derechista fundador (Philippe de Villiers). Una empresa de difusión a gran escala al servicio de una ideología reaccionaria”.

    Como en el caso de la película, los franceses tampoco prestaron atención a las críticas: el Puy du Fou recibe dos millones de visitantes por año. 

    Es decir que, a más de dos siglos de distancia de la Revolución Francesa, cientos de miles visitan un sitio donde pueden revivir otros episodios de la historia, mal que les pese a los que no quieren que se recuerde, por ejemplo, que muchos campesinos franceses se alzaron en defensa de la monarquía —algo que contradice el relato revolucionario— y que fueron aplastados sin piedad por los ejércitos republicanos. 

    Al historiador Guillaume Lancereau, coautor del libro crítico Le Puy du Faux (juego de palabras que sustituye fou —loco— por faux —falso—) no le quedó más remedio que admitir, aunque con una frase retorcida, que Vencer o morir es veraz: “No es un discurso que falsifique la historia, es un discurso que cuenta a partir de elementos relativamente ciertos la historia que quiere contar, la historia del pueblo eterno de la Vendée que se habría alzado en defensa de sus valores eternos, la realeza por un lado, la religión católica por el otro”. 

    Una visión más objetiva es la de André Larané, director de la revista Hérodote: “Es un parque de atracciones que compite con éxito contra los parques venidos de ultramar. Creado en 1979 por un joven enarca [N. de la R: egresado de la Escuela Nacional de Administración, donde se forma la élite de Francia], Philippe de Villiers, apasionado por la historia, enamorado de su región y de inclinación monárquica, le Puy du Fou empezó por recordar los sufrimientos de los vendeanos durante las guerras de La Vendée, para luego abordar el largo plazo, desde los galos hasta nuestros días. (…) El enfoque es ante todo lúdico y familiar: les recuerda a los niños y a sus padres que tienen un pasado y antepasados que, mucho antes que ellos, vivieron, amaron y sufrieron. Esta toma de conciencia es un primer paso indispensable, antes de abordar de modo mucho más serio el estudio de la historia”.

    Otro blanco de las críticas periodísticas fue la distribuidora de Vencer o morir, Saje Distribution, cuyo objetivo es promover películas “basadas en la fe” (¡qué descaro!) y apunta a un nicho de público: los cristianos. Saje difundió recientemente en Francia Unplanned, un film estadounidense contra el aborto y también lanzó la película de Gad Elmaleh, Reste un peu, en la cual el exyerno de Carolina de Mónaco cuenta su conversión al catolicismo. Si les interesa, escribí en Infobae sobre esta película, también muy taquillera.

    Los espectadores de Vencer o morir dijeron estar sorprendidos por la virulencia de la crítica mediática y uno de ellos aventuró: “Tal vez a los periodistas no les gusta que se recuerden los acontecimientos poco gloriosos de la República”. Tal vez.

    Aviso: Si estás cansado de leer, podés detenerse aquí. Lo que sigue es un breve comentario sobre el personaje evocado en Vencer o Morir, el general Charette.

    En 1793, el rey Luis XVI fue guillotinado. La Vendée, región campesina y católica, se sublevó contra los republicanos que ordenaron la represión y se desató una guerra civil.

    François-Athanase Charette de la Contrie, nacido en 1763, era un oficial de la Marina, que como otros franceses había combatido junto a los norteamericanos en su guerra de independencia de los ingleses. Retirado en sus dominios, fue buscado por los campesinos para ponerse al frente de la lucha.

    Los detractores del film relativizan el coraje de Charette, “presentado como un valiente noble militar lleno de honor, cercano al pueblo y resistente al Terror”. Efectivamente era todo eso, más allá de algunos defectos señalados por sus propios camaradas de armas. El mismísimo Napoleón Bonaparte, el hombre que salvó a la Revolución Francesa, y que no dudó en aplastar otras disidencias, no tenía de Charette la visión negativa que vomitan los críticos de Vencer o Morir.

    En el Memorial de Santa Helena, el historiador Emmanuel de Las Cases reprodujo la opinión de Napoleón sobre este general defensor de la monarquía: “…Charette fue la única gran personalidad de este episodio notable de nuestra revolución que, aunque presenta grandes desgracias, no inmola nuestra gloria. Allí se degollaron, pero no se degradaron, recibieron auxilios del extranjero, pero no la vergüenza de estar bajo su bandera y recibir una paga por no ser más que ejecutor de su voluntad. Sí, Charette me deja la impresión de un gran personaje, lo veo haciendo cosas de una energía y una audacia poco comunes, que dejan aparecer al genio”.

    Otros tuvieron opiniones más matizadas e incluso condenatorias. Impulsivo, autoritario, feroz, desafiante, ambicioso, bandolero antes que general, con gran ascendiente sobre las masas campesinas, a las que llevaba al combate con entusiasmo. 

    Charles-Joseph Auvynet, uno de sus colaboradores, lo calificó como “presuntuoso” y “desafiante” pero “desplegando en los últimos instantes de su vida, y ante los reveses, una constancia, una firmeza y una paciencia a toda prueba”, aunque también “una arrogante fatuidad en la prosperidad, una ligereza y una despreocupación (que) le hicieron perder bellas oportunidades, y sobre todo una tendencia a la venganza y a la crueldad” que opacaron sus cualidades.

    Pierre-Suzanne Lucas de La Championnière, compañero de armas, lo describió como un jefe cercano, calmo, sereno, que logró imponer su autoridad de modo completo. Relativiza las acusaciones de exacciones y destaca el buen trato a los prisioneros en los primeros tiempos, a la vez que justifica las represalias posteriores por las masacres que cometieron los republicanos.

    Charette despierta a la vez la condena y la admiración, la execración y la hagiografía. Héroe o bandido o una mezcla de ambas cosas. Casi todos lo destacan por su dignidad en el final, y por su coraje en la adversidad.

    El levantamiento de la Vendée se produjo en marzo de 1793, como reacción ante la persecución religiosa y la conscripción. La insurrección fue popular: los campesinos fueron a buscar a los nobles para que los guiaran al combate. Entre ellos, Charette.

    La orden del Comité de Salvación Pública fue de darles una guerra sin cuartel. Hacia fines de 1793, el ejército católico y realista terminó aniquilado. El general Westermann, que encabezó la represión, se enorgulleció: “Ya no existe La Vendée, murió bajo nuestro sable libre”.

    Ahí no paró la cosa: desde ese momento, hasta junio de 1794, los ejércitos republicanos siguieron castigando a la población, masacrando civiles y destruyendo casas y campos.
     Se calcula que la guerra de La Vendée causó entre 140 mil y 190 mil muertos, el 80 por ciento realistas. 

    A finales de 1793, cuando el grueso del ejército vendeano ya había sido aplastado, Charette, bautizado “Rey de la Vendée”, siguió solo el combate, desarrollando una guerra de guerrillas.

    En febrero de 1795, los termidorianos buscaron poner fin al conflicto. Charette y otros jefes firmaron la paz de La Jaunaye. Pero la tregua durará sólo cinco meses. El 23 de marzo de 1796, Charette fue capturado, condenado a muerte y fusilado. Él mismo dio la orden de disparo. Tenía 32 años. Su cuerpo fue arrojado a una fosa común y no pudo ser recuperado. 

    “¡Cuánto heroísmo perdido!”, le dijo el general Travot al capturarlo. Y la respuesta de Charette fue: “Señor, nada se pierde. Nunca”.

    por Claudia Peiró (cpeiro@infobae.com). Publicado el 27 de febrero en su newsletter “Contracorriente”.

  • El activismo climático tiene un problema sectario

    El activismo climático tiene un problema sectario

    Como miembro de Extinction Rebellion, escribe Zion Lights, observé a personas a las que les lavaron el cerebro para que hicieran malabarismos escandalosos en nombre de ‘salvar el planeta’.

    Tal vez viste los “Girasoles” de Van Gogh manchados con dos latas de sopa de tomate. O el hombre de 20 años que se prendió fuego en el brazo en un torneo de tenis, vistiendo una camiseta estampada con las palabras “Acaben con los aviones privados del Reino Unido”. O el tráfico en la autopista M25 de Londres bloqueado por los manifestantes durante días. Una niña de 24 años, Louise, se subió a una grúa en la carretera. “Estoy aquí porque no tengo futuro”, exclamó entre sollozos.

    Todas estas historias presentan a jóvenes miembros de un movimiento que afirma luchar contra el cambio climático exigiendo a sus gobiernos que dejen de usar y producir combustibles fósiles de inmediato.

    Sus métodos parecen poco ortodoxos, y probablemente te estés preguntando cómo desfigurar obras de arte o pegar tu mano al piso de una sala de exhibición de Volkswagen reduce las emisiones de carbono. No te culpo.

    La diferencia entre tú y yo es que yo solía ser uno de ellos.

    Durante los últimos 16 años, formé parte de una u otra organización ambientalista como activista o empleada asalariada. Primero fue Camp for Climate Action, donde protestamos contra una corporación diferente cada año. Una vez, en una manifestación frente a un banco en Edimburgo, usamos bolsas de basura y nos pintamos con melaza, en alusión a las arenas bituminosas en las que el banco estaba invirtiendo, y asaltamos la sede del Royal Bank of Scotland, donde me arrestaron.

    Me convertí en madre en 2011 y juré no ponerme en peligro, pero redoblé mi compromiso con el movimiento. Escribí un libro sobre la crianza ecológica. Fui coeditor de una revista, Juno, sobre el mismo tema. Di charlas, aparecí en televisión y escribí artículos sobre la amenaza que representan las temperaturas insoportables que provienen de nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

    Luego, en 2018, me uní a Extinction Rebellion UK, el precursor de Just Stop Oil, el grupo detrás de esta reciente ola de acciones directas destructivas.

    Empecé a nivel local. Nuestro grupo formó parte del grupo que tomó Waterloo Bridge en Londres durante dos semanas. Llenamos el puente con manifestantes y nos negamos a irnos. Extinction Rebellion, también conocido como XR, se hizo cargo de cuatro sitios clave en Londres durante ese tiempo, la demostración de obediencia civil más grande en décadas. Dimos de que hablar a todos. 

    Uno de los fundadores de XR había visto algunas de mis apariciones en los medios en las que hablé sobre el cambio climático y mirar las estrellas. Le gustó que me basara en datos en mis charlas y me pidió que me uniera al Equipo de Prensa de XR. Fui catapultada de ser una participante local a vocero de toda la organización.

    Pasé mis días escribiendo para la prensa nacional, alimentando a los periodistas con citas e información, y editando nuestro periódico, The Hourglass. Las personas con las que trabajé tenían un gran corazón y buenas intenciones. Algunos siguen siendo mis amigos.

    Pero había indicios alarmantes. 

    En mi primer sesión de entrenamiento, me dijeron en XR que llorara en la televisión. “La gente necesita ver madres llorando”, me dijo Jamie Kelsey-Fry, entrenadora y activista de XR desde hace mucho tiempo. “Necesitan ser despertados a lo que realmente les debería importar”. Me preguntaron si llevaría a mis hijos a las marchas climáticas por la misma razón. Todo fue una clase magistral sobre cómo manipular las emociones. Nos dieron instrucciones de redireccionar todos los temas a la emergencia climática y cómo los políticos nos estaban fallando. Nada sobre soluciones o ciencia.

    En la oficina de XR en Londres, había un letrero que le decía que no se quitaran los zapatos. Inicialmente, pensé que esto era divertido, un guiño a nuestra reputación como hippies descalzos, hasta que tuve que sentarme junto a personas que de hecho iban descalzas. Tuvimos problemas constantes con personas que no se limpiaban y caminaban sin zapatos. Recuerdo recoger todas las tazas y otros platos en la oficina y lavarlos yo misma para que pudiéramos tener un ambiente limpio para trabajar. La administración del edificio siempre amenazaba con echarnos. Eventualmente, lo hicieron.

    Otro ejemplo: había una sala de curación en la oficina, donde las personas podían dormir la siesta, meditar o recibir masajes de los voluntarios. Una vez, un amigo me llamó a la sala de curación para hablar sobre problemas en el movimiento. Pensé que esta podría ser una reunión productiva para hablar sobre las cosas que debían cambiar, por ejemplo, nuestro enfoque en el fin del mundo. Pero me decepcionó cuando nos dijeron que formáramos parejas y compartiéramos afirmaciones entre nosotros. Se nos indicó que meditáramos y luego nos conectáramos a un poder superior antes de compartir nuestros sentimientos. Se habló mucho de la “unidad”. Después de unos diez minutos de extrañas prácticas pseudocientíficas, me fui con otro asistente. Yo quería arreglar problemas, no rezar.

    Me dije a mí misma que los activistas pueden ser gente rara y traté de no pensar más en ello. La mayoría de las veces salía con gente más informal, como yo. Pero con el tiempo, me di cuenta de que algo andaba mal y que el tipo a cargo de XR, Roger Hallam, era la raíz del problema.

    Roger, de 56 años, un agricultor orgánico convertido en radical, es el líder más dominante de XR. Recurrió al activismo después de que colapsara su negocio agrícola en Gales, un fracaso que atribuyó a extremos climáticos. En 2018, Roger fundó XR con varias personas, pero su ego lo impulsó a la cima.

    Cuando vi a Roger por primera vez en la oficina de XR en Londres, no vi su atractivo. Su cabello canoso y áspero estaba despeinado, y se sentaba detrás de su escritorio todos los días comiendo hummus casero picante. Me di cuenta de que no prestaba atención a las personas cuando hablaban. El hecho que nos enfrentábamos a una muerte segura era su justificación (o racionalización) para ser grosero con todos.

    Los miembros lo llamaron héroe y cayeron en sus constantes autocomparaciones con Martin Luther King y Gandhi. Se refirió a sí mismo como un profeta y “probó” que era un mártir a través de arrestos regulares y períodos en la cárcel.

    “Es un genio”, me dijo Joel Scott-Halkes, otro vocero. Otro estribillo comunmente oído: “Él es la única oportunidad que tenemos”.

    A Roger le gustaba afirmar que la guerra, el asesinato y “la violación de mujeres jóvenes a escala mundial” están a la vuelta de la esquina.

    En 2019, calificó el Holocausto como “sólo otra mierda más en la historia de la humanidad”.

    Si bien Roger insiste en que está salvando a la especie humana del Armagedón, no hace las cosas que debe hacer para evitarlo, como hacer campaña a favor de legislación pertinente, elegir políticos centrados en la sostenibilidad o luchar por soluciones reales. (The Free Press no obtuvo respuesta de Roger Hallam después de enviar solicitudes de comentarios por correo electrónico y su sitio web).

    No obstante, la gente, especialmente las mujeres, clamaba por él.

    Eso es porque Roger sabe que sus seguidores, en su mayoría hombres y mujeres jóvenes, sienten una inmensa culpa por sus estilos de vida con alto consumo de carbono. Se aprovecha de su culpa y de su ansiedad por el futuro. Casi se podría describir a Roger como el líder de una secta.

    Para que cualquier culto funcione necesita ofrecer salvación. Roger ofrece eso, además de un objetivo y sentido de pertenencia a los jóvenes que acuden a él.

    “No viviré hasta los treinta”, me decían los jóvenes. Traté de convencerlos de que vivirían, pero ya estaban bajo el hechizo de Roger.

    En un TedTalk, la socióloga Janja Lalich identifica los elementos clave de una secta: “Una secta es un grupo o movimiento con un compromiso compartido con una ideología generalmente extrema que típicamente se encarna en un líder carismático”. Roger predicó el martirio—empujó a todos a sacrificar más para “llenar las cárceles”—y usó el miedo y el control como herramientas para ejercer el poder. A menudo, los periodistas me preguntaban si XR era una secta, y yo decía que no. Pero fue.

    No es solo Roger Hallam quien inspira terror y devoción entre su rebaño del cambio climático. Esas cualidades tipifican todo el movimiento.

    Recuerden a Greta Thunberg, a la vez un arcángel y un Jeremías, diciendo en un foro de Davos en 2019: “Quiero que entren en pánico”. Ella también está fuertemente influenciada por XR. En 2018, a los 15 años, fue invitada a asistir a su primera asamblea, que atrajo a más de 1000 personas a la Plaza del Parlamento de Londres para una “Declaración de Rebelión”. Desde entonces, ha amplificado el mensaje del apocalipsis inminente a sus 5,8 millones de seguidores en Twitter y más allá, construyendo su propio culto a la personalidad en el proceso.

    Cuando un movimiento que se anuncia a sí mismo como compasivo y democrático parece depender tanto de figuras mesiánicas que comercian con el pesimismo, debes preguntarte: ¿Es esta realmente la forma más ética de cambiar el mundo?

    Octubre de 2019 fue, para muchos de nosotros en XR, un punto de inflexión.

    Fue entonces cuando XR cerró el metro de Londres. Yo estaba en contra de esa acción, pero otros apuntaron a la estación de Canning Town porque no tenía seguridad adecuada. No les importó que la razón por la que no tenía la seguridad adecuada era que no tenía fondos suficientes porque estaba ubicada en un vecindario menos afluente. Las personas que usan la estación de Canning Town todos los días son los trabajadores pobres, las personas que realmente necesitan ir a trabajar, las personas que no pueden darse el lujo de trabajar desde casa. Observé con horror cuando llegó la noticia, que mostraba videos de una turba sacando a un activista desde un tren de metro, arrastrándolo por el pie y pateándolo.

    En respuesta a las preocupaciones sobre la violencia, Gail Bradbrook, otra cofundadora de XR, me dijo: “El lío es lo que hacemos. Esto es a lo que conducirá el cambio climático de todas maneras, y la gente necesita verlo”.

    Algunos de los otros portavoces (éramos seis) se negaron a defender el evento del metro de Londres en la televisión, aunque algunos de los aliados más cercanos de Roger sí lo hicieron. Ya no vieron la necesidad de ningún tipo de persuasión: “No necesitamos llevar a la gente con nosotros, Zion”, me dijo Caspar Hughes, un hombre mayor que también estaba obsesionado con Roger. “No tenemos tiempo para eso”. (Hughes fue arrestado el verano pasado después de pegarse a una copia de “La última cena” de Da Vinci).

    La interrupción del metro hizo que el grupo perdiera el apoyo público que tanto necesitaba y una gran cantidad de dinero. También fraccionó el movimiento.

    Unas semanas más tarde, aparecí en The Andrew Neil Show. Desde XR me presionaron para que defendiera la afirmación de que “seis mil millones de personas morirán a finales de siglo a causa del cambio climático”, una cifra inventada por Roger.

    Sabía que no podía condenar a Roger en la televisión nacional, pero tampoco podía mentir. El anfitrión continuó: ¿Exactamente con qué pensó XR que deberíamos reemplazar el gas?

    Quería decir energía nuclear, pero no pude. Finalmente, le dije a Andrew Neil la verdad: “No estoy aquí para hablar de soluciones”.

    No renuncié a XR la noche de la entrevista con Andrew Neil. Para eso yo requeriría algunas sorpresas más: el gran plan de Roger (incumplido) de cerrar el aeropuerto de Heathrow volando drones sobre él; su propia hija, Savannah Lovelock, rompiendo lazos con XR por ese truco; la propuesta de Roger (rechazada) de gastar una pequeña fortuna de las donaciones de XR para financiar un viaje a los Estados Unidos, en un jet privado, nada menos, para lanzar la organización allí.

    Aunque XR oficialmente comenzó a cortar lazos con Roger en noviembre de 2019, él siguió yendo a la oficina y hablando con la prensa. Me di cuenta de que XR era realmente su movimiento y que realmente nunca se iría.

    En junio de 2020, finalmente dejé XR. Poco después, XR emitió un comunicado diciendo que yo era una negadora del cambio climático y que los medios no deberían hablar conmigo.

    Después de que comencé a hablar sobre la energía nuclear, como parte de mi decisión de centrarme en soluciones para abordar el cambio climático y la contaminación del aire en lugar del apocalipsis, dos de los principales portavoces de XR, Rupert Read y Donnachadh McCarthy, se indignaron. Me enviaron mensajes enojados, llamándome “cómplice”, “vendida”, “traidora” y “negadora del cambio climático”. Me dijeron que se avergonzaban de mí, que había traicionado al grupo. Los bloqueé desde mi teléfono y luego también en las redes sociales cuando llevaron la pelea allí.

    Si abogar por un futuro lleno de energía donde la humanidad prospere constituye una traición, entonces tal vez los traicioné. Mis viejos colegas quieren el achique, que la gente tenga que vivir con menos. Prefieren la vieja retórica ambientalista de la culpa y la autoflagelación. Yo prefiero soluciones.

    Eventualmente, fundé mi propio grupo, Emergency Reactor, donde reúno voluntarios para luchar por un cambio real. Había decidido guardar silencio sobre lo que vi en XR. Pero últimamente, me preocupo por los jóvenes llorando, pegados a las carreteras y subiendo a las grúas.

    En julio de 2020, XR anunció que Roger ya no tiene ningún cargo formal en la organización del Reino Unido. Pero ha seguido adelante. Su último proyecto es un “rebranding” de la facción más extrema de XR, Just Stop Oil, que cuenta con el apoyo del Fondo de Emergencia Climática, financiado por el director Adam McKay (ganador de un Oscar) y Rory Kennedy, la hija de Robert F. Kennedy, entre otros.

    La retórica apocalíptica de Roger se ha vuelto, en todo caso, más espeluznante: aquí hay una cita de su folleto de 2019 dirigido a los jóvenes: “[Las pandillas] verán a tu madre, tu hermana, tu novia, y la violarán en grupo en la mesa de la cocina. . . . tomarán un encendedor y te quemarán los ojos con él”.

    Tengo dos niños. Y creo profundamente en corregir el cambio climático y salvar nuestro planeta; he dedicado mi vida a esa causa. Pero en ningún universo creo que aterrorizar a las personas con imágenes de violaciones y quemaduras de cigarrillos haga otra cosa que paralizar exactamente a las personas que queremos activar.

    Aquí está la verdad: si dejáramos de usar petróleo hoy, miles de personas se verían envueltas en una crisis energética aún peor, y las ruedas de la sociedad dejarían de girar. Necesitamos reemplazar los combustibles fósiles, pero con alternativas reales, no el borrado radical que quiere Roger.

    Aquí hay otra verdad: Just Stop Oil no tiene nada que ver con salvar el medio ambiente o despertar a las personas sobre la emergencia climática. Se trata de un hombre, sus ambiciones de revolución y poder, y los niños inocentes a los que les ha lavado el cerebro para cumplir sus órdenes. Un día, espero que el hechizo se pueda romper.

    Por Zion Lights, publicado el 23 de enero 2023 en The Free Press. Traducción de La Botella al Mar.

  • Yellowstone

    Yellowstone

    Estuve mirando la serie televisiva Yellowstone, que sigue la historia de la familia de un tal John Dutton (Kevin Costner), dueños de una gran estancia dedicada a la explotación ganadera en el estado de Montana. Siguiendo el estilo de otras series parecidas como “Succession”, es triste constatar que todos los personajes de la serie son moral o temperamentalmente lamentables. Inclusive el personaje central, John Dutton, supuestamente un hombre con valores “tradicionales” y enfrentado a la “modernidad” o el “progreso”, es una catástrofe como padre de familia, tolerando o incentivando comportamientos de sus hijos y empleados que redundan en la muerte o la quiebra económica de los que él considera sus enemigos o aquellos que le hacen daño. En otras palabras, es un criminal.

    Pero no es mi intención enfocarme en este estilo de narrativa televisiva, la del “anti-héroe”, en la que una persona que busca alguien a quien seguir de modelo mientras se entretiene mirando una película, saldrá defraudado ya que lo único que encotrará, en el mejor de los casos, son personajes “menos malos”. Lo que despertó mi indignación, es otra constante de las producciones televisivas o cinematográficas, que tal vez nuestros lectores ya hayan notado.

    Específicamente, me refiero al doble estandard cuando se trata de presentar a la religión, o las creencias religiosas de los personajes en la pantalla, ya que Yellowstone, como a mi ver la gran mayoría de lo que se produce para consumo masivo, evita sistemáticamente mostar las creencias religiosas cristianas en una buena luz, mientras se desdobla de respeto y minutos de espacio televisivo cuando se trata de otras creencias, en este caso, los rituales y visión indígena del mundo y sus virtudes humanas.

    Así, mientras que el único pastor que aparece en la serie es un hombre que ejerce su influencia desde el púlpito para disuadir a un feligrés de hacer una denuncia contra John Dutton por un crimen cometido por su familia, la serie está plagada de personajes representando indígenas americanos y sus costumbres y puntos de vista, todos presentados de la forma más favorable posible.

    Naturalmente, la visón “indígena” del mundo está plagada de propaganda “progresista”. Colón y el descubrimiento son denostados, la propiedad privada atacada, las causas ambientalistas favorecidas, y un largo “etc.” como es de imaginar. Y mientas que el “hombre blanco” es presentado como avaro, asesino y destructor del medio ambiente, el “indígena” es un santo, paciente y sabio, que sufre en silencio a la espera de una oportunidad de hacer el bien.

    Sin haber hecho un estudio científico, puedo afirmar que en líneas generales, esta en una constante, que conforma un verdadero esfuerzo de adoctrinamiento dirigido principalmente a las generaciones más jóvenes que generalmente absorben estos mensajes sin mucho pensamiento crítico, ya que les faltan las lecturas y formación para descubrir otros puntos de vista o realizar una refutación de lo presentado en la pantalla, dejándose llevar por lo emocional y lo gráfico.

    Para cerrar, es interesante notar que ha habido grades éxitos cinematográficos y televisivos que se han centrado en el mensaje cristiano. Me viene a la memora La Pasión, de Mel Gibson, una más reciente sobre Fr. Stu, de Mark Wahlberg, y en la pantalla chica una serie sobre los Evangelios llamada The Chosen. En otras palabras, Hollywood y los principales difusores de películas no evitan presentar al cristianismo en una buena luz por falta de mercado. Tampoco lo hacen porque eligen excluir temas religiosos de sus producciones. Lo hacen porque, específicamente, odian o desprecian al cristianismo y prefieren poner cualquier otra religión en su lugar.

    Es bueno recordarlo cada tanto.

  • Sorpresas de la vida (porteña)

    Sorpresas de la vida (porteña)

    Que en medio de la oleada cultural anticristiana que experimentamos en nuestro querido país un productor teatral de la Ciudad de Buenos Aires apueste por una obra que presenta una discusión sobre la Fe entre un ya anciano y enfermo Sigmund Freud y el fabuloso escritor inglés C. S. Lewis, y que además las localidades estén agotadas, es para mí una prueba de que por debajo de la fachada de la  posmodernidad corren aún ríos subterráneos de anhelo de Verdad y profundidad.

    La última sesión de Freud, de Mark St. Germain, se propone mostrarnos el posible diálogo que tuviera lugar en la residencia londinense del fundador del psicoanálisis en los albores de la Segunda Guerra Mundial, cuando éste recibe la visita del ya por entonces encumbrado autor de las Crónicas de Narnia.

    Freud, un ateo empedernido, no concibe que una persona en apariencia inteligente y bien formada como Lewis haya sucumbido a la superchería de la fe religiosa, tal como él la interpreta. Lewis, que habiendo sido ateo atravesó un proceso de conversión,  argumenta una y otra vez sobre la plausibilidad de la existencia de Dios y sobre su acción en nuestras vidas. Asoma una y otra vez el tema del misterio del mal,  así como los clásicos tópicos freudianos de la culpa, la vergüenza y la pulsion sexual.

    Estamos frente a líneas de razonamiento que corren en paralelo y ninguno de los dos está dispuesto a conceder algo al otro.

    Sin embargo, la escena final de la obra nos muestra a Freud solo y “entregado”, a instancias de Lewis, a la experiencia casi mística de la música,  que él siempre había desdeñado por considerarla irracional e incómoda, tal como a la Fe. Esa escena es un guiño a la apertura a lo Sagrado, que quiera Dios Freud se haya permitido al menos en esa fase final de su vida, atravesada por el dolor físico de su enfermedad terminal y también moral, por el avance del Nazismo en Europa y el retorno de la guerra.

  • Las palabras ambiguas invitan las malas acciones

    Las palabras ambiguas invitan las malas acciones

    Uno de los consuelos de estudiar filosofía es darse cuenta de que el aforismo francés plus ça change, plus c’est la même chose —cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual— describe con precisión gran parte de la historia de las ideas, especialmente en el campo de la moral y la política. Es tentador sentir que vivimos en una era de locura sin precedentes, tan desconectada de la realidad que solo puede significar que el fin del mundo está cerca. Pero la locura y la negación de la realidad tienen un legado largo, aunque menos augusto, que vale la pena recordar. De hecho, podemos remontarnos al nacimiento de la filosofía misma.

    Sócrates (470-399 a. C.) pasó gran parte de su tiempo debatiendo con sus interlocutores sobre el significado de las palabras. Siempre buscó claridad en las definiciones. Sus interlocutores, a menudo con prisa por terminar la conversación, casi invariablemente querían dejar los términos lo más ambiguos posible. En un diálogo, por ejemplo, Sócrates se encuentra con un tipo llamado Eutifrón que tiene prisa por procesar a su propio padre en los tribunales atenienses por un crimen contra la “piedad”. Sorprendido por el celo de Eutifrón, Sócrates responde que él seguramente debe estar bien versado en el significado de “piedad” y haber pensado muy cuidadosamente en su aplicación para justificar esta escandalosa falta de respeto filial. Eutifrón le asegura a Sócrates que él es, de hecho, un experto, lo que lleva a Sócrates a realizar un examen dialéctico del significado y la justificación del término, que pronto revela que Eutifrón no tiene la menor idea de lo que está hablando.

    Este tema, la necesidad de establecer significados objetivos y precisos para palabras que no pueden reducirse a los caprichos de los poderosos, es un hilo conductor en los diálogos socráticos. Sin embargo, tiene mucho más que una importancia histórica. El sentido de las palabras —o, mejor dicho, su falta de sentido— sigue causando grandes estragos en la vida individual y social. Tomemos, por ejemplo, estos tres bon mots que han llegado a dominar nuestra propia cultura moral y política:

    1. Mi cuerpo, mi elección.

    2. El amor es amor.

    3. Un hombre puede ser una mujer.

    Con un efecto talismán, estas afirmaciones encantadas han alcanzado el codiciado estatus de “sentido común” en nuestra época, tanto que cuestionarlas inmediatamente invita a rabiosas acusaciones de enfermedad mental (estar infligido con una “fobia”) o mal carácter (estar lleno de “odio”). Sin embargo, arriesguémonos al oprobio y preguntemos, al estilo socrático, ¿qué significan realmente estas declaraciones? (Y tengan en cuenta: las siguientes críticas están dirigidas a las ideas que contienen estas declaraciones, no a las personas que las sostienen).

    Tome el primero: “Mi cuerpo, mi elección”. Estas palabras ostensiblemente constituyen evidencia dispositiva de que las mujeres tienen un derecho inviolable a procurarse un aborto. Sin embargo, como la comunidad pro-vida ha estado observando durante mucho tiempo (y pacientemente), un “cuerpo” tiene una definición fija, tanto biológica como conceptualmente. Podemos decir, por ejemplo, que una definición razonable de un cuerpo humano es un individuo cuya existencia física contiene exactamente el mismo marcador bioquímico único (ADN). Podríamos agregar que el cuerpo de uno también se define como una unidad de partes, por ejemplo, una cabeza, un cerebro, un corazón, etc. Si esta es la definición de “cuerpo”, entonces los defensores de la vida pueden estar de acuerdo en el principio básico, “El cuerpo de uno, la elección de uno”. Sin embargo, eso también apunta al hecho obvio —sí, obvio— de que el niño por nacer, sin importar su etapa de desarrollo fetal, no es “el cuerpo de uno” y, por lo tanto, según la lógica de la afirmación, no es “la elección de uno”. El mismo error de definición también está presente al llamar al aborto un tema de “derechos reproductivos”; biológicamente hablando, el aborto solo se convierte en un problema después de que ya ha tenido lugar la reproducción, es decir, después de que ya se ha formado una vida nueva y única. De hecho, abogar por un derecho reproductivo al aborto es racionalmente análogo a reclamar el derecho de aquellos que están fuera del útero a elegir no nacer. Es un poco tarde para eso.

    ¿Qué tal el término “Amor es amor”? Aparentemente, estas palabras significan que las personas (a) tienen atracciones sexuales inherentes sobre las que no tienen elección y (b) por lo tanto, deberían poder expresar esas atracciones participando en actos sexuales con quien deseen, siempre que exista un consentimiento mutuo. Sin embargo, si ese es el caso, esta afirmación tautológica no solo autoriza moralmente la actividad sexual entre personas del mismo sexo biológico; también autoriza moralmente la actividad sexual entre miembros de la misma familia biológica, incluida la familia biológica inmediata. También autoriza moralmente los actos sexuales con cualquier cosa que carezca de autonomía, incluidos los animales. Estas son las implicaciones inevitables de tomar “Amor es amor” al pie de la letra.

    También hay problemas con la afirmación “Un hombre puede ser una mujer” (o “Una mujer puede ser un hombre”). Teniendo en cuenta las falsedades biológicas que contiene (decididamente no es “seguir la ciencia”), la afirmación viola las tres leyes clásicas de la lógica mutuamente implicativas, los principios racionales que hacen posible que la mente humana comprenda y evalúe cualquier concepto en cualquier momento: (1) la ley de identidad (una cosa es lo que es), (2) la ley de no contradicción (una cosa no puede ser ella misma y su opuesto al mismo tiempo de la misma manera), y (3) la ley del tercero excluido (una cosa es ella misma o no es ella misma). La afirmación “Un hombre puede ser una mujer” viola la primera ley al afirmar que las definiciones de “hombre” y “mujer” no son fijas y, por lo tanto, no tienen un significado objetivo; viola la segunda ley al afirmar que una persona humana puede ser una cosa (un hombre) y el anverso biológico de esa cosa (una mujer) al mismo tiempo y de la misma manera; viola la tercera ley al afirmar que un individuo puede ser él mismo y no ser él mismo al mismo tiempo. En resumen, la declaración es una tontería biológica, gramatical y lógica, algo que la Congregación para la Educación Católica del Vaticano también ha señalado:

    “Los esfuerzos por ir más allá de la diferencia sexual constitutiva entre hombre y mujer, como las ideas de “intersexual” o “transgénero”, conducen a una masculinidad o feminidad que es ambigua, aunque (de una manera contradictoria), estos conceptos en sí mismos en realidad presuponen la misma diferencia sexual que ellos proponen negar o reemplazar.”

    En otras palabras, la afirmación “Los hombres pueden ser mujeres” presupone una verdad (la categoría “hombre” es diferente de “mujer”) que también niega (no hay diferencia entre la categoría “hombre” y “mujer”).

    Una detracción común para señalar esta falacia a menudo toma la siguiente forma: “¿Quién eres tú para decir qué es un ‘hombre’ o una ‘mujer’?” El problema es que esa respuesta puede devolverse inmediatamente al detractor: “Bueno, ¿quién eres tú para decirlo?” Si la creencia subyacente a la posición “pro-trans” es que no existe una definición objetiva de los términos porque no existe la verdad objetiva, la posición trans es tan arbitraria, tan falsa, como cualquier otra posición. En otras palabras, si la ideología de género abraza el relativismo, saca la alfombra debajo de su propia autoridad moral; si, por el contrario, acepta la existencia de la verdad objetiva, entonces se ve obligada a reconocer que sostiene un punto de vista irracional. Esto también se aplica a las posiciones pro-elección y pro-amor-es-amor. Por lo tanto, queda claro por qué estas ideologías están tan involucradas en generar tanta ambigüedad y confusión como sea posible.

    Al final, el tema aquí no es de naturaleza meramente teórica o académica. Es tan práctico, tan “vida real”, como parece: estas definiciones ambiguas están en el corazón justificativo de las visiones del mundo que son responsables del exterminio de los no nacidos, la degradación de la sexualidad humana y el envenenamiento y mutilación de seres humanos sanos, incluidos los cuerpos de los niños. El mal uso del lenguaje provocó la prematura muerte de Sócrates en su época. Nos está haciendo lo mismo a nosotros en el nuestro.

    Por Dr. Matthew Petrusek, publicado por Word on Fire el 9 de noviembre de 2022.

  • El catolicismo: refugio de la racionalidad

    El catolicismo: refugio de la racionalidad

    Uno de los rasgos definitorios de nuestra cultura moral y política es lo que podríamos llamar “fideísmo secular”. El término puede sorprender a quienes conocen algo de historia teológica: el “fideísmo” se asocia típicamente con formas de creencia que niegan la explicación racional, una forma de fe que declara “lo creo porque lo siento” (y me gusta lo que siento). En otras palabras, el “fideísmo” generalmente se asocia con la “religión”, y si hay algo que no define la era secular, uno podría decir, es la “religiosidad”. Esta afirmación es cierta empíricamente hablando: encuesta tras encuesta demuestran que las personas, especialmente los jóvenes, están abandonando la religión en cantidades cada vez mayores. Entonces, ¿cómo se justifica describir la cultura secular como fideísta? ¿No es eso un oximoron?

    Cada sistema de creencias tiene su historia inicial y la del secularismo actual es más o menos así:

    Una clase dominante patriarcal y (sexualmente) opresiva alguna vez dominó a la humanidad al imponer un sistema de creencias supersticioso que engañaba a las personas para que pensaran que “la mente de Dios”, en lugar de la mente humana, es lo que da significado, estructura y propósito a la vida. El laicismo nos ha liberado de esta oscuridad epistémica y moral.

    Sin duda, quedan muchas disputas intestinas (y a menudo odiosas) entre los guardianes del mito secular. Algunos, por ejemplo, definen “la mente humana” colectivamente, lo que lleva a las “política de izquierda”, y algunos definen la mente humana “individualmente”, lo que lleva a “políticas de derecha”. Pero todos están de acuerdo en que es sólo la mente humana (individual o colectivamente) la que determina la naturaleza del bien y del mal. Eso es, en resumidas cuentas, tanto la modernidad como la posmodernidad: el eclipse total de la creencia en un Dios metafísicamente real, moralmente relevante y racionalmente accesible.

    Sin embargo, a diferencia de los mitos de la antigüedad, las fábulas de la secularidad sirven para ocultar en lugar de revelar, y su gigantesco secreto es este: nunca ha habido una mezcolanza de aseveraciones más grande, o un ejemplo más obvio de pensamiento grupal ciego, o una leyenda más egoísta y más fanática que la historia del secularismo siendo más racional que la religión, especialmente el catolicismo. El laicismo, en otras palabras, es quizás el mayor ejemplo de “fideísmo” en la historia de las ideas, especialmente cuando se aplica a la moral y la política.

    Por ejemplo, considere la evidente ausencia de racionalidad dentro de estas líneas maestras del secularismo, que, aunque contradictorias entre sí, definen colectivamente los contornos morales y políticos del Occidente contemporáneo:

    1. CIENCIA SOLAMENTE (O “CIENTIFICISMO”):

    El cientificismo sostiene que solo la “ciencia” —o la investigación empírica sistemática— puede proporcionar conocimiento verdadero. En resumen, si la ciencia no puede “probar” lo que estás diciendo, tus creencias son indistinguibles de la pura fantasía emotiva (es decir, simplemente lo estás “inventando”). Dejando a un lado el hecho de que el cientificismo es autocontradictorio (no existe ningún experimento científico que pueda llevar a la conclusión de que “solo la ciencia proporciona conocimiento verdadero”), aquellos que afirman el cientificismo, si son consistentes, deben abstenerse de hacer afirmaciones morales, o afirmaciones sobre lo que deben hacer los individuos, grupos, países, etc., por esta sencilla razón: la “ciencia” no tiene capacidad metodológica (establecimiento de un experimento) o sustantiva (el resultado de un experimento) para decir lo que “debería” ser. Todo lo que puede hacer en el mejor de los casos (e incluso esta capacidad es cuestionable) es describir comportamientos humanos y ofrecer explicaciones empíricas de las causas de esos comportamientos. Sin embargo, no puede proporcionar ningún mecanismo racional para determinar qué comportamientos son “buenos” y cuáles son “malos”. Hacer tal afirmación sería violar los parámetros epistemológicos de la ciencia al hablar de asuntos que no pueden conocerse empíricamente. Así, la próxima vez que escuches a alguien decir: “Solo creo en la ciencia y eres una mala persona si votas por el partido X”, o “Como científico, creo que el gobierno tiene el poder de imponer la ley X”, denuncia este engaño por lo que es: fideísmo envuelto en una racionalidad sucedánea de bata blanca.

    2. SUPREMACIA DE LA VOLUNTAD INDIVIDUAL SOLAMENTE (O LIBERALISMO CLÁSICO Y LIBERTARIANISMO)

    Ya sea que estén enraizadas en la tradición filosófica de Immanuel Kant o de John Locke, las teorías morales y políticas del “individualismo” —expresadas contemporáneamente como “Tú haces lo tuyo, yo haré lo mío”— no solo sostienen que los individuos nunca deben infringir a otros en su propia “búsqueda de la felicidad”; sostienen que cada definición de “felicidad” es igualmente aracional (ni racional ni irracional) y, por lo tanto, de naturaleza igualmente preferencial. Sin duda, el liberalismo y el libertarianismo clásicos pueden ser capaces de justificar coherentemente prohibiciones de acciones (es decir, “derechos negativos”) como el derecho a no ser asesinado, agredido, impedido de hablar en público, etc. Sin embargo, las mismas teorías no pueden, en consonancia con sus propios fundamentos filosóficos, decir algo sobre lo que un individuo o una sociedad debe hacer, por ejemplo, qué bien positivo debe perseguirse, que no se pueda reducir a una expresión arbitraria de preferencia personal. Lo que eso significa en la práctica es que todo liberal o libertario clásico que te dice “Está bien hacer X” no dice nada más que “Haz X porque quiero que hagas X”, lo cual es tan fideísta como parece.

    3. SUPREMACIA DE LA VOLUNTAD COLECTIVA SOLAMENTE  (O PROGRESISMO/“WOKEISMO”)

    A pesar de la apariencia externa de que el progresismo o la ideología “woke” son enemigos ideológicos jurados del liberalismo/libertarianismo clásico, las dos corrientes del secularismo comparten la suposición subyacente de que es la mente humana, no la mente de Dios, la que define la naturaleza del bien. Todo lo que hace la ideología progresista o ”woke” es comunalizar el “yo autónomo” del liberalismo/libertarianismo clásico al convertir el “yo creo” en un “nosotros creemos”. De cualquier manera, el resultado es el mismo: las declaraciones sobre lo que se debe hacer en lo que respecta a la naturaleza del bien y del mal, son de naturaleza puramente preferencial y, por lo tanto, no son más que afirmaciones de voluntad racionalmente ciegas, también conocidas como fideísmo. El progresismo ”woke” añade un insulto moral a la herida al afirmar además que “no existen los valores morales universales” al tiempo que insiste en que el progresismo ”woke” es moralmente superior a todas las visiones del mundo en competencia. Esto es lo mismo de declarar: “Creemos lo que creemos porque lo creemos, y tú también debes creerlo (o de lo contrario…)”.

    4. SUPREMACIA DEL “MERCADO” SOLAMENTE (O CONSERVADURISMO GLOBALISTA):

    El conservadurismo de un libre mercado “a ultranza”, no la opinión de que el libre mercado es bueno (lo que afirma el catolicismo), sino que el libre mercado es el bien supremo (que el catolicismo rechaza), puede considerarse inmune a la acusación de fideísmo debido a su inclinación por hablar con cariño de los “valores tradicionales”. Sin embargo, sigue siendo cierto que si la ganancia se encuentra tanto en la parte inferior como en la parte superior de nuestra jerarquía de los valores morales, entonces es racionalmente inconsistente afirmar que otros valores (por ejemplo, “la familia”, “sociedad cívica”, “matrimonio,” “educación clásica”, o incluso “dignidad humana”) tienen algo más que un valor instrumental, si es que tienen algún valor. En otras palabras, afirmar creer en “valores morales” dentro del horizonte del absolutismo de libre mercado no es más que una expresión de preferencia, también conocida como fideísmo.


    Estas cuatro opciones no agotan todas las vertientes del laicismo contemporáneo. Sin embargo, demuestran esta verdad primordial: la negación secular de una conexión racional entre la existencia de Dios y la existencia de un bien humano universalmente objetivo, necesariamente separa la “racionalidad” de cualquier “moralidad” sustantiva, lo que significa que todos los valores éticos y políticos necesariamente terminan siendo arrojados a un depósito de deseos subjetivos grabado con las palabras, “Yo/nosotros lo creemos porque yo/nosotros queremos creerlo”. Por lo tanto, el mejor apodo para “la era secular” podría ser “la era de la afirmación”.

    El catolicismo ofrece una alternativa. Precisamente porque sostiene que las afirmaciones “Dios existe” y “la relación con Dios constituye el bien supremo del ser humano tanto individual como colectivamente”, son cognoscibles racionalmente, universalmente en todos los idiomas y culturas, el catolicismo rechaza categóricamente el fideísmo, especialmente en lo que se refiere a cuestiones morales y políticas. La moral católica, por lo tanto, no es subjetiva. No es la sistematización de impulsos emotivos arbitrarios. Es, más bien, una colección ordenada de hechos morales deducidos de la estructura de la realidad. Como tal, su autoridad no proviene de la voluntad de un individuo o grupo sino, más bien, de la racionalidad misma, es decir, del Logos mismo (ver Juan 1:1).

    A medida que el mundo secular se hunde cada vez más en un caos moral y político trágicamente predecible, el catolicismo puede consolarse recordando que su casa está construida sobre roca. Ya sea defendiendo la dignidad de toda vida humana, la santidad del matrimonio y la familia natural, la realidad ontológica y la complementariedad de los sexos, o la obligación de construir un orden económico justo, el catolicismo puede (y debe) seguir blindando la luz de razón de las oscuras supersticiones de los cultos reinantes de la época. Como siempre lo ha hecho.

    Por Matthew Petrusek, publicado el 16/12/2022 en Word on Fire. Traducido por La Botella al Mar.