Categoría: Frente Cultural

Comentarios y noticias sobre la guerra cultural incluyendo temas morales, familia, cultura, arte, etc.

  • Académica católica aborda la “ideología de género” y los problemas transgénero con compasión y honestidad

    Introducción de La Botella al Mar: El pecado original y nuestra naturaleza caida nos hacen cargar con muchas fragilidades. La enfermedad física, el dolor y la muerte, el pecado y las malas inclinaciones, o enfermedades psicológicas y temperamentos desordenados. Todo esto es parte de la condición humana. Lo ha sido desde el comienzo de nuestra existencia en esta tierra, y lo será por todos los tiempos. En su misericordia, Dios no sólo ha muerto por cada uno de nosotros para redimirnos, pero nos ha dado una gran variedad de herramientas para superar nuestra naturaleza caida, con la ayuda de su gracia. Esta ayuda también existe hoy como existió siempre y existirá por todos los tiempos. Dios eligió crearnos con libertad, y, en última instancia, somos responsables de nuestros actos y seremos juzgados por las elecciones tomadas y los caminos elegidos.

    Esta libertad no implica que cualquier camino elegido es bueno. Aunque parezca una verdad de perogrullo en estos días relativistas, el Bien y el Mal existen. Y tanto el uno como el otro acarrean consecuencias, en esta on en la otra vida. Vivimos hoy en una sociedad, que forma parte de la cultura occidental, que en un proceso paulatino y secular viene alejándose de sus orígenes basados en la cultura greco-romana iluminada y mejorada por el cristianismo. Con el pasar de los años, y en la medida que este distanciamiento de nuestros orígenes se acelera, van surgiendo entre nosotros aberraciones varias, impensables poco tiempo atrás. La aceptación del aborto generalizado, un crímen a nivel individual que siempre existió pero que sólo recientemente se arropa del poder que le otorga la aceptabilidad que ha logrado entre los formadores de opinión, es sólo un ejemplo. Le siguen otras actitudes contrarias a la vida y dignidad humanas como la eutanasia, el consumo de drogas o la esterilización, para citar algunos ejemplos.

    Con cada década que pasa, en la medida que seguimos en este camino, nuevas aberraciones van apareciendo, ya que, liberada de restricciones individuales, legales o sociales, la propensidad del hombre para el mal no tiene límites. Así se fue gestando, y está alcanzando en nuestros días una preocupante intensidad, la campaña para difundir y convertir en “aceptable” la pretensión de que un individuo mentalmente sano puede elegir a que sexo pertenece. Surgen los “transexuales”. 

    No hay nada nuevo bajo el sol. Desde que el hombre existe, siempre hubo individuos que pretendieron deformar la naturaleza o engañarse a si mismos o a otros aparentando ser de un sexo que no es el que Dios les dió al nacer. A fines del siglo XIX, algunos psicólogos y psiquiatras alemanes empezaron a etiquetar esta aberración como un problema mental (sin connotaciones morales), y, eventualmente, en 1949 el norteamericano David Oliver Cauldwell acuña el término transexual cuando define: “Cuando un individuo que está desfavorablemente afectado psicológicamente determina vivir y presentarse como miembro del sexo al que no pertenece, este individuo se puede llamar psicópata transexual. Significa, simplemente, que no está sano mentalmente, y por esto la persona desea vivir en el sexo opuesto”. (1)

    Sólo un par de años más tarde, George W. Jorgensen viaja a Dinamarca, y después de tratamientos quirúrgicos vuelve a Estados Unidos como Christine Jorgensen (2), siendo la primera persona “transgender” ampliamente conocida, alcanzando la tapa de los diarios, la revista LIFE y otras publicaciones influyentes de la época.

    Con la explosión de “amor libre” y el “destape” generalizado de los años ‘60, el activismo transexual o travesti encontró su lugar, y fue ganando aceptación entre los medios y la cultura popular, extendiéndose de las casas de prostutución que fueron su primer hogar, a los estudios de televisión y pantallas de cine, revistas y shows the televisión.

    En los 50 años que han pasado desde entonces, y manifestando una vez más esa dinámica que acelera los tiempos y la dimensión del mal, el movimiento “trans”, y mas específicamente los tratamientos para atrasar la pubertad o cirugías para efectuar cambios de sexo, se han arropado con opiniones benévolas del American Medical Asociation y entidades afines. Para colmo de males, cada vez más son niños los que sufren la propaganda que presenta esta “transición” como una opción válida y no como (en el mejor de los casos) una condición mental a ser tratada que tiene nombre: disforia de género. Una de las “batallas culturales” siendo libradas en este momento en los Estados Unidos, es en torno a los derechos de los padres a ser informados y opinar sobre este tipo de adoctrinamiento que tiene lugar en muchas escuelas públicas.

    Es en este contexto que transcribimos extractos de una entrevista a Mary Hasson (3) sobre este tema, que sugerimos a nuestros lectores familiarizados con el idioma inglés, que lean en su totalidad acá. La traducción y selección de párrafos en nuestra.


    1. En general, nuestra fe nos llama a tratar a todos con respeto y bondad, reconociendo la dignidad de la persona que tenemos ante nosotros, una persona verdaderamente amada por Dios. Y debemos ser compasivos con los que sufren, literalmente, “sufrir con” y acompañar a la persona.
    1. Pero la pregunta más complicada es cómo se ve la compasión en una determinada circunstancia y la dirección en la que acompañamos a la persona. La auténtica compasión busca el bien del otro y lo acompaña en el camino hacia la curación y la felicidad, a la luz de del plan de Dios. No es compasivo validar las elecciones pecaminosas o dañinas de una persona o acompañar a la persona hacia un daño grave, moral o físico.
    1. Un número cada vez mayor de adolescentes se ha visto atrapado en la tendencia transgénero. Hace una década, menos de una fracción del uno por ciento se identificaba como transgénero. En 2017 y 2018, los estudios informaron que entre el 2 y el 3 por ciento de los adolescentes se identificaron como transgénero. Además, otros investigadores describen un efecto de contagio social, que hace que varios adolescentes dentro de un solo grupo de pares se identifiquen como transgénero o no binarios. El libro de Abigail Shrier, “Daño irreversible”, documenta esta tendencia con las adolescentes. A los jóvenes se les enseña, en las escuelas, en grupos de pares y los medios, que sus identidades están autodefinidas y que el cuerpo puede ser manipulado para que coincida con su autopercepción (identidad de género). Los jóvenes más vulnerables, aquellos que sufren problemas de salud mental, trauma, abuso, autismo u otros problemas, comienzan a creer las mentiras que se difunden en las redes sociales y entre sus compañeros que sus sentimientos de infelicidad o de no encajar prueban que realmente son transgénero.
    1. Lamentablemente, una industria de género en auge afirma las creencias de los adolescentes en una identidad transgénero y luego los acelera hacia intervenciones médicas que desfigurarán permanentemente sus cuerpos y destruirán las funciones corporales, incluida la fertilidad. El año pasado, países como Suecia, Finlandia y el Reino Unido han detenido las intervenciones médicas de afirmación de género para adolescentes, pero la industria de medicina de género de EE. UU. se niega a reconocer las crecientes preocupaciones médicas y continúa beneficiándose de estas prácticas destructivas y explotadoras.
    1. Los padres deben abordar la falacia de la ideología de género de una manera directa con sus hijos de secundaria y preparatoria. Refuerce la verdad: el sexo no puede cambiar. Y aunque los padres deben animar a sus hijos a tratar con amabilidad a aquellos que están experimentando problemas de salud mental o confusión de identidad, los padres también deben reforzar la verdad: las hormonas y la cirugía pueden alterar la apariencia del cuerpo pero no pueden cambiar el sexo de ni siquiera una célula. Manipular el cuerpo para destruir su función es autolesión, incluso cuando está sancionado por “documentos de género”. Simplemente no es posible ser otro que el hombre o la mujer que fuimos creados para ser, y la verdad del cuerpo nos muestra el camino a seguir. Nadie encuentra la felicidad librando una guerra médica sin fin en su propio cuerpo. La transición es una promesa seductora, pero vacía, de que los dolores y problemas normales de los adolescentes desaparecerán mágicamente cuando el niño se reinventa a sí mismo como transgénero. Simplemente no es cierto.
    1. Algunas personas influyentes están impulsadas por la ideología (los académicos, los activistas y algunos filántropos), mientras que las corporaciones primero fueron intimidadas para que apoyaran la agenda (por temor a ser etiquetadas como intolerantes) y ahora se han “despertado”. También hay un gran contingente de poderosos en las Naciones Unidas y en otros organismos regionales o internacionales y entre las organizaciones no gubernamentales. Los gobiernos (y las asociaciones profesionales de derecho, medicina, psicología, etc.) están “cautivos” de los grupos de interés ideológicos.
    1. ¿Quién hubiera pensado que los activistas LGBTQ, un grupo que hasta hace poco representaba un pequeño porcentaje de la población, tendrían la influencia para remodelar radicalmente nuestras leyes, cultura, lenguaje y políticas, en menos de dos décadas? Las señales estaban allí, pero creo que la mayoría de la gente esperaba que después de Obergefell (la decisión de la Corte Suprema que establece la legalidad de las uniones del mismo sexo) las cosas volverían a la normalidad; después de todo, ¿no era esa la promesa?: Su “matrimonio igualitario” no afectaría a nadie más. Pero la verdad es que la normalización de una nueva visión del “matrimonio”, basada en la mucho más antigua separación del sexo y la reproducción (provocada por la píldora anticonceptiva), lo ha cambiado todo. El sexo está desconectado de la reproducción, la reproducción está desconectada del sexo, la identidad sexual está desconectada del cuerpo y el cuerpo está desconectado de la identidad y la reproducción. Estos cambios están sacudiento los cimientos mismos de nuestras familias y nuestra cultura; golpean el corazón de lo que significa ser una persona humana, en relación con Dios y con los demás.
    1. Los católicos necesitan respaldar la visión de la educación católica. Nunca es más urgente que hoy. Las escuelas públicas (y muchas escuelas privadas que ya no son fieles a la verdad) están inundadas de ideología de género. Están enseñando una visión de la persona humana totalmente incompatible con la ntropología cristiana: la verdad de la persona revelada en Jesucristo y proclamada por su Iglesia. Los padres no pueden criar niños solos en medio de esta cultura. La iglesia necesita ser socia en la educación de los niños. La iglesia necesita levantar una nueva generación de creyentes fieles para esparcir las buenas noticias.

    (1) “Repensando los orígenes de la disforia de género”, por Marina de la Hermosa Lorenci. Psiquiatra. http://www.injuve.es/sites/default/files/3%20Repensando%20los%20or%C3%ADgenes%20de%20la%20disforia%20de%20género.pdf

    (2) https://en.wikipedia.org/wiki/Christine_Jorgensen

    (3) Mary Rice Hasson, J.D., es miembro Senior de Kate O’Beirne en el Centro de Políticas Públicas y Ética en Washington, D.C. Dirige el Foro de Mujeres Católicas, una red de académicas y mujeres profesionales católicas, y es cofundadora del Proyecto Persona e Identidad, una nueva iniciativa que equipa a padres e instituciones basadas en la fe para contrarrestar la ideología de género y promover la verdad de la persona humana. Abogada y experta en políticas, Mary se desempeñó como oradora principal de la Santa Sede durante la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas, que abordó la educación (2018), la Mujer y el Trabajo (2017), el Cuidado (2019) y la Ideología de Género (2019) . Actualmente se desempeña como consultora del Comité de Laicos, Matrimonio, Familia, Vida y Juventud de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

  • ¿Realmente odiamos a “las elites”?

    ¿Realmente odiamos a “las elites”?

    Me mandaron este artículo que me pareció muy interesante. Es una critica a la “Nueva Derecha” desde un punto de vista del liberalismo clásico (o eso es lo que dice el articulista).

    ¿Qué es la “Nueva Derecha”?  

    En general desconfío de las etiquetas puestas por “la Contra” para describir movimientos conservadores. Se me antojan intentos de proveer lideres y contenido ideológico desde afuera, seguramente con malas intenciones.  Pero con eso en mente, acá hay un artículo de Vanity Fair (caveat emptor: es un pasquín de extrema izquierda) que tiene datos interesantes.

    Para aquellos de una cierta edad, recordaran que ese termino se usó durante la época de Reagan para definir un sector del movimiento que lo impulsó al poder.  Hoy en día vuelve a estar en boga y se refiere a un cierto sector que es joven, educado, “techy”, no enteramente alineado con algunos puntos del conservadurismo político tradicional, en particular en lo que se refiere a política económica.  Sobre todo, están enojados con las actuales elites las que normalmente hubieran sido sus pares. Un ejemplo de ellos es Peter Thiel (el ex socio de Elon Musk) y una serie de figuras que él ha impulsado como por ejemplo JD Vance, el actual candidato al senado en Ohio.  Yo diría que Giorgia Melloni pudiera ser también un ejemplo.

    Según este articulo la mayor diferencia que existiría entre un “conservador clásico” y un “Derechista Nuevo” es “cuanta fe tiene cada grupo en la posibilidad de que “las elites” pueden existir como un grupo funcional y digno de confianza”.    Su argumento pudiera ser resumido así:  los liberales clásicos pensaban que el “sistema” (capitalismo, libre mercado, democracia) eran fundamentalmente solido y si bien las “elites” eran fácilmente capturadas por intereses particulares, podía en general confiarse que había suficientes mecanismos de auto corrección como para confiar en que serían capaces de llevar el timón en un buen rumbo general.   

    La nueva derecha es en cambio iconoclasta y considera que las “elites” en su actual conformación son un agente pernicioso. Esta visión tan pesimista influencia varias posiciones que antes eran consideradas pilares del pensamiento de derecha. La libertad de expresión pasa a ser vista como un “pase” para aquellos que controlan las grandes compañías tecnológicas y los medios de comunicación corporativos.  La inmigración que era vista con una cierta benevolencia por generaciones anteriores pasa a ser vista como un ataque a la identidad nacional. El libre intercambio un mecanismo para reforzar la globalización y centralización del poder.  

    La Nueva Derecha tiene una mayor preocupación por limitar el creciente poder de la Izquierda que en garantizar los derechos fundamentales individuales que era la roca fundacional del liberalismo clásico.

    Según Tyler Cowen (el autor del artículo) esto es una sobrerreacción de la “Nueva Derecha”. Cree que hay un mecanismo de retroalimentación tanto en la izquierda como en la derecha, en la que ambos bandos tienden a centrarse en los aspectos y noticias negativas ya que estas son las que de alguna manera justifican su existencia. De ahí que sus visiones estan teñidas de extremo pesimismo que les impide ver el cuadro general. En realidad, según él, la situación dista de ser lo negativa que la presentan.   Considera que este desprecio por las elites es auto destructivo, ya que una cosa es querer controlarlas (como era el caso en el antiguo liberalismo) y otra es destruirlas, lo que dejaría a la sociedad sin cabeza, lo que seria peor como remedio que la enfermedad que pretende curar.

    A primera vista parece un análisis atractivo. El optimismo siempre es una posición simpática. Puede que las cosas no estén tan mal como me la venden. Las malas noticias son buenas herramientas para recaudar fondos y organizar las tropas.  Hoy en día hay excelentes maquinarias dedicadas a explotar los miedos de la gente.  La cantidad de horrores en el mundo es más o menos constantes, lo que pasa es que antes nos enterábamos solo de lo que pasaba cerca nuestro y ahora no hay desastre en cualquier rincón remoto de la tierra que no llegue instantáneamente a nuestros oídos.   ¿Este mensaje apaciguador es real o es un canto de sirena para que relajemos nuestra guardia? La ingenuidad y el optimismo se parecen tanto que a veces es difícil distinguirlos.

    Empecemos con un “chequeo de realidad”. A continuación, describo solo cinco proposiciones defendidas (o implementadas) no por una minoría extrema, si no por instituciones de peso como lo son burocracias estatales, partidos políticos, organismos multilaterales, universidades prestigiosas, empresas multinacionales, bancos, productoras, medios de comunicación, asociaciones de maestros, profesores en todos los niveles de enseñanza, lideres religiosos, etc.  De forma casi unánime. Y el disenso con por lo menos algunas de estas proposiciones está siendo penalizado, incluso legalmente, en muchos lugares del mundo.  

    • El aborto es un derecho fundamental de la mujer que no debe tener limitaciones de ninguna índole.
    • Considerar que hay solo varones y mujeres es un prejuicio pernicioso. Los individuos deben tener derecho a elegir su “genero” desde temprana edad y realizar cambios permanentes en su anatomía aun antes de la mayoría de edad sin consentimiento de sus padres.  Esto debe ser enseñado y promovido en el sistema educativo, junto con el concepto que la familia tradicional es una construcción social inventada por el patriarcado para dominar a todos las mujeres y todos los que nos se conformaban a sus dictados.
    • Las diferencias de resultados entre diversos grupos son atribuibles a problemas estructurales de la sociedad y considerar que son resultado de elecciones individuales es racismo.
    • El origen del crimen es la pobreza y la injusticia del sistema. Por lo tanto, no puede castigarse a los criminales individualmente si no se debe trabajar para solucionar las causales remotas.
    • El Cristianismo, y la cultura europea fueron fuerzas destructoras en la historia y su influencia debe ser limitada y/o eliminada.

    Si alguien duda de que estas son posiciones ampliamente apoyadas por las “elites” (como las describo arriba), por favor hágamelo saber y le hago llegar un par de bibliotecas de datos que apoyan esta afirmación.

    Este botón de muestra del “programa de gobierno” de las elites como están compuestas actualmente, marca una enorme diferencia con lo que decían defender esas mismas elites hace relativamente poco tiempo atrás. Tal vez eso explica la diferencia de tratamiento por parte de la derecha que nota el Sr. Cowen.  

    Por otra parte, me parece que es un error conceptual identificar el concepto de “elites” con las elites específicas que sustentan estos puntos de vista.   Es como decir por que yo quiero aplicar las máximas sanciones a un juez corrupto es porque yo odio a los jueces en general.  El mundo no es igualitario si no jerárquico. El respeto a esas jerarquías implica una gran dosis de responsabilidad que va creciendo junto con la posición de poder. Las máximas posiciones de poder requieren el máximo de compromiso.  Creo que todos estamos de acuerdo que las sanciones por abuso de poder van en proporción con el poder del que se abusa.   

    Es verdad que como dice el Sr. Cowen, la derecha tenía una posición complaciente con respecto a varias instituciones porque estaba convencida que habría mecanismos de autocorrección que impedirían el derrape. Pero esta complacencia no tomaba en cuenta un esfuerzo coordinado de una minoría comprometida con un programa ideológico que se dedicaron a sabotear todos estos mecanismos de autocorrección. Por lo tanto, es natural que la derecha tenga interés en reevaluar sus premisas y asegurarse que existan mecanismos de prevención contra este peligro.  No hacerlo sería cómplice con esas fuerzas disolventes.

    El Sr. Cowen no lo dice, pero es algo que es levantado como un fantasma en muchos otros ámbitos y por lo tanto es bueno contestarlo. El riesgo implícito de este negativismo seria impulsar al movimiento de derecha a la violencia. Como decíamos el otro día, la izquierda tiene un grave problema de proyección psicológica. Como ellos llaman constantemente a una revolución sangrienta y han cumplido su promesa muchas veces en la historia piensan que la derecha busca los mismos métodos. Pero esta afinidad con la violencia no es tan frecuente en la derecha. Sobre todo en la derecha burguesa que es la que me parece que el Sr. Cowen esta analizando. 

    Lo que quiere la Derecha es un mundo ordenado donde el mérito y la responsabilidad personal sean los factores determinantes para ascender en la escala de responsabilidad. Donde la concentración de poder sea vista con desconfianza y que se aplique el principio de subsidiariedad. Donde se respete al individuo, a la familia, a la comunidad. Se ame al prójimo y no conceptos abstractos como “la humanidad”.  Donde se respete la vida, la propiedad, la verdad. En resumen, donde se respete la Ley de Dios.  

  • Premio a una activista proaborto antisemita

    La escritora francesa Annie Ernaux que acaba de ganar el premio nobel de Literatura 2022 convirtiéndose en la decimoséptima mujer que gana el galardón, ampliamente considerado el más prestigioso de la literatura mundial desde que se creó en 1901, resultó ser una polémica activista que no ha dejado a muchos indiferentes. 

    Los organizadores del Nobel señalaron que para escogerla se centraron en su calidad literaria y no en enviar un mensaje al mundo al elegirla; pero la victoria de la Señora Ernaux visibiliza positivamente el aborto, meses después de que la Corte Suprema de EE. UU. anulara Roe v. Wade.

    Efectivamente, para los que no la conocen, Madame Annie Ernaux, es una francesa de 82 años, autora de una veintena de libros entre los que se encuentran “El Acontecimiento”, donde relata su propio aborto clandestino ocurrido en el año 1963, cuando este era ilegal en una Francia católica, narrativa que es llevada posteriormente al cine por Audrey Diwan, en el año 2021.

    Tras conocerse la entrega del premio, durante una rueda de prensa que tuvo lugar en la editorial parisina Gallimard, la novelista no solo expresó que luchará hasta su último suspiro para que todas las mujeres puedan “elegir ser madres o elegir no serlo” – considerando que la anticoncepción y el aborto son derechos fundamentales – sino aprovechó la oportunidad para manifestar su preocupación por el ascenso de la “extrema derecha” en países europeos, entre los que citó a Italia y Hungría. Opinó entonces, mostrando su otra cara, que “hay que explicar las cosas. Históricamente, la extrema derecha nunca fue favorable a las mujeres” (sic).

    El derecho a un aborto libre no es la única causa por la que lucha la Sra. Ernaux. También es conocida por su apoyo al denominado movimiento internacional BDS – siglas de “Boicot, Desinversión y Sanciones”-, para sancionar económicamente a Israel por su política de asentamientos en los territorios palestinos. Así en mayo del año 2019 formó parte del colectivo de más de cien artistas franceses que, a través de una carta, llamó a boicotear el célebre concurso de la canción de Eurovisión por celebrarse en Tel Aviv; carta que exigía además que la televisión gala desistiera de transmitir el evento.

    Ante la polémica galardonada, se levantaron voces indignadas por sus posiciones públicas antisemitas en el mundo judío. Así el presidente del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Josef Schuster, criticó la concesión del premio por considerarlo un duro golpe a la lucha mundial contra el antisemitismo. La Iglesia Católica, sin embargo, ha guardado silencio en referencia a su activismo a favor del aborto.

    No olvidemos tampoco que la escritora francesa, también a través de una carta, solicitó la liberación del militante comunista libanés Georges Abdallah, cofundador de las Facciones Armadas Revolucionarias Libanesas en 1980 y condenado a cadena perpetua por los homicidios del teniente coronel Charles R. Ray, agregado militar estadounidense, y Yaakov Bar-Simantov, diplomático israelí, frente a su casa en París el 3 de abril de 1982, así como su participación en el intento de asesinato del ex cónsul estadounidense en Estrasburgo Robert O. Homme; crímenes que a juicio de la galardonada no merecen que su autor este encerrado ni constituye un peligro para la sociedad como potencial autor de otros. 

    En fin, el otorgamiento del premio a una activista como lo es la Señora Ernaux, no solo constituye una afrenta para la memoria de los miles de niños que no nacen en el mundo culpa del aborto, así como para las víctimas del terrorismo, sino que es un grave incumplimiento a la última voluntad del filántropo sueco Alfred Nobel al estipular en su testamento que cada año se premie a quienes otorgaran el “mayor beneficio a la humanidad” ya sea en física, química, paz, fisiología, medicina o literatura.

    El Dr. Shimon Samuels, expresó preocupación que dado el activismo antiisraelí de Ernaux, parte del premio de casi un millón de dólares podría llegar a manos de violentas de las organizaciones propalestinas. Para Samuels, “la elección de la Academia Sueca es escalofriante”. Escalofrío que hago extensivo a posibles miles de niños que serán abortados gracias también a la galardonada y a su incansable labor en tal sentido.

    P.D. si algún lector tuvo acceso a la declaración de los Obispos franceses sobre el premio a una activista de estas proporciones, me la hace llegar por esta vía.

  • Adios al Artículo 14

    Adios al Artículo 14

    El derecho a asociarse consagrado en el artículo 14 implica que cada uno tiene libertad de asociarse con quien quiere. La Constitución está por encima de cualquier otra norma legal y no puede ser abolida o modificada a través de tratados internacionales ya que eso implicaría un sistema extra-constitucional de reforma.  Sin embargo, la Cámara Civil dice básicamente que “los tratados internacionales” han abolido el artículo 14.   

    En un fallo confirmando una resolución de la Inspección General de Justicia en la que obliga al Jockey Club a integrar su directorio con un cupo determinado de mujeres, la Cámara Civil dictaminó (parafraseando) que estamos obligados por tratados internacionales a combatir la discriminación por sexo y que por lo tanto la institución debía adaptarse a esos requerimientos sin importar lo que diga la Consitución.

    Alguien me preguntara: ¿Esta Ud. diciendo que Argentina no puede ser parte de tratados internacionales para combatir la discriminación?

    No es lo que estoy diciendo. Mas allá del merito de dichos tratados y sus finalidades políticas (que podemos debatir en otro lado) el Estado Argentino puede obligarse a través de dichos instrumentos a no ser partícipe de dicha discriminación.  Y estos serían (y son) aplicables a instituciones públicas, no a las privadas. El Estado tiene prohibido hacer leyes que favorezcan un sexo, o una raza, o un “pueblo” sobre otros. No puede crear instituciones que tengan como finalidad especifica fomentar la animosidad entre sexos, razas o “pueblos”. Por ejemplo, sería impensable bajo estos tratados crear un ministerio con un presupuesto de miles de millones de pesos con el declarado objetivo de favorecer un sexo sobre el otro (Ups…!)

    Pero, aunque no lo dicen con estas palabas, todos tenemos que entender que crear un “ministerio de la mujer” esta “bien” y que el patriarcado aparentemente representado por el Jockey “está mal”.  En definitiva, es la “amoralidad” de esta situación lo que parece tener a mal traer a la Cámara Civil.

    ¿Pero… (dirá algún desprevenido), no nos han repetido hasta el cansancio que está muy mal imponer “tu moralidad” sobre otros? ¿Y mucho peor si es el estado el que lo hace?  No, estimado Desprevenido.  Eso solo se aplica al aborto.  

    El hecho que el Jockey ni siquiera impide formalmente que se asocien mujeres y que se trata simplemente una tradición que se mantiene por voluntad de todas las partes involucradas es irrelevante.

    Pudiera decirse que esta tradición es anacrónica y que ya es hora de eliminarla. Y tal vez hasta fuera cierto. Este debate se ha tenido varias veces dentro del club y al menos por ahora, el movimiento de reforma no ha tenidos suficiente apoyo. 

    Me imagino que los argumentos a favor de incorporar socias pudieran ir de lo eminentemente económicos (si todas las mujeres que hoy hacen uso de casi todas las instalaciones sin pagar cuotas pasaran a hacerlo y esto implicara que la cuota social se redujera)  hasta lo “social” (hace 150 años atrás los clubes masculinos eran la norma, hoy en día son una rareza).

    Los argumentos en contra serian probablemente mas abstractos: la tradición de las que los socios son mas custodios que dueños, el hecho que el Jockey no debiera ceder a presiones políticas externas, especialmente proveniente de sectores que odian lo que el Club representa.  Aunque también pudieran hacerse argumentos prácticos a favor del status quo: el Club no tiene problemas de atraer socios y no necesita expandir su ámbito de reclutamiento. Sus tradiciones y “excentricidades” son exactamente lo que lo hace atractivo y modificarlas sin necesidad puede perjudicar más que ayudar.   

    Pero ese debate le ha sido robado a los socios.

    Por la pesada y áspera mano del estado.  

    Los socios del Jockey no se destacan por quedarse callados sobre los asuntos del club. Hay muchos y acalorados debates.  Parte de la vida social.  Pero creo que la condena a esta indebida violación de sus derechos constitucionales será finalmente el punto en el que serán unánimes.

  • Presentarse como izquierdista es un negocio

    Alberto Fernández acaba de designar como Ministra de las Mujeres, Género y Diversidad a la militante lesbiana de 32 años Ayelén Mazzina, con un presupuesto de 2 billones de pesos, es decir la mitad de los 4 billones que el Ministro Massa le destina a las políticas de género .

    Ni siquiera desde el punto de vista de la pretendida “causa” que esta señorita dice defender es posible gastar ese dinero de una manera eficiente. No descarto que una persona pueda tener odio por el orden natural y al mismo tiempo ser honesta. A Robespierre le decían “el Incorruptible”, lo que no le impidió mandar miles de inocentes a la guillotina.

    Pero cuando este tipo de militancia dispone de los 4 billones que Massa les concedió ya no tengo tanta fe en su hipotética honestidad. Robespierre nunca tuvo 4 billones para gastar. Es inevitable que buena parte del presupuesto de Ayelén vaya al bolsillo personal de los pseudo-militantes del género.

    Es curioso que sea Massa quien les asigna esa cifra astronómica, siendo que él representa un supuesto giro a la derecha del Gobierno. Sin embargo no debería extrañarnos, porque Mauricio Macri -otro supuesto giro a la derecha de la política argentina- se comportó de manera idéntica. Mientras por un lado decía que había que acabar con el “curro de los derechos humanos” por el otro llenaba los bolsillos de los militantes de izquierda. De todos los “curros” que Macri no sólo no acabó sino que alimentó asiduamente, el más triste fue que mantuvo la educación firmemente en manos de los destructores de las almas de los niños.

    Una posibilidad es que Massa y Macri piensen igual que Irene Montero. Massa y Macri estarían convencidos de la justicia de la causa del género y quieren financiarla al máximo.

    Pero no creo.

    Lo más probable es que Massa y Macri simplemente tengan miedo de los activistas y los “compran” -o creen comprarlos- llenando sus bolsillos. Un buen negocio, a expensas del sufrido contribuyente.

  • ¿Crisis en la Iglesia y una luz de esperanza en Holanda?

    Hace tiempo vengo siguiendo las noticias del camino sinodal que ha iniciado parte de la iglesia católica alemana, así como peticiones puntuales de algunos católicos anglicanos que van en contra de la doctrina. Sin embargo, la iglesia flamenca de Bélgica ha dado un paso más audaz al establecer una liturgia para las parejas homosexuales, es decir, una especie de matrimonio de parejas del mismo sexo, junto con la creación de la coordinación de “Homosexualidad y Fe” dentro del Servicio de Pastoral Familiar Interdiocesana de la Iglesia católica flamenca.

    Efectivamente, los obispos flamencos liderados por el Cardenal Jozef De Kesel – Arzobispo Metropolitano de Bruselas desde noviembre del año 2015 y Presidente de la Conferencia Episcopal de Bélgica desde febrero del año 2016 – a través de un documento titulado “Estar cerca de los homosexuales desde el punto de vista pastoral. Por una Iglesia acogedora que no excluya a nadie”, se desmarcaron del resto de la Iglesia y comunicaron que bendecirán uniones de parejas homosexuales, a través de una liturgia especial para estas celebraciones.

    El cardenal De Kesel (en la foto) se ha caracterizado por sus polémicas declaraciones siempre en contradicción con la doctrina de la Iglesia Católica, las cuales no han sido obstáculo para avanzar en su carrera y nuevos cargos designados desde el Vaticano. Así, dos meses después de su nombramiento como Arzobispo, en el año 2010, De Kesel cuestionó el celibato clerical. Posteriormente, en el año 2012 se proclamó defensor de la ordenación de mujeres dentro de la Iglesia católica, por citar alguna de sus posturas.

    Sin embargo, hasta el momento no ha habido reacción alguna del Vaticano, solamente un artículo en “El Observador Romano” que, si bien no condena expresamente la decisión de la Iglesia flamenca, señala que no cuentan con el permiso de Roma y que no está permitido conforme a la doctrina católica. 

    Para algunos, la postura débil del Vaticano tendría por objeto evitar enfrentamientos, que llevarían inevitablemente a un cisma; para otros, estaríamos frente a hechos consumados que a nadie le importan. Pero ¿qué pasa con los católicos – dentro de los que me incluyo – a los que sí nos importa la doctrina de la Iglesia y la opinión del que se supone que es el representante de Dios en la tierra y sucesor de San Pedro? ¿Qué pasa con el escándalo que provocan declaraciones y actos como los de la iglesia flamenca y en especial del cardenal de Kesel?, quién además no es sancionado o amonestado por sus superiores desde Roma.

    En otro ámbito, en los mismos días que la Iglesia flamenca emitía el documento sobre la liturgia especial para parejas homosexuales; la ministra española Irene Montero declaraba en el parlamento, que un menor tiene “derecho a amar o tener relaciones sexuales con quién les dé la gana, basadas, eso sí, en el consentimiento”, levantando una gran polémica en redes sociales y petición de cese o dimisión por parte de los sectores conservadores del país, no así desde el gobierno ni desde la Iglesia española.

    Efectivamente y para gran sorpresa de muchos, el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Luis Arguello, salió en defensa de la Sra. Montero argumentando que sus palabras se sacaron de contexto, sosteniendo que “Francamente, no creo que la Ministra de Igualdad [Irene Montero] defendiera en esas declaraciones que los niños puedan mantener relaciones sexuales”, ante el desconcierto de los fieles que esperaban una condena o al menos una crítica.

    Diferente ha sido la reacción del cardenal holandés y arzobispo de Utrecht, monseñor Wilhelm Eijk, quien mientras Roma y el Dicasterio para la Doctrina de la Fe callan, en un artículo publicado en el medio italiano La Brújula Cotidiana, hace un ferviente llamado para que los círculos eclesiásticos competentes ordenen a los obispos flamencos retirar su declaración. 

    No es la primera vez que monseñor Eijk defiende públicamente la doctrina tradicional de la iglesia asegurando que el futuro pertenece a la práctica ortodoxa de la fe, y que “las religiones que se adaptan a la cultura y a los tiempos actuales se pierden y pierden a sus fieles”, algo que él ha podido experimentar en su propio país, donde la fe es ya prácticamente residual precisamente por el abandono de la propia curia.

  • La Ventana de Overton

    La Ventana de Overton

    En la década del 90 un científico político, Joseph P. Overton, desarrolla este concepto para explicar la interacción entre los políticos y la opinión pública. En el 2003 Overton murió en un accidente, pero su socio, Joseph Lehman, continuó desarrollando la teoría y la bautizó con el nombre de su difunto amigo.  

    El postulado es que un político, cuando implementa una determinada regulación, tiene un menú limitado de opciones. Estas opciones están dadas por lo que es considerado “aceptable” por la opinión publica en ese momento. 

    Daba como ejemplo la educación pública. En un extremo estaría una postura que pretende abolir la educación pública, prohibir los sindicatos de maestros y cortar cualquier tipo de financiamiento estatal y en el otro estaría la prohibición de la educación privada, de la patria potestad e instaurar el adoctrinamiento estatal obligatorio. Ninguna de estas dos opciones esta realmente disponible para un político, ya que las dos serian consideradas demasiado extremas por la opinión pública.

    Un observador político llamado Joshua Treviño clasifico los seis grados de aceptación publica de una idea:

    • Impensable
    • Radical
    • Aceptable
    • Razonable
    • Popular
    • Política implementada

    Overton y Lehman postulaban que las campañas publicas por parte de los diversos grupos de interés, consultores, “think tanks”, publicistas, relaciones públicas, medios de comunicación, etc. servían para que una determinada idea se moviera hasta entrar en la “ventana de respetabilidad” y por lo tanto pudiera ser incluida en el menú de opciones a disposición de un político.

    Es fácil pensar en mas ejemplos.  El “matrimonio” gay se nos viene inmediatamente a la cabeza.  De ser absolutamente impensable hace pocas décadas atrás, una campaña organizada fue moviendo la idea a través de los diversos grados hasta que hoy en día es una política implementada.

    Analizar como fue hecho esto es fascinante y muy útil para detectar como la opinión publica es manipulada.  No pretendo aquí hacer un análisis completo que pudiera ser el objeto de una columna futura.  Pero algunos hitos se me vienen a la cabeza.  En un momento se empezaron a hacer chistes sobre la homosexualidad que eran hábilmente desperdigados en películas, shows de televisión, libros, artículos, aun cuando el tema central fuera completamente distinto. No dejaba a los gays ni bien ni mal parados, pero simplemente se ponía el tema sobre la mesa (se me vienen a la cabeza o varios episodios de Seinfeld como ejemplo). 

    Al mismo tiempo, se asociaba la condena del estilo de vida gay con personas o situaciones antipáticas y se crearon “hombres de paja”, es decir posiciones que nadie realmente defiende, pero que son atacadas como la idea contrapuesta.  Por ejemplo, pretender que la gente que se opone al matrimonio homosexual propone como alternativa meter en la cárcel a todos los gays. 

    La epidemia de SIDA fue explotada para generar simpatía par los gay (“Philadelphia”)  y poner sobre el tapete un estilo de vida que hasta entonces se había mantenido en una oscuridad vergonzante.  Mas adelante, se empezó a centrar historias enteramente alrededor del estilo de vida gay, aunque de una manera todavía lateral (como por ejemplo “Will & Grace”). En fin. El resto es historia. 

    A esta altura, la campaña se encuentra en la etapa en la que el simple desacuerdo se transforme en “inaceptable” y la persecución legal y social de los que esposen ideas contrapuestas sea la nueva “política implementada”.  No son vencedores magnánimos.   

    La Izquierda ha perfeccionado la maquinaria de manipulación para llevar una idea desde la etapa de “inaceptable” a la de “política implementada” en tiempo récord.  Ya están probando con la pedofilia, la eliminación de la patria potestad, la prohibición del Cristianismo, una nueva política de segregación racial, infanticidio, etc. Todas ellas todavía en la zona de “impensables”, pero ya se pueden detectar algunas voces que empiezan a avanzar posiciones mas “moderadas” que van en esa línea con la clara intención de empezar a moverlas a través del “embudo ideológico”: “La pedofilia esta mal, pero propaganda gay y trans en la escuela primaria u operaciones de transición de genero a temprana edad son aceptables”.

    Esta maquinaria de manipulación ya no se contenta con promover positivamente una idea (“aprobemos el ‘matrimonio’ gay”).  Cada vez más se apoya en la censura de las ideas contrapuestas y estamos evolucionando rápidamente hacia la persecución directa de las mismas.  Las herramientas utilizadas ya no son solo insinuaciones desperdigadas aquí y allí en materiales educativos, de entretenimiento, culturales o noticias.  La mano se está tornando cada vez más pesada gracias a “Big Tech”, las burocracias de “recursos humanos” y “compliance” en las empresas, las burocracias estatales contra “la discriminación y el odio” y los principios de “ESG” (Equidad, Social y Gobierno) en el mundo empresario y financiero.

    Me pregunto a que se debe esta aceleración de tiempos.  Ideas que antes tardaban décadas en ser “procesadas” entre “inaceptables” a “política implementada” ahora están siendo empujadas en pocos años.  Se usan más garrotes y menos zanahorias. 

    ¿Sera que están tan seguros de si mismos que no temen ninguna reacción? ¿O por el contrario sienten que están perdiendo el control y tratan de aprovechar el tiempo que les queda con el control de la proverbial “manija”?

  • Los últimos covidianos

    Introducción de La Botella al Mar: Pasarán muchos años antes de que todos los hechos relacionados con el Covid-19 y su manejo por parte de los gobiernos y las estructuras de poder del mundo puedan ser analizados con el detalle que se merecen. Si es que algún día todos los hechos salen a la luz. Mientras tanto, este artículo de David Marcus en The Spectator pone el foco, con bienvenido humor, en aquellos que se aferran a sus mascaritas con un fanatismo irracional que formará parte también de lo que sociólogos e historiadores serios tendrán que analizar a la hora de entender qué nos dejó (y qué nos sacó) esta famosa pandemia.


    Caminan entre nosotros. Los últimos covidianos. Los vemos todos los días, enmascarados mientras pasean a su perro en el parque, o solos en su automóvil. Tenemos ese amigo o ser querido que nos acosa con las vacunas y los refuerzos como un ejecutivo de relaciones públicas de nivel medio en Pfizer.

    También está el guerrero de las redes sociales que nunca admitirá que se equivocó con los cierres, e insiste que incluso con nuestra economía y sistema educativo en ruinas, deberíamos estar agradecidos.

    No olvidemos a los funcionarios de salud pública como San Fauci, de quien recientemente supimos que tuvo una ganancia inesperada de mega millones mientras que el poder adquisitivo de los estadounidenses se desplomó. “Oh, no”, advierten, “¡no bajes la guardia ahora! ¡Viene el invierno!”

    Los últimos covidianos no son como los soldados japoneses en las islas después de la Segunda Guerra Mundial que no sabían que el conflicto había terminado; se parecen más a los soldados japoneses que siguen montando guardia en Tokio después de la guerra y le preguntan a una población desconcertada: “¿Por qué haces eso?”.

    El mes pasado, Joe Biden declaró que la pandemia había terminado. Fue uno de esos raros casos en los que el presidente dice algo que realmente tiene sentido. Por supuesto que se acabó. Las restricciones legales locales y estatales han caído casi en el olvido, y la mayoría de los estadounidenses hacen esto y aquello sin pensar en el Rona.

    Aquí en la ciudad de Nueva York, el nuevo mensaje sobre el uso de máscaras en el metro y otros espacios es “tú lo haces”. Esto viene de personas que pasaron dos años ladrando “tú haces lo que te dicen, o si no”. En su apogeo, los ejecutores del bloqueo de Covid, tanto oficiales como de otro tipo, eran tan conciliadores como una dominatriz. Ahora tú estás a cargo, ¿en serio?

    Estas fueron las personas que sufrieron ataques de apoplejía si su máscara cayó debajo de su nariz, que protagonizaron video viral tras video viral de pánico en la tienda de comestibles y diatribas en el asiento del automóvil. Incluso los silenciosos dirigían miradas de acero fundido a los que no tenían máscara, sus ojos enojados y disgustados visibles sobre el ceño fruncido oculto por la máscara.

    Entonces, ¿cómo deberíamos nosotros que hemos dejado atrás los tristes anuncios de televisión de música de piano y el crujido diario de los números de Covid tratar a aquellos que se aferran amargamente a su pandemia?

    Supongo que la bondad debería estar a la orden del día, pero ¿no fue la bondad la que nos metió en este lío en primer lugar? ¿No fue parte de la razón por la que los estadounidenses permitieron que las medidas de bloqueo absurdas y arbitrarias — e ignoradas por sus superiores — durasen tanto tiempo, su deseo de ser amable con los aterrorizados?

    Incluso después de que miles se aglomeraran en protesta contra la violencia policial, como docenas de Lollapaloozas, aún nos dijimos que lo más cortés y decente que podíamos hacer era fingir que nunca sucedieron y mantener el distanciamiento social. Éramos tontos.

    No solo nos tomaron por tontos, sino que se burlaron de nosotros y nos castigaron, nos despidieron de nuestros trabajos, nos llamaron asesinos de abuelas, nos excluyeron de las redes sociales, nos multaron por administrar nuestros negocios y, en general, nos trataron bastante mal. ¿Simplemente olvidamos todo eso?

    Nadie cree que sea una buena idea acercarse a las personas que usan una máscara y comenzar a regañarlas, a pesar de que alguna vez fue una parte perfectamente normal del día si uno desafiaba los protocolos. Pero, ¿qué tal un poco de vergüenza suave? Un guiño y una sonrisa mientras les decimos: “Recuerda, no te toques la cara”. O tal vez, “llamó 2020 y quiere recuperar tu obediencia sin sentido”. Se creativo.

    Hay dos problemas con dejar el pasado en el pasado e ignorar las fobias hipocondríacas de nuestros conciudadanos. Uno, ver las caras de las personas, ir a trabajar en las oficinas y tener interacciones sociales normales son parte de una sociedad que funciona. Pero además, los últimos covidianos están tratando de ocular a un verdadero desfile de mentiras covidianas.

    Cuanto más tiempo se les permita fingir que el covid sigue siendo una emergencia que debe ser parte de todo lo que hacemos, más razonables parecerán los absurdos de 2020, como lavar los alimentos y no tocar los picaportes, y más justificados parecerán los bloqueos inmorales.

    La verdadera amabilidad aquí es decirles a las personas que no tienen un riesgo raro, único y específico de Covid que se ven completamente ridículas cuando continúan con estas precauciones absurdas que no funcionaron en primer lugar. Es como usar una camiseta que dice: “No tomes nada de lo que digo en serio”.

    Si todos estábamos juntos cuando llegó el momento de apagar las luces y acurrucarnos en nuestras casas para combatir el virus, entonces todos debemos estar juntos cuando salgamos de nuestra pesadilla de encierro. Es hora de quitarse la máscara de la cara o enfrentar el hecho de que pareces un tonto. Y no es trabajo de nadie más fingir que no lo sos.

    por David Marcus

  • Exige derecho a abortar… pero no puede

    En Chile hemos sido testigos de un absurdo episodio a raíz de las declaraciones de la diputada “trans” de la República en ejercicio, Emilia Schneider Videla (por el partido Comunes), al señalar que luchará “con todo” contra la derecha, para que no puedan quitarle su derecho a abortar, pese a que por razones biológicas nunca podrá quedar embarazada. Para los lectores que no lo saben, la congresista nació como Sebastián en el año 1996, algo que en algúbn momento de su vida eligió no aceptar, iniciando “un proceso de cambio” para convertirse en la Emilia que conocemos hoy, activista LGTBI,  primera presidenta transgénero de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), hasta llegar al cargo que hoy ejerce, en el Congreso Nacional, entre otros.

    Hasta ahí el país en silencio y pretendiendo creer que el deseo de Emilia era muy válido, aunque biológicamente nunca tenga posiblidad de ejercer el derecho que pretende ejercer, recordándonos el episodio del traje nuevo del emperador de todos conocidos y que vivimos en un régimen de cancelación, impuesto por las minorías,  donde ya no nos atrevemos a expresar no solo lo que pensamos o creemos, sino lo que la lógica y razón misma indican.

    Sin embargo, envalentonada tal vez cono su reciente inclusión en las noticias, Emilia insultó ayer a dos diputados al tratarlos de mentirosos en su intervención en la Sala de la Cámara de Diputados, siendo refutada por el también diputado Sr. Gonzalo de la Carrera, al replicarle a viva voz “habla de mentiras, yo le quiero decir que yo he escuchado de usted dos grandes mentiras. Respetando su condición, usted no puede exigir su derecho a abortar porque jamás podrá abortar y tampoco puede exigir su derecho a menstruar”.

    En medio de las palabras del diputado de la Carrera y antes de que pudiera terminar, se empezaron a oír gritos de parlamentarios manifestando su indignación con esta línea argumental, acusándolo de transfóbico contra una colega y todo tipo de calificativos negativos. De inmediato, la propia Emilia anunció una denuncia en la Comisión de Ética y una querella en sede penal; mientras el Gobierno adelantaba el envío de un proyecto de ley que permita destituir a un parlamentario en casos de ataques a otros, calificando los dichos como “acciones de odio” y “ataques por orientación sexual o identidad de género”; junto con manifestar su más profunda y cariñosa solidaridad con la diputada y toda la comunidad LGBTQIA; confirmando que son las minorías las que gobiernan y sus opiniones se han convertido en palabra sagrada, y  si las contradices quedas “cancelado”.

    Los hechos descriptos generaron discusiones de todo tipo en las redes sociales, donde algunos sostenían que los dichos de Gonzalo de la Carrera si bien verdaderos, resultan políticamente incorrectos. Olvidan tal vez los que dan primacía a lo “políticamente correcto”, lo que comentó el profesor de derecho de la Universidad de Stanford, Michael McConnell, en entrevista publicada en el diario El Mercurio en agosto del año 2014, cuando comentaba que “lo políticamente correcto se opone a la idea de libertad de expresión”, erigiéndose tal concepto, las más de las veces, en una simple “excusa para censurar”.

    La hoy llamada “cultura de la cancelación” no solo quita productos del mercado para no exponer a la empresa al desprestigio cultural promovido activamente por movimientos progresistas (como el caso de Nike que retiro de la distribución sus zapatillas conmemorativas del 4 de Julio, conocidas como “Betsy Ross Flag”, tras la queja de un jugador negro de la NFL), sino que lleva a las masas a no opinar frente a disparates como que un hombre sostenga que luchara para que no le quiten el derecho a abortar y menstruar; reflejando que en un mundo que aparenta ser cada día más libre, los ciudadanos se sienten cada vez menos libres para expresarse, donde absolutamente todo es potencialmente ofensivo y motivo incluso para ser destutido de un cargo como el de diputado, al que uno accedió por eleccion popular.


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  • El ambientalismo como religión

    Introducción de La Botella al Mar: Cuando Marx dijo que “la religión es el opio de los pueblos”, estaba repitiendo parte del mensaje de una corriente de pensamiento que se hizo fuerte desde la época de la Ilustración y el Enciclopedismo. Estos pregonaban que la humanidad, iluminada por la razón y la ciencia, estaba finalmente dejando atrás las épocas obscuras de la credulidad y la supertición. El auge de innovación tecnológica alcanzado en la segunda mitad del siglo XIX, parecía confirmar para algunos estas expectativas y haber relegado a Dios a las páginas de los libros de historia. Aunque las dos guerras mundiales del siglo XX temperaron la creencia optimista de un futuro de constante mejora para una humanidad libre de las cadenas del oscurantismo, aún entonces corrientes influyentes en la sociedad presentaban a la ciencia como una alternativa o una refutación misma de la religión.

    Sin embargo, iniciado el siglo XXI, estamos constatando que la humanidad que le dio la espalda o pretendió “matar a Dios” como dijo Nitzche, no lo ha reemplazado por la tan mentada racionalidad despojada de misterios. Lo que está ocurriendo, lo que estamos viendo, es el reemplazo del Dios y la religión verdaderas, por dioses y religiones falsas, que dependen aún más de la fe ciega otrora criticada, que impone otros dogmas en reemplazo de los antes condenados y que cuenta con su propia Inquisición, mucho más eficaz en aislar y “cancelar” a los herejes de lo que cualquier tribunal eclesiástico lo fuera en tiempos pasados.

    El artículo que sigue, una tesis publicada en 2010 por Joel Garreau, detalla la estructura, preceptos y dogmas de una de las muchas religiones modernas: el ambientalismo. La traducción es nuestra. Esperamos que sea de su interés.


    La religión tradicional está pasando por un momento difícil en algunas partes del mundo. La mayoría en gran parte de los países europeos han dicho a los encuestadores de Gallup en los últimos años que la religión no “ocupa un lugar importante” en sus vidas. En toda Europa, la asistencia a las iglesias de orientación judeocristiana ha disminuido, al igual que la adhesión a prohibiciones religiosas como las que condenan los nacimientos fuera del matrimonio. Y mientras que los estadounidenses siguen siendo, en promedio, mucho más devotos que los europeos, hay focos demográficos y regionales en este país que se asemejan a Europa en sus creencias y prácticas religiosas.

    El rechazo de la religión tradicional en estas áreas ha creado un vacío que es poco probable que quede sin llenar; la naturaleza humana parece exigir una búsqueda de orden y sentido, y hoy en día no faltan opciones en el menú de las creencias. Algunos buscadores sincretizan la teología judeocristiana con el espiritualismo oriental o de la Nueva Era. Otros buscan a través de la ciencia las respuestas definitivas de nuestros orígenes, o sueñan con la trascendencia de la alta tecnología al fusionarse con las máquinas; cualquier enfoque no depende solo del racionalismo sino de la fe en la bondad de lo que el racionalismo puede ofrecer.

    Para algunos individuos y sociedades, el papel de la religión parece ser ocupado cada vez más por el ecologismo. Se ha convertido en “la religión elegida por los ateos urbanos”, según Michael Crichton, el difunto escritor de ciencia ficción (y escéptico del cambio climático). En un discurso de 2003 ampliamente citado, Crichton describió las formas en que el ecologismo “reasigna” las creencias judeocristianas:

    Hay un Edén inicial, un paraíso, un estado de gracia y unidad con la naturaleza, hay una caída de la gracia a un estado de contaminación como resultado de comer del árbol del conocimiento, y como resultado de nuestras acciones hay un día de juicio. que viene por todos nosotros. Todos somos pecadores energéticos, condenados a morir, a menos que busquemos la salvación, lo que ahora se llama sustentabilidad. La sustentabilidad es la salvación en la iglesia del medio ambiente. Así como la comida orgánica es su comunión, esa oblea libre de pesticidas que beben las personas adecuadas con las creencias correctas.

    En partes del norte de Europa, esta nueva fe es ahora la corriente principal. “Dinamarca y Suecia flotan como botes pequeños, contentos y duraderos de la vida secular, donde la mayoría de las personas no son religiosas y no adoran a Jesús o Vishnu, no veneran los textos sagrados, no oran y no dan mucha credibilidad a los dogmas esenciales de las grandes religiones del mundo”, observa Phil Zuckerman en su libro de 2008 Sociedad sin Dios. En cambio, escribe, estos lugares se han vuelto “limpios y verdes”. Esta nueva fe tiene implicaciones políticas muy concretas; los países donde tiene más aceptación tienden también a haber instituido políticas que los activistas climáticos respaldan. Para comprender mejor el futuro de la política climática, debemos comprender de dónde proviene la “ecoteología” y hacia dónde es probable que conduzca.

    De la teología a la ecoteología

    El zoólogo alemán Ernst Haeckel acuñó la palabra “ecología” en el siglo XIX para describir el estudio de “todas esas complejas relaciones mutuas” en la naturaleza que “Darwin ha demostrado que son las condiciones de la lucha por la existencia”. Por supuesto, la humanidad ha estado estudiando de cerca la naturaleza desde el principio de los tiempos. La religión de la Edad de Piedra ayudó a la primera investigación ecológica de la humanidad sobre la realidad natural, sirviendo como una guía esencial para comprender y ordenar el medio ambiente; fue a través de la historia y el mito que el hombre prehistórico interpretó el mundo natural y le dio sentido. La supervivencia requería saber cómo relacionarse con especies alimenticias como bisontes y peces, depredadores peligrosos como osos y poderosas fuerzas geológicas como volcanes, y el surgimiento de la agricultura requirió experiencia en los ciclos estacionales de los que depende el sustento de la civilización.

    Nuestro enfoque exclusivamente occidental del mundo natural fue moldeado fundamentalmente por Atenas y Jerusalén. Los antiguos griegos iniciaron una observación filosófica sistemática de la flora y la fauna; de su trabajo surgió el largo estudio de la historia natural. Mientras tanto, las enseñanzas judeocristianas sobre el mundo natural comienzan con el principio: hay un solo Dios, lo que significa que hay un orden cognoscible en la naturaleza; Él creó al hombre a Su imagen, lo que le da al hombre un lugar elevado en ese orden; y le dio al hombre dominio sobre el mundo natural:

    Y los bendijo con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo». También les dijo: «Yo les doy de la tierra todas las plantas que producen semilla y todos los árboles que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento. [Génesis 1:28-29]

    En su ensayo seminal “Las raíces históricas de nuestra crisis ecológica”, publicado en la revista Science en 1967, el historiador Lynn Townsend White, Jr. argumenta que esos preceptos bíblicos hicieron del cristianismo, “especialmente en su forma occidental”, la “religión más antropocéntrica” que mundo ha visto.” En marcado contraste con el animismo pagano, el cristianismo postuló “un dualismo entre el hombre y la naturaleza” e “insistió en que es la voluntad de Dios que el hombre explote la naturaleza para sus propios fines”. Mientras que los credos paganos más antiguos daban una cuenta cíclica del tiempo, el cristianismo presumía una dirección teleológica de la historia y, con ella, la posibilidad de progreso. Esta creencia en el progreso era inherente a la ciencia moderna que, unida a la tecnología, hizo posible la Revolución Industrial. Así fue el poder de controlar la naturaleza alcanzado por una civilización que había heredado la licencia para explotarla.

    Para White, esto no fue un desarrollo histórico positivo. Escribiendo solo unos años después de la publicación del éxito de taquilla ecológico Silent Spring de Rachel Carson, White compartió la preocupación por la destrucción de la naturaleza por parte de la cultura tecno-industrial. Cualquier beneficio que la innovación científica y tecnológica haya traído a la humanidad fue eclipsado por los poderes de extracción y procesamiento “fuera de control” de la vida industrial y la degradación mecánica de la tierra. El cristianismo, escribe White, “carga con una enorme carga de culpa” por la destrucción del medio ambiente.

    White creía que la ciencia y la tecnología no podían resolver los problemas ecológicos que habían creado; nuestra herencia cristiana antropocéntrica está demasiado arraigada. “A pesar de Copérnico, todo el cosmos gira alrededor de nuestro pequeño globo. A pesar de Darwin, no somos, en nuestros corazones, parte del proceso natural. Somos superiores a la naturaleza, la despreciamos y estamos dispuestos a usarla para nuestro más mínimo capricho”. Pero White no estaba del todo sin esperanza. Aunque “ningún nuevo conjunto de valores básicos” “desplazará a los del cristianismo”, tal vez el cristianismo mismo pueda ser reconcebido. “Dado que las raíces de nuestro problema son en gran medida religiosas, el remedio también debe ser esencialmente religioso”. Y así, White sugiere como modelo a San Francisco, “el mayor revolucionario espiritual en la historia occidental”. Francisco debería haber sido quemado como hereje, escribe White, por tratar de “sustituir la idea de la igualdad de todas las criaturas, incluido el hombre, por la idea del gobierno ilimitado del hombre en la creación”. Aunque Francisco fracasó en convertir el cristianismo hacia su visión de humildad radical, White argumentó que algo similar a esa visión es necesario para salvar el mundo en nuestro tiempo.

    El ensayo de White causó revuelo, por decir lo menos, convirtiéndose en la base de innumerables conferencias, simposios y debates. Una de las críticas más serias a la tesis de White aparece en el libro de 1971 del teólogo Richard John Neuhaus In Defense of People, una amplia acusación del surgimiento de la meliflua “teología de la ecología”. Neuhaus argumenta que nuestro marco de derechos humanos se basa en la comprensión cristiana de la relación del hombre con la naturaleza. Derrocar a este último, como White esperaba que sucediera, hará que el primero se derrumbe. Y Neuhaus argumenta que White malinterpreta a su propio candidato para un santo patrón ecológico:

    Lo que White y otros subestiman, y lo que fue tan impresionante en Francisco, es el enfoque incesante en la gloria del Creador. La línea de responsabilidad de Francisco conducía directamente al Padre y no a la Madre Naturaleza. Francisco no rendía cuentas a la naturaleza sino a Dios. Francisco es el santo favorito de casi todos y la gentil compasión de su visión abarcadora es, vista selectivamente, susceptible a casi cualquier argumento o estado de ánimo… No fueron las pretensiones de la creación sino las pretensiones del Creador las que se apoderaron de Francisco.

    Otros escritores cristianos se unieron a Neuhaus para condenar el intento del movimiento ecológico de subvertir o suplantar su religión. “Nosotros también queremos limpiar la contaminación en la naturaleza”, objetó Christianity Today, “pero no contaminando las almas de los hombres con un paganismo revivido”. La revista jesuita América llamó al ambientalismo “una herejía estadounidense”. El teólogo Thomas Sieger Derr lamentó “una preferencia expresa por la preservación de la naturaleza no humana frente a las necesidades humanas dondequiera que sea necesario elegir”. (Stephen R. Fox relata estas respuestas en su libro de 1981 John Muir and His Legacy: The American Conservation Movement).

    La ecologización del cristianismo

    Desde la perspectiva de hoy, parece que el consejo de White ha sido escuchado en todas partes. Las ecoteologías vagamente basadas en conceptos extraídos del hinduismo o el budismo se han vuelto populares en algunos círculos de Baby Boomers. Los neopaganos aceptan alegremente la designación de “abraza-árboles” y dicen que nacieron “verdes”. Y, lo que es más sorprendente, el cristianismo ha comenzado a aceptar el ecologismo. Los teólogos ahora hablan rutinariamente de “mayordomía”, una doctrina de la responsabilidad humana por el mundo natural que une las interpretaciones de los pasajes bíblicos con las enseñanzas contemporáneas sobre la justicia social.

    En noviembre de 1979, una docena de años después del ensayo de White, el Papa Juan Pablo II designó formalmente a Francisco de Asís como santo patrón de los ecologistas. Durante las siguientes dos décadas, Juan Pablo abordó repetidamente en términos apasionados la obligación moral de “cuidar toda la Creación” y argumentó que “el respeto por la vida y por la dignidad de la persona humana se extiende también al resto de la Creación, que se llama unirse al hombre en la alabanza de Dios.” Su sucesor, Benedicto XVI, también se ha pronunciado sobre el medio ambiente, aunque de forma menos conmovedora. “Esa misma normalidad”, argumenta un corresponsal del National Catholic Reporter, “parece notable. Benedicto simplemente dio por sentado que su audiencia reconocería el medio ambiente como un objeto de legítimo interés cristiano. Lo que revela el tono práctico, en otras palabras, es hasta qué punto el catolicismo se ha ‘reverdecido’”.

    El protestantismo estadounidense también se ha vuelto verde. Numerosas congregaciones están construyendo “iglesias verdes”, eligiendo glorificar a Dios no erigiendo santuarios altísimos, sino construyendo lugares de culto con mayor eficiencia energética. En algunas denominaciones, los programas para reciclar o compartir vehículos parecen tan comunes como las colectas de alimentos. Las celebraciones del Día de la Tierra patrocinadas por la iglesia están muy extendidas.

    Incluso algunos evangélicos se están volviendo hacia el ambientalismo. Luis E. Lugo, director del Foro Pew sobre Religión y Vida Pública, habla de su “sensibilidad ambiental más amplia”:

    Una vez que se traduce a términos bíblicos, [los evangélicos] levantan el estandarte ambiental usando frases que resuenan en la comunidad: “Cuidado de la creación”. Eso lo coloca inmediatamente en un contexto evangélico en lugar de los argumentos empíricos sobre el medio ambiente. “Este es el mundo que Dios creó. Dios les dio el mandato de cuidar este mundo”. Es un llamamiento religioso muy directo.

    Dicho esto, el ampliamente difundido “reverdecimiento de los evangélicos” no debe exagerarse. Los líderes evangélicos conservadores siguen desconfiando de la agenda ambientalista y de cualquier ataque a la destreza industrial que pueda verse como un socavamiento de la grandeza nacional estadounidense. Muchos evangélicos están irritados por la crítica de los ecologistas a la descripción del Génesis del lugar del hombre en el orden natural. Y los evangélicos están alerta a cualquier indicio de culto pagano. Además, los datos de las encuestas disponibles, ciertamente bastante escasos, pintan un panorama mixto. En una encuesta de 2008 realizada por Barna Group, una firma de opinión pública con sede en California que se concentra en temas de la iglesia, el 90 por ciento de los evangélicos que respondieron dijeron que “les gustaría que los cristianos asumieran un papel más activo en el cuidado de la creación” (con dos tercios diciendo que estaban totalmente de acuerdo con ese sentimiento). Pero el término “cuidado de la creación” no se había asimilado (el 89 por ciento de los encuestados que se identificaron como cristianos dijeron que nunca habían oído hablar de él). Y tanto la encuesta de Barna como otra encuesta de 2008 realizada por Pew encontraron que los evangélicos tienden a ser mucho más escépticos sobre la realidad del calentamiento global que otros cristianos estadounidenses o la población en general.

    En la medida en que los evangélicos y los ambientalistas se acerquen entre sí, puede haber beneficios para cada lado. Para las iglesias con congregaciones que envejecen, los temas ecológicos supuestamente ayudan a atraer a nuevos miembros más jóvenes a las bancas. ¿Y qué esperan ganar los activistas ambientales al reclutar iglesias para su causa? “Soldados de a pie, es la respuesta corta”, dice Lugo.

    Calvinismo de carbono

    Más allá de influir, incluso se podría decir colonizar, el cristianismo, el movimiento ecológico puede verse cada vez más como una especie de religión en sí misma. Es de “carácter casi religioso”, dice Lugo. “Genera su propio conjunto de valores morales”.

    Freeman Dyson, el brillante e inconformista físico octogenario, está de acuerdo. En un ensayo de 2008 en New York Review of Books, describió el ambientalismo como “una religión secular mundial” que ha “reemplazado al socialismo como la principal religión secular”. Esta religión sostiene “que somos administradores de la tierra, que despojar el planeta con los productos de desecho de nuestra vida lujosa es un pecado, y que el camino de la rectitud es vivir lo más frugalmente posible”. La ética de esta nueva religión, continuó,

    se les enseña a los niños en jardines de infancia, escuelas y universidades de todo el mundo… Y la ética del ambientalismo es fundamentalmente sólida. Los científicos y los economistas pueden estar de acuerdo con los monjes budistas y los activistas cristianos en que la destrucción despiadada de los hábitats naturales es mala y la preservación cuidadosa de las aves y las mariposas es buena. La comunidad mundial de ecologistas, la mayoría de los cuales no son científicos, tiene una posición moral elevada y está guiando a las sociedades humanas hacia un futuro esperanzador. El ecologismo, como religión de esperanza y respeto por la naturaleza, llegó para quedarse. Esta es una religión que todos podemos compartir, creamos o no que el calentamiento global es dañino.

    Describir el ambientalismo como una religión no equivale a decir que el calentamiento global no es real. De hecho, la evidencia de ello es abrumadora, y hay poderosas razones para creer que los humanos lo están causando. Pero sin importar su base empírica, el ambientalismo está tomando progresivamente la forma social de una religión y satisfaciendo algunas de las necesidades individuales asociadas con la religión, con importantes implicaciones políticas y normativas.

    William James, el psicólogo y filósofo pionero, definió la religión como la creencia de que el mundo tiene un orden invisible, junto con el deseo de vivir en armonía con ese orden. En su libro de 1902 Las variedades de la experiencia religiosa, James señaló el valor de una comunidad de creencias y prácticas compartidas. También valoró la búsqueda individual de espiritualidad, una búsqueda de significado a través de encuentros con el mundo. Más recientemente, el difunto filósofo analítico William P. Alston describió en The Encyclopedia of Philosophy lo que él consideraba las características esenciales de las religiones. Incluyen una distinción entre objetos sagrados y profanos; actos rituales centrados en objetos sagrados; un código moral; sentimientos de asombro, misterio y culpa; adoración en presencia de objetos sagrados y durante los rituales; una cosmovisión que incluye una noción de dónde encaja el individuo; y un grupo social cohesivo de personas de ideas afines.

    El ambientalismo se alinea bastante fácilmente con ambas versiones de la religión. A medida que el cambio climático transforma literalmente los cielos sobre nosotros, el ecologismo basado en la fe presenta cada vez más santos, pecados, profetas, predicciones, herejes, demonios, sacramentos y rituales. El principal de sus hombres santos es Al Gore, quien, según sus partidarios, fue crucificado en las elecciones de 2000, luego resucitó de entre los muertos políticos y ascendió al cielo dos veces, no solo como una deidad Nobel, sino como un ángel de los Premios de la Academia. Habla del “cuidado de la creación” y cita la Biblia con la esperanza de atraer a los evangélicos.

    Vender indulgencias está pasado de moda en estos días. Pero ahora puede mitigar su culpa comprando compensaciones de carbono. El fuego y el azufre también están muy de moda, acompañados de un olor inconfundible de autoritarismo: “Un profesor que escribe en el Medical Journal of Australia pide al gobierno australiano que imponga un cargo de carbono de $5,000 por cada nacimiento, tarifas anuales de carbono de $800 por niño y proporcionar un crédito de carbono para la esterilización”, escribe Braden R. Allenby, profesor de ingeniería ambiental, ética y derecho de la Universidad Estatal de Arizona. Un “artículo en New Scientist sugiere que el problema con la obesidad es la carga adicional de carbono que impone al medio ambiente; otros que uno de los principales costos sociales del divorcio es la carga de carbono adicional que resulta de la división de las familias”. Allenby, escribiendo en un artículo de 2008 en GreenBiz.com, continúa:

    Un estudio reciente del Ministerio de Desarrollo Sostenible de Suecia sostiene que los hombres tienen un impacto desproporcionadamente mayor en el calentamiento global (“las mujeres provocan considerablemente menos emisiones de dióxido de carbono que los hombres y, por lo tanto, considerablemente menos cambio climático”). El presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático afirma que aquellos que sugieren que el cambio climático no es un desafío catastrófico no son diferentes a Hitler…. E.O. Wilson llama a esas personas parásitos. La columnista del Boston Globe Ellen Goodman escribe que “los que niegan el calentamiento global ahora están a la par con los que niegan el Holocausto”.

    La gran cantidad de lenguaje vicioso empleado para reformular las tendencias sociales y culturales en términos de su huella de carbono sugiere el surgimiento de lo que Allenby llama un nuevo y peligroso “fundamentalismo del carbono”.

    Algunos observadores detectan paralelismos entre el movimiento ecológico y la Iglesia medieval. “Uno podría ver a los Greenpeacers como cruzados, con el industrial como el infiel”, escribe Richard North en New Scientist. Eso puede ser exagerado, pero parece que esta nueva religión tiene su parte de herejes excomulgados. Por ejemplo, desde que se atrevió a desafiar la ortodoxia ambientalista, Freeman Dyson se ha descubierto a sí mismo descrito de diversas formas como “un idiota pomposo”, “un fanfarrón”, “un pozo negro de desinformación” y “un viejo loco cabalgando hacia la puesta del sol”. Por su parte, Dyson permanece alegremente impenitente. “Tenemos suerte de poder ser herejes hoy sin ningún peligro de ser quemados en la hoguera”, ha dicho. “Pero desafortunadamente soy un viejo hereje…. Lo que el mundo necesita son jóvenes herejes”.

    Muchos de los que argumentan que el ambientalismo se ha convertido en una religión lanzan la palabra “religión” como un peyorativo. Este desdén tiene sus raíces en una proposición incontrovertible: no puedes razonar tu camino hacia la fe. Esa es la idea detrás del “salto de fe”, o el salto a la fe, en la formulación original de Kierkegaard: el acto de creer en algo sin, o a pesar de, evidencia empírica. Kierkegaard argumentó que si elegimos la fe, debemos suspender nuestra razón para creer en algo superior a la razón.

    Entonces, aquellos en el lado derecho del espectro político que retratan el ambientalismo como una religión lo hacen porque, si la fe no es inherentemente alcanzable a través de la racionalidad, y si el ambientalismo es una religión, entonces el ambientalismo es completamente irracional y debe ser desacreditado e ignorado. Esa es la esencia del discurso de Michael Crichton de 2003. “Cada vez más”, dijo, “parece que los hechos no son necesarios, porque los principios del ambientalismo tienen que ver con las creencias”. El ambientalismo, argumentó, se ha divorciado totalmente de la ciencia. “Se trata de si vas a ser pecador o te salvarás. Ya sea que vaya a ser una de las personas del lado de la salvación o del lado de la perdición. Si vas a ser uno de nosotros, o uno de ellos”.

    Un ataque similar de la derecha proviene de Ray Evans, un empresario, político y escéptico del calentamiento global australiano:

    Casi todos los ataques a la industria minera generados por el movimiento ambientalista [en la década de 1990] procedían del norte de Europa y Escandinavia, y no me tomó mucho tiempo darme cuenta de que estábamos tratando con creencias religiosas, que la las élites del norte de Europa y Escandinavia (las élites políticas, las élites intelectuales, incluso las élites empresariales) eran, de hecho, creyentes en una forma u otra de ecologismo y al margen de los hechos. Algunas de las políticas más extrañas surgían de estos países con respecto a los metales. Me encontré teniendo que averiguar: “¿Por qué es así?” — porque a primera vista estaban locos, pero eran muy fuertes y tendrías que decir que cuando las personas se aferran a las creencias sobre el mundo natural, y se aferran a ellas independientemente de cualquier evidencia de lo contrario, entonces tú ‘ estás tratando con la religión, no estás tratando con la ciencia…

    En segundo lugar, satisface una necesidad religiosa. Necesitan creer en el pecado, lo que significa que el pecado es igual a la contaminación. Necesitan creer en la salvación. Bueno, el desarrollo sostenible es la salvación. Necesitan creer en una humanidad que necesita la redención, por lo que se obtiene la redención al dejar de usar combustibles de carbono como el carbón y el petróleo, etc. Por lo tanto, satisface una necesidad religiosa y una necesidad política, por lo que se aferran a ella con tanta tenacidad, a pesar de toda la evidencia de que todo es una tontería.

    Los izquierdistas también a veces menosprecian el ambientalismo como una religión. En su caso, la principal objeción suele ser pragmática: el racionalismo produce cambios y la religión no. Así, por ejemplo, el radical de los años sesenta Murray Bookchin consideró patética la forma en que el ambientalismo se conectaba con la espiritualidad de la Nueva Era. “El verdadero cáncer que aqueja al planeta es el capitalismo y la jerarquía”, escribió. “No creo que podamos contar con oraciones, rituales y buenas vibraciones para quitar este cáncer. Creo que tenemos que combatirlo activamente y con todo el poder que tenemos”. Bookchin, un revolucionario que se describe a sí mismo, descartó la espiritualidad verde como “escamosa”. Dijo que su propia marca de “ecología social”, por el contrario, “no se basa en encantamientos, sutras, diagramas de flujo o caprichos espirituales. Es declaradamente racional. No trata de obsequiar formas metafóricas de mecanismos espirituales y biologismos crudos con ‘Eco-la-la’ taoísta, budista, cristiano o chamánico”.

    El profeta y el hereje

    En la década de 1960, un químico británico que trabajaba con el programa espacial estadounidense tuvo una idea. El planeta Tierra, se dio cuenta James Lovelock, se comporta como un sistema vivo complejo del cual los humanos somos, en efecto, algunas de sus partes. Los componentes físicos de la tierra, desde su atmósfera hasta sus océanos, se integran estrechamente con todos sus organismos vivos para mantener la química climática en un equilibrio autorregulador ideal para el mantenimiento y la propagación de la vida.

    Su idea resultó tener valor científico. Sin embargo, Lovelock probablemente sería solo una nota a pie de página en la historia científica en lugar de la celebridad intelectual muy condecorada que es, excepto por una cosa: nombró a este vasto organismo planetario en honor a la diosa griega que personificaba la tierra, Gaia, y describió a “Ella” como “viva”.

    Su Hipótesis de Gaia no solo fue predeciblemente controvertida en el mundo de la ciencia, como corresponde a un replanteamiento radical de la compleja biosfera de la Tierra, sino que fue venerada y vilipendiada por aquellos que vieron que encajaba perfectamente con la espiritualidad teñida de la Nueva Era. Esto era cierto a pesar de que describe su tiempo en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena como uno en el que “no todos éramos hippies con nuestras chicas rockeras”. Para bien y para mal, Lovelock no solo le dio al planeta una personalidad, sino que creó una para sí mismo, convirtiéndose en “lo más parecido que tenemos a un profeta del Antiguo Testamento, aunque su deidad no es Jehová sino Gaia”, como señaló recientemente el Sunday Times.

    A pesar de que Lovelock continúa haciendo todo lo posible para ser un empirista, su libro de 2009 The Vanishing Face of Gaia: A Final Warning, publicado el año en que celebró su noventa cumpleaños, ha sido reseñado como la jeremiada colérica de un profeta sobre la fatalidad planetaria, tachonada de con parábolas de posible salvación para unos pocos.

    Ser abrazado por la izquierda espiritual le ha dado fama y atención a Lovelock. Sin embargo, son una maravilla los desafíos que Lovelock ha creado para sí mismo al cambiar las mentes de los fanáticos. En Vanishing Face, por ejemplo, Lovelock, siempre científico, considera con mente abierta las posibilidades de que los humanos luchen contra el calentamiento global mediante la reingeniería intencional del planeta. Una idea que discute es adaptar cada avión comercial en la tierra para permitirles, mientras vuelan, cada uno de ellos rociar una o dos toneladas de ácido sulfúrico en la estratosfera todos los días en el futuro previsible. La idea es que esto creará moléculas que harán que la energía solar se refleje hacia el espacio, reemplazando la reflectividad de los casquetes polares que se derriten.

    Entonces, le dices a Lovelock: Has logrado difundir esta idea de que el planeta es un organismo vivo. Mucha gente está totalmente convencida de su hipótesis e incluso lo ven como un profeta. ¿Cómo empezaría a vender esta idea de inyectar ácido sulfúrico a un ser vivo que algunos ven en términos religiosos?

    “Sí, especialmente cuando piensas en el papel del elemento azufre en la teología antigua”, responde Lovelock. “El diablo: el olor a azufre revela su presencia. Escucho lo que dices muy claramente. Nunca he tenido que venderlo a verdes religiosos hasta ahora. No tengo muchas ganas de trabajar”.

    Sobre el ecologismo cada vez más basado en la fe, Lovelock dice: “Estoy totalmente de acuerdo contigo. Veo a los humanos como probablemente teniendo un deseo evolutivo de tener una ideología, para justificar sus acciones. El pensamiento verde es como las religiones cristiana o musulmana: es otra ideología”.

    En términos de salvar a Gaia, ¿considera que el calvinismo del carbono es una ventaja neta o una desventaja neta?

    “Un menos neto. A menudo escuchas a los ambientalistas decir que uno debe hacer esto o lo otro, como no volar, porque no hacerlo puede salvar el planeta. Es pura arrogancia imaginar que podemos salvar a Gaia. Está bastante más allá de nuestra capacidad. Lo que tenemos que hacer es salvarnos a nosotros mismos. Eso es muy importante. A Gaia le gustaría.

    ¿A Gaia le gustaría?

    “Sí. Tengo que tener mucho cuidado aquí, porque me malinterpretan mal. No pretendo que Gaia sea una entidad sensible y ese tipo de cosas. Es realmente metafórico. Habiendo dicho eso—”

    ¿Gaia pensaría que es importante que nos salvemos a nosotros mismos?

    “Exactamente. Nuestra evolución de la inteligencia es algo de inmenso valor para el planeta. Podría hacer, eventualmente, parte de él, un planeta inteligente. Más capaz de lidiar con problemas como asteroides entrantes, explosiones volcánicas, etc. Así que nos veo como altamente beneficiosos y, por lo tanto, ciertamente vale la pena salvarlos”.

    La buena noticia sobre los religiosos verdes, dice Lovelock, es que pueden ser dirigidos. Los santos como él pueden cambiar de opinión. “Tengo una experiencia personal aquí. Hace algo así como cinco años en Gran Bretaña hicieron una gran encuesta. Casi no había nadie” a favor de la energía nuclear. Ahora, gracias en gran parte al cabildeo de Lovelock, al menos en su propio relato, la gran mayoría de los británicos están a favor de la energía nuclear.

    Bjørn Lomborg comparte la fe de Lovelock en la democracia. Él cree que la gente quiere hacer el bien, y si te acercas a ellos sobre esa base, puedes hacer que entren en razón. Lomborg es el autor danés de The Skeptical Environmentalist (publicado en inglés en 2001) y director del Copenhagen Consensus Center. Ha sido ridiculizado por oponerse al Protocolo de Kioto y otras medidas para reducir las emisiones de carbono a corto plazo debido a la evidencia que ve de que no logran sus objetivos. En cambio, argumenta que debemos adaptarnos a los inevitables aumentos de temperatura a corto plazo y gastar dinero en investigación y desarrollo para soluciones ambientales a más largo plazo, así como otras crisis mundiales apremiantes como la malaria, el SIDA y el hambre. Argumenta, por ejemplo, que llevar vitamina A y zinc al 80 por ciento de los 140 millones de niños en el mundo en desarrollo que carecen de ellos es una prioridad más alta que reducir las emisiones de carbono. El costo, argumenta, sería de $ 60 millones por año, lo que generaría beneficios para la salud y el desarrollo cognitivo de más de $ 1 mil millones.

    A pesar de su herejía, Lomborg cree que el empirismo puede prevalecer sobre la fe. Él cree que, en una democracia, si sigues defendiendo tu caso con calma, racionalidad y simpatía, la gran mayoría puede llegar a pensar que tienes más sentido que los verdaderos creyentes. “Creo que la mayoría de la gente quiere hacer el bien”, dice.

    No solo quieren rendir homenaje a cualquier dios o religión que sea el sabor del año. En realidad, quieren ver resultados concretos que dejen a este planeta como un lugar mejor para el futuro. Así que trato de involucrarlos de una manera racional en lugar de una manera religiosa. Por supuesto, si las mentes de las personas están completamente decididas, no hay nada que puedas hacer para cambiarlo. Pero mi sensación es que la mayoría de la gente no va en esa dirección. Mi sensación es que en prácticamente cualquier área, probablemente tengas un 10 por ciento de verdaderos creyentes a los que simplemente no puedes alcanzar. Y probablemente también el 10 por ciento que simplemente lo menosprecia y no le importa un comino. Pero el 80 por ciento son personas que están ocupadas viviendo sus vidas, amando a sus hijos y haciendo otros planes. Y creo que ese es el 80 por ciento que quieres alcanzar.

    Entonces, ¿por qué tanta gente quiere quemarte en la hoguera?

    Oh, por supuesto. Ciertamente muchos de los sumos sacerdotes han estado detrás de mí. Pero me lo tomo como un cumplido. Simplemente significa que mi argumento es mucho más peligroso. Si solo fuera un tipo loco que despotricaba fuera de la reunión religiosa, entonces podría no importar. Pero yo soy el tipo que dice, tal vez podrías hacerlo de manera más inteligente. Tal vez podrías ser más racional. Tal vez podrías gastar tu dinero de una mejor manera.

    Mucha gente me ha estado persiguiendo con un comportamiento totalmente desproporcionado si esto fuera realmente una discusión sobre hechos. Pero continuamente trato de hacer de esto un argumento sobre la racionalidad. Porque cuando haces eso, y tus oponentes tal vez exageran y van más allá del argumento racional, aparece en la conversación. La mayoría de la gente comenzaría a decir: “Vaya, qué raro que hayan llegado tan lejos”.

    Esto no significa negar que el calentamiento global también es un problema grave. Pero, de nuevo, pregunto: ¿por qué lo abordamos solo de la manera en que habla el dogma actual: reducir las emisiones de carbono ahora mismo y sentirse bien consigo mismo? En lugar de centrarse en hacer nuevas innovaciones que [permitirían a todos] reducir las emisiones de carbono a largo plazo de forma mucho más económica, más eficaz y con muchas más posibilidades de éxito.

    Cuando haces esos argumentos dobles, creo que el 80 por ciento del que hemos hablado comienza a decir: “Ese tipo tiene mucho sentido. ¿Por qué las otras personas están continuamente casi echando espuma por la boca? Y siempre diciendo: “No, no, no, hay que reducir las emisiones de carbono y ese tiene que ser el problema más grande del mundo”.

    Creo que esa es la manera de contrarrestar gran parte de esta discusión. No se trata de meter el pie en el campo religioso también. Es simplemente mantenerse firme en el lado racional y seguir diciendo: “pero sé que quieres hacer el bien en el mundo”.

    Lovelock y Lomberg, profeta y hereje, honrado y vilipendiado, uno esperando acción hoy y el otro esperando soluciones mañana, sin embargo, cada uno profesa confianza en un eventual respaldo democrático a su plan. Hable acerca de un acto de fe.

    La nueva religión y política

    Las dos caras del ambientalismo religioso, la ecologización de la religión dominante y el aumento del calvinismo del carbono, pueden transformar cada una de ellas el debate político y normativo sobre el cambio climático. En el primer caso, el creciente interés cristiano en la mayordomía podría desestabilizar la división política que durante mucho tiempo ha caracterizado las guerras culturales. Aunque la atracción de los problemas sociales ha hecho que la derecha parezca un hogar natural para los evangélicos, un compromiso con el ambientalismo podría llevarlos a alinearse más con la izquierda. Incluso si no se produce un realineamiento importante, el vínculo entre los evangélicos y la derecha podría aflojarse un poco. (Y más allá de la política, otras posiciones de larga data pueden ser sacudidas. Los activistas y científicos que durante mucho tiempo despreciaron a los evangélicos debido a sus puntos de vista sobre la evolución o las cuestiones de la vida tendrán que acostumbrarse a trabajar con los nuevos “soldados de a pie” ambientales y viceversa. viceversa.)

    Una preocupación más profunda es la expansión del irracionalismo en la elaboración de políticas públicas. Por supuesto, ningún debate político puede reducirse jamás a cuestiones de pura razón; siempre habrá valores y visiones fundamentalmente en conflicto que no pueden resolverse solo con la racionalidad. Pero la retórica de muchos ecologistas es más que una simple resolución de esas diferencias fundamentales. El lenguaje de los fundamentalistas del carbono “indica un cambio de [buscar ayudar] al público y a los formuladores de políticas a comprender un tema complejo, a demonizar el desacuerdo”, como ha escrito Braden Allenby. “Los procesos exploratorios y basados ​​en datos de la ciencia son sofocados por la inculcación de sistemas de creencias que se basan en la fuerza arquetípica y emotiva…. Se confía en la autoridad de la ciencia no para la iluminación fáctica sino como base ideológica para la política autoritaria”.

    No hay nada inusual en que los seres humanos tomen más de un camino en su búsqueda de la verdad: la ciencia al mismo tiempo que la religión, por ejemplo. Tampoco tiene nada de raro hacer política pública sin datos suficientes. Lo hacemos todo el tiempo; el mundo a veces lo exige.

    La buena noticia de hacer política pública en alianza con la fe es que puede suscitar cierto afán benéfico. Las personas tienden a ser más profundamente conmovidas por la fe que por la razón sola, por lo que la fe puede ser muy efectiva para lograr el cambio necesario, como lo demuestra el movimiento de derechos civiles, entre otros.

    La mala noticia es que el enfoque empírico surgió en gran parte para mitigar los peligros del celo, para evitar que la sangre fluya por las calles. Un enfoque estricto en los hechos y la razón siempre que sea posible puede evitar errores y excesos en la política. Pero, ¿puede alguien que ha hecho del ecologismo una fe, cuya visión del mundo y estilo de vida han sido completamente moldeados por él, adaptarse a los hechos cambiantes? Porque el único hecho que conocemos de manera confiable sobre el futuro del clima del planeta es que los hechos cambiarán. Es simplemente demasiado complejo para ser modelado de manera exhaustiva y precisa. Como bromea el climatólogo Gavin Schmidt, hay una forma sencilla de producir un modelo perfecto de nuestro clima que predirá el clima con un 100 por ciento de precisión: primero, comience con un universo que sea exactamente como el nuestro; luego espera 14 mil millones de años.

    Entonces, ¿qué sucede si, por ejemplo, descubrimos que no es posible devolver el medio ambiente a las condiciones que deseamos, como espera James Lovelock? ¿Qué sucede si se acumula evidencia de que debemos abordar el cambio climático con métodos que los calvinistas del carbono no aprueban? ¿Hasta qué punto, si es que hay alguno, aceptarían los devotos de lo “natural” la reingeniería del planeta? ¿Cuánto tiempo llevará, si es que llega a hacerlo, que la energía nuclear sea aceptada como ecológica?

    En los años venideros, veremos si los debates supuestamente científicos sobre el medio ambiente realmente pueden llevarse a cabo solo por los hechos y la razón, o si el cambio necesario, cualquiera que sea, requerirá una nueva Reforma. Porque si los asuntos ambientales realmente se han convertido en asuntos de fe, si el ambientalismo se ha convertido en un nuevo frente en las guerras culturales de larga data, entonces ¿qué lugar queda para la función crucial de la toma de decisiones pragmática y democrática?

    por Joel Garreau


    Joel Garreau es el autor de Radical Evolution: The Promise and Peril of Enhancing Our Minds, Our Bodies, and What it Means to be Human (Doubleday, 2005); de la cátedra Lincoln de Derecho, Cultura y Valores de la Universidad Estatal de Arizona; y Senior Future Tense Fellow en New America Foundation. Este artículo fue desarrollado durante una beca de periodismo Templeton-Cambridge en Ciencia y Religión en la Universidad de Cambridge.


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  • Mejor que IMAX

    Mejor que IMAX

    Decimos una tontería y a fuerza de repetirla acabamos creyéndola.

    La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda.

    Es difícil liberar a los tontos de las cadenas que ellos reverencian.

    Aquellos que te hacen creer absurdos te pueden hacer cometer atrocidades.

    Es peligroso tener razón donde las autoridades establecidas se equivocan.

    Estas citas no se refieren a la ideología de género, o al dogma del calentamiento global, o los estudiantes universitarios en las instituciones de elite, o a cualquier gobierno comunista del Siglo XX. Ni siquiera a los legítimos cuestionamientos sobre los resultados electorales en las elecciones del 2020 en Estados Unidos.

    Estas son todas frases de Voltaire, escritas en el Siglo XVIII cuando los que muy humildemente se auto percibían como “iluminados” se burlaban de la Iglesia Católica, o mejor dicho de la caricatura que ellos mismos se habían construido de la Iglesia y que poco tenía que ver con la realidad.  

    Voltaire es considerado uno de los padres espirituales de la Revolución Francesa que pocos años después adoraba a la “diosa razón” en Notre Dame, representándola con una prostituta.  Como dijo Chesterton: “Cuando la gente no cree mas en Dios, no pasa a no creer en nada. Pasa a creer en cualquier cosa”.

    El máximo logro de este movimiento “liberador” fue liberar a un montón de cuerpos de la opresión de sus respectivas cabezas y provocar una proto guerra mundial a través de su heredero intelectual, Napoleón Bonaparte, causando otros miles de muertos más.  Confirmando la máxima sobre el que hace creer absurdos naturalmente hace cometer atrocidades.

    Después de casi tres siglos de “progreso”, es interesante observar como el movimiento progresista se acerca cada vez mas a la caricatura que ellos crearon de la Iglesia:

    Tienen dogmas que no pueden ser discutidos:

    • Se puede elegir el “genero” que es una “construcción social” pero no la “orientación sexual” que es una característica innata e inamovible.
    • Los bebes no existen en la panza de la madre y por lo tanto no tienen ningún derecho.  
    • Los modelos de computadora, con miles de variables que predicen el comportamiento del clima dentro de décadas son inerrantes y no pueden ser cuestionados.  
    • La causa del crimen son las armas y la pobreza. Ninguna otra causa puede ser analizada. 
    • Las diferencias de resultados entre diversas categorías humanas solo puede ser explicada por la injusticia del “sistema”, racismo, opresión, colonialismo, etc. Nunca por méritos o deméritos individuales.  

    Y sigue una larga lista que va a siendo adaptada según corre el tiempo. Porque a diferencia de la Iglesia, que tienen poquísimas declaraciones dogmáticas y todas ellas con siglos de tradición, análisis, concilios, bibliotecas escritas sobre cada uno, esta nueva secta religiosa tiene cientos de dogmas temporarios. Ninguno de ellos expresado con claridad y nunca escritos y enumerados. Uno nunca puede estar seguro cual es el “Credo” de esta nueva religión.

    La Inquisición Católica fue originada como una protección a los individuos que eran perseguidos por el poder político bajo la excusa de temas religiosos. En respuesta se instauro un proceso con acusación, defensa, procedimientos, garantías para evitar que alguien fuera declarado hereje por un capricho.  No se trata aquí de negar los abusos a lo que ello se prestó. Como toda institución manejada por seres humanos. Pero baste decir que la famosísima inquisición española (considerada el “estándar de oro” de la represión inhumana y supersticiosa, ejecuto en toda su existencia de cuatro siglos a unas 3,000 personas, siendo que el numero más alto que es esgrimido por los “leyendistas negros” es de 30,000.  

    La nueva secta religiosa del progresismo tiene una inquisición fanática. Pero a diferencia de la original, no tiene acusación, ni defensa, ni proceso, ni garantías.  Simplemente la ley de la muchedumbre tecnológica que condena e impone las penalidades de la “cultura de cancelación” (o de las más concretas) con liberalidad. Todavía han sido relativamente limitados cuando se trata de matar físicamente, pero eso se acerca.  Y estoy siendo generoso aquí ya que no pongo en su haber los más de 100,000,000 de víctimas del comunismo, que ciertamente correspondería incluir.

    Y ni hablemos de la separación de la Iglesia y el Estado. A diferencia de la enseñanza tradicional de la Iglesia que siempre considero el poder temporal separado del espiritual (aunque sujeto a la Ley de Dios), en la mente progresista todos los mandatos “morales” deben ser implementados a través de regulaciones estatales.  No creyendo en una vida eterna, todas las penas por los “pecados” deben ser pagados en esta tierra. No creyendo en un Tribunal Divino, se apoyan exclusivamente en los estatales.  

    Aquí podemos recurrir a Sigmund Freud, otro de los patriarcas del Progresismo que, como todo reloj roto tiene razón dos veces al día:  Según dicen, Freud notó que alguno de sus pacientes acusaba a otros de tener sentimientos que en realidad eran exactamente los que ellos mismos estaban demostrando.  A esto lo llamo “proyección psicológica”. 

    La secta Progresista proyecta como una pantalla de IMAX: ellos son exactamente la peor versión de la leyenda negra de la Iglesia Católica.