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  • Inquilinos Engañados

    Inquilinos Engañados

    Un tal Sr. Gervasio Muñoz ha propuesto que se confisquen las propiedades “vacías” en la Ciudad de Buenos Aires, las que pasarían a ser administradas probablemente por el Sr. Muñoz.  El argumento esgrimido es que en la Ciudad la demanda de alquileres ha crecido sin que haya aumentado la oferta, eso a pesar de que se han construido una gran cantidad de viviendas cuyos propietarios prefieren dejarlas vacías antes de ofertarlas para su uso.  Cualquier persona con un cociente intelectual de 3 dígitos, se preguntaría el porqué de esta extraña decisión por parte de los propietarios.  Para el Sr. Muñoz, que no parece haber sido particularmente bendecido por la Naturaleza, la respuesta es obvia: los propietarios son malos, sádicos y tontos.   

    Cuando se estaba debatiendo la Ley de Alquileres, que entró en vigor en junio de 2020, gracias a luminarias como el Sr. Muñoz, mucha gente predijo que una de las consecuencias obvias de la medida sería la restricción de la oferta, exacerbando el problema que decían querer solucionar.   El Sr. Muñoz y sus cómplices, descartaron la objeción e insistieron hasta conseguir lo que querían.

    En esta publicación, somos famosamente comprensivos y tolerantes. Entendemos que hay muchos puntos de vista sobre cada tema. Pero también sabemos que, para conservar la sanidad mental, es necesario establecer un criterio para separar la paja del trigo. Los buenos argumentos de los malos argumentos.   Nos parece razonable que ese criterio sea la realidad.   Si entre dos personas que se dicen especialistas en el predecir meteorología, una sistemáticamente le acierta y otra sistemáticamente le falla, le creeremos al primero y no al segundo.  Toda nuestra apertura y tolerancia no llega hasta decir que cada unos de ellos “tiene su verdad”.

    Este no es el criterio imperante en la mayor parte de los medios de comunicación.  Fallar en las predicciones o acertarle no tiene ningún peso para evaluar la credibilidad de las personas.  Lo que importa es que se hagan pronunciamientos altisonantes sobre su propia virtud y designe enemigos que le sean antipáticos a los periodistas.  

    Naturalmente el Sr. Muñoz, en lugar de ser vilipendiado por haber fallado tan escandalosamente en su predicción de que los problemas de los inquilinos serian solucionados por la Ley de Alquileres, vuelve a ser un “referente” que merece amplia cobertura mediática y es tratado como un oráculo para buscar una solución al problema que el mismo creó. 

    Estamos siendo un poco injustos. Sabemos que conseguir arruinar las cosas de una manera tan completa es un trabajo en equipo. Pero de tal manera el Sr. Muñoz encarna la perfecta combinación de ignorancia y arrogancia que nos permitimos tomarlo como un “referente”.

    Tenemos la ingenua esperanza que la propuesta no vaya a ninguna parte. Pero tal vez conviene recordar algunos puntos básicos y realizar algunas predicciones para que queden registradas. Como queremos ser inclusivos con las personas que comparten las limitaciones del Sr. Muñoz, lo haremos lo más simple posible:

    • La libertad individual significa una capacidad de elegir. Cuando me levanto a la mañana, puedo elegir ir a hacer algo productivo o no.  
    • Si bien las circunstancias no siempre permiten que consiga mi objetivo, un hábito constante de buenas elecciones del lado de la producción y prudencia en los gastos, produce ahorro. Disponer de ese ahorro es un derecho humano fundamental directamente conectado con mi derecho a la libertad. 
    • Es consistente con los buenos hábitos, poner ese ahorro en un uso productivo.  
    • A lo largo de la historia una industria surgió para ayudar a los ahorrantes a encontrar el uso mas productivo para sus ahorros. Esa industria es la bancaria / financiera.  
    • Naturalmente la confianza de que la industria bancaria y financiera efectivamente me ayude a encontrar un uso productivo para mis ahorros es clave. En Argentina esa confianza no existe.
    • Dada esa circunstancia, los ahorrantes han encontrado sucedáneos para manejar sus ahorros. Prominentemente, la inversión inmobiliaria y la actividad agropecuaria.  
    • Destruir la capacidad de ahorro, las posibilidades de conservarlo e invertirlo en actividades productivas es contrario a los derechos fundamentales de los ciudadanos (los famosos “derechos humanos”), contrario a los intereses de la comunidad, provocando hambre y muerte (estamos ajustándonos al lenguaje “inclusivo”. Nos disculpamos si todavía no hemos captado todas sus sutilezas).
    • De ser aprobado este proyecto, la consecuencia directa será la paralización de la construcción de viviendas en la Ciudad de Buenos Aires, trayendo hambre y miseria a los que dependen de esta industria, exacerbando el problema de falta de viviendas para alquiler, reduciendo la base de impuestos que alimentan los servicios públicos, trayendo su desfinanciación y provocando más hambre, miseria y muerte (en mi curso de lenguaje inclusivo me dicen que el uso de hipérboles es muy importante).

    Podemos decir pues con confianza que el Sr. Muñoz y sus cómplices son… (a ver como lo ponemos delicadamente en “lenguaje inclusivo”)  violadores de los derechos humanos, fascistas y genocidas.


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  • El ambientalismo como religión

    El ambientalismo como religión

    Introducción de La Botella al Mar: Cuando Marx dijo que “la religión es el opio de los pueblos”, estaba repitiendo parte del mensaje de una corriente de pensamiento que se hizo fuerte desde la época de la Ilustración y el Enciclopedismo. Estos pregonaban que la humanidad, iluminada por la razón y la ciencia, estaba finalmente dejando atrás las épocas obscuras de la credulidad y la supertición. El auge de innovación tecnológica alcanzado en la segunda mitad del siglo XIX, parecía confirmar para algunos estas expectativas y haber relegado a Dios a las páginas de los libros de historia. Aunque las dos guerras mundiales del siglo XX temperaron la creencia optimista de un futuro de constante mejora para una humanidad libre de las cadenas del oscurantismo, aún entonces corrientes influyentes en la sociedad presentaban a la ciencia como una alternativa o una refutación misma de la religión.

    Sin embargo, iniciado el siglo XXI, estamos constatando que la humanidad que le dio la espalda o pretendió “matar a Dios” como dijo Nitzche, no lo ha reemplazado por la tan mentada racionalidad despojada de misterios. Lo que está ocurriendo, lo que estamos viendo, es el reemplazo del Dios y la religión verdaderas, por dioses y religiones falsas, que dependen aún más de la fe ciega otrora criticada, que impone otros dogmas en reemplazo de los antes condenados y que cuenta con su propia Inquisición, mucho más eficaz en aislar y “cancelar” a los herejes de lo que cualquier tribunal eclesiástico lo fuera en tiempos pasados.

    El artículo que sigue, una tesis publicada en 2010 por Joel Garreau, detalla la estructura, preceptos y dogmas de una de las muchas religiones modernas: el ambientalismo. La traducción es nuestra. Esperamos que sea de su interés.


    La religión tradicional está pasando por un momento difícil en algunas partes del mundo. La mayoría en gran parte de los países europeos han dicho a los encuestadores de Gallup en los últimos años que la religión no “ocupa un lugar importante” en sus vidas. En toda Europa, la asistencia a las iglesias de orientación judeocristiana ha disminuido, al igual que la adhesión a prohibiciones religiosas como las que condenan los nacimientos fuera del matrimonio. Y mientras que los estadounidenses siguen siendo, en promedio, mucho más devotos que los europeos, hay focos demográficos y regionales en este país que se asemejan a Europa en sus creencias y prácticas religiosas.

    El rechazo de la religión tradicional en estas áreas ha creado un vacío que es poco probable que quede sin llenar; la naturaleza humana parece exigir una búsqueda de orden y sentido, y hoy en día no faltan opciones en el menú de las creencias. Algunos buscadores sincretizan la teología judeocristiana con el espiritualismo oriental o de la Nueva Era. Otros buscan a través de la ciencia las respuestas definitivas de nuestros orígenes, o sueñan con la trascendencia de la alta tecnología al fusionarse con las máquinas; cualquier enfoque no depende solo del racionalismo sino de la fe en la bondad de lo que el racionalismo puede ofrecer.

    Para algunos individuos y sociedades, el papel de la religión parece ser ocupado cada vez más por el ecologismo. Se ha convertido en “la religión elegida por los ateos urbanos”, según Michael Crichton, el difunto escritor de ciencia ficción (y escéptico del cambio climático). En un discurso de 2003 ampliamente citado, Crichton describió las formas en que el ecologismo “reasigna” las creencias judeocristianas:

    Hay un Edén inicial, un paraíso, un estado de gracia y unidad con la naturaleza, hay una caída de la gracia a un estado de contaminación como resultado de comer del árbol del conocimiento, y como resultado de nuestras acciones hay un día de juicio. que viene por todos nosotros. Todos somos pecadores energéticos, condenados a morir, a menos que busquemos la salvación, lo que ahora se llama sustentabilidad. La sustentabilidad es la salvación en la iglesia del medio ambiente. Así como la comida orgánica es su comunión, esa oblea libre de pesticidas que beben las personas adecuadas con las creencias correctas.

    En partes del norte de Europa, esta nueva fe es ahora la corriente principal. “Dinamarca y Suecia flotan como botes pequeños, contentos y duraderos de la vida secular, donde la mayoría de las personas no son religiosas y no adoran a Jesús o Vishnu, no veneran los textos sagrados, no oran y no dan mucha credibilidad a los dogmas esenciales de las grandes religiones del mundo”, observa Phil Zuckerman en su libro de 2008 Sociedad sin Dios. En cambio, escribe, estos lugares se han vuelto “limpios y verdes”. Esta nueva fe tiene implicaciones políticas muy concretas; los países donde tiene más aceptación tienden también a haber instituido políticas que los activistas climáticos respaldan. Para comprender mejor el futuro de la política climática, debemos comprender de dónde proviene la “ecoteología” y hacia dónde es probable que conduzca.

    De la teología a la ecoteología

    El zoólogo alemán Ernst Haeckel acuñó la palabra “ecología” en el siglo XIX para describir el estudio de “todas esas complejas relaciones mutuas” en la naturaleza que “Darwin ha demostrado que son las condiciones de la lucha por la existencia”. Por supuesto, la humanidad ha estado estudiando de cerca la naturaleza desde el principio de los tiempos. La religión de la Edad de Piedra ayudó a la primera investigación ecológica de la humanidad sobre la realidad natural, sirviendo como una guía esencial para comprender y ordenar el medio ambiente; fue a través de la historia y el mito que el hombre prehistórico interpretó el mundo natural y le dio sentido. La supervivencia requería saber cómo relacionarse con especies alimenticias como bisontes y peces, depredadores peligrosos como osos y poderosas fuerzas geológicas como volcanes, y el surgimiento de la agricultura requirió experiencia en los ciclos estacionales de los que depende el sustento de la civilización.

    Nuestro enfoque exclusivamente occidental del mundo natural fue moldeado fundamentalmente por Atenas y Jerusalén. Los antiguos griegos iniciaron una observación filosófica sistemática de la flora y la fauna; de su trabajo surgió el largo estudio de la historia natural. Mientras tanto, las enseñanzas judeocristianas sobre el mundo natural comienzan con el principio: hay un solo Dios, lo que significa que hay un orden cognoscible en la naturaleza; Él creó al hombre a Su imagen, lo que le da al hombre un lugar elevado en ese orden; y le dio al hombre dominio sobre el mundo natural:

    Y los bendijo con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo». También les dijo: «Yo les doy de la tierra todas las plantas que producen semilla y todos los árboles que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento. [Génesis 1:28-29]

    En su ensayo seminal “Las raíces históricas de nuestra crisis ecológica”, publicado en la revista Science en 1967, el historiador Lynn Townsend White, Jr. argumenta que esos preceptos bíblicos hicieron del cristianismo, “especialmente en su forma occidental”, la “religión más antropocéntrica” que mundo ha visto.” En marcado contraste con el animismo pagano, el cristianismo postuló “un dualismo entre el hombre y la naturaleza” e “insistió en que es la voluntad de Dios que el hombre explote la naturaleza para sus propios fines”. Mientras que los credos paganos más antiguos daban una cuenta cíclica del tiempo, el cristianismo presumía una dirección teleológica de la historia y, con ella, la posibilidad de progreso. Esta creencia en el progreso era inherente a la ciencia moderna que, unida a la tecnología, hizo posible la Revolución Industrial. Así fue el poder de controlar la naturaleza alcanzado por una civilización que había heredado la licencia para explotarla.

    Para White, esto no fue un desarrollo histórico positivo. Escribiendo solo unos años después de la publicación del éxito de taquilla ecológico Silent Spring de Rachel Carson, White compartió la preocupación por la destrucción de la naturaleza por parte de la cultura tecno-industrial. Cualquier beneficio que la innovación científica y tecnológica haya traído a la humanidad fue eclipsado por los poderes de extracción y procesamiento “fuera de control” de la vida industrial y la degradación mecánica de la tierra. El cristianismo, escribe White, “carga con una enorme carga de culpa” por la destrucción del medio ambiente.

    White creía que la ciencia y la tecnología no podían resolver los problemas ecológicos que habían creado; nuestra herencia cristiana antropocéntrica está demasiado arraigada. “A pesar de Copérnico, todo el cosmos gira alrededor de nuestro pequeño globo. A pesar de Darwin, no somos, en nuestros corazones, parte del proceso natural. Somos superiores a la naturaleza, la despreciamos y estamos dispuestos a usarla para nuestro más mínimo capricho”. Pero White no estaba del todo sin esperanza. Aunque “ningún nuevo conjunto de valores básicos” “desplazará a los del cristianismo”, tal vez el cristianismo mismo pueda ser reconcebido. “Dado que las raíces de nuestro problema son en gran medida religiosas, el remedio también debe ser esencialmente religioso”. Y así, White sugiere como modelo a San Francisco, “el mayor revolucionario espiritual en la historia occidental”. Francisco debería haber sido quemado como hereje, escribe White, por tratar de “sustituir la idea de la igualdad de todas las criaturas, incluido el hombre, por la idea del gobierno ilimitado del hombre en la creación”. Aunque Francisco fracasó en convertir el cristianismo hacia su visión de humildad radical, White argumentó que algo similar a esa visión es necesario para salvar el mundo en nuestro tiempo.

    El ensayo de White causó revuelo, por decir lo menos, convirtiéndose en la base de innumerables conferencias, simposios y debates. Una de las críticas más serias a la tesis de White aparece en el libro de 1971 del teólogo Richard John Neuhaus In Defense of People, una amplia acusación del surgimiento de la meliflua “teología de la ecología”. Neuhaus argumenta que nuestro marco de derechos humanos se basa en la comprensión cristiana de la relación del hombre con la naturaleza. Derrocar a este último, como White esperaba que sucediera, hará que el primero se derrumbe. Y Neuhaus argumenta que White malinterpreta a su propio candidato para un santo patrón ecológico:

    Lo que White y otros subestiman, y lo que fue tan impresionante en Francisco, es el enfoque incesante en la gloria del Creador. La línea de responsabilidad de Francisco conducía directamente al Padre y no a la Madre Naturaleza. Francisco no rendía cuentas a la naturaleza sino a Dios. Francisco es el santo favorito de casi todos y la gentil compasión de su visión abarcadora es, vista selectivamente, susceptible a casi cualquier argumento o estado de ánimo… No fueron las pretensiones de la creación sino las pretensiones del Creador las que se apoderaron de Francisco.

    Otros escritores cristianos se unieron a Neuhaus para condenar el intento del movimiento ecológico de subvertir o suplantar su religión. “Nosotros también queremos limpiar la contaminación en la naturaleza”, objetó Christianity Today, “pero no contaminando las almas de los hombres con un paganismo revivido”. La revista jesuita América llamó al ambientalismo “una herejía estadounidense”. El teólogo Thomas Sieger Derr lamentó “una preferencia expresa por la preservación de la naturaleza no humana frente a las necesidades humanas dondequiera que sea necesario elegir”. (Stephen R. Fox relata estas respuestas en su libro de 1981 John Muir and His Legacy: The American Conservation Movement).

    La ecologización del cristianismo

    Desde la perspectiva de hoy, parece que el consejo de White ha sido escuchado en todas partes. Las ecoteologías vagamente basadas en conceptos extraídos del hinduismo o el budismo se han vuelto populares en algunos círculos de Baby Boomers. Los neopaganos aceptan alegremente la designación de “abraza-árboles” y dicen que nacieron “verdes”. Y, lo que es más sorprendente, el cristianismo ha comenzado a aceptar el ecologismo. Los teólogos ahora hablan rutinariamente de “mayordomía”, una doctrina de la responsabilidad humana por el mundo natural que une las interpretaciones de los pasajes bíblicos con las enseñanzas contemporáneas sobre la justicia social.

    En noviembre de 1979, una docena de años después del ensayo de White, el Papa Juan Pablo II designó formalmente a Francisco de Asís como santo patrón de los ecologistas. Durante las siguientes dos décadas, Juan Pablo abordó repetidamente en términos apasionados la obligación moral de “cuidar toda la Creación” y argumentó que “el respeto por la vida y por la dignidad de la persona humana se extiende también al resto de la Creación, que se llama unirse al hombre en la alabanza de Dios.” Su sucesor, Benedicto XVI, también se ha pronunciado sobre el medio ambiente, aunque de forma menos conmovedora. “Esa misma normalidad”, argumenta un corresponsal del National Catholic Reporter, “parece notable. Benedicto simplemente dio por sentado que su audiencia reconocería el medio ambiente como un objeto de legítimo interés cristiano. Lo que revela el tono práctico, en otras palabras, es hasta qué punto el catolicismo se ha ‘reverdecido’”.

    El protestantismo estadounidense también se ha vuelto verde. Numerosas congregaciones están construyendo “iglesias verdes”, eligiendo glorificar a Dios no erigiendo santuarios altísimos, sino construyendo lugares de culto con mayor eficiencia energética. En algunas denominaciones, los programas para reciclar o compartir vehículos parecen tan comunes como las colectas de alimentos. Las celebraciones del Día de la Tierra patrocinadas por la iglesia están muy extendidas.

    Incluso algunos evangélicos se están volviendo hacia el ambientalismo. Luis E. Lugo, director del Foro Pew sobre Religión y Vida Pública, habla de su “sensibilidad ambiental más amplia”:

    Una vez que se traduce a términos bíblicos, [los evangélicos] levantan el estandarte ambiental usando frases que resuenan en la comunidad: “Cuidado de la creación”. Eso lo coloca inmediatamente en un contexto evangélico en lugar de los argumentos empíricos sobre el medio ambiente. “Este es el mundo que Dios creó. Dios les dio el mandato de cuidar este mundo”. Es un llamamiento religioso muy directo.

    Dicho esto, el ampliamente difundido “reverdecimiento de los evangélicos” no debe exagerarse. Los líderes evangélicos conservadores siguen desconfiando de la agenda ambientalista y de cualquier ataque a la destreza industrial que pueda verse como un socavamiento de la grandeza nacional estadounidense. Muchos evangélicos están irritados por la crítica de los ecologistas a la descripción del Génesis del lugar del hombre en el orden natural. Y los evangélicos están alerta a cualquier indicio de culto pagano. Además, los datos de las encuestas disponibles, ciertamente bastante escasos, pintan un panorama mixto. En una encuesta de 2008 realizada por Barna Group, una firma de opinión pública con sede en California que se concentra en temas de la iglesia, el 90 por ciento de los evangélicos que respondieron dijeron que “les gustaría que los cristianos asumieran un papel más activo en el cuidado de la creación” (con dos tercios diciendo que estaban totalmente de acuerdo con ese sentimiento). Pero el término “cuidado de la creación” no se había asimilado (el 89 por ciento de los encuestados que se identificaron como cristianos dijeron que nunca habían oído hablar de él). Y tanto la encuesta de Barna como otra encuesta de 2008 realizada por Pew encontraron que los evangélicos tienden a ser mucho más escépticos sobre la realidad del calentamiento global que otros cristianos estadounidenses o la población en general.

    En la medida en que los evangélicos y los ambientalistas se acerquen entre sí, puede haber beneficios para cada lado. Para las iglesias con congregaciones que envejecen, los temas ecológicos supuestamente ayudan a atraer a nuevos miembros más jóvenes a las bancas. ¿Y qué esperan ganar los activistas ambientales al reclutar iglesias para su causa? “Soldados de a pie, es la respuesta corta”, dice Lugo.

    Calvinismo de carbono

    Más allá de influir, incluso se podría decir colonizar, el cristianismo, el movimiento ecológico puede verse cada vez más como una especie de religión en sí misma. Es de “carácter casi religioso”, dice Lugo. “Genera su propio conjunto de valores morales”.

    Freeman Dyson, el brillante e inconformista físico octogenario, está de acuerdo. En un ensayo de 2008 en New York Review of Books, describió el ambientalismo como “una religión secular mundial” que ha “reemplazado al socialismo como la principal religión secular”. Esta religión sostiene “que somos administradores de la tierra, que despojar el planeta con los productos de desecho de nuestra vida lujosa es un pecado, y que el camino de la rectitud es vivir lo más frugalmente posible”. La ética de esta nueva religión, continuó,

    se les enseña a los niños en jardines de infancia, escuelas y universidades de todo el mundo… Y la ética del ambientalismo es fundamentalmente sólida. Los científicos y los economistas pueden estar de acuerdo con los monjes budistas y los activistas cristianos en que la destrucción despiadada de los hábitats naturales es mala y la preservación cuidadosa de las aves y las mariposas es buena. La comunidad mundial de ecologistas, la mayoría de los cuales no son científicos, tiene una posición moral elevada y está guiando a las sociedades humanas hacia un futuro esperanzador. El ecologismo, como religión de esperanza y respeto por la naturaleza, llegó para quedarse. Esta es una religión que todos podemos compartir, creamos o no que el calentamiento global es dañino.

    Describir el ambientalismo como una religión no equivale a decir que el calentamiento global no es real. De hecho, la evidencia de ello es abrumadora, y hay poderosas razones para creer que los humanos lo están causando. Pero sin importar su base empírica, el ambientalismo está tomando progresivamente la forma social de una religión y satisfaciendo algunas de las necesidades individuales asociadas con la religión, con importantes implicaciones políticas y normativas.

    William James, el psicólogo y filósofo pionero, definió la religión como la creencia de que el mundo tiene un orden invisible, junto con el deseo de vivir en armonía con ese orden. En su libro de 1902 Las variedades de la experiencia religiosa, James señaló el valor de una comunidad de creencias y prácticas compartidas. También valoró la búsqueda individual de espiritualidad, una búsqueda de significado a través de encuentros con el mundo. Más recientemente, el difunto filósofo analítico William P. Alston describió en The Encyclopedia of Philosophy lo que él consideraba las características esenciales de las religiones. Incluyen una distinción entre objetos sagrados y profanos; actos rituales centrados en objetos sagrados; un código moral; sentimientos de asombro, misterio y culpa; adoración en presencia de objetos sagrados y durante los rituales; una cosmovisión que incluye una noción de dónde encaja el individuo; y un grupo social cohesivo de personas de ideas afines.

    El ambientalismo se alinea bastante fácilmente con ambas versiones de la religión. A medida que el cambio climático transforma literalmente los cielos sobre nosotros, el ecologismo basado en la fe presenta cada vez más santos, pecados, profetas, predicciones, herejes, demonios, sacramentos y rituales. El principal de sus hombres santos es Al Gore, quien, según sus partidarios, fue crucificado en las elecciones de 2000, luego resucitó de entre los muertos políticos y ascendió al cielo dos veces, no solo como una deidad Nobel, sino como un ángel de los Premios de la Academia. Habla del “cuidado de la creación” y cita la Biblia con la esperanza de atraer a los evangélicos.

    Vender indulgencias está pasado de moda en estos días. Pero ahora puede mitigar su culpa comprando compensaciones de carbono. El fuego y el azufre también están muy de moda, acompañados de un olor inconfundible de autoritarismo: “Un profesor que escribe en el Medical Journal of Australia pide al gobierno australiano que imponga un cargo de carbono de $5,000 por cada nacimiento, tarifas anuales de carbono de $800 por niño y proporcionar un crédito de carbono para la esterilización”, escribe Braden R. Allenby, profesor de ingeniería ambiental, ética y derecho de la Universidad Estatal de Arizona. Un “artículo en New Scientist sugiere que el problema con la obesidad es la carga adicional de carbono que impone al medio ambiente; otros que uno de los principales costos sociales del divorcio es la carga de carbono adicional que resulta de la división de las familias”. Allenby, escribiendo en un artículo de 2008 en GreenBiz.com, continúa:

    Un estudio reciente del Ministerio de Desarrollo Sostenible de Suecia sostiene que los hombres tienen un impacto desproporcionadamente mayor en el calentamiento global (“las mujeres provocan considerablemente menos emisiones de dióxido de carbono que los hombres y, por lo tanto, considerablemente menos cambio climático”). El presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático afirma que aquellos que sugieren que el cambio climático no es un desafío catastrófico no son diferentes a Hitler…. E.O. Wilson llama a esas personas parásitos. La columnista del Boston Globe Ellen Goodman escribe que “los que niegan el calentamiento global ahora están a la par con los que niegan el Holocausto”.

    La gran cantidad de lenguaje vicioso empleado para reformular las tendencias sociales y culturales en términos de su huella de carbono sugiere el surgimiento de lo que Allenby llama un nuevo y peligroso “fundamentalismo del carbono”.

    Algunos observadores detectan paralelismos entre el movimiento ecológico y la Iglesia medieval. “Uno podría ver a los Greenpeacers como cruzados, con el industrial como el infiel”, escribe Richard North en New Scientist. Eso puede ser exagerado, pero parece que esta nueva religión tiene su parte de herejes excomulgados. Por ejemplo, desde que se atrevió a desafiar la ortodoxia ambientalista, Freeman Dyson se ha descubierto a sí mismo descrito de diversas formas como “un idiota pomposo”, “un fanfarrón”, “un pozo negro de desinformación” y “un viejo loco cabalgando hacia la puesta del sol”. Por su parte, Dyson permanece alegremente impenitente. “Tenemos suerte de poder ser herejes hoy sin ningún peligro de ser quemados en la hoguera”, ha dicho. “Pero desafortunadamente soy un viejo hereje…. Lo que el mundo necesita son jóvenes herejes”.

    Muchos de los que argumentan que el ambientalismo se ha convertido en una religión lanzan la palabra “religión” como un peyorativo. Este desdén tiene sus raíces en una proposición incontrovertible: no puedes razonar tu camino hacia la fe. Esa es la idea detrás del “salto de fe”, o el salto a la fe, en la formulación original de Kierkegaard: el acto de creer en algo sin, o a pesar de, evidencia empírica. Kierkegaard argumentó que si elegimos la fe, debemos suspender nuestra razón para creer en algo superior a la razón.

    Entonces, aquellos en el lado derecho del espectro político que retratan el ambientalismo como una religión lo hacen porque, si la fe no es inherentemente alcanzable a través de la racionalidad, y si el ambientalismo es una religión, entonces el ambientalismo es completamente irracional y debe ser desacreditado e ignorado. Esa es la esencia del discurso de Michael Crichton de 2003. “Cada vez más”, dijo, “parece que los hechos no son necesarios, porque los principios del ambientalismo tienen que ver con las creencias”. El ambientalismo, argumentó, se ha divorciado totalmente de la ciencia. “Se trata de si vas a ser pecador o te salvarás. Ya sea que vaya a ser una de las personas del lado de la salvación o del lado de la perdición. Si vas a ser uno de nosotros, o uno de ellos”.

    Un ataque similar de la derecha proviene de Ray Evans, un empresario, político y escéptico del calentamiento global australiano:

    Casi todos los ataques a la industria minera generados por el movimiento ambientalista [en la década de 1990] procedían del norte de Europa y Escandinavia, y no me tomó mucho tiempo darme cuenta de que estábamos tratando con creencias religiosas, que la las élites del norte de Europa y Escandinavia (las élites políticas, las élites intelectuales, incluso las élites empresariales) eran, de hecho, creyentes en una forma u otra de ecologismo y al margen de los hechos. Algunas de las políticas más extrañas surgían de estos países con respecto a los metales. Me encontré teniendo que averiguar: “¿Por qué es así?” — porque a primera vista estaban locos, pero eran muy fuertes y tendrías que decir que cuando las personas se aferran a las creencias sobre el mundo natural, y se aferran a ellas independientemente de cualquier evidencia de lo contrario, entonces tú ‘ estás tratando con la religión, no estás tratando con la ciencia…

    En segundo lugar, satisface una necesidad religiosa. Necesitan creer en el pecado, lo que significa que el pecado es igual a la contaminación. Necesitan creer en la salvación. Bueno, el desarrollo sostenible es la salvación. Necesitan creer en una humanidad que necesita la redención, por lo que se obtiene la redención al dejar de usar combustibles de carbono como el carbón y el petróleo, etc. Por lo tanto, satisface una necesidad religiosa y una necesidad política, por lo que se aferran a ella con tanta tenacidad, a pesar de toda la evidencia de que todo es una tontería.

    Los izquierdistas también a veces menosprecian el ambientalismo como una religión. En su caso, la principal objeción suele ser pragmática: el racionalismo produce cambios y la religión no. Así, por ejemplo, el radical de los años sesenta Murray Bookchin consideró patética la forma en que el ambientalismo se conectaba con la espiritualidad de la Nueva Era. “El verdadero cáncer que aqueja al planeta es el capitalismo y la jerarquía”, escribió. “No creo que podamos contar con oraciones, rituales y buenas vibraciones para quitar este cáncer. Creo que tenemos que combatirlo activamente y con todo el poder que tenemos”. Bookchin, un revolucionario que se describe a sí mismo, descartó la espiritualidad verde como “escamosa”. Dijo que su propia marca de “ecología social”, por el contrario, “no se basa en encantamientos, sutras, diagramas de flujo o caprichos espirituales. Es declaradamente racional. No trata de obsequiar formas metafóricas de mecanismos espirituales y biologismos crudos con ‘Eco-la-la’ taoísta, budista, cristiano o chamánico”.

    El profeta y el hereje

    En la década de 1960, un químico británico que trabajaba con el programa espacial estadounidense tuvo una idea. El planeta Tierra, se dio cuenta James Lovelock, se comporta como un sistema vivo complejo del cual los humanos somos, en efecto, algunas de sus partes. Los componentes físicos de la tierra, desde su atmósfera hasta sus océanos, se integran estrechamente con todos sus organismos vivos para mantener la química climática en un equilibrio autorregulador ideal para el mantenimiento y la propagación de la vida.

    Su idea resultó tener valor científico. Sin embargo, Lovelock probablemente sería solo una nota a pie de página en la historia científica en lugar de la celebridad intelectual muy condecorada que es, excepto por una cosa: nombró a este vasto organismo planetario en honor a la diosa griega que personificaba la tierra, Gaia, y describió a “Ella” como “viva”.

    Su Hipótesis de Gaia no solo fue predeciblemente controvertida en el mundo de la ciencia, como corresponde a un replanteamiento radical de la compleja biosfera de la Tierra, sino que fue venerada y vilipendiada por aquellos que vieron que encajaba perfectamente con la espiritualidad teñida de la Nueva Era. Esto era cierto a pesar de que describe su tiempo en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena como uno en el que “no todos éramos hippies con nuestras chicas rockeras”. Para bien y para mal, Lovelock no solo le dio al planeta una personalidad, sino que creó una para sí mismo, convirtiéndose en “lo más parecido que tenemos a un profeta del Antiguo Testamento, aunque su deidad no es Jehová sino Gaia”, como señaló recientemente el Sunday Times.

    A pesar de que Lovelock continúa haciendo todo lo posible para ser un empirista, su libro de 2009 The Vanishing Face of Gaia: A Final Warning, publicado el año en que celebró su noventa cumpleaños, ha sido reseñado como la jeremiada colérica de un profeta sobre la fatalidad planetaria, tachonada de con parábolas de posible salvación para unos pocos.

    Ser abrazado por la izquierda espiritual le ha dado fama y atención a Lovelock. Sin embargo, son una maravilla los desafíos que Lovelock ha creado para sí mismo al cambiar las mentes de los fanáticos. En Vanishing Face, por ejemplo, Lovelock, siempre científico, considera con mente abierta las posibilidades de que los humanos luchen contra el calentamiento global mediante la reingeniería intencional del planeta. Una idea que discute es adaptar cada avión comercial en la tierra para permitirles, mientras vuelan, cada uno de ellos rociar una o dos toneladas de ácido sulfúrico en la estratosfera todos los días en el futuro previsible. La idea es que esto creará moléculas que harán que la energía solar se refleje hacia el espacio, reemplazando la reflectividad de los casquetes polares que se derriten.

    Entonces, le dices a Lovelock: Has logrado difundir esta idea de que el planeta es un organismo vivo. Mucha gente está totalmente convencida de su hipótesis e incluso lo ven como un profeta. ¿Cómo empezaría a vender esta idea de inyectar ácido sulfúrico a un ser vivo que algunos ven en términos religiosos?

    “Sí, especialmente cuando piensas en el papel del elemento azufre en la teología antigua”, responde Lovelock. “El diablo: el olor a azufre revela su presencia. Escucho lo que dices muy claramente. Nunca he tenido que venderlo a verdes religiosos hasta ahora. No tengo muchas ganas de trabajar”.

    Sobre el ecologismo cada vez más basado en la fe, Lovelock dice: “Estoy totalmente de acuerdo contigo. Veo a los humanos como probablemente teniendo un deseo evolutivo de tener una ideología, para justificar sus acciones. El pensamiento verde es como las religiones cristiana o musulmana: es otra ideología”.

    En términos de salvar a Gaia, ¿considera que el calvinismo del carbono es una ventaja neta o una desventaja neta?

    “Un menos neto. A menudo escuchas a los ambientalistas decir que uno debe hacer esto o lo otro, como no volar, porque no hacerlo puede salvar el planeta. Es pura arrogancia imaginar que podemos salvar a Gaia. Está bastante más allá de nuestra capacidad. Lo que tenemos que hacer es salvarnos a nosotros mismos. Eso es muy importante. A Gaia le gustaría.

    ¿A Gaia le gustaría?

    “Sí. Tengo que tener mucho cuidado aquí, porque me malinterpretan mal. No pretendo que Gaia sea una entidad sensible y ese tipo de cosas. Es realmente metafórico. Habiendo dicho eso—”

    ¿Gaia pensaría que es importante que nos salvemos a nosotros mismos?

    “Exactamente. Nuestra evolución de la inteligencia es algo de inmenso valor para el planeta. Podría hacer, eventualmente, parte de él, un planeta inteligente. Más capaz de lidiar con problemas como asteroides entrantes, explosiones volcánicas, etc. Así que nos veo como altamente beneficiosos y, por lo tanto, ciertamente vale la pena salvarlos”.

    La buena noticia sobre los religiosos verdes, dice Lovelock, es que pueden ser dirigidos. Los santos como él pueden cambiar de opinión. “Tengo una experiencia personal aquí. Hace algo así como cinco años en Gran Bretaña hicieron una gran encuesta. Casi no había nadie” a favor de la energía nuclear. Ahora, gracias en gran parte al cabildeo de Lovelock, al menos en su propio relato, la gran mayoría de los británicos están a favor de la energía nuclear.

    Bjørn Lomborg comparte la fe de Lovelock en la democracia. Él cree que la gente quiere hacer el bien, y si te acercas a ellos sobre esa base, puedes hacer que entren en razón. Lomborg es el autor danés de The Skeptical Environmentalist (publicado en inglés en 2001) y director del Copenhagen Consensus Center. Ha sido ridiculizado por oponerse al Protocolo de Kioto y otras medidas para reducir las emisiones de carbono a corto plazo debido a la evidencia que ve de que no logran sus objetivos. En cambio, argumenta que debemos adaptarnos a los inevitables aumentos de temperatura a corto plazo y gastar dinero en investigación y desarrollo para soluciones ambientales a más largo plazo, así como otras crisis mundiales apremiantes como la malaria, el SIDA y el hambre. Argumenta, por ejemplo, que llevar vitamina A y zinc al 80 por ciento de los 140 millones de niños en el mundo en desarrollo que carecen de ellos es una prioridad más alta que reducir las emisiones de carbono. El costo, argumenta, sería de $ 60 millones por año, lo que generaría beneficios para la salud y el desarrollo cognitivo de más de $ 1 mil millones.

    A pesar de su herejía, Lomborg cree que el empirismo puede prevalecer sobre la fe. Él cree que, en una democracia, si sigues defendiendo tu caso con calma, racionalidad y simpatía, la gran mayoría puede llegar a pensar que tienes más sentido que los verdaderos creyentes. “Creo que la mayoría de la gente quiere hacer el bien”, dice.

    No solo quieren rendir homenaje a cualquier dios o religión que sea el sabor del año. En realidad, quieren ver resultados concretos que dejen a este planeta como un lugar mejor para el futuro. Así que trato de involucrarlos de una manera racional en lugar de una manera religiosa. Por supuesto, si las mentes de las personas están completamente decididas, no hay nada que puedas hacer para cambiarlo. Pero mi sensación es que la mayoría de la gente no va en esa dirección. Mi sensación es que en prácticamente cualquier área, probablemente tengas un 10 por ciento de verdaderos creyentes a los que simplemente no puedes alcanzar. Y probablemente también el 10 por ciento que simplemente lo menosprecia y no le importa un comino. Pero el 80 por ciento son personas que están ocupadas viviendo sus vidas, amando a sus hijos y haciendo otros planes. Y creo que ese es el 80 por ciento que quieres alcanzar.

    Entonces, ¿por qué tanta gente quiere quemarte en la hoguera?

    Oh, por supuesto. Ciertamente muchos de los sumos sacerdotes han estado detrás de mí. Pero me lo tomo como un cumplido. Simplemente significa que mi argumento es mucho más peligroso. Si solo fuera un tipo loco que despotricaba fuera de la reunión religiosa, entonces podría no importar. Pero yo soy el tipo que dice, tal vez podrías hacerlo de manera más inteligente. Tal vez podrías ser más racional. Tal vez podrías gastar tu dinero de una mejor manera.

    Mucha gente me ha estado persiguiendo con un comportamiento totalmente desproporcionado si esto fuera realmente una discusión sobre hechos. Pero continuamente trato de hacer de esto un argumento sobre la racionalidad. Porque cuando haces eso, y tus oponentes tal vez exageran y van más allá del argumento racional, aparece en la conversación. La mayoría de la gente comenzaría a decir: “Vaya, qué raro que hayan llegado tan lejos”.

    Esto no significa negar que el calentamiento global también es un problema grave. Pero, de nuevo, pregunto: ¿por qué lo abordamos solo de la manera en que habla el dogma actual: reducir las emisiones de carbono ahora mismo y sentirse bien consigo mismo? En lugar de centrarse en hacer nuevas innovaciones que [permitirían a todos] reducir las emisiones de carbono a largo plazo de forma mucho más económica, más eficaz y con muchas más posibilidades de éxito.

    Cuando haces esos argumentos dobles, creo que el 80 por ciento del que hemos hablado comienza a decir: “Ese tipo tiene mucho sentido. ¿Por qué las otras personas están continuamente casi echando espuma por la boca? Y siempre diciendo: “No, no, no, hay que reducir las emisiones de carbono y ese tiene que ser el problema más grande del mundo”.

    Creo que esa es la manera de contrarrestar gran parte de esta discusión. No se trata de meter el pie en el campo religioso también. Es simplemente mantenerse firme en el lado racional y seguir diciendo: “pero sé que quieres hacer el bien en el mundo”.

    Lovelock y Lomberg, profeta y hereje, honrado y vilipendiado, uno esperando acción hoy y el otro esperando soluciones mañana, sin embargo, cada uno profesa confianza en un eventual respaldo democrático a su plan. Hable acerca de un acto de fe.

    La nueva religión y política

    Las dos caras del ambientalismo religioso, la ecologización de la religión dominante y el aumento del calvinismo del carbono, pueden transformar cada una de ellas el debate político y normativo sobre el cambio climático. En el primer caso, el creciente interés cristiano en la mayordomía podría desestabilizar la división política que durante mucho tiempo ha caracterizado las guerras culturales. Aunque la atracción de los problemas sociales ha hecho que la derecha parezca un hogar natural para los evangélicos, un compromiso con el ambientalismo podría llevarlos a alinearse más con la izquierda. Incluso si no se produce un realineamiento importante, el vínculo entre los evangélicos y la derecha podría aflojarse un poco. (Y más allá de la política, otras posiciones de larga data pueden ser sacudidas. Los activistas y científicos que durante mucho tiempo despreciaron a los evangélicos debido a sus puntos de vista sobre la evolución o las cuestiones de la vida tendrán que acostumbrarse a trabajar con los nuevos “soldados de a pie” ambientales y viceversa. viceversa.)

    Una preocupación más profunda es la expansión del irracionalismo en la elaboración de políticas públicas. Por supuesto, ningún debate político puede reducirse jamás a cuestiones de pura razón; siempre habrá valores y visiones fundamentalmente en conflicto que no pueden resolverse solo con la racionalidad. Pero la retórica de muchos ecologistas es más que una simple resolución de esas diferencias fundamentales. El lenguaje de los fundamentalistas del carbono “indica un cambio de [buscar ayudar] al público y a los formuladores de políticas a comprender un tema complejo, a demonizar el desacuerdo”, como ha escrito Braden Allenby. “Los procesos exploratorios y basados ​​en datos de la ciencia son sofocados por la inculcación de sistemas de creencias que se basan en la fuerza arquetípica y emotiva…. Se confía en la autoridad de la ciencia no para la iluminación fáctica sino como base ideológica para la política autoritaria”.

    No hay nada inusual en que los seres humanos tomen más de un camino en su búsqueda de la verdad: la ciencia al mismo tiempo que la religión, por ejemplo. Tampoco tiene nada de raro hacer política pública sin datos suficientes. Lo hacemos todo el tiempo; el mundo a veces lo exige.

    La buena noticia de hacer política pública en alianza con la fe es que puede suscitar cierto afán benéfico. Las personas tienden a ser más profundamente conmovidas por la fe que por la razón sola, por lo que la fe puede ser muy efectiva para lograr el cambio necesario, como lo demuestra el movimiento de derechos civiles, entre otros.

    La mala noticia es que el enfoque empírico surgió en gran parte para mitigar los peligros del celo, para evitar que la sangre fluya por las calles. Un enfoque estricto en los hechos y la razón siempre que sea posible puede evitar errores y excesos en la política. Pero, ¿puede alguien que ha hecho del ecologismo una fe, cuya visión del mundo y estilo de vida han sido completamente moldeados por él, adaptarse a los hechos cambiantes? Porque el único hecho que conocemos de manera confiable sobre el futuro del clima del planeta es que los hechos cambiarán. Es simplemente demasiado complejo para ser modelado de manera exhaustiva y precisa. Como bromea el climatólogo Gavin Schmidt, hay una forma sencilla de producir un modelo perfecto de nuestro clima que predirá el clima con un 100 por ciento de precisión: primero, comience con un universo que sea exactamente como el nuestro; luego espera 14 mil millones de años.

    Entonces, ¿qué sucede si, por ejemplo, descubrimos que no es posible devolver el medio ambiente a las condiciones que deseamos, como espera James Lovelock? ¿Qué sucede si se acumula evidencia de que debemos abordar el cambio climático con métodos que los calvinistas del carbono no aprueban? ¿Hasta qué punto, si es que hay alguno, aceptarían los devotos de lo “natural” la reingeniería del planeta? ¿Cuánto tiempo llevará, si es que llega a hacerlo, que la energía nuclear sea aceptada como ecológica?

    En los años venideros, veremos si los debates supuestamente científicos sobre el medio ambiente realmente pueden llevarse a cabo solo por los hechos y la razón, o si el cambio necesario, cualquiera que sea, requerirá una nueva Reforma. Porque si los asuntos ambientales realmente se han convertido en asuntos de fe, si el ambientalismo se ha convertido en un nuevo frente en las guerras culturales de larga data, entonces ¿qué lugar queda para la función crucial de la toma de decisiones pragmática y democrática?

    por Joel Garreau


    Joel Garreau es el autor de Radical Evolution: The Promise and Peril of Enhancing Our Minds, Our Bodies, and What it Means to be Human (Doubleday, 2005); de la cátedra Lincoln de Derecho, Cultura y Valores de la Universidad Estatal de Arizona; y Senior Future Tense Fellow en New America Foundation. Este artículo fue desarrollado durante una beca de periodismo Templeton-Cambridge en Ciencia y Religión en la Universidad de Cambridge.


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  • ¿Limpias? No me hagan reir

    ¿Limpias? No me hagan reir

    El partido del Presidente Bolsanaro ha ganado las elecciones, por lo menos en lo que respecta a la representación parlamentaria. Iba también ganando las elecciones presidenciales hasta que el 65% de los votos estaban contados. Entre el 65% y el 99% el presidiario Lula ganó aproximadamente 5 puntos en el cómputo y paso a acercarse al umbral del 50%. No seguí suficientemente de cerca el conteo para saber de donde vino esta avalancha de votos que dio vuelta el resultado. Pero puedo especular sin mucho miedo a equivocarme que proviene de algún punto de la geografía reconocido por la corrupción de sus instituciones, lleno de votantes que dependen de dadivas gubernamentales y donde el aparato estatal esta enteramente en manos de la izquierda. Parece ser el Modus Operandi a nivel mundial: esperan lo más que pueden para largar resultados a ver si con una pequeña magia numérica pueden arrastrar a su candidato por encima de la línea de llegada. Probablemente esta vez se dieron cuenta que la diferencia era demasiada y se guardaron la pólvora seca para la próxima vuelta. Baso esta afirmación en le hecho que es exactamente lo que vienen haciendo en Estados Unidos hace rato. Lo que da las llaves del poder a estas jurisdicciones donde pueden disfrazar el potencial “conteo creativo” con mayor facilidad. Antes que me acusen de inventar teorías conspirativas, aclaro que esto es una hipótesis (verosímil), y no (todavía) una acusación.

    Esto no significa aceptar que las elecciones modernas sean limpias. No lo son. Y no porque yo piense que estén cambiando votos en las urnas. Eso es muy “Siglo XIX”. Hoy en día la manipulación de la opinión publica es el aspecto donde mas “progreso” ha hecho la izquierda. Creo que es el único.

    Los lectores recordarán la tormenta mediática después de la elección de Trump en el 2016 acusando a Rusia de haber orquestado la victoria. No sé cuántos siguieron suficientemente de cerca la evolución de la investigación, pero a los efectos de este articulo quiero enumerar cuales eran las principales acusaciones concretas que se esgrimían: a) Que Rusia habría hackeado unos emails de Hillary Clinton con el objetivo de filtrar su contenido y generar noticias negativas. b) Que habrían intentado robar información de aproximadamente 500,000 votantes c) que habrían posteado material político en las Redes Sociales, legando a gastar aproximadamente $1Millon para promoverlos. Eso es todo. Estas acusaciones (no todas de ellas probadas) fueron suficientes para que todos los medios del mundo declaran unánimemente que Rusia habría ejercido una influencia indebida en las elecciones y que eso hacia sospechoso el resultado. Esto me hace pensar que las elecciones son bastante fáciles de influenciar….

    ¿Qué debemos pensar entonces del esfuerzo de la izquierda y sus agentes que controlan hegemónicamente las instituciones de cultura, educación, información, entretenimiento, empresariales, etc.? ¿Eso no puede ser considerado “interferencia indebida”?

    Hablar de política en el marco de una reunión social es hoy en día mal visto. Un padre que trate de hablar de un tema serio con hijos adolescentes será respondido con un “rodar de ojos” y una frase de “Papa no seas pesado”. Comentarios en las redes sociales son manipulados por los administradores que prohíben “mega cuentas” de derecha con la obvia intención de intimidar. En el lugar de trabajo un comentario político de más puede ser reportado a Recursos Humanos como “hostigamiento”. Es decir una persona que se opone a la izquierda no la tiene fácil para difundir sus ideas.

    Pero mientas los padres no pueden hablar de temas serios con sus hijos, el sistema educativo, en manos de la izquierda y sus idiotas útiles, tiene las manos libres para adoctrinarlos durante varias horas al día dando mensajes en diversos grados de sutileza. La enorme mayoría de las opciones de entretenimiento contienen mensajes mas o menos abiertos apoyando una cosmovisión de izquierda. Las empresas cada vez mas imparten “entrenamiento” que presupone una visión marxista del mundo, donde la única explicación para las diferencias de resultado son la pertenencia o no a una clase y no el esfuerzo individual. Los medios de comunicación, incluyendo muchos que supuestamente son “de Centro” emplean periodistas de izquierda (o, en la mejor hipótesis, no de derecha). La cobertura sobre la derecha es abrumadoramente negativa. Y no puedo extenderme mas por razones de espacio.

    Si lo que hizo Rusia fue “interferencia” que hace dudar sobre la validez de las elecciones. ¿Qué tenemos que pensar sobre esta avalancha?

    Adicionalmente la izquierda proclama a los cuatro vientos que considera la derecha como una amenaza existencial. El tratamiento que le dan a Bolsanaro o a Trump o a Meloni, es comparable al que le darían a criminales. Me corrijo. En general tratan mejor a los criminales. Por lo tanto, no es disparatado pensar que algún funcionario se sienta en su obligación moral de “inclinar la balanza” en su dirección al ejercer sus funciones de control electoral. Después de todo, para una persona impresionable, pudiera decir que está haciendo un favor a la humanidad.

    Pensar que cualquier elección es “limpia” hoy en día es ingenuo. Incluyo las que pierde la izquierda, como la más reciente en Italia.

    En una estimación nada científica, yo diría que todas las “interferencias” arriba enunciadas representan por lo menos 15 o 20 puntos de “swing” en los votos. Es posible que no recurran habitualmente a ilegalidades porque esto es suficiente para conseguir sus objetivos. Y si las hubiera son muy difíciles de probar a satisfacción de un sistema judicial que no se destaca por su valentía e independencia de criterio.

    Pero claramente las elecciones modernas no son “limpias”.

  • Cinismo a prueba de bala

    Cinismo a prueba de bala

    Como es de conocimiento público (y hemos tratado ya en este espacio) la violencia de los agitadores autodenominados “mapuches” goza de la indiferencia somnolienta de nuestro gobiernos federal y provincial. Hace años que esta violencia ocurre (sea dicho de paso, a ambos lados de la cordillera), y la destrucción por vía de incendios de propiedades es el método preferido. Conocedores de que no cuentan con el apoyo de siquiera un elemento importante de la población, estos grupos y los ideólogos que los animan eligen no recorrer el camino democrático del diálogo, las leyes o el referéndum para lograr sus objetivos. Por el contrario, eligen actuar a mano armada y con violencia. Sea dicho de paso, no es la primera vez que esto ha ocurrido en la reciente historia argentina.

    Sabiendo estos de que se había organizado una marcha pacífica para protestar su historial de vandalismo, el Sr. Nehuen Loncoman, “Consejero indígena”, tiene el descaro de mandar una carta al Sr. a quien el sillón de Rivadavia le queda grande, pidiéndole que “arbitre los medios necesarios” para proteger a las personas de la “comunidad” indígena, de los desmanes que anticipa de los manifestantes, a quienes acusa de contar con “claras posiciones violentas, racistas y xenófobas.”

    Esto era de esperar por su parte, naturalmente. También era de esperar que el Estado que nunca estuvo presente para proteger las propiedades y la integridad física de los argentinos cuyas propiedades son ahora cenizas, reaccionase con la agilidad que tiene reservada para perpetuarse en el poder y restringir la libertad y los derechos de aquellos que considera sus enemigos.

    Así, la marcha pacífica fue detenida por efectivos de la policía a más de 27 kilómetros de los temerosos “mapuches”.

    Una muestra más de que vivimos en una Argentina donde la fuerza (y no necesariamente la fuerza de la ley) ampara a criminales, piqueteros, corruptos y afines. Y una vez más los argentinos dan muestras de una paciencia que, en las circunstancias actuales, es cada vez mas difícil apreciar como una virtud y se empieza a parecer a la cobardía.

    (Ver nota y fotos en La Nación de hoy).

  • Un filme en el ojo de la tormenta

    Un filme en el ojo de la tormenta

    La magnífica serie en tres partes descubre la belleza e importancia para la fe que tiene la liturgia antigua, que fructificó durante 1.500 años, y pone en entredicho la reforma posconciliar. Calidad artística y ritmo cinematográfico de una trilogía esclarecedora.

    publicado en La Prensa el 25.09.2022

    Estados Unidos es probablemente el país donde se alzan hoy en día las voces más fuertes del tradicionalismo católico. El dinamismo de esta comunidad de fieles empieza a concentrar las miradas. Sobre todo, desde que sus referentes más notorios forman parte de ese puñado de intelectuales en el mundo que sale, casi en soledad, a dar la cara en defensa de la doctrina y la liturgia tradicional. De esta vibrante comunidad surgió ahora también un magnífico documental en tres partes titulado Mass of the ages (la Misa de todos los tiempos), concebido con una notable calidad artística y ritmo cinematográfico, que quedó en el centro de un histórico debate en la Iglesia a partir de las recientes restricciones impuestas a la liturgia antigua.

    El documental, dirigido por Cameron O’Hearn, un joven cineasta católico, busca exponer la riqueza de la también llamada Misa tridentina, así como su importancia para el presente y el futuro de la Iglesia. Pero, a la vez, emprende una investigación sobre el oscuro motivo y las maquinaciones que llevaron a crear una nueva Misa en los años sesenta, radicalmente distinta a la de siempre, con las devastadoras consecuencias que esto trajo para la fe.

    A ese doble propósito están dirigidos los dos episodios hasta ahora conocidos de la trilogía, que pueden verse en forma gratuita en el sitio web del filme (latinmass.com).

    Desde el estreno del primer episodio el año pasado, en la fiesta de la Asunción de la Virgen María, el documental se ha convertido en un fenómeno en sí mismo. Los dos primeros capítulos suman ya más de 2,5 millones de visualizaciones, según confirmó en una entrevista con La Prensa Jacob Tate, coescritor del guion y productor.

    Tate refiere que han recibido mensajes de una audiencia global muy diversa: desde personas mayores que vivieron los cambios litúrgicos, hasta madres que dicen que la película cautiva a sus hijos de diez años.

    “Más que un mérito de la película por su atractivo, aunque ese era uno de nuestros objetivos, creo que esto demuestra el amplio atractivo que tiene la liturgia católica”, añade.

    La finalidad del largometraje es que aquellos fieles que aún no hayan tenido la oportunidad de conocerla puedan descubrir la belleza de la Sagrada Liturgia tradicional, que no es otra que la Misa de todos los tiempos, transmitida desde hace 1.500 años, y que miles de sacerdotes comiencen a celebrarla. Es la Misa que con la reforma posconciliar fue inexplicablemente escondida, resistida por la jerarquía eclesiástica y, a todos los efectos prácticos, abrogada en todo el mundo.

    DETALLES

    La belleza del rodaje, el cuidado de los encuadres y, podría decirse, el amor con que fue realizado el entero filme se aprecia en detalles nunca antes filmados, logrados a partir de la grabación de Misas con y sin fieles en diversas iglesias a lo largo de Estados Unidos, pero también en Italia o Francia. A este mérito de las imágenes se añaden las reflexiones de reconocidos expertos en la materia, entre ellos eruditos litúrgicos como Dom Alquin Reid o Peter Kwasniewski, además de teólogos, filósofos, eremitas, compositores de música sacra, y algún obispo.

    Si se piensa en el preciosismo de la lente, mérito del director de fotografía Thomas Shannon, y en la contundente línea argumental que se va desplegando, no es extraño que la cinta se haya convertido en un fenómeno.

    El primer episodio presenta el caso de Kristine Mauss, una joven viuda con cuatro hijos que cuenta cómo se acercó a la liturgia antigua al comprobar que los niños estaban en un entorno que influiría más que sus padres y en el que no tenían amigos católicos.

    De esa observación se pasa a una sucesión de informes televisivos que dan cuenta de esa misma realidad en un marco más amplio: carencia de vocaciones sacerdotales, envejecimiento de los sacerdotes y cambio de valores en la sociedad, que se traduce en que hoy sólo un 10% de los católicos van a misa en Estados Unidos.

    LEX ORANDI

    Lex orandi, lex credendi dice la famosa frase latina, para aludir a la relación intrínseca que existe entre liturgia y fe. Y una de las entrevistas televisivas que se recogen en el documental apunta a eso: a recordar que la propuesta del Concilio Vaticano II era hacer la Misa más accesible, y para eso la doctrina concerniente a la Misa debía ser más accesible, pero se logró lo contrario.

    Es cierto, como admiten varios entrevistados en el filme, que no todo el desfondamiento de la fe entre los católicos tiene una única causa, porque también hubo elementos culturales que llevaron a esto. Pero, aun siendo así, la cinta aporta cifras de asistencia al culto entre distintos credos que ponen en entredicho esa objeción y dan qué pensar. Del mismo modo que es válido preguntarse si la reforma litúrgica y la pérdida de la fe no son algo más que una mera coincidencia.

    Esta línea argumental se intercala con bellísimas imágenes de la Misa tradicional y de la música sacra que la adornaba. Son secuencias que resaltan la solemnidad perdida y el profundo sentido para la fe que tenían las palabras y gestos que se perdieron con la reforma, en una filmación con tintes poéticos.

    De pronto, el eco de un ruido lejano retumba en una iglesia vacía y luego se oye la voz cristalina del celebrante que recita las oraciones al pie del altar, donde suplica ser digno de asumir su rol sacerdotal “in persona Christi”. Palabras que eran una suerte de transición entre el mundo secular y los dominios sagrados, y que también hoy se han dejado de lado, como explica Peter Kwasniewski, experto liturgista.

    La comparación entre “la Misa de todos los tiempos” y la empobrecida liturgia reformada comienza así a emerger en este primer documental. Los cuadros que ilustran la cantidad de oraciones, genuflexiones y veces que los fieles se santiguan van insinuando una diferencia esencial entre ambas Misas, una dignidad despareja, una diferente comprensión de lo sagrado. En la antigua sacralidad, y en la antigua solidez doctrinal de la tradición, es donde Mauss, la joven viuda del video, encontró un punto de apoyo firme para rehacer su vida arrasada por el dolor.

    Pero donde la doble devastación actual de fe y liturgia queda expuesta con mayor nitidez es en una anécdota narrada por el padre James Jackson (FSSP), académico de liturgia. El sacerdote evoca una misa de réquiem en la que todo, la homilía, la música y los presentes expresaban alegría, confiados en que el fallecido habría ya alcanzado el Cielo, algo que el sacerdote trae a colación porque ilustra la falta de comprensión del misterio. “No había nada sobre un juicio, nada sobre el pecado”, dice el padre Jackson. Pero: “¿Hay un juicio? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Qué hay sobre el pecado? ¿Qué le pasa a alguien que no tiene la oportunidad de librarse de ello?”, se pregunta, para luego añadir que si uno vuelve a la Misa de réquiem, todo, tanto el texto como lo visual, trata sobre el pecado.

    En el episodio II, titulado La tormenta perfecta, que fue estrenado este año en la fiesta de la Ascensión y que tiene un comienzo con más expectación, más palpitante, el acento ya no está puesto tanto en el aspecto poético, que está presente igual, sino que la propuesta es correr la cortina para ver lo que hay detrás de la reforma litúrgica posconciliar.

    Se trata, por lo tanto, de una investigación sobre cómo se hizo esa reforma tan radical, a espaldas de los propios padres conciliares. Una reforma que, en palabras de Dom Alquin Reid, pone al hombre moderno como punto de partida y de llegada de la liturgia, que usa el lenguaje de lo que es atractivo y que trata de comercializar algo a una generación en particular, la de los sesenta.

    MAQUINACIONES

    El foco de este segundo capítulo está puesto, principalmente, en las maquinaciones de Annibale Bugnini, arzobispo italiano que ocupó el cargo clave de secretario del Consilium, como se llamó a la comisión encargada de llevar a la práctica la reforma litúrgica aprobada por el Concilio Vaticano II.
    Lo que deja en claro la reconstrucción es que la entera arquitectura de la liturgia fue demolida siguiendo una intención premeditada, confesada por el propio Bugnini. “El camino de unión con nuestros hermanos separados, los protestantes, es quitar toda piedra de la liturgia, toda oración de la misa que pueda ser remotamente un obstáculo o dificultad”, dice Bugnini, según la cita hecha por los realizadores del documental. Algunos de los entrevistados van todavía más allá para señalar la supuesta pertenencia de este arzobispo a la masonería, que siempre buscó la subversión de la Iglesia desde su propio interior.

    Sea como fuere, lo cierto es que la comisión se lanzó de lleno a “una revisión de casi todo”, como se alega en el documental. Y la revisión fue radical: la lengua vernácula desplazó al latín; el canto gregoriano se abandonó por canciones modernas que caen incluso en la banalidad; más de 40 versículos de la Escritura fueron suprimidos; se cambió la orientación del altar y la forma de comunión.

    Hay dos secuencias muy logradas que ilustran la destrucción operada sobre la Misa de todos los tiempos para dar lugar a la nueva Misa (novus ordo).

    Una de ellas muestra el texto del Misal antiguo, y cómo enteros pasajes se recortan, condensan, reescriben, hasta quedar reducido a su mínima expresión. El impacto de esa escena es dramático, doloroso, indignante. Hay espectadores del documental que han comentado haber llorado al contemplar esta demolición.

    La segunda secuencia muy lograda presenta la pantalla partida en dos, donde se ve, a la izquierda, un sacerdote que celebra la Misa tradicional, y a la derecha, uno que celebra la nueva Misa. Primero se activa durante unos segundos la imagen de la derecha, y luego unos segundos la de la izquierda. El contraste es tan demoledor y elocuente que hasta un niño de ocho años percibe la diferencia.

    No todo se reduce, sin embargo, al abandono de la solemnidad, la devoción y la dignidad en la celebración de la Misa. También están las consecuencias prácticaspara la vida de fe de los fieles.

    Como señala el profesor de filosofía Joseph Shaw, entre los numerosos recortes que se hicieron en el rito, fueron eliminados todos los pasajes que aludían a la realidad del juicio divino, a nuestra necesidad de la gracia y a nuestra necesidad de arrepentirnos.

    Si se recuerda el adagio latino Lex orandi, lex credendi, la conclusión parece obvia: si no aparecen estas realidades teológicas en el culto, ¿cómo se supone que vamos a creer en esto?, pregunta Dom Alquin Reid. No cuesta demasiado entender cómo de aquel recorte de pasajes sobre el juicio y el infierno se sigue hoy la falta de comprensión sobre el misterio de la muerte que el padre Jackson observó en la misa fúnebre antes aludida.

    DEMOLEDOR

    El documental, además de echar mano a gráficos y líneas de tiempo, apela también al recurso de poner a rodar un viejo grabador de cinta para dar vida a los debates que se produjeron cuando la nueva Misa fue finalmente presentada en un sínodo de obispos, algo para lo cual se vale de voces prestadas y dibujos de los protagonistas y que demuestra cómo la ejecución de las reformas fue mucho más lejos que lo votado por el Concilio Vaticano II.

    Pese a que los realizadores del documental quieren dejar a salvo, hasta donde pueden, a Pablo VI, el pontífice no sale bien parado tampoco.

    La investigación que propone el documental es demoledora y la conclusión a la que se llega cae por su peso: ¿cuál es la razón para aferrarse a las formas modernas si no lograron lo que se proponían?

    El filme se ve de un modo fluido, aunque esa claridad y desenvoltura tiene que haber llevado más trabajo del que se supone. El director de la trilogía, Cameron O’Hearn, expresó en un video colgado en la página del filme que, más que satisfecho por lo realizado hasta ahora, se siente como un sobreviviente de una batalla, alguien que está en la cima de la montaña completamente exhausto y ya está pensando en el próximo objetivo.

    La expectación está ahora puesta en el episodio III, que se titula Guardianes de la tradición. Un filme que aún no tiene fecha de estreno. Solo se sabe que por estos días debía ya estar lista la fotografía. Según O’Hearn, será aún mejor que los anteriores. Lo definió como “un grito de guerra unificador”.

    En sus palabras, el último capítulo de la trilogía “investiga y explica qué abrió el camino a la Misa tradicional en los últimos cincuenta años para un uso más amplio, desde el arzobispo Lefebvre hasta el Summorum Pontificum de Benedicto XVI en el 2007”.

    Al parecer, este nuevo episodio mencionará el motu proprio restrictivo de Francisco, Traditionis custodes, aunque tal vez no de un modo confrontativo. O’Hearn dice que su interés fue “indagar si la mayoría de los obispos (consultados para ese documento) se expresó a favor o en contra de la Misa en latín, y si la mayoría de los católicos que asiste a esa liturgia acepta el Concilio Vaticano II y el actual Papa”. Su idea es tratar de “exponer el verdadero rostro del catolicismo tradicional”, en la esperanza de que tal vez el propio Papa se sorprenda.

    La esperanza del director se relaciona con el hecho de que el catolicismo tradicional, particularmente el que está radicado en Estados Unidos, se ha convertido en un sector especialmente incómodo para la más alta jerarquía de la Iglesia, como si fuera un factor de riesgo potencial para la pax romana.

    Jacob Tate atribuye esto precisamente a que “las voces que surgen desde Estados Unidos son de las más fuertes, y que por esa sola razón se han convertido en un blanco fácil para quienes quieren aplastar la tradición”.

    Una de las formas más frecuentes con que son descalificados los que reclaman por esta liturgia es tratarlos de “nostálgicos” del rito antiguo, como si fueran personas mayores apegados a esa liturgia. Sin embargo, allí donde se mire, incluso en Argentina, se ve que estos grupos están formados mayoritariamente por gente joven y matrimonios con varios hijos, que no han podido vivir antes esta liturgia por una simple razón de edad.

    Tate opina que lo de “nostálgicos” es “una acusación un tanto extraña por parte de un grupo que promueve cambios adaptados a los jóvenes que crecieron en los años sesenta”.

    “Cuando entro en una iglesia encalada y construida en forma redonda, escucho la música folclórica y veo las vestimentas anodinas de la Nueva Misa, eso me parece más nostálgico de los años 60 que la supuesta nostalgia de la liturgia tradicional por algún período de tiempo antiguo”, expresa.

    “Una vez más, esto se debe a que la liturgia antigua es intemporal, transmitida durante más de 1500 años en todo el mundo. Los jóvenes se aferran a la liturgia antigua porque miran a su alrededor y ven la locura en el mundo y en la Iglesia y buscan algo sólido, algo estable, y eso es la tradición católica”.

    Queda, todavía, la duda de por qué, con lo exiguos que son los fieles que concurren a la misa tradicional, despiertan tanta preocupación en Roma.

    La respuesta tal vez pueda encontrarse en la proyección demográfica. “Nuestra mejor estimación -confirma Tate- es que menos del 2% de los católicos de todo el mundo asisten a la Misa tradicional en latín con regularidad, así que es definitivamente una minoría. Teniendo esto en cuenta, vemos un crecimiento explosivo allá donde vamos. Ya sea en el este de Texas, en el sur de California, en el corazón de Detroit, en Michigan, en el campo de Francia, o en un pueblo remoto del este de Africa, no hay escasez de personas que claman por una liturgia católica reverente”.

    “Las órdenes sacerdotales tradicionales apenas dan abasto con las solicitudes de ingreso al seminario que reciben, y muchas parroquias que hemos visitado dicen haber triplicado su tamaño en los últimos dos años”, añade.

    Algunos de los entrevistados en el documental, como Eric Sammons, autor y editor en jefe de la revista Crisis Magazine, se muestran confiados en que, de este movimiento, exiguo como es, puede derivarse sin embargo la restauración que la Iglesia necesita con desesperación.

    por Agustín de Beitia

    Episodio 1:

    Episodio 2:

  • Postas culturales

    Postas culturales

    Esperaba en la puerta de la clase a que el profesor saliera. Cuando lo hizo me acerqué a pedirle una charla para un evento organizado por el centro de estudiantes. Él me invitó a sentarme y conversamos un rato. “Lo que me pide, bonita, es imposible. Los médicos me han dicho que tengo que reducir mi trabajo. Lo que sucede es que en Argentina hemos perdido una generación de intelectuales gracias al tercermundismo y los guerrilleros. Los más viejos estamos estirando nuestras carreras lo más posible, pero ustedes, los jóvenes tienen que crecer más rápido para cerrar la brecha”.  

    Esas palabras que me dijo el Dr. Emilio Komar hace tantos años resuenan en mi memoria desde entonces. Sus enseñanzas y su persona son fuente constante de inspiración en esta carrera de la vida. Especialmente su compromiso de maestro hasta el final de sus días. 

    Los valores de una cultura no existen si no se encarnan en la vida de las personas. Y las generaciones se renuevan año tras año, haciendo imprescindible la enseñanza constante de ellos. El enseñar la verdad, el bien, la justicia, no va a terminar nunca. Aunque los maestros vayan cambiando y renovándose en la carrera. 

    Enseñar se transforma en la vocación de toda persona de bien en una sociedad. Transmitir los valores a quienes los buscan y a quienes ni se plantean su necesidad, encontrando la manera de hacer asequible el mensaje para conseguir la asimilación de su contenido. Enseñar, enseñar, enseñar… sin cansancio y sin pausa.

    Y cuando una a una, las personas concretas y reales vivan esos valores, podremos decir que tenemos una sociedad mejor. Miraremos a nuestro alrededor y podremos gozar del fruto de nuestros esfuerzos comunitarios. 

    La tarea es continua, grupal, amable y sin fin.

    por Postumia

  • Mejor que IMAX

    Mejor que IMAX

    Decimos una tontería y a fuerza de repetirla acabamos creyéndola.

    La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda.

    Es difícil liberar a los tontos de las cadenas que ellos reverencian.

    Aquellos que te hacen creer absurdos te pueden hacer cometer atrocidades.

    Es peligroso tener razón donde las autoridades establecidas se equivocan.

    Estas citas no se refieren a la ideología de género, o al dogma del calentamiento global, o los estudiantes universitarios en las instituciones de elite, o a cualquier gobierno comunista del Siglo XX. Ni siquiera a los legítimos cuestionamientos sobre los resultados electorales en las elecciones del 2020 en Estados Unidos.

    Estas son todas frases de Voltaire, escritas en el Siglo XVIII cuando los que muy humildemente se auto percibían como “iluminados” se burlaban de la Iglesia Católica, o mejor dicho de la caricatura que ellos mismos se habían construido de la Iglesia y que poco tenía que ver con la realidad.  

    Voltaire es considerado uno de los padres espirituales de la Revolución Francesa que pocos años después adoraba a la “diosa razón” en Notre Dame, representándola con una prostituta.  Como dijo Chesterton: “Cuando la gente no cree mas en Dios, no pasa a no creer en nada. Pasa a creer en cualquier cosa”.

    El máximo logro de este movimiento “liberador” fue liberar a un montón de cuerpos de la opresión de sus respectivas cabezas y provocar una proto guerra mundial a través de su heredero intelectual, Napoleón Bonaparte, causando otros miles de muertos más.  Confirmando la máxima sobre el que hace creer absurdos naturalmente hace cometer atrocidades.

    Después de casi tres siglos de “progreso”, es interesante observar como el movimiento progresista se acerca cada vez mas a la caricatura que ellos crearon de la Iglesia:

    Tienen dogmas que no pueden ser discutidos:

    • Se puede elegir el “genero” que es una “construcción social” pero no la “orientación sexual” que es una característica innata e inamovible.
    • Los bebes no existen en la panza de la madre y por lo tanto no tienen ningún derecho.  
    • Los modelos de computadora, con miles de variables que predicen el comportamiento del clima dentro de décadas son inerrantes y no pueden ser cuestionados.  
    • La causa del crimen son las armas y la pobreza. Ninguna otra causa puede ser analizada. 
    • Las diferencias de resultados entre diversas categorías humanas solo puede ser explicada por la injusticia del “sistema”, racismo, opresión, colonialismo, etc. Nunca por méritos o deméritos individuales.  

    Y sigue una larga lista que va a siendo adaptada según corre el tiempo. Porque a diferencia de la Iglesia, que tienen poquísimas declaraciones dogmáticas y todas ellas con siglos de tradición, análisis, concilios, bibliotecas escritas sobre cada uno, esta nueva secta religiosa tiene cientos de dogmas temporarios. Ninguno de ellos expresado con claridad y nunca escritos y enumerados. Uno nunca puede estar seguro cual es el “Credo” de esta nueva religión.

    La Inquisición Católica fue originada como una protección a los individuos que eran perseguidos por el poder político bajo la excusa de temas religiosos. En respuesta se instauro un proceso con acusación, defensa, procedimientos, garantías para evitar que alguien fuera declarado hereje por un capricho.  No se trata aquí de negar los abusos a lo que ello se prestó. Como toda institución manejada por seres humanos. Pero baste decir que la famosísima inquisición española (considerada el “estándar de oro” de la represión inhumana y supersticiosa, ejecuto en toda su existencia de cuatro siglos a unas 3,000 personas, siendo que el numero más alto que es esgrimido por los “leyendistas negros” es de 30,000.  

    La nueva secta religiosa del progresismo tiene una inquisición fanática. Pero a diferencia de la original, no tiene acusación, ni defensa, ni proceso, ni garantías.  Simplemente la ley de la muchedumbre tecnológica que condena e impone las penalidades de la “cultura de cancelación” (o de las más concretas) con liberalidad. Todavía han sido relativamente limitados cuando se trata de matar físicamente, pero eso se acerca.  Y estoy siendo generoso aquí ya que no pongo en su haber los más de 100,000,000 de víctimas del comunismo, que ciertamente correspondería incluir.

    Y ni hablemos de la separación de la Iglesia y el Estado. A diferencia de la enseñanza tradicional de la Iglesia que siempre considero el poder temporal separado del espiritual (aunque sujeto a la Ley de Dios), en la mente progresista todos los mandatos “morales” deben ser implementados a través de regulaciones estatales.  No creyendo en una vida eterna, todas las penas por los “pecados” deben ser pagados en esta tierra. No creyendo en un Tribunal Divino, se apoyan exclusivamente en los estatales.  

    Aquí podemos recurrir a Sigmund Freud, otro de los patriarcas del Progresismo que, como todo reloj roto tiene razón dos veces al día:  Según dicen, Freud notó que alguno de sus pacientes acusaba a otros de tener sentimientos que en realidad eran exactamente los que ellos mismos estaban demostrando.  A esto lo llamo “proyección psicológica”. 

    La secta Progresista proyecta como una pantalla de IMAX: ellos son exactamente la peor versión de la leyenda negra de la Iglesia Católica.

  • En búsqueda de los pasos perdidos

    En búsqueda de los pasos perdidos

    Me resulta entretenido leer cada tanto novelas del género “historia alternativa”, donde el autor se sitúa en un momento histórico, y cambiando algún evento genera una narrativa de como podrían haberse desarrollado los hechos de otra manera. El libro de Richard Neb Lebow “Archduke Franz Ferdinand lives!“, donde se imagina la historia del último siglo de no haber ocurrido la Primera Guerra Mundial, es un ejemplo interesante. Y en otro nivel, la famosa serie “Volver al Futuro“, también muestra de una manera más entretenida las consecuencias de hacer cambios en nuestro pasado.

    A esto se suma la tendencia común tan didácticamente explicitada por Jorge Manrique en las coplas por la muerte de su padre de que “a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Tal vez el hombre sea naturalmente optimista, y eso ayude a olvidar o minimizar el mal y lo negativo, y potenciar o exagerar lo bueno y virtuoso y su impacto en los hombres y acontecimientos del pasado.

    No pude sino rumbear en esa dirección de pensamientos, cuando leí hace unos días la primera editorial de la revista CRUZADA, un esfuerzo lanzado por mi tío Cosme Beccar Varela cuando tenía 18 años. Es imposible ignorar que la revista nace al año de los aconteciminetos dramáticos de junio de 1955, cuando las turbas peronistas, en supuesta represalia por el bombardeo criminal de Plaza de Mayo, se dedican a quemar y profanar varias iglesas de Buenos Aires, destruyendo edificios y documentos históricos en el camino.

    Como recuerda Cosme en su libro “Las Cosas Olvidadas“, … “al día siguiente (12 de junio de 1955), estaba en el cine del Colegio Salvador cuando se interrumpió el espectáculo, se prendieron las luces del teatro y un jesuita salió al escenario para avisar que en esos momentos los peronistas estaban atacando la Catedral con intenciones de quemarla y nos pedía a todos los jóvenes que fuéramos a defenderla. Salimos todos los que allí estábamos y tomamos un tranvía que nos dejó cerca de Plaza de Mayo. Nos paramos en las escalinatas de la iglesia mientras los agresores, desde la Plaza de Mayo, nos insultaban y nos tiraban piedras y hasta ladrillos. La Policía miraba y los dejaba hacer. Era evidente que tenía orden de Perón de no intervenir.”

    No es aventurado pensar que los eventos de ese fatídico mes, impactaron hondamente en Cosme y tantos otros jóvenes argentinos, que sintieron un llamado a la acción, a la lucha, para defender los valores católicos y patrióticos que veían amenazados en un país y en un mundo que parecía darles la espalda.

    Y en ese espíritu, escribe entonces:

    A la juventud le gustan las actitudes bizarras, la lucha contra un enemigo visible. Por eso sigue toda doctrina que le presente sus creencias en tono de Clarinda, preferiéndolas a aquellas que sólo le predica paciencia y sumisión. Por eso hay tanta juventud enrolada en las filas de las izquierdas, porque sus jefes, comprendiendo esta tendencia de los jóvenes, tienen la habilidad de predicarles sus falsas doctrinas en forma de consignas de combate. Y por eso hay tan poca juventud decidida al servicio De la Iglesia. La juventud católica solo se hace presente cuando es necesaria la lucha, el riesgo, porque allí se siente más a gusto; por una tarea de guerra es capaz de los mayores sacrificios.

    En firme creencia de que en nuestra sociedad argentina existen valores que se deben defender y errores perniciosos que se deben atacar en lucha franca y decidida, para salud de ella, y que no hay nadie más indicado para esa desinteresada lucha que la juventud, es que venimos nosotros, integrales de ella, a levantar nuestra vos y hacer un llamado a todos los que quieran sumarse a nuestro esfuerzo. La lucha es ardua, porque está llena de acciones sin brillo, porque una gran parte de ella habremos de realizarla en silencio, junto a un libro, y porque tardaremos mucho en ser comprendidos por una sociedad encallecida y encanallecida.

    Somos católicos y no nos avergonzamos de decirlo. Somos confesionales prevemos el escándalo — es decir, que seremos intransigentes con todos los errores, ya que éstos no tienen derechos; lo cual no significa atacar a las personas que los sustentan, pues la caridad cristiana nos ordena el empeñarnos en conseguir su salvación, apartándolas de las falsas doctrinas.

    Somos argentinos, y por lo tanto nos interesa todo lo que al futuro de nuestra patria atañe. En salvaguardia de ese futuro denunciaremos y atacaremos todo lo que atente contra su grandeza, y todo lo que la haga apartarse del rumbo que tiene marcado la alta misión histórica que le corresponde como integrante de la nueva Cristiandad.

    Y creemos en el generoso pueblo de nuestra patria, que hoy se encuentra tan desamparado. Esperaos en él, porque lo sabemos poseedor de las sanas reservas espirituales que habrán de ser el capital precioso con que se financiará la empresa de la restauración de la Patria.

    Con lo que queda dicho, aquí empieza nuestra CRUZADA,. Empeñaremos en ella todo nuestro entusiasmo juvenil y nuestras fuerzas, confiando en que Dios ha de ayudarnos.

    Leída casi 70 años después, esta primer editorial de la revista CRUZADA me llena de una nostalgia por lo que podría haber sido y no fue. Nostalgia por esperanzas y entusiasmos que parecen hoy enterrados para siempre en una Argentina que ciertamente desde entonces y probablemente ya de mucho antes, parece haber perdido el rumbo, y en la que no parece haber lugar para jóvenes como el Cosme de los años ’50 y tantos otros de sus compañeros.

    En última instancia, sin embargo, sólo Dios sabe que impacto acciones como aquella (y porque no, como nuestra pequeña “botella” arrojada al universo de internet) tienen en los individuos y en la historia misma. Y a la hora de rendir cuentas, quién sabe si tal o cual acción que creímos insignificante, tuvo un papel que nunca pudimos ver en el bullicio del presente.

  • Martha’s Vineyard y el fraude de los liberales blancos y ricos

    Martha’s Vineyard y el fraude de los liberales blancos y ricos

    (Este artículo fue publicado por The Spectator, el 16 de septiembre pasado).

    ¿Dónde está su compasión? ¿Dónde está su inclusión?

    “Hablamos con varias personas que preguntaron: ‘¿Dónde estoy?’. Y luego estaba tratando de explicar dónde está Martha’s Vineyard”, dijo confundido el jefe de policía de Edgartown, Massachusetts, Bruce McNamee, sobre los 50 inmigrantes ilegales que aterrizaron en dos vuelos chárter en el único aeropuerto de la isla el miércoles.

    Según informes locales, los funcionarios del aeropuerto creían que los aviones transportaban a empresarios en un retiro de golf al final de la temporada, antes de sufrir la aplastante decepción de que los pasajeros que llegaban eran, de hecho, personas pobres de color.

    Los ilegales llegaron por cortesía del gobernador de Florida, Ron DeSantis, quien los envió allí usando un presupuesto de $12 millones reservado por la legislatura de nuestro estado libre para transportar ilegales a jurisdicciones santuario. Se une a los gobernadores de Texas y Arizona, que han enviado a miles de ilegales en autobús a Nueva York, Washington y Chicago, para protestar por el fracaso catastrófico de la administración Biden para proteger nuestra frontera sur.

    Según un portavoz de DeSantis, “estados como Massachusetts, Nueva York y California facilitarán mejor el cuidado de estas personas a las que han invitado a nuestro país al incentivar la inmigración ilegal”. “Lo que sería mejor”, dijo el propio DeSantis en una conferencia de prensa, “sería que Biden hiciera su maldito trabajo y asegurara la frontera”.

    En el año fiscal en curso, las autoridades de inmigración han detenido a casi dos millones de personas que cruzaron la frontera ilegalmente. Se desconoce el número de los que no han sido detenidos, pero muy pocos de ellos probablemente se dirigían a Martha’s Vineyard, que se autodenominaba orgullosamente como un “destino santuario”. Su población mayoritariamente estacional probablemente creía que nunca tendrían que hospedar a nadie más que a los liberales blancos ricos y a los Obama, que poseen una propiedad de 11,75 millones de dólares y 29 acres en la isla.

    Esos liberales blancos ahora están entreteniendo al mundo con el ataque ded histeria más divertido en mucho tiempo. Como hipócritas naturales cuyo compromiso con la diversidad termina donde comienzan sus caminos empedrados, no les gusta la idea de los residentes más nuevos de Vineyard más de lo que los alcaldes demócratas como Eric Adams de Nueva York y Muriel Bowser de Washington, DC aprecian a sus inmigrantes. Ambos alcaldes declararon estados de emergencia luego de la llegada de solo una pequeña fracción de los ilegales a los que sus contrapartes en las fronteras de Texas y Arizona deben abordar a diario.

    La senadora de Massachusetts, Elizabeth Warren, regañó que enviar a los ilegales era “repulsivo y cruel”. El excolumnista republicano supino y arrepentido Max Boot del Washington Post denunció la “crueldad y el cinismo” de DeSantis y advirtió que su futura presidencia será “peligrosa”.

    El oponente electoral de DeSantis, Charlie Crist, quien está ocho puntos detrás de él y probablemente lamenta que los ilegales no estén en Florida para votar por él en noviembre, calificó la medida de “repugnante y vil”. Sugirió que DeSantis “no está en control de sus facultades”, hilarante comentario de un hombre sin principios que logró postularse para un cargo estatal como demócrata, republicano e independiente y perdió las tres veces.

    Los autoproclamados “expertos” han acusado al gobernador de Florida de trata de personas. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, declaró histéricamente que los ilegales “merecen algo mejor que… quedarse en Martha’s Vineyard”. ¿Touché? En una entrevista de CNN a la mañana siguiente de la llegada de los ilegales, el periodista sesgado John Berman y el documentalista Ken Burns —anteriormente invitado al aburrido festival de cine de la isla— compararon los vuelos entrantes gratuitos con el Holocausto.

    Los liberales enfurecidos son, sin embargo, reacios a admitir exactamente de dónde llegaron los ilegales. Eso es comprensible teniendo en cuenta que su isla idílica, donde Biden ganó el 77,6 por ciento de los votos, está más allá de los medios de casi todos sus compatriotas estadounidenses, “deplorables” a quienes también preferirían no ver ni estar cerca. El precio promedio de una casa en Martha’s Vineyard es de $1.35 millones.

    El comentarista de MSNBC, Chris Hayes, que ha realizado firmas de libros en Vineyard, consideró “profundamente deshumanizante arrojar seres humanos a algún lugar con fines vengativos”. ¿En algún lugar? ¿Deletrear el “dónde” podría poner en duda la sinceridad de sus convicciones? Y si él realmente cree en los “destinos santuario”, ¿cómo es que enviar a los migrantes a uno especialmente agradable de forma gratuita es un acto de venganza?

    Mientras tanto, Warren prometió “seguir trabajando con socios locales, estatales y federales para garantizar que tengamos los recursos necesarios para cuidar a las personas con dignidad”, nuevamente sin decir dónde están esas personas merecedoras y cuán inconvenientemente cerca podrían estar de las vacaciones y hogares de aquellos que estaban “todos a favor de Warren”. Sin embargo, fue el senador del estado de Massachusetts, Dylan Fernandes, quien podría haber lanzado la ensalada verbal más colorida. Denunció el “complot secreto de DeSantis para enviar a familias inmigrantes como ganado en un avión… a un lugar al que no se les dijo a dónde iban” [sic]. ¿Su indignación convencería a alguien si hubiera nombrado el lujoso lugar donde fueron a parar los ilegales? ¡Cuando las vacas vuelan!

    El mundo fuera de Twitter de izquierda, sin embargo, sabe que los ilegales han tenido la suerte de aterrizar en una de las comunidades más ricas de Estados Unidos después de haber violado las leyes de nuestro país al cruzar ilegalmente sus fronteras. Ahora que los liberales de Vineyard deben soportar verlos en sus puertas, ellos y sus cómplices solo pueden volar hacia la ira narcisista. Su compromiso superficial y mojigato con la diversidad, la equidad, la inclusión y las fronteras abiertas se expone como un fraude desvergonzado. Después de todo, es la misma reacción, posiblemente de algunas de las mismas personas, cuyo liberalismo caviar se transformó en una oposición vituperante cuando el fallido predecesor de Adams, Bill DeBlasio, trasladó a decenas de encantadores vagabundos a hoteles vacíos en el Upper West Side.

    Los residentes de Vineyard afirman haber respondido con “compasión”, tanta compasión que brindaron apoyo básico durante menos de 24 horas antes de suplicar en Internet donaciones de liberales blancos con sentimientos de culpa aún más grandes. Eso es más que un poco falso, por así decirlo, en una isla donde se estima que el 63 por ciento de las casas de un millón de dólares están desocupadas fuera de los meses de verano. Pero esto no se le ocurrió a Lisa Belcastro, coordinadora del albergue para personas sin hogar de la isla, quien informó a los medios locales que “en algún momento [los ilegales] tienen que mudarse a otro lugar. …No tenemos vivienda para 50 personas más”. Eso es dudoso, pero incluso si los residentes veraniegos no quieren abrir sus puertas o billeteras, seguramente a ningún digno noble de Vineyard le importaría si los cuatro niños supuestamente en el grupo hicieran un uso generoso de sus muchas piscinas. ¿Qué podría ser más compasivo? ¿Qué podría ser más inclusivo?

    “Los abrazamos”, tuiteó el colega de Warren en el Senado, Ed Markey, desde el cómodo retiro de su oficina en el Capitolio. Si Markey es honesto, DeSantis debería alquilar toda la flota de Cape Air y enviar vuelos cada hora con más residentes nuevos de Massachusetts para disfrutar de las puestas de sol desde el faro de East Chop. Sin duda, Markey estará allí, preparándoles sándwiches y diciéndoles cómo votar en su nuevo país.

    por Paul du Quernoy

    Paul du Quenoy es presidente del Palm Beach Freedom Institute

  • Legalicemos los Piquetes y los Ocupas

    Legalicemos los Piquetes y los Ocupas

    Agitadores de extrema izquierda han organizado la ocupación de colegios secundarios en la Ciudad de Buenos Aires. Esto se suma a los habituales piquetes que cortan la circulación continuamente en toda la geografía nacional. Como ya estamos acostumbrados las autoridades muestran una pasividad cómplice. El Gobierno de la Ciudad dice que impondrá multas a los padres de los ocupas pero me permito dudar tanto de la efectividad como de la efectiva implementación de la medida.

    El argumento es que no hay que “criminalizar la protesta social”.  Que el daño comparativo entre las víctimas de estos actos (los estudiantes que no pueden estudiar o los circulantes que no pueden circular) es menor que el que produce “el sistema” a las personas “en situación marginal” ya que los primeros vienen de una situación de privilegio otorgada por dicho “sistema” mientras que los segundos sufren de los efectos negativos del mismo.  Además, se dice que estas personas “no tienen voz” y que esa es la única manera de expresarse y llamar la atención a sus problemas lo que seria el principio de una solución.

    El primer argumento (el del daño comparado) se basa en un análisis marxista en el que los miembros de una clase tienen derechos o los carecen por el solo hecho de pertenecer.  Por supuesto que no esta apoyado en ningún dato empírico ya que “el sistema” en el que vivimos es el que esta controlado por esas “organizaciones sociales”.  Y si hay datos concretos de que estas protestas causaron daño irreparables, como por ejemplo este caso en el Chaco que provocó la muerte de un paciente cuando la ambulancia no pudo cruzar un piquete.

    El segundo argumento es patentemente falso, ya que la inmensa mayoría de los medios de comunicación, cultura, educación y empresarial prestan gustosamente sus voces para difundir cualquier mensaje de izquierda en apoyo de las causas “aprobadas”.  Si alguien se puede quejar de la falta de voz, son precisamente los pacientes motoristas y los estudiantes aplicados cuyos derechos no son protegidos por nadie y cuyas quejas caen en saco roto sistemáticamente.

    Pero no me extiendo mas sobre este tema que ya ha sido tratado abundantemente en varios ámbitos.  

    Ya que no hemos conseguido que la lógica y el sentido común prevalezcan, consideremos otra opción: hay que codificar el derecho a ocupar edificios públicos, privados y privar al publico de su derecho constitucional de circular libremente por el territorio.  

    Yo quisiera tener claro cuales son las circunstancias que lo justifican.  Si es que mi “tribu” sufre daños por parte de la “sociedad” creo que la destrucción sistemática de riqueza, la expoliación de empresas productivas, la carga regulatoria e impositiva apabullante, la pobreza de los servicios públicos pudieran fácilmente constituir una base adecuada para habilitar a cualquier ciudadano a llevar a cabo su propio emprendimiento piquetero.  Si la falta de “voz” fuera otro requerimiento para la impunidad, los que apoyan la familia, el derecho a trabajar, la vida, aman a la Patria, quieren vivir en libertad, se “autoperciben” Católicos de los de siempre, tienen una plétora de evidencia sobre la cual apoyarse para mostrar cuan silenciadas son sus posiciones. 

    Una vez codificado, tengo una larga lista de lugares para ocupar y vías de circulación para cortar. En estos casos tendríamos la ventaja que el cese de las funciones de los blancos de estas acciones, en ese momento enteramente sancionadas por la ley, efectivamente ayudarían a solucionar los problemas. Se me viene a la cabeza: la DGI, el INADI, la sede del sindicato de maestros, Puerto K… ejem… Puerto Madero. Estoy seguro que entre todos podremos pensar algunos mas.

  • Los Radales

    Los Radales

    Creo que fue entre 1990 y 1991 que Cosme Beccar Varela compró la cabaña de Los Radales, frente al Lago Mascardi. Pasé vacaciones inolvidables en ese lugar tan lindo de nuestro país. Durante más de 20 años, mi tío la convirtió en un refugio lejos del bullicio de Buenos Aires, un lugar para descansar y jugar al golf en la cancha cercana de Arelauquen. Muchas “botellas” de su Botella al Mar fueron de hecho lanzadas desde esa cabaña. Años antes de su fallecimiento en 2020, la vendió y ese lugar pasó a dar alegrías y descanso a otra familia. Aunque no por mucho tiempo.

    Ya en los últimos años de su vida Cosme pudo ver la zona del Lago Mascardi convertirse en el epicentro local de lo que es hoy un movimiento terrorista que causa destrozos en ambos lados de la cordillera. Individuos que se “auto-perciben” como mapuches (por una vez esta frase tan en boga es realmente descriptiva de la mentira que se nos pretende hacer creer), con la complicidad tácita de los gobiernos federal y provincial y con un financiamiento cuyos orígenes valdría la pena estudiar con detalle, se han dedicado durante años a intimidar a la población y destruir propiedades en una campaña de supuesta reivindicación territorial de dudosísimo (y estoy siendo generoso) fundamento histórico o legal.

    Me entero hoy que las ruinas chamuscadas de lo que fuera durante décadas la casa de mi tío está ahora ocupada por estos agitadores. Según la nota periodística, los gendarmes que estaban en la propiedad custodiando el trabajo de peritos de la policía que investigaba el incendio de julio anterior, “tuvieron que replegarse” tras ser “hostigados por encapuchados”. Triste muestra de la impunidad de los violentos, y de un estado que, aparentemente, ha abandonado su obligación de defender los derechos de los ciudadanos.