Blog

  • Pan y Juegos

    Pan y Juegos

    Decimus Junius Juvenalis, o simplemente Juvenal, criticó al populacho romano de su tiempo (año 100 de nuestra era), acusándolo de ya no preocuparse por su historia y sus derechos, conformándose apenas con el panem et circenses que les otorgaban los políticos de turno. Como escribe en su Sátira X, “la gente que una vez otorgó mandos, consulados, legiones y todo lo demás, ahora no se entromete más [en la política] y anhela fervientemente solo dos cosas: ¡Pan y Juegos!”

    Políticos populistas de todos los tiempos siempre entendieron esto: mantener al pueblo alimentado y entretenido sirve para adormecer y apaciguar el descontento. En el caso de Roma, fue Cayo Graco, que vivió unos 200 años antes que Juvenal, quien impulsó lo que tal vez fue la primera “reforma agraria” y creó un sistema de subsidios para garantizar el trigo barato. No es sorpresa que en las elecciones para tribuno de año 123 AC, Graco decide no postularse como candidato y obtiene la re-elección por aclamación, cumpliendo el sueño de todo dictador que se precia. Pero las cosas no terminan bien para Graco. Se enfrenta con el Senado (un cuerpo que no pudo comprar con pan y juegos) y pese a haber armado parte de la población que lo apoyaba, es derrotado y muere por la espada (o suicidio) al poco tiempo.

    El “modelo Graco”, para llamarlo de alguna manera, ha sido probado exitosamente por políticos con afán de poder y pocos escrúpulos desde entonces, pese a la denuncia de Juvenal, que pareciera haber caído en oídos sordos.


    Lamentablemente, nuestra Argentina es víctima de la aplicación científica de esta vieja técnica de los dictadores. Huérfana de liderazgos dignos de la gravedad del momento, enferma durante décadas de un peronismo que ya ha hecho metástasis y afecta la esencia misma del ser nacional, nuestro país sigue con mirada hipnotizada y embrutecida los avatares de este gobierno, aceptando subsidios que en última instancia son humillantes a la dignidad humana y distraída por el gran juego nacional, que impide cualquier consideración de verdadera importancia mientras dure la Copa del Mundo.

    En un acto de “sincericidio”, fue la Ministra de Trabajo Kelly Olmos la que dijo recientemente lo que todos sabemos: bajar la inflación no es la prioridad de este mes. La prioridad, según ella, es ganar el mundial.

    Es sólo recorrer las calles de Buenos Aires para percatarse del vigor de esta campaña. No hay espacio publicitario que no haga referencia al futbol. El nombre de Messi es usado y abusado para lograr llamar la atención, y hasta la figura de un gran futbolista devenido en drogadicto y entusiasta defensor de Castro y Chávez ha sido desempolvada del archivo.

    Esta distracción es una verdadera política de estado de un gobierno que no gobierna pero apunta a sobrevivir día a día, contando con el Pan y Juegos que, aparentemente, siguen siendo eficaces en adormecer a suficientes argentinos.


    En unas horas juegan Argentina y México. Por lo que tengo entendido, una derrota de nuestro equipo ante los jugadores aztecas significaría un fin prematuro a los sueños de la selección nacional. Y en la medida que este mundial de fútbol allá lejos en Qatar es funcional a la política de este gobierno de distraer al público y evitar que sus falencias monopolicen la conversación nacional, personalmente quisiera que esta farsa termine pronto y dejemos de distraernos con temas que no son centrales a nuestro futuro.

    ¡Que la Selección vuelva a casa hoy y dejémonos de distracciones ahora!

  • Como se crea riqueza

    Como se crea riqueza

    Siguiendo con el tema del artículo sobre el “precio justo” publicado hace un tiempo atrás, pensé dedicarle unos párrafos al tema de la creación de riqueza.

    Conversando con un amigo hace un tiempo he descubierto que mucha gente (y no solo de izquierda) le cuesta aceptar el concepto, probablemente influenciados de forma directa o indirecta por la teoría marxista sobre la “plusvalía” del trabajo.

    Estimado lector, si Ud. es un experto economista, ¡no lea este artículo! Se reirá de lo básico de los enunciados. Pero en mi defensa soy un (ex)abogado con apenas un poquito de estudio de economía. Pero creo que hay muchos que tienen mi nivel de incomprensión de los conceptos y espero que ellos se beneficien de mis elucubraciones.

    En la economía clásica se hablaba de los tres factores de la producción: la tierra, el capital y el trabajo.  La tierra es remunerada por la renta, el capital por el interés o el dividendo (dependiendo del nivel de riesgo) y el trabajo por el salario.  Hoy en día se reconoce un cuarto factor que es el conocimiento y la activad emprendedora.

    Voy a recurrir a uno de mis (malos) ejemplos para ilustrar el concepto:  Imaginemos que estamos en un tiempo y un lugar donde una persona que llamaremos Pedro inventa la bicicleta.  Patenta su idea y establece una fábrica para hacerla realidad.

    Identifica un galpón (factor tierra) por el que paga un alquiler mensual (renta).  Para comprar la maquinaria necesaria, pide un préstamo a su banco (factor capital) por el que pacta una tasa de interés que se agregara a las cuotas de repago.  Luego contrata a varios trabajadores (factor trabajo) a quienes les paga un salario.  Digamos que al sumar todos los costos incurridos estima que su costo de producción es $100 por cada unidad producida.

    Nuestro emprendedor hace un estudio de mercado y testea cual es el apetito por su nueva invención.  Descubre que un caballo (competidor de reemplazo mas directo en su mercado) tiene un precio de base, sin opciones, de $1.000.- Por este motivo solo gente pudiente puede acceder a uno. De una población total de 10.000 personas, solo 500 podían disponer de comodidades equinas.

    Decide pues poner un precio de la bicicleta a $500 y con esto tener un mercado potencial no solo de las 500 que tienen ingresos disponibles nivel “caballo” si no que 1.000 personas adicionales. 

    Los criadores de caballos sufren un poco con la aparición de la bicicleta. Pero tienen clientes leales. 400 todavía compran caballos y solo 100 se pasan a la bicicleta, la que es percibida como un producto poco confiable.  Pedro tiene mucha más suerte con su nuevo mercado y vende pues 1.100 unidades. Con una ganancia de $400 sobre el costo de producción por cada una…  Nada mal.   La sociedad en su conjunto perdió los $100.000 de los 100 caballos que no se vendieron, pero gano 550.000 de la nueva industria. La riqueza neta creada de la nada fue pues de $450.000. 

    Marx observo este fenómeno y propuso que Pedro le estaba robando a sus empleados. Que los $400 de ganancia no eran atribuibles a él, si no a los trabajadores cuya “plusvalía” había hecho posible ese ingreso adicional.

    Los partidarios del “precio justo” dirían que las bicicletas no podían ser vendidas a $500 ya que esto es una “ganancia excesiva”. Que un precio “razonable” seria (después de consultar un dado) $150. Que es indiferente que el mercado estuviera a dispuesto a pagar mucho más.  Cobrarles $500 por algo que solo cuesta $100 producir es “engañar al público”.

    Pedro opina que su espíritu ingenioso y organizativo fue el que hizo posible todo esto y que ahora esta estudiando que utilidad puede tener el vapor que sale de su pava cuando hierve el agua.

    Juan, uno de los empleados de Pedro, ajeno a toda esta discusión, piensa que la bicicleta diseñada por Pedro es deficiente. Que una rueda tan grande adelante no es necesaria si se la reemplaza con un piñón y una cadena.  Que se puede obtener un producto mucho mejor usando menos materiales. Además observar que los procesos de producción son poco eficientes.  Después de un tiempo de análisis y planeamiento, patenta un invento, alquila otra fábrica, compra maquinaria y contrata trabajadores. Su costo por unidad es de $50.  Fija su precio en $200 porque descubre que su mercado es de 5.000 personas.  Gracias a su buen marketing, consigue robarle el 100% del mercado a Pedro y un 50% a los caballos. Pero ahora 5.500 personas tienen medio de transporte, cuando antes eran solo 1.000.

    Pedro, nada satisfecho con la situación, recurre a sus amigos en la municipalidad para que prohíban el producto de Juan, diciendo que es poco seguro. Que desarrolla velocidades demasiado altas. Que con tan poco metal es poco seguro. Que con tantas bicicletas el medio ambiente del pueblo se deteriora. Y todos los otros argumentos que se le pasan por la cabeza.  Ofrece que las bicicletas tengan un precio “justo” de $200 y que se protejan las fuentes de trabajo de su fábrica estableciendo una prohibición de establecer nuevas.

    Como el consejo del pueblo está compuesto por gente inteligente y no corrupta, rechazan sus argumentos y le apuntan que Juan ha creado una importante cantidad de riqueza para el pueblo, de la misma manera que él lo había hecho en el pasado.  Lo invitan a continuar con sus investigaciones sobre el vapor que él decía eran tan promisorias….

    El proceso continuo con Tomas, quien inventa un producto parecido al de Juan, pero con un costo de producción de $30 y la vende a $90.  Todo el pueblo tiene a su alcance ahora bicicletas con una generosa ganancia, todavía esta por debajo del costo de producción original.

    Diez años después hay veinte fábricas de bicicletas. El costo de producción esta en $25 por unidad y el precio de venta esta en $30.   

    Pedro, Juan y Tomas salieron del negocio de las bicicletas hace tiempo porque inventaron la maquina a vapor, la electricidad y le energía atómica respectivamente.

    Conclusión: El mercado trata de pagar la menor cantidad de ganancias posible. Nadie le “regala” nada a los emprendedores. Estos aprovechan mientras puede para acumular capital que a su vez servirá de semilla para nuevos emprendimientos. Si el gobierno se mantiene al margen y no trata de “proteger” a nadie, la competencia se encargará de reducir los márgenes al mínimo. El factor trabajo es el más limitado, por lo tanto será el primero que tenga escasez y conseguirá subir los sueldos El capital será cada vez mas abundante a medida que se crea más y más riqueza, bajando su nivel de compensación.  

    Si Ud. quiere mejorar la situación de los trabajadores y minimizar el nivel de ganancias que tienen los empresarios, opóngase a la “protección” de los burócratas estatales. Lo único que quieren ellos proteger es su propia posición y la de sus amigos.

  • La deuda externa y una fallida investigación (II)

    La deuda externa y una fallida investigación (II)

    por Alejandro Olmos Gaona

    Se puede leer este trabajo completo acá.

    LA JUDICIALIZACIÓN DE LAS DECISIONES POLÍTICAS

    Una de las cuestiones más discutidas  respecto a los aspectos legales y constitucionales de las operaciones que permitieron la constitución de la deuda exterior de la Nación, ha sido que la misma no puede ser materia de ningún cuestionamiento judicial, debido a que se trata de decisiones políticas del Poder Ejecutivo, y que además las posibles ilegalidades y la posible y eventual comisión de delitos de acción pública no serían susceptibles de ser investigados, debido a que se trata de decisiones políticas reservadas a las esfera de la administración del Estado (4). Este extendido criterio que sostiene la dirigencia política, algunos politólogos o analistas, una variada gama de comunicadores y aún algunos cultores del derecho judicial, utiliza como fundamento  que los actos del Poder Ejecutivo en determinadas materias no pueden ser objeto de revisión por el Poder Judicial. Se entiende en forma errónea que tales actos no pueden ser materia de control alguno, debido a que son el producto de facultades privativas y propias del poder que las ejerce.

    Desde muy antiguo se ha alegado que admitir el control judicial de los actos emanados del poder político significaría una clara violación de la división de los poderes, al permitir la ingerencia de uno de ellos en el ámbito en el que se desenvuelve el otro poder; y en un sistema marcadamente presidencialista como el argentino, ello significaría una inadmisible intromisión, que de realizarse alteraría sustancialmente un esquema constitucional que ha señalado competencias específicas en las que debe desenvolverse cada uno de esos poderes. Ésta cuestión del control judicial de los actos ejercidos por el poder administrador constituye un tema clásico de la teoría del Derecho que ha sido largamente discutido atreviéndose algunos tratadistas a plantear Algunos se han atrevido a plantear que: “Verdaderamente, ¿de qué trata el Derecho Administrativo si no es del control de la discrecionalidad?” (5) pudiéndose registrar una larga lista de trabajos que se han  enfocado a analizar con minuciosidad todas las cuestiones atinentes a un tema fundamental, que se ha soslayado, continuándose con insistir por parte de integrantes del Poder Legislativo mayoritariamente, en conceptos ya abandonados desde hace muchos años y que parten de la concepción soberana del poder que tenían los regímenes absolutistas, donde las decisiones no admitían control jurisdiccional alguno. Esto se pudo observar particularmente, en las expresiones condenatorias de una importante cantidad de legisladores respecto al fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que declaró la inconstitucionalidad  de los arts. 2, 4, 18 y 30 de la Ley 26.855 que estableció una nueva regulación del Consejo de la Magistratura y del Decreto 577/13 (6). Se llegó a sostener el absurdo que el Poder Judicial no podía cuestionar lo decidido por los representantes del pueblo.  

    Tales planteos comunes en la consideración de la dirigencia política, si bien han quedado desestimados por el Derecho Administrativo, todavía persisten, con la suficiente entidad, para que en la magistratura federal, no se haya procedido de acuerdo  al derecho que tienen los ciudadanos de recurrir a la justicia ante decisiones del Poder Ejecutivos que puedan afectarlos, ya que una genuina concepción de lo que es la organización del Estado determina que los ciudadanos no sean súbditos sino mandantes del Poder Administrador y en consecuencia este sea un servidor y no  como lo planteaba la concepción monárquica.

    Aunque no es mi intención extenderme  en largas consideraciones sobre el particular –aunque el tema lo amerita, dada la concepción que todavía pareciera sigue vigente en la Argentina- me  pareció oportuna  la opinión de  Woehrling quien sostiene que “Desde hace aproximadamente 20 años se constata un profundo movimiento de reforma en los sistemas de control jurisdiccional de la Administración en prácticamente todos los países europeos. Se puede afirmar que este movimiento se ha acentuado aún en el período último” y cita los regímenes contencioso-administrativos de Suecia y Holanda, la constitucionalización de de la jurisdicción contencioso-administrativa en Grecia, Portugal, España, Alemania e Italia, agregando que “estas disposiciones constitucionales, constituyen un verdadero mandato constitucional dado a los Tribunales encargados del contencioso-administrativo y refuerzan la legitimidad de sus intervenciones. Este cuadro constitucional juega, pues un papel directo en la extensión y la intensificación del control jurisdiccional de la administración” (7). Esa corriente de control de la legalidad de los actos de gobierno, es unánime en la mayor parte de los países europeos, y se funda en los principios fundamentales que deben regir en una democracia. . No se trata pues de la invasión de un poder sobre el otro como lo sostienen algunos vulgares apologistas de las decisiones del Poder Ejecutivo, sino simplemente de ese inexcusable control de establecer la legalidad de esos actos.

    Resulta por demás evidente, que ante una violación a las normas constitucionales que afecten los derechos de cualquier ciudadano, éste no tiene otra alternativa que recurrir a la justicia con el objeto de que se restablezcan sus derechos conculcados. Eso no significa intromisión o injerencia, sino el correcto funcionamiento del orden establecido por la propia Constitución. En nuestra doctrina, Bidart Campos ha sido el más enfático en sostener que “El aspecto primordial de las cuestiones políticas radica entonces, en que la exención de control judicial involucra exención del control de constitucionalidad… En primer lugar estamos ciertos que la detracción del control viola el derecho a la jurisdicción de los justiciables. No poder conseguir por declinación del Tribunal el juzgamiento de una cuestión rotulada como política, es tanto como decir que los ciudadanos carecen del derecho a la jurisdicción, o sea de derecho a acudir a un órgano judicial para que se resuelva una pretensión…. Cuando el Estado no puede ser llevado a los tribunales estamos además fácticamente ante el hecho de la irresponsabilidad. Es elemental que si el Estado no puede ser juzgado, el Estado no responde por ese acto que conserva todos sus efectos, aunque sea infractorio de la Constitución…La sumisión completa del estado al orden jurídico reclama que el gobernante esté sujeto no solo a la vis directiva de la ley, sino a la vis coactiva y compulsiva… Hay un argumento muy sólido que resulta favorable a la judiciabilidad. Al organizar la administración de justicia, la Constitución argentina confiere a la Corte y a los demás tribunales inferiores en su artículo 100 la competencia de decidir “todas” las causas que versan sobre puntos regidos por la Constitución. Cuando se dice “todas” las causas es imposible interpretar que haya “algunas” causas que escapen al juzgamiento. Dividir las causas en judiciables y políticas (no judiciables) es fabricar una categoría de causas en contra de lo que impone la misma Constitución” (8).

    Resulta indudable que la concepción de la no judicialidad, no responde de ninguna forma al orden jurídico, sino a la invariable pretensión del Poder Ejecutivo, sustentada durante décadas, de no aceptar control judicial alguno, lo que puede resultar correcto cuando las decisiones adoptadas estén conforme al orden público, no causen perjuicio a los ciudadanos y no alteren el orden constitucional. Pero cuando esas decisiones, se traducen en una afectación de las garantías constitucionales, cuando el Poder Ejecutivo impone normas que contravienen la ley, no puede desconocerse la facultad que tiene el Poder Judicial para revisarlas y dejarlas sin efecto, ya que esa es una de las misiones que le ha conferido la Ley Fundamental. Suponer lo contrario, significaría otorgar facultades omnímodas al Poder Administrador, no sujetas a control alguno, lo que por supuesto no tiene nada que ver con el ordenamiento republicano y democrático, y como afirmaría Kelsen “El destino de la democracia moderna depende en una gran medida de una organización  sistemática de todas las instituciones de control. La democracia sin control no puede durar. Si excluye esta autolimitación que representa el principio de legalidad la democracia se disolverá a si misma” (9).

    Tales conceptos son esenciales para definir algo que la dirigencia política se  encargó de enmarañar, y es el real concepto de servicio que debe tener el poder administrador, que no resulta una entidad con poderes ilimitados a  cuyas decisiones deben someterse los ciudadanos que son sujetos tributarios de esa administración. Muy por el contrario, el Poder Ejecutivo gobierna y ejecuta los actos que el Poder Legislativo ha sancionado como representante del pueblo. También está facultado para reglamentar las leyes y adoptar todas aquellas medidas administrativas que hacen al buen funcionamiento del  Estado, pero ello en modo alguno significa el otorgamiento de poderes extraordinarios o facultades especiales, ya que como la propia Constitución señala en su Art. 29, tales facultades llevan consigo una nulidad insanable y sujetarán a los que las formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de infame traidores a la patria. Esa concepción de servicio parece haber sido olvidada hace décadas y es por eso que puede verse que en muchos casos el ejercicio del Poder Ejecutivo ha devenido en una suerte de poder supralegal que ejerce su voluntad a través de un riguroso control de la actividad parlamentaria. García de Enterría ha señalado con claridad algo que muchas veces la dirigencia política parece haber olvidado, para no afrontar las responsabilidades que le competen, y es el hecho de que “La Administración no es representante de la comunidad, sino una organización puesta a su servicio, lo cual es en esencia distinto. Sus actos no valen por eso como propios de la comunidad –que es lo característico de la Ley, lo que presta a esta su superioridad e irresistibilidad- sino como propios de una organización dependiente, necesitada de justificarse en cada caso en el servicio de la comunidad a la que está ordenada” (10).

    Este imperativo de servicio, supone por cierto, el control de legalidad inherente a la condición que tiene, para evitar una desnaturalización de sus derechos, mediante la instrumentación de disposiciones que los restrinjan o los eliminen. Es una forma de resistir la arbitrariedad del poder mediante la utilización de todos los recursos que la ley otorga. Como con propiedad se ha dicho “El derecho de resistencia se canaliza, pues, hacia la responsabilidad o dación de cuentas y ésta, a su vez, finalmente, hacia una acción judicial que pide que se restituya al demandante su situación arbitrariamente afectada por el agente que obra al margen o en contradicción con la Ley” (11).

    Seguramente la forma peculiar con la que se maneja la política en el país, y la discrecionalidad con la que muchas veces se desempeñan los cargos en los más altos estamentos del Estado, ha determinado  que las formalidades democráticas sustituya lo que es la democracia real, que ha veces no se ejerce como debiera. Afirmar apodícticamente que los que gobiernan representan la voluntad del pueblo y que cuentan en su favor con una legitimidad que los justifica formalmente ante los órganos de control, es rendir tributo a una mística de la representación política que nada tiene que ver con la realidad que puede observarse a diario. Pretender oponer, como alguna vez se ha intentado, a las exigencias del control, en sus varias aplicaciones (político, presupuestario, legal o jurídico, preventivo) la necesidad de un desembarazo de los gobernantes para poder actuar con eficacia, resulta en la situación actual de la democracia, a la que nos hemos referido una completa ingenuidad. La famosa eficacia, si pretendiese hacerse a costa del Derecho y como una alternativa al mismo, no es más que la fuente de la arbitrariedad, como enseña la experiencia humana ya más vieja y hoy vívidamente renovada. Es necesario, como ya observó Locke, confiar el gobierno a personas sobre las que resulta inevitable desconfiar. Elegir gobernantes, como ya sabemos, no es alienar de una vez por todas, y ni siquiera por un plazo temporal la facultad completa de decisión, sino confiar a unos determinados equipos políticos la gestión pública bajo el gobierno de la Ley, que sigue siendo la estructura de hierro ineludible del gobierno democrático, y la observancia efectiva de esta Ley no puede quedar a la sola discreción de los mandatarios del pueblo (12).

    Sin embargo  existen doctrinarios que han sostenido que el control jurídico de los actos políticos que se ejerce en un estado de derecho, implica de hecho la ruptura del principio de división de poderes (13) alimentando sus concepciones en peculiares interpretaciones de la democracia y porqué no, en las teorías de Carl Schmitt; empero tales criterios no se siguen en ningún país occidental, donde el control constitucional es un elemento fundamental de las democracias. Esto es así porque en regímenes de tal naturaleza hay una delegación temporal del poder que efectúa el pueblo en sus representantes, la que está sujeta a las limitaciones de un ejercicio que no puede ser discrecional sino acotado al mandato que le ha sido conferido. Como gráficamente lo expresara un distinguido sociólogo español “Una democracia propia de una sociedad civil (en su sentido amplio) no es aquella donde la vida pública se reduce al momento de la representación política: aquel cuando la sociedad entrega su voto, supuestamente, su capacidad de decisión sobre asuntos públicos a una clase política, que a partir de ese momento, decidiría por ella… Lo cierto es que, como se demuestra en la vida real de la mayor parte de las sociedades civilizadas, las gentes libres se resisten a entregar su capacidad política, acotan un espacio para sus propias decisiones poniendo límites al Estado y cuando delegan su poder lo hacen bajo condiciones estrictas, reservándose incluso entonces recursos y capacidades de intervención. Más aún, como ciudadanos, y no súbditos, se definen como interventores y participantes permanentes de la cosa pública, y consideran a la clase política no como sus señores, sino como sus servidores. Ello significa, por tanto, que definen a la democracia como un proceso de formación de opinión, donde todos, políticos y ciudadanos, debaten continuamente la naturaleza de los problemas políticos y sus soluciones. Cada decisión que pueda tomarse, con el procedimiento que en cada caso corresponda, es considerada como una decisión provisional, a ser reexaminada a la vista de sus consecuencias y de los cambios de las circunstancias, incluidos los cambios en los sentimientos colectivos y en cuál pueda ser, a cada momento, el estado de la conciencia civilizada en la sociedad en cuestión” (14).

    Aunque el control jurisdiccional de las potestades del poder ejecutivo es un viejo tema de la teoría del derecho, que ha sido nutrido por interesantes aportes durante diversas épocas,  hoy es casi inexistente la discusión, ya que no se admite que los actos del poder ejecutivo revistan una categoría especial o posean un bill de indemnidad que los haga poseedores de un “status” jurídico especial, que le permite estar exento del control que pueda ejercer la magistratura judicial. En nuestro medio solo los dirigentes políticos, pretenden sostener esa suerte de inmunidad. La alegación más común que se efectúa,  es que admitir ese control jurisdiccional significaría constituir una especie de supra-poder o dejar el poder real en manos de los jueces, lo que resultaría una negación del sistema de la división de poderes. Esto, es naturalmente un argumento falaz, ya que no se trata de que exista un poder  que esté por encima de los otros que componen el sistema, sino de algo mucho más simple y elemental, y es el de pretender que las decisiones del Poder Ejecutivo, se ajusten a la Constitución y a las leyes de la República.

    Existe tal acostumbramiento en nuestro régimen político a negar ese control como si se tratar de una injustificada intromisión en áreas reservadas exclusivamente al poder político, que cuando se efectúa un planteo limitativo al exceso de poder, surge inmediatamente el rechazo a aceptar lo que no es sino un mecanismo que está claramente establecido por la Constitución Nacional. Además de ello se trata de impedir que ese decisionismo del  Poder Ejecutivo lo convierta en una entidad autoritaria con capacidades no solo administrativas, sino legislativas y aún judiciales al determinar cuáles de sus actos son susceptibles de un encuadramiento jurídico y cuáles no.

    Uno de los argumentos generalmente utilizados, respecto a la no-judicialización de las cuestiones políticas, es también de que se trata de decisiones políticas, sin afectación constitucional, invocándose la doctrina norteamericana que ha establecido una cuasi separación de competencias al respecto. Sin embargo creemos que aquí también se cae en una gran equivocación, por soslayar en definitiva, la naturaleza específica de la acción y quien es el encargado de decidir la misma. Al respecto el Juez Brennan sostuvo oportunamente que “El carácter no justiciable de una cuestión política es esencialmente una función de la separación de poderes. Se origina mucha confusión en la capacidad del rótulo de la cuestión política para oscurecer la necesidad de una indagación casos por caso. Decidir si un asunto ha sido destinado  en cierta medida por la Constitución u otra rama del gobierno, o si la acción de esa rama excede la autoridad que será dispensada es en sí mismo un delicado ejercicio de interpretación constitucional, y es una responsabilidad de esta Corte como interprete definitiva de la Constitución” (15).

    En la doctrina norteamericana, que muchos utilizan equivocadamente, está muy claro el hecho de la “revisión  judicial” de aquellas cuestiones que se susciten al amparo de la  Constitución, tengan que ver con una ley del Congreso, o un Tratado. Esto tiene viejos antecedentes y va mucho más lejos que la propia Constitución; tiene que ver con el conocido dictamen del Jurista Coke, Presidente de la Corte, que determinó “que cuando una ley del Parlamento se opone al derecho común o a la razón…la ley común se impondrá y despojara de validez a dicha norma”, y el Juez William Cushing, que fuera uno de los primero juristas designados por Washington para integrar la Suprema Corte, recomendó a un jurado de Massachussets, que ignorase ciertas leyes del Parlamento por nulas e inoperantes. Hamilton plantearía después en El Federalista, Nº 78 que “La interpretación de las leyes es dominio apropiado y peculiar de los tribunales”.

    Aunque resulte una obviedad la Constitución, en cuanto norma fundamental del orden  jurídico del Estado, no puede ser alterada por leyes u otras normas que la alteren, y es por ello que solo a los jueces les corresponde interpretarla  como asi también el significado de determinada ley originada en el cuerpo legislativo, y en caso de diferencia irreconciliable entre las dos, preferir la voluntad del pueblo declarada en la Constitución a la de la legislatura expresada en la ley”. De allí han salido diversas doctrinas destinadas a establecer esa cuasi separación, pero en ningún caso se ha negado el derecho del Poder Judicial a revisar cualquier acto que afecte el derecho constitucional de un ciudadano. Aquí de lo que se trata, es no de justificar la existencia de un poder judicial por encima de los otros que integran la estructura del Estado, sino simplemente de un control de constitucionalidad que no es fácil de ejercer.

    No corresponde seguir  extendiéndome sobre una doctrina ya aceptada en forma casi unánime, superadora del viejo esquema conceptual de la no judicialidad de las decisiones políticas. No caben dudas que los actos impropios, arbitrarios o ilegales deben ser materia de juzgamiento, y todo lo referido al endeudamiento externo, que ha sido materia de una complicada investigación en la justicia federal penal   es precisamente uno de esos actos, donde se han sumado todo tipo de obstrucciones, se han planteado incompetencias, utilizándose todo tipo de recursos para evitar que se establezcan responsabilidades, estableciéndose las sanciones que correspondan a quienes defraudaron el patrimonio público.


    Notas

    (4) Respecto a tales criterios, el Secretario general de la Presidencia de la Nación, me hizo llegar en nombre de la entonces Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, una carta en el mes de enero de 2010,e, respuesta a una mía, donde expresaba, que debido que ciertos actos habían sido convalidados por el Poder Legislativo, nada se podía hacer respecto a la celebración de actos, que podían ser objeto de reproche penal.

    (5) Bernard Schwartz, Administrative Law, 3ª. ed. Bostón 1991, pág. 652.

    (6) CSJN: Fallos 336:760.

    (7) Le contrôle juridictionnel de l’Administration en Europe de L’Ouest, en “Revue Europeénne de Droit Public, Londres 1995, vol. 6, Nº 2, pág. 353 y siguientes.

    (8) Germán J. Bidart Campos, La Interpretación y el Control Constitucional en la Jurisdicción Constitucional,  Ediar, Buenos Aires, 1987, pág. 161/162.

    (9) Hans Kelsen La Democratie. Sa nature. Sa valeur, Económica, Paris, 1988, pág. 72-73. Es traducción del original publicado en Tübingen en 1929.

    (10) Eduardo García de Enterría y Tomás R. Fernández, Curso de Derecho Administrativo, Ed. Civitas, 5º ed. Madrid 1996, Tº I, pág. 30.

    (11) Eduardo García de Enterría, La Lengua de los derechos. La Formación del Derecho Público Europeo tras la Revolución Francesa, Madrid, Alianza, 1994, pág. 140.

    (12) Eduardo García de Enterría, Democracia, Justicia y Control de la Administración, Ed. Civitas, Madrid, 1998, pág. 114.

    (13) Nuria Garrido Cuenca, El Acto de Gobierno, Cedesc Editorial, Barcelona, 1998.

    (14) Víctor Pérez Díaz, España puesta a prueba 1976-1996, Alianza, Madrid, 1996, pág. 65.

    (15) “Baker v. Carr”. U.S. 186, 198-a962. 

  • La edad contemporánea ha muerto. Bienvenidos a la era tecnológica.

    La edad contemporánea ha muerto. Bienvenidos a la era tecnológica.

    Quizás es un cliché pensar que uno vive en lo más importante de la historia de su tiempo, pero hay algunas cosas que me llaman la atención actualmente, y si me das unos minutos te digo porqué pienso que hay un cambio de Era, de época histórica, y porqué a este nuevo capítulo lo llamaría “Era tecnológica”.

    En la antigüedad caían los imperios y se pensaba que la historia estaba en su punto mas profundo; o por el contrario la conformación de nuevas dinastías y una paz duradera, hacían pensar a los contemporáneos que se abría una nueva época. A veces esto sucedía efectivamente, por ejemplo, con la caída del Imperio Romano, Europa quedó sumida en el desconcierto, poblaciones aisladas en constante alerta frente a partidas de antiguos guerreros convertidos en bandoleros. Terminaba la Edad Antigua y comenzaba la Edad Media.

    Estos vaivenes de la Historia producían cambios de época. Y si bien estamos acostumbrados a mirar la historia desde el punto de vista político, en paralelo y no menos importante, se producen descubrimientos y evoluciones en la técnica que marcan puntos de inflexión en la Historia. Por ejemplo, el arte de dominar al caballo hizo enormes diferencias entre los pueblos antiguos. Así mismo, la rueda, la palanca, o las técnicas de forja de metales. Más tarde el descubrimiento de la pólvora marcó un antes y un después en la historia. La máquina de vapor produjo la revolución industrial, y el automóvil y el avión transformaron para siempre la forma de desplazarse de la humanidad.

    Asimilable a esto, y quizás mucho más importante todavía para la historia, es lo que -a mi entender- da inicio a la nueva Era Tecnológica: el celular.

    Si pensamos que -salvo contados casos en el mundo- todos tenemos un celular en el bolsillo todo el día, y que lo usamos un promedio de 3 horas por día, no existe ningún otro descubrimiento que sea tan difundido, en tan poco tiempo, y con tanta influencia diaria en la vida de la humanidad. Ni siquiera la rueda. Por supuesto que todos los inventos suman elementos de otros anteriores, y en esta línea son antecedentes necesarios del celular la computadora y el internet.

    Y si bien el celular es el rey de esta nueva época, hay muchos otros inventos que hacen patente un cambio diametral en los usos y costumbres sociales, laborales y culturales. En esta nueva era se trabaja desde la casa, se hacen transacciones bancarias on-line, se venden propiedades, se aprende todo tipo de cosas por internet, se sacan fotos y se envían al instante al otro lado del mundo. Los mercados más grandes son digitales, las empresas tecnológicas marcan el ritmo de las inversiones globales, e incluso las monedas digitales se abren camino desplazando al papel moneda, el rubro más exclusivo del mundo.

    Con el desarrollo tecnológico se aceleran todos los demás procesos, porque en la medida en que la información está mas a la mano, todos podemos tomar ideas de otros y de esta forma avanzar más rápido en nuestros propios proyectos. Antes, hasta hace muy poco, para estudiar cierto asunto había que recurrir a libros que nacían viejos porque al momento de ser publicados ya estaban desactualizados.

    La capacidad de adaptación también se transformó. Todo es mucho más rápido. Éste es quizás uno de los elementos más disruptivos de la nueva era: la velocidad con que la tecnología permite aprender y desarrollar todas las demás herramientas disponibles. Cruza transversal y constantemente nuestras acciones diarias, nuestras decisiones laborales y sociales. Incluso las amorosas, desde que se puede consultar el perfil del “target” en las redes sociales.

    A veces los cambios de época se miden o se manifiestan por el aspecto cultural, otros, por cambios políticos, religiosos, o en algún momento por fenómenos económicos o industriales. Desde que se popularizó la tecnología, con su buque insignia el celular, todos estos órdenes se vieron transversalmente afectados. Los autores culturales se volvieron “influencers”, la guerra se puede hacer desde un comando virtual, la política y los medios de comunicación pasaron a ser digitales, etc. En pandemia fuimos a Misa por computadora -eso sí- transmisión en vivo.

    Por supuesto la política no pudo resistir la tentación, y hay varios casos de campañas electorales con buenos resultados, hechas totalmente por medios tecnológicos. Ni hablar de las no tan límpidas victorias mediante votos electrónicos (que les expliquen a los griegos lo que es democracia de verdad) ¡Ésa no se le había ocurrido ni a Maquiavelo!

    Desde el momento en que la misma tecnología permite el autoaprendizaje de los programas, tiene a su disposición la experiencia y el aporte del 99% de la humanidad, que pasa al menos 3 horas por día en medios tecnológicos, retroalimentando el desarrollo de las distintas plataformas y terminales.

    La humanidad del ser humano permanece tal y como la conocieron todas las épocas de la historia, pero las herramientas a su disposición actualmente son extraordinarias respecto de las eras anteriores. La universalidad de la tecnología, el acceso al conocimiento y la velocidad de comunicación, transforman totalmente el panorama global.

    La vida y el mundo ya no son los mismos antes y después del celular. Esa mini computadora que tenemos en el bolsillo es una ventana al multiverso dominado por la tecnología.

    Y si esto no es un cambio de época… ¡leo las críticas que manden por paloma mensajera!

  • La deuda externa y una fallida investigación

    La deuda externa y una fallida investigación

    por Alejandro Olmos Gaona

    Introducción

    Aunque la problemática de la deuda externa, siempre ha estado presente de una u otra manera en los análisis económicos, y ha tomado una enorme gravitación en los últimos años, debido al crecimiento de la misma, a la dificultad de pago de las obligaciones externas, y las dificultades generadas por su posible incumplimiento; su relación con el derecho siempre ha estado ausente,  y son prácticamente desconocidos los aspectos que la vinculan al derecho penal, debido a los actos ilegales e ilícitos que se realizaran, durante la constitución de la misma. Esa invisibilización permitió que no se tomara debida conciencia, de la gravedad de un proceso que comenzara en el año 1976, y que se desarrollara a través de los distintos gobiernos, después de la instauración de la democracia en diciembre de 1983, y que las investigaciones que llevara a cabo la justicia en lo criminal y correccional federal permanecieran ignorada no solo por los grandes medios, sino también en los ámbitos universitarios donde ha estado ausente su consideración, salvo alguna que otra excepción (1).

    Entre los estudiosos del derecho penal, es prácticamente desconocida esa investigación, los actos ilegales e ilícitos que fueran comprobados, la sentencia dictada respecto a un tramo de la deuda, y el trabajo desarrollado por el Ministerio Público Fiscal, para poner en evidencia la enorme cantidad de operaciones ilícitas que se constituyeron a partir de la dictadura, y que a través de similares acciones siguieron adelante en el tiempo, sin que la justicia adoptara una decisión sobre los involucrados en los distintos procesos, limitándose a una recolección de pruebas, acumulando documentos, testimonios, informes, y auditorías que mostraban como se fue articulando un proceso de graves consecuencias para la estructura económica de la Nación.

    Cuando se ponen en evidencia las morosidades de la justicia en la investigación de determinadas causas que involucran a funcionarios públicos, se hacen múltiples referencias a la comisión de posibles delitos de acción pública, pero la deuda siempre está ausente, siendo esta precisamente una de las investigaciones más importantes que están en la justicia federal por la magnitud de los créditos investigados, y por el desmesurado crecimiento de la misma, que nunca se detuvo, desde las primeras operaciones que comenzaron en la primera mitad del año 1976. De allí que surge una relación inescindible entre ciertas formas de las operaciones que se llevaron a cabo y la aplicación del derecho penal, como ha intentado hacerlo desde hace décadas el Ministerio Público Fiscal, sin que la justicia, haya adoptado procedimientos que permitieran juzgar a los responsables de diversas acciones, que ocasionaron graves perjuicios a la economía nacional.

    No me estoy refiriendo a cuestionar algunas decisiones económicas, que pueden no ser materia de judicialización alguna, sino a la realización de actos ilegales, la comisión de delitos de acción pública, las diversas acciones de encubrimiento, para que una investigación que comenzara hace 38 años, terminara en la nada, y se convirtiera nada más que en una acumulación de papeles sin destino.

    En la primera investigación de la deuda que tuviera sentencia definitiva en el año 2001, se decretó el sobreseimiento por prescripción, debido a que los 18 años de trámite no daban lugar a resolverla de otra manera, aun cuando el tribunal fue el principal responsable, por su constante inacción. La causa que tramitara en la justicia en lo penal económico, que fuera remitida por incompetencia a la justicia federal, no tuvo mejor resultado, ya que el magistrado interviniente, no adoptó ni una sola medida para investigarla a pesar de los miles de infracciones a la ley penal cambiaria que fueran detectadas, y a la responsabilidad penal, que el juez en lo penal económico había detectado en el comportamiento de los directivos del Banco Central de la República Argentina. La tercera causa de la deuda, donde se investigaran los distintos ilícitos relacionados con la estatización de la deuda privada, la deuda con el Club de Paris y los distintos procesos llevados a cabo a partir de 1984 sigue abierta, sin que se adoptara decisión alguna. A esta causa se añadió otra iniciada en el año 2006 para investigar hasta la última reestructuración de la deuda del 2005, que siguió el mismo camino después de años donde se discutió la competencia del tribunal que debía intervenir.

    En estos procesos penales, donde como se verá más adelante se pusieron en evidencia distintas maniobras defraudatorias en perjuicio del patrimonio público, el procedimiento penal se constituyó en letra muerta. A pesar de enorme trabajo realizado por algunos peritos del Banco Central, de la existencia de numerosa documentación probatoria, los distintos titulares del Juzgado federal N°2 no consideraron que debían cumplir con los tramites fijados por el Código Procesal Penal, y fue así que las distintas causas, fuera de los documentos que se incorporaban, permanecieron en una especie de limbo, cuyas consecuencias sería  nuevamente la prescripción de los ilícitos investigados. En  una de las apelaciones relacionadas con incidentes de las últimas causas, uno de los jueces de la  Cámara en lo Criminal y Correccional Federal, consideró que no tenía ningún sentido seguir adelante con estas investigaciones, debido a que no se podía volver atrás en las operaciones  de endeudamiento (2).

    Ninguno de los organismos de control que tuvieron debido conocimiento de los distintos procesos quisieron involucrarse en materia tan peligrosa. Ni la Sindicatura General de la Nación, ni la Auditoría General de la Nación, ni la Procuración General de la Nación, ni la Procuración del Tesoro, y vanos fueron los esfuerzos del titular de la Fiscalía Federal N° 6, Dr. Federico Delgado, que reiteradamente insistiera, para que se tomara la debida intervención en la causa. La Procuración del Tesoro, entendió que no le correspondía efectuar acciones de responsabilidad, ante un pedido del Ministerio Público Fiscal, y decidió que solo lo haría después de analizar las conclusiones a las que hubiera llegado la Comisión Bicameral de Investigación y Seguimiento de la Deuda Externa, creada en septiembre del año 2014, mediante la ley 26.984, que fuera disuelta en marzo de 2016 (3). La Procuradora estimaba más relevantes el trabajo de la Comisión y no las investigaciones llevadas a cabo por la justicia.

    Pareciera que todas las herramientas suministradas por el derecho penal, y las propias competencias que la Constitución le asigna al Poder Judicial de la Nación, hubieran resultado inútiles para llevar a cabo un proceso, donde además de verificar las existencia de los posibles delitos de acción pública y actos ilegales realizados por funcionarios públicos, se estableciera con claridad las responsabilidades emergentes de muchas decisiones, que llevaron a constituir una deuda externa pública, que comenzara a incrementarse desde marzo de 1976, hasta este año 2020.  En las páginas que siguen, además de los comentarios pertinentes sobre una casi desconocida sentencia judicial, se podrá ver en apretada síntesis las particulares características de un proceso, donde el derecho penal estuvo ausente, a pesar de su decisiva importancia, en causas de tal gravedad como las que aquí se exponen. Su aplicación irrestricta, hubiera significado poner en evidencia las constantes transgresiones al orden jurídico por parte de funcionarios públicos, mostrando además que la deuda no resulta ser solo una categoría económica, que no admite controversia legal alguna, sino que también le son aplicables las normas del orden jurídico como a cualquier acto de la administración pública.

    El fundador de este sitio web Cosme Beccar Varela, siempre estuvo interesado en esta problemática, y cuando el Dr. Jorge Ballestero, emitió su fallo sobre la deuda en el año 2000 lo publicó íntegramente, ya que le interesaba mostrar cuestiones que son invariablemente silenciadas, y aunque quizás discrepamos en muchas apreciaciones políticas, siempre reconocí su valentía de decir lo que pensaba, sin importarle que fueran criticadas sus posiciones. Es por eso que entiendo que estos datos objetivos, de alguna manera pueden ser útiles a todos aquellos que les interese el tema.


    Notas

    (1) La Cátedra Libre de Deuda externa  que funciona hace más de 6 años en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, que está a cargo del Embajador Miguel Espeche Gil ha funcionado de manera intermitente.

    (2) Voto del Dr. Eduardo Farah.

    (3) En la nota enviada el 17 de noviembre de 2014 a la Comisión Bicameral por la Dra. Angelina Abbona, se hizo constar “Ahora bien, la Procuración del Tesoro de la Nación no ha intervenido en representación del Poder Ejecutivo Nacional, en carácter de parte, en la referida causa judicial, ni en ninguna otra vinculada con la estatización de la deuda externa privada entre 1981 y 1983… Ello en virtud de no haber recibido encomienda alguna en tal sentido, decisión esta derivada de las conclusiones a las que arribó el Juzgado en lo Criminal y Correccional FederalN°2 de esta Capital en el pronunciamiento dictado el 13 de julio de 2000 en la causa 14.467, caratulada “Olmos Alejandro s/denuncia” (Expte 7723/98) en la que el magistrado actuante concluyó dictando sobreseimiento en la causa; pero a la vez, dispuso la remisión de los antecedentes reunidos durante la investigación al H. Congreso de la Nación, instándolo a adoptar dentro de sus competencias constitucionales, las medidas que estime conducentes para a mejor solución de la deuda externa de la República. Esa cuestión ha sido finalmente abordada por el Poder Legislativo con la sanción de la Ley 26984, en la que se contempló la creación de la Comisión Bicameral que Ud. preside, a los fines de la investigación del origen y legitimidad de la deuda externa de la Nación. Resulta claro que las conclusiones a las que arribe esa Comisión constituirán el antecedente indispensable para la adopción de diversos cursos de acción futuros, en el ámbito jurisdiccional.”


    Se puede leer este trabajo completo acá.

  • No voy a ser hipócrita

    No voy a ser hipócrita

    “Yo estaba con mi hija en Cuba y me alegré mucho cuando escuché la noticia. No voy a ser hipócrita con este tema: no me dolió para nada el atentado [de las Torres Gemelas]”

    Hebe de Bonafini.

    Sabio consejo.  Yo tampoco voy a ser hipócrita. Reciproco el sentimiento.

    Para conmemorar su comparición ante el único Juicio que verdaderamente importa, reproducimos este artículo de la hermana del soldado Hermindo Luna, víctima de la violencia terrorista.

    ¡Pobres y brutos, ríndanse que los venimos a liberar!

    Por Jovina Luna

    En estos días se escucha hablar mucho, a pocos, sobre las clases sociales y lo bueno que son los de una y lo malo que son los de la otra.

    Yo no coincido con esa forma de ver las cosas: la bondad o la maldad anida en el corazón del hombre sin importar si tiene dinero o no. Hay gente muy pobre y muy mala, también gente muy rica y muy buena; y al revés, igual.

    Esto de “las clases” yo lo leí en las revistas de la guerrilla del ERP y de Montoneros de los años ’70: decían que había una “lucha de clases” en donde los malos eran los ricos que oprimían a los buenos que eran los pobres y que ellos, la guerrilla, eran la “vanguardia”, los “abanderados” de estos pobres, que vaya uno a saber quién los había elegido para eso. El “paraíso socialista” al que nos querían llevar a los tiros iba a llegar cuando ya no hubiera más ricos propietarios.

    Todos sabemos que ninguna de esas ideas llevaron a ningún pueblo a ninguna felicidad y que muy por el contrario solo trajeron muerte, hambre y pérdida de la libertad, y se necesitó y necesita de un Estado terrorista para imponerlas. Sólo se aplican con un Estado policía, de toda la vida de toda la comunidad, salvo para una clase dirigente que goza de todos los privilegios, como pasa en las dictaduras de China, Corea del Norte, Cuba o Venezuela. Mientras tanto todo el pueblo es igual de pobre.

    En los años ’70 por detrás de esas ideas empezaron a matar gente en la Argentina y así lo hicieron con mi hermano Hermindo y sus compañeros soldados en el Regimiento de Formosa el 5 de octubre de 1975. Los asesinos de entonces pensaban igual que los que ahora hablan de las clases sociales. Y los apellidos se repiten: Donda, Perdía, Vaca Narvaja, Pietragalla, Verbitsky, Bonafini, Grabois.

    El discurso de “odio de clases” de los usurpadores de propiedades en todo el país, seudo aborígenes o no, y de sus ideólogos, revive aquellos años donde personas de clase media y/o alta, de “izquierda” o “marxistas” o “comunistas”, o como se los quiera llamar, arrogándose una representación que no tenían hablaban de un “paraíso igualitario” y en gobiernos constitucionales asesinaron a personas de condición humilde que, por “brutos”, no alcanzaron a entender que ellos eran sus “libertadores” que venían a sacarlos de la “opresión”.

    En ese entonces no había una “dictadura”, había un gobierno democrático, peronista, con 5% de pobreza y los sediciosos montoneros, siempre en nombre de los pobres, atacaron el cuartel para robar armamento y combatir y derrocar a Isabel Perón.

    El organizador del ataque, Horacio Pietragalla, padre del actual Secretario de Derechos Humanos, era de una clase diferente a los soldados de Formosa: pertenecía a la clase media de la ciudad de Buenos Aires, al igual que la mayor parte de los atacantes. Norma Arrostito, fundadora de Montoneros, explicaría que la organización estaba integrada “mayoritariamente y por amplio margen” por gente de clase media.

    Mi familia es muy humilde y vive en Las Lomitas, en el centro de la provincia de Formosa, a trescientos kilómetros de la capital provincial. Mi papá se llamaba Jesús Luna y era albañil. Mi mamá se llamaba Secundina Vázquez y era ama de casa, hacía pan y empanadas para vender. Ellos se conocieron en el campo, en Paraje Las Delicias, y se casaron. No pudieron terminar la escuela primaria. Mamá no sabía leer ni escribir y papá sí, pero hizo hasta 4to grado. Toda la vida trabajaron muy duro para criar a trece hijos, a los que educaron en la humildad, la honestidad, el trabajo, el amor a la Patria y la fe cristiana. Así se crió Hermindo: sin plata y con muchos valores.

    Horacio Pietragalla, padre, desde sus 17 años actuaba en la guerrilla y entre otros tantos crímenes mató al empresario Alberto Bosch y al chofer Juan Carlos Pérez con una ametralladora como parte de un comando montonero que secuestró en Agosto de 1974, durante un gobierno peronista, a otros dos empresarios, los hermanos Jorge y Juan Born, en el Gran Buenos Aires. Por los Born, los terroristas cobraron un rescate multimillonario en dólares.

    Pietragalla planificó desde Resistencia, adonde se había mudado con su mujer, la también montonera Liliana Corti, y en complicidad con el soldado traidor montonero Roberto Mayol, el ataque al Regimiento que tenía un supuesto principal: que los soldados no iban a pelear; que se iban a rendir. Por eso se hizo un domingo a la tarde, a la hora de la siesta, cuando en el cuartel había sólo un puñado de oficiales y suboficiales y todo el resto eran soldados conscriptos. Lo que nunca sospecharon los atacantes fue la heroica resistencia de esos soldados.

    En publicaciones posteriores dejaron escrito para la posteridad lo frustrante que les resultó la lección de los bravos defensores del cuartel. La revista “Evita Montonera” que describe la intentona en Formosa dice, sin vueltas: “A partir de este momento comienza una verdadera batalla; los soldados – armados o desarmados en algunos casos – desobedecieron la orden de rendición, en todos lados presentaron fuerte resistencia y en algunos lugares esa resistencia fue suicida (…) Aventuramos la hipótesis de que esa resistencia suicida de los soldados tiene que ver en parte con el bajísimo nivel de conciencia de la población de la zona”.

    La traducción es: “Somos los que los vamos a liberar de la opresión de los ricos porque poseemos la solución a su pobreza, les damos la oportunidad de rendirse y nos corren a tiros. Esto pasa porque son brutos y no entendieron nada”.

    Mi hermano, de guardia, desobedeció la orden: “Rendite negro, que con vos no es la cosa”. Él les gritó: “¡Aquí no se rinde nadie, mierdas!”. Él, junto a sus compañeros soldados, ofrendó su vida entrando en la Historia y demostrándoles, que habían entendido todo y a la perfección.

    Este es el diálogo entre un combatiente montonero que participó del ataque y el también guerrillero Sergio Berlín, unos días después, ya de vuelta en Buenos Aires:

    -¡Carlitos, que suerte que no te pasó nada!

    -No, si para matarme a mí hace falta mucho más que un cuartel lleno tirando como en Stalingrado.

    -O sea que…

    -Sí, lo terrible fueron los soldaditos. Ahí sí que nos agarraron por sorpresa. No se imaginan cómo tiraban, los muy pelotudos. Ahora resulta que se creyeron el verso que les hicieron y se van a jugar la vida para defender a sus generales, a sus patrones, a todos los peores hijos de puta que siempre los cagaron. Eso sí que fue un desastre.

    -No, pero ahí hay un grave error de evaluación. Pero no un error militar. Esto es peor, es un error político. Se evalúa que los soldados no van a resistir y nos cagan a tiros. Es grave, che. Es grave. Va a haber que pensarlo mucho.

    En estos días, Victoria Donda, hija de dos guerrilleros montoneros, desde el INADI, defiende a la usurpadora Dolores Etchevehere; Roberto Perdía, segundo en jerarquía de Montoneros, asesoró a los usurpadores de Guernica; Fernando Vaca Narvaja, tercero en jerarquía de Montoneros, asesora a los usurpadores seudo mapuches en la cordillera; Horacio Pietragalla, hijo de dos terroristas montoneros, tutela los derechos humanos en la Argentina; el CELS de Horacio Verbitsky, terrorista montonero, denuncia ante la Justicia el desalojo de Guernica; Hebe de Bonafini, madre de dos terroristas, dijo que “hay que sacarles tierras a los ricos, la mitad de lo que tengan”, y Juan Grabois, hijo de un filo montonero en los ’70, defiende a los usurpadores de la propiedad privada en todo el país con su discurso de “odio de clases”.

    El Presidente Alberto Fernández al asumir dijo que nos convocaba a “superar el muro del rencor y del odio entre argentinos” y anunció que no podíamos contar con él “para seguir transitando el camino del desencuentro”. Sería muy positivo que sacara cuentas que con el mismo combustible que en los ’70, con la misma leña y con los mismos fósforos, es probable que se genere fuego.

    Los pobres de Argentina necesitan que las instituciones de la República, por la que murieron los soldados de Formosa, funcionen y les mejoren la vida dentro del sistema democrático. Hay que dejar de subsidiar, con nuestra plata, a los pirómanos setentistas que nos pueden incendiar.

  • Plus ça change, plus c’est la même chose

    Plus ça change, plus c’est la même chose

    Hoy es el aniversario de la muerte de Jose Antonio Primo de Rivera en 1936 a manos de los Republicanos y de Francisco Franco Bahamonde en 1975 a manos de la vejez.  Es por lo tanto un buen momento para recordar los prolegómenos de la guerra civil española y sus paralelismos con el momento actual.

    Recomiendo vivamente los libros de Pio Noa sobre el tema ya que se dedica a demoler los “Mitos de la Guerra Civil” (como se llama su libro más famoso).

    No pretendo aquí ser concienzudo ni hacer una reseña histórica que excedería por mucho el propósito de un simple posteo de un blog.  Pero si me parece interesante destacar que este conflicto se originó en la actitud arrogante, intolerante y fanática de la izquierda que obtuvo el poder por la violencia y el fraude y luego consideró a la derecha en cualquiera de sus expresiones como ilegítima.  Es decir. Nada ha cambiado.

    Durante el año 1933 hay varias intentonas anarquistas y comunistas financiadas y organizadas desde Moscú que pretendían instalar un sistema Estalinista en España.  Esta presión desde su flanco izquierdo hace por lo tanto fracasar el gobierno de Azaña (ya que varios miembros de su coalición simpatizaban con los revolucionarios).  En noviembre, se convocan elecciones, las que son ganadas por una coalición conservadora de derecha.  Esto nunca es aceptado como legítimo por la izquierda, incluyendo el PSOE, el PNV, los Catalanistas y por supuesto por los Comunistas y los Anarquistas, quienes desde un primer momento se dedican a socavar violentamente al gobierno surgido de la voluntad popular. 

    En 1934 hay nuevos alzamientos armados bajo el pretexto que se habían incorporado al gobierno miembros del CEDA (que era un partido de derecha, católico y oficiosamente monarquista) ya que fue considerado “ofensivo” que parlamentarios, legítimamente elegidos, y miembros de la coalición gobernantes ejercieran sus obligaciones cívicas.  El más famoso y violento fue en Asturias en donde se estableció brevemente un sistema soviético que finalmente fue desmantelado.  Es bueno aclarar que no fueron meramente elementos “extremos” los que participaron en esos ataques a la legalidad democrática. Fueron todos los partidos de la izquierda, incluyendo el PSOE.

    A fines de 1935 el Presidente de la República, el “moderado” Alcalá Zamora que había tratado de contemporizar con los revolucionarios, tolerado las tropelías de la izquierda, consideró que un escandalo de los de la vieja usanza era suficiente para disolver el gobierno y convocar elecciones.  Las mismas se llevaron a cabo en un clima de violencia e intimidación por parte de los izquierdistas, y resultaron en una ajustadísima victoria (fraudulenta) para ellos (por alrededor de 2 puntos).  Así volvió al poder Azaña, quien en lugar de tratar de calmar las aguas se rodeo de los elementos más extremos, amnistió a los “insurreccionistas” de 1934 y empezó un hostigamiento sistemático, a través de sus matones en los sindicatos comunistas y anarquistas a cualquier miembro de la derecha.   Esto incluyo el incendio de Iglesias, matanza de sacerdotes, violaciones de monjas, asesinatos a políticos, empresarios y gente de a pie, destrucción de propiedades, etc. 

    La Falange de Jose Antonio Primo de Rivera, que había sido un partido marginal hasta ese momento y que tenía buenas relaciones con el fascismo italiano, vio su popularidad incrementarse drásticamente por que fue percibido como una respuesta proporcionada a la violencia que la izquierda venía ejerciendo desde hacía varios años.  Por supuesto todos los “bien pensantes” que veían en la violencia de izquierda una mera expresión del descontento popular que debía ser aplacado, vieron en la organización de milicias de derecha para enfrentarla un riesgo existencial “a la democracia”. 

    Esto alimento aun mas el ciclo de violencia, que culminó en el asesinato de Calvo Sotelo, uno de los principales líderes de la derecha “civilizada” lo que fue considerado como el detonante del Alzamiento Nacional.  

    Poco han cambiado las tácticas de la izquierda: considerarse los únicos dueños de la verdad (para pedirles prestada una expresión), demonizar a cualquiera que se les oponga, incentivar la violencia de sus matones, sin jamás tomar responsabilidad por ella, pero escandalizarse y rasgarse las vestiduras cuando se les responde proporcionalmente. Robar elecciones y actuar como si fueran la máxima expresión de la legitimidad lo que les da derecho a perseguir a los que se le oponen.   No muy distinto que hoy en día (tal vez con una menor intensidad por razones de conveniencia).

  • Hay que eliminar las elecciones

    Hay que eliminar las elecciones

    William F. Buckley, un pensador y periodista conservador americano famosamente dijo que “prefería ser gobernado por los primeros 2000 nombres de la guía telefónica que por el cuerpo de profesores de Harvard”.   Y… convengamos que la calidad humana e intelectual de los profesores de Cambridge es bastante superior al de la cámara de diputados promedio en nuestras “democracias”.

    Me llamaran “negador” de la democracia. Ciertamente lo soy en su estado actual.

    Imaginemos que tuviéramos que comprar un auto y elegir entre una marca que llamaremos Renaudi y otra que llamaremos Forbenz.  Ahora bien, Renaudi da especificaciones falsas.  El contenido de los manuales es una fantasía. La mayor parte de los críticos de revistas especializadas están conectados con Renaudi y odian a Forbenz por lo que habitualmente manipulan la información para favorecer a su empleador.  Renaudi paga a los docentes para que en el colegio y en la Universidad enseñen que un Clía puede desarrollar 300Kmh y es la máxima expresión del lujo cuando en realidad apenas llega a 120 y los asientos son de plástico.  Renaudi te hacer firmar un papel para debitar las cuotas automáticamente. Pero cuando haces el cálculo las cuotas reflejan un precio mucho más caro que el publicitado.  Te ofrecen una garantía que no respetan. Cuando, harto ya, concurrís a la oficina de protección al consumidor descubrís que opera directamente en la fábrica de Renaudi y te dicen que no tenés derecho a protestar porque firmaste un contrato.  Eso sí. El contrato, mas allá de las falsas declaraciones, de tener errores de ortografía, gramatíca y de que su lenguaje es muy confuso, es suficientemente correcto desde el punto de vista formal como para poder ser aceptado por un juez un poco distraido.

    Ninguna metáfora es perfecta. Y este caso no es distinto.  El Renaudi del ejemplo sería un modelo de ética y probidad en comparación con el sistema político actual.

    El problema principal es moral y filosófico. Pero también hay un aspecto práctico.  En el mejor de los mundos es imposible tener un debate adecuado sobre problemas sobre los que la mayor parte del público no tiene información o formación suficiente para decidir.   Como dijo alguien: todo problema complejo tiene una solución simple y atractiva que es errónea.  Lo que hace que las elecciones inevitablemente sean sobre generalidades y personalidades que son aspectos subjetivos de fácil manipulación.  Y esto significa que el que controla recursos para comunicarse con el público, es el que gana.  Normalmente esos recursos (no solamente económicos) son más fácilmente controlados por los que ya están en el poder, lo que les permite perpetuarse.  No digo esto como un juicio de valor. Esta es la realidad.

    Me dirán que todo lo que digo es verdad, pero que, como dijo Churchill, la democracia es el peor sistema de gobierno si excluimos todos los demás. Y en cierto sentido es verdad:  La monarquía equivale a tirar un dado de 20 caras, donde solo una de ellas es ganadora y la “aristocracia” es básicamente el sistema actual con menos derecho al pataleo.  Pero hay una tendencia que empieza a perfilarse que pretende limar algunas de las artistas del sistema actual y es la “Lotocracia”.  Es decir que los representantes del pueblo sean elegidos por una loteria.

    Un filósofo de Rutgers, Alex Guerrero, una profesora de Yale, Hélène Landemore, y una intelectual belga David Van Reybrouck son citados en un artículo de Vox (cave emptor, publicación de izquierda) como los que están desarrollando la propuesta a nivel teórico.

    Este sistema no es nuevo. Ya en Grecia antigua había cargos que eran sorteados entre los ciudadanos.  Y hoy en día el sistema es usado ampliamente con mucha experiencia de como implementarlo ya que los juicios por jurados, utilizados en muchos países incluyendo el nuestro, es una “lotocracia”.

    También lo son las encuestas utilizadas por los medios de comunicación, con la desventaja que hoy en día esas encuestas son fácilmente manipulables y en muchos casos son una herramienta de formación mas que de reflejo de la opinión pública.

    Probablmente lo mas facil sería imitar en lo aplicable el sistema de jurados, en el que un cuerpo suficientemente grande para ser estadísticamente representativo de la población (1.000? 2.000?) actúe como jurado mientras que representantes de partidos políticos actuarían como “fiscalía” y “defensa” a cargo de las propuestas que debieran ser aprobadas o rechazadas por la asamblea.  El servicio sería suficientemente largo para permitir al “lotócrata” adaptarse, pero no demasiado para evitar “institucionalizarlo”.  Renovación por fracciones de la asamblea también aseguraría una representación dinámica. Bien compensado por participar, y alguna penalidad por rechazar el cargo debiera ser implementado para que no hubiera una selección automática de desocupados y perdedores.  Esta asamblea no tendría funciones ejecutivas ni pudiera originar legislación (ya que esto tiene demasiadas complejidades) aunque si pudiera tener alguna función de seguimiento, auditoria y disciplinaria sobre el ejecutivo. Reglas similares a las que tiene un jurado sobre como debe presentarse la información, sobre “lobbying” y por supuesto, corrupción, así como otras prácticas que pudiera distorsionar la opinión de la asamblea debieran ser implementadas so pena de que esta se transformara en un “sello de goma” para políticas predeterminadas (como fueron algunos ejemplos utilizados por la izquierda en relación al medio ambiente, educación, aborto, etc.). Pero este ultimo problema ya está presente en el sistema actual.

    El sistema tampoco sería perfecto, como no lo es el juicio por jurados. Pero tendría la ventaja de eliminar el ridículo sistema de incentivos que crea una elección en la que gana el que mejor mient… perdón, “sabe de marketing político”, mas acceso a recursos tiene, o consigue acorralar mayor cantidad de gente con bajo interés en los temas como para que su voto sea fácil de “cosechar” o “comprar”.

    Tal vez esto pudiera probarse a nivel municipal primero y luego ir subiendo en la estructura a medida que se vayan corrigiendo los problemas que inevitablemente surgirían.

    Me encantaría saber si alguno de los lectores tiene algún pensamiento sobre el tema de la democracia representativa en su estado actual y posibles correcciones.  

  • Pelotón de fusilamiento circular

    Pelotón de fusilamiento circular

    Hace unos días Alfonso hablaba del libro de Paul Johnson, “Los Intelectuales”. Allí se relata la MUY BAJA calidad humana de muchas luminarias del movimiento progresista a lo largo de la historia. Aunque cada uno se destacaba por algo particular, eran desagradables, desagradecidos, egoístas, pedófilos, borrachos, amarretes, mujeriegos, etc.

    Pero no se limita al pasado lejano. En la historia reciente y en la actualidad los referentes del movimiento no han mejorado mucho. El Che era un asesino.  JFK era un mujeriego que robo la elección con sus conexiones en Chicago y cuyo padre era un mafioso simpatizante de los nazis. Ted Kennedy era otro mujeriego borracho que mató a una chica.  La calidad moral de Bill Clinton no está en duda: es bajísima. Su mujer por conveniencia, Hillary es la imagen de la ambición desmedida, dispuesta a todo para conseguir sus objetivos.

    Nuestro elenco local no se destaca por ser luminarias. Cristina es una oportunista, corrupta, descarada. Alberto Fernandez es un mal educado.  Francisco es famoso por ser un jefe arbitrario y poco leal con sus subordinados.

    Biden es un plagiador, que cuando estaba lúcido mentía tanto como cuando no lo está. Además, todo el mundo sabe que, si Hunter vendía influencia, alguien la proveía.  Lula fue condenado por el mayor escandalo de corrupcion de la historia. Boric es un pelafustán muy poco preparado. Maduro es un analfabeto narcotraficante, Kamala Harris es bruta como un cascote y no consigue retener empleados porque los maltrata, Fetterman, el nuevo senador por Pensilvania literalmente no sabe hablar.  Y pudiera seguir durante varias páginas.

    Sin embargo, todos ellos reciben un tratamiento deferencial por parte de los miembros de su facción. JFK ha sido prácticamente canonizado en Estados Unidos. Cristina no es criticada por los miembros de su partido, por los periodistas afines, o por ningún “intelectual” del régimen. Tinelli no se burla de Alberto Fernandez. Ted Kennedy fue reelegido al Senado hasta su muerte. Bill Clinton sigue siendo aceptado en los círculos “que cuentan”. El escandalo de Biden y su hijo Hunter fue encubierto por la prensa. Lula va a ser presidente de Brasil. Boric es presidente de Chile. Maduro, como decíamos ayer, fue recibido en el COP27 y mantuvo conversaciones con varios lideres mundiales como si fuera un interlocutor válido y ahora el gobierno americano quiere levantarle las sanciones.  

    Aunque la máxima obsecuencia se reserva para los lideres del momento, ya que son ellos los que sirven más y mejor a la “causa”, esta protección se extiende también más allá de su utilidad inmediata. Una vez que se retiran, les dan honores, contratos lucrativos, los tratan bien en los libros de historia, se “olvidan” de sus defectos y/o atrocidades. Se focalizan exclusivamente en sus contribuciones (reales o imaginarias).  Cuando sus defectos son demasiado visibles, los “archivan” (Bill Clinton), aunque raramente los denigran públicamente.

    Me imagino que los correligionarios de estos personajes no son masoquistas. Fueron o son perfectamente conscientes de esas falencias humanas. En muchos casos son los primeros que las tienen que sufrir. Pero deciden ignorarlas porque concluyen que hacer avanzar sus objetivos estratégicos e ideológicos es más importante que ventilar las miserias humanas. Que si buscaran el líder perfecto, no tendrían ninguno. Que sumarse a las criticas de sus adversarios políticos no sirve ningún propósito si no es dañar su propia causa.  No creo que los admiren debido a sus defectos, si no a pesar de ellos.  En resumen. Los aguantan como son, porque la causa progresista es lo mas importante para ellos.

    El contraste no puede ser mas chocante en la derecha. Sobre todo, la derecha “bien pensante”. Observen que cuando una persona de “nuestro palo” se refiere a muchos de los que son o han sido nuestros lideres recientes casi siempre se ven obligados a acotar alguna frase que deje claro su superioridad moral o intelectual. “No es que yo justifique tal o cual cosa”, o “el personaje no me cae bien, pero…”, o “no tiene mucho carisma”, o “no sabe transmitir bien el mensaje”, o “es un extremista”, o “no es un buen político”, o “se le sospecha tal o cual escándalo”, etc.

    Otro “tick” irritante es criticar al líder actual, pero alabar a lideres del pasado que son enteramente irrelevantes desde un punto de vista práctico.  Exactamente lo contrario de lo que decíamos arriba sobre la izquierda.

    Trump es impresentable pero Reagan era un genio. Bolsanaro dice barbaridades. Milei es demasiado estridente y no tiene equipo. Katz no tiene suficiente “carisma”, Alvaro Uribe “se ha transformado en un gruñón”, etc. etc.

    Como ya lo he mencionado en varias oportunidades en estas notas, yo creo que debemos aprender mucho de la izquierda y su compromiso con la causa. Sin comprometer los principios, la ética y la moral, todo el resto debe ser juzgado desde el punto de vista de lo que sirve para hacerla avanzar. Si un líder con las falencias humanas que todos tenemos, sirve para acercarnos al objetivo, allí estaremos con ellos.

    ¿Maquiavélico? Ciertamente. Pero efectivo.

  • Mentiras Oficiales en la Argentina de hoy

    Mentiras Oficiales en la Argentina de hoy

    Los tiranos de la Antiguedad eran eso, es decir, Tiranos. Su objetivo perfectamente declarado era someter a sus conciudadanos y reprimir a los disidentes. No pretendían otra cosa.

    En cambio las tiranías modernas sienten un deseo incontrolable por disfrazarse de algo noble. No importa si NADIE cree en el disfraz, ni aquellos que se lo ponen ni aquellos que lo miran. Es una versión más audaz de la fábula del Traje del Emperador. Las mentiras son tan disparatadas que ni siquiera pretenden engañar. Más bien buscan la humillación como arma de sometimiento.

    Traigo a colación dos mentiras que humillan:

    “Resolución 36.162/2011 de la Superintendencia de Seguros de la Nación….

    “CONSIDERANDO

    “Que el proceso de crecimiento sostenido de la economía argentina ha creado las condiciones propicias para que la totalidad de las inversiones y disponibilidades de las entidades aseguradoras estén radicadas en la Republica Argentina.

    “Que las condiciones desfavorables que evidencian los mercados internacionales hacen desaconsejable mantener activos fuera del país.

    “Por ello, EL SUPERINTENDENTE DE SEGUROS RESUELVE:

    “En el plazo de 50 (CINCUENTA) días corridos las entidades aseguradoras deberán acreditar haber transferido la totalidad de sus inversiones y disponibilidades en el exterior a la República Argentina. Vencido el plazo referido en el párrafo anterior las entidades aseguradoras no podrán tener ningún tipo de inversión y/o disponibilidad en el exterior.

    COMENTARIO: Un Tirano de la Antiguedad hubiera dicho: “Considerando que QUIERO los dólares que las Aseguradoras tienen atesorados en el exterior… Por ello ORDENO que me los traigan en 50 días”.

    Las Aseguradoras tienen todos sus dólares declarados en blanco y los necesitan para mantener sus relaciones técnicas y pagar siniestros.
    Están por lo tanto completamente al descubierto frente al Gobierno. No tienen defensa. Era casi imposible incumplir la orden de traer los dólares.

    Sin embargo la Resolución consideró necesario justificarse diciendo que los dólares estarían mejor resguardados en argentina que en el exterior.
    Teniendo en cuenta que las Aseguradoras guardaban su plata en países como Suiza y Estados Unidos, la Resolución 36.162 está diciendo que la economía argentina es mejor que la suiza o la americana. Más que una mentira es un disparate para humillar.

    Otra:

    “Resolución General 5248/2022 de la AFIP…

    CONSIDERANDO

    “Que a comienzos del corriente año la economía mundial se vio afectada como consecuencia del conflicto bélico en Europa Oriental, por un incremento general y extraordinario de los precios internacionales, en especial de los commodities, de los alimentos y de la energía.

    “Que, a resultas de esta situación excepcional, actores económicos locales se han visto beneficiados al obtener ingresos extraordinarios por la comercialización de ciertos productos y servicios.

    “Por ello, EL ADMINISTRADOR FEDERAL DE INGRESOS PÚBLICOS RESUELVE:

    “Establecer -por única vez- un pago a cuenta del impuesto a las ganancias… sin aplicar la deducción de los quebrantos impositivos de ejercicios anteriores…”

    COMENTARIO: Un Tirano de la Antiguedad hubiera dicho: “Considerando que QUIERO más dinero de mis súbditos… Por ello ORDENO un aumento de los impuestos”.

    Decir que la guerra en Europa Oriental benefició a TODAS las empresas argentinas era una mentira innecesaria. Pretender que TODOS los quebrantos de períodos anteriores son artificios para evadir impuestos es otra mentira innecesaria.

    Al margen de estas mentiras estaría la galaxia de las mentiras covidianas, pero eso sería muy largo de exponer.

  • La Perversión de los lemas

    La Perversión de los lemas

    El ser humano es un rumiante (que me perdonen las vacas), pero no de ingesta (o no siempre) sino de lemas, de consignas que se inducen por repetición, hasta quedar remachadas en el inconsciente, y que sirven como base para elaborar otros conceptos, ideas, o sacar conclusiones para la vida.

    Estas consignas breves, puestas en palabras fuertes, se llaman “Lemas”. Tienen una función similar a las banderas o a los escudos en la heráldica, porque dan un sentido de pertenencia. Son conceptos con los que uno puede identificarse rápidamente dentro de un colectivo social. Prueba de ello es que todos los escudos llevan un lema, y todos los países, estados o instituciones en general tienen uno propio.

    ¿A que le llamamos “perversión”? Se podría resumir como un movimiento de la inteligencia que contempla la verdad, y luego la rechaza procurando lo opuesto. Sin embargo, la voluntad (que es bastante zonza) no se deja mover sino bajo apariencia de bien.  Recordemos que todo lo que se quiere es en razón de bien/verdad. Para convencer a la voluntad hay que hacer un buen make-up del error. En esto sobran ejemplos. Hay grupos de lobby especialistas en vender perversión pintada de lindos colores.

    Entonces, la receta sería la siguiente: unos gramos de palabras fuertes y buenas, revolver en sentido opuesto, condimentar y colorear. Poner a fuego medio desde bien temprano, machacar repetidas veces y mezclar en las ollas populares. Se recomienda consumir desde la infancia.

    Si vemos en la historia, ya Sócrates se peleaba con los sofistas por la adulteración de los conceptos. Mas tarde la revolución francesa tomó la “libertad” como una ausencia de reglas, la igualdad como medida geométrico-social (al que asoma la cabeza se la cortamos), y la fraternidad como un concepto promiscuo, donde por ser hermanos puedo comer de tu plato y dormir en tu cama con la ropa sucia.

    Lo único que no puede ser relativo es la relatividad. Actualmente se habla mucho del amor, de la tolerancia, del respeto, de la libertad… Si, son las mismas preocupaciones que tiene la humanidad desde siempre. Ya son palabras que me dan asco de tantas veces que las oí mal usadas.

    En el imaginario colectivo (y basta con preguntar en la calle) el amor es un sentimiento errático e inasible que hoy está y mañana no, desconectado de cualquier plan. Ni hablar de grados, o de acepción de personas. ¡Ah! no nos olvidemos de los animales.

    Sin embargo, sabemos que el amor siempre fue el motor, el aglutinante para un proyecto de trascendencia. El primer analogado es el Amor Divino por el cual fuimos creados y al cual estamos llamados a volver. Luego está el amor a la Patria, en conexión directa con la familia y la tierra. Y también con el amor al prójimo por el cual nos esforzamos en ser educados, o en enseñar, o en formar una familia estable que dé vida a nuevos seres humanos.

    Hoy la tolerancia es una palabra que significa “hace lo que quieras mientas no me molestes”, siendo que el verdadero sentido (del latín “tollere”) es el de tomar sobre las espaldas las cargas ajenas. La tolerancia es la virtud del cordero sacrificado en holocausto. Está intrínsecamente ligada con la paciencia, y -de vuelta- con la trascendencia de una causa común. El respeto se basa en la dignidad y en la confianza. Y el verdadero respeto se gana y tiene grados. No es lo mismo el respeto hacia un desconocido que hacia nuestros abuelos, por ejemplo.

    Y la libertad… la gran protagonista. Esa señora sin frío.

    Pero la libertad no es una condición permanente, es un medio para conseguir un fin. La libertad está atada a ese fin. Si, atada. Solo es libre el que nada desea. Y nada desea quien todo lo posee. ¿Quién posee todo? Sólo “la Verdad os hará libres” (Jn. 8-32.)

    Volver a darle sentido a las palabras y a los lemas es un trabajo duro pero necesario. De a poco se puede ir logrando. In God we trust.