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  • Benedicto XVI – RIP

    Benedicto XVI – RIP

    Oh Dios, que por una inefable disposición tuya, quisiste contar entre los Sumos Sacerdotes a tu siervo Benedicto: concede propicio que el que en la tierra hizo las veces de tu Unigénito Hijo, sea agregado a la eterna sociedad de tus santos Pontífices. Por el mismo Señor Nuestro Jesucristo… (Oración colecta de la misa de Requiem por un Sumo Pontífice)

    Alguien dijo alguna vez que la Iglesia desde su fundación hasta la Reforma fue la protagonista de la Historia. Era la que marcaba el paso, fijó el almanaque, fundó monasterios, hospitales y universidades, rigió la cultura y pensamiento. A partir de la quiebra religiosa del siglo XVI pasó a ser la gran antagonista de la historia, papel no menos glorioso, donde encabezada por España resistió como pudo y supo la Civilización Cristiana.

    Después del Concilio Vaticano II, fruto de sus textos o su espíritu o de ambos, no es el momento de discutirlo ahora, un gran complejo de inferioridad se apoderó de todos los hombres de la Iglesia y pasó a ser apenitas un perrito faldero del mundo moderno y post-moderno.

    Pero aún siguió habiendo coletazos de ese respeto por la Sede Romana como faro de la inteligencia y cultura en el mundo. Un ejemplo palmario fueron los funerales de Juan Pablo II donde pudimos ver a Condoleezza Rice, secretaria de Estado de los EEUU y no católica, de luto, arrodillada y con mantilla frente al féretro del difunto Pontífice.

    Con Benedicto XVI se nos va quizás la última inteligencia cristiana universal que entendía en el cabal sentido de la palabra lo que era la Europa cristiana y el papel de la Iglesia en el mundo. En él vivían Homero y Virgilio, toda la antigüedad clásica y el Sacro Imperio Germánico. Providencialmente era papa en Roma un germano.

    Él como muy pocos hoy en día, fue el último hombre con influencia mundial que entendía a San Benito y a San Agustín; encarnaba a San Patricio,  San Beda y San Eric; a Santo Domingo y a San Francisco, a San Buenaventura y a Santo Tomás, a San Luis Rey de Francia y a Isabel la Católica, a Santo Tomás Moro y a San Juan de la Cruz. Más allá de pedidos de perdón políticamente correctos, entendía la importancia de las cruzadas (por eso se oponía al ingreso de Turquía en la UE, independientemente de la opinión que ésta nos merezca) y agradecía la Reconquista española y la Evangelización de América (no hay más que leer su famoso discurso de Ratisbona).

    Era un hombre que entendía que para ser papa hay que saber, entre otras cosas, entre Monet y Manet no hay sólo una vocal de diferencia. Y ya que estamos con la pintura me viene a la mente una observación que hizo sobre los íconos y la pintura simbólica medieval. Estas, a diferencia de transmitirnos sentimientos o momentos como el barroco (con todo lo valioso que tiene), nos transmitían verdades eternas. La Iglesia en todo el pensamiento y cultura se apropió de la doctrina de la abstracción de Aristóteles, pero ello implicaba la “conversio ad Phantasmata”, la vuelta a lo real. Picasso, en el arte, cometió el error idealista de quedarse en lo abstracto como los idealistas lo hicieron en la filosofía. Joseph Ratzinger conociendo todo esto, no adhería a sistemas ideológicos sino a una Persona: Jesucristo. Y por eso también nos explicaba el Verbo hecho carne, lo eterno develado en el arte cristiano.

    Por ello mismo consideraba como la mejor evangelización el cumplir con el primer y tercer mandamiento: Amar a Dios sobre todas las cosas y rendirle el culto debido y digno de Él. No se contentaba con Sínodos de todos los colores sobre la catequesis como si fueran políticas de marketing para ganar adeptos. Volviendo a buscar el Reino de Dios en primer lugar sabía que luego vendría la añadidura. Así entendemos la centralidad total que le dio al culto en su Pontificado, restituyendo a la misa romana de siempre el valor perenne que tiene y que no podía perder al afirmar sin ambigüedades que nunca había sido derogada y que nunca había dejado de ser legítimo decirla. Esto le valió el odio del mundo, supuestamente tan propicio a favorecer cualquier tipo de manifestación religiosa del color que sea en aras de la libertad. Y ese mundo que busca que la Iglesia tire agua bendita sobre cualquier aberración, no soportó la misericordia y la justicia cuando levantó las excomuniones a los obispos de la Fraternidad San Pío X.

    Benedicto era teólogo y filósofo brillante, aunque pudiéramos discrepar con él; era paciente, humilde y devoto. Y por supuesto, como encarnación de esa cultura que se resiste a morir y de la que quedan solo algunos coletazos, era también eximio músico; no sólo en apreciarla sino también en tocar una pieza de Beethoven en el piano. 

    Quizás Benedicto nunca sea santo canonizado, no tenemos cómo saberlo ahora. No corresponde hablar mal de los muertos y menos en el inmediato momento de su fallecimiento. Pero sí marcar que su misma sabiduría antigua, de carácter no nominalista ni voluntarista, lo llevó a gobernar la Iglesia suponiendo la buena fe de sus adversarios internos y sin terminar de ver que a los ideólogos intra-eclesiales no se los convencía con buenas razones. Fue esa misma debilidad o ingenuidad, son palabras muy duras lo sé pero no encuentro otras, la que dio empuje a sus enemigos para sabotear todo su pontificado desde aquel 19 de abril de 2005.

    Santidad: ¡muchas gracias!

    “Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor” (Mt. XXIII, 25)

  • Un brindis por “lo nuevo”

    Un brindis por “lo nuevo”

    Pienso que hay una urgente necesidad de elaborar una filosofía, quizás una teología de la novedad, porque para muchos, «lo nuevo» no es otra cosa que cambio, que lo diverso o lo distinto, lo nuevo es «lo no anterior». Entonces la característica de la novedad para esa mentalidad, que tiene un lejano origen hegeliano, es la negatividad. Lo nuevo es aquello que niega lo anterior, que se opone y desplaza lo anterior. Si ustedes analizan un poco las actitudes de personas entusiastas por las novedades van a ver que se caracterizan por la negatividad.

    De esta manera la muerte de uno es la vida de algo otro, pero con eso se pierde el significado más hondo, más profundo y esencial de la novedad: lo nuevo es aquello que sigue siendo actual, que tiene plenitud en el ser. Entonces la novedad tiene que estar referida en primer lugar al ser y no al cambio. El año pasado leí un pasaje de San Agustín que dice más o menos lo siguiente: “Cuando dejé tu Ley –se refiere a Dios–, me hice viejo”. Cuando estamos en lo que corresponde, en lo bueno, cuando estamos en Dios, en el ser y la plenitud somos jóvenes. Jóvenes en sentido metafísico. Es el sentido con que los sacerdotes rezaban al principio de la misa, hasta hace poco, el versículo del salmo 42: «Et introibo ad altare Dei; ad Deum, qui laetificat juventutem meam», al Dios que alegra mi juventud. Lo rezaba un joven sacerdote, o un sacerdote viejo, porque todos pueden hablar de su propia juventud.

    Hay una juventud de espíritu no en sentido psicológico, sino en sentido ontológico. Dios es siempre rigurosamente nuevo y todo lo que se asemeja a lo divino, lo que lucha por la perfección, por asemejarse a lo divino, posee esa juventud. Es nuevo aquello que es, que tiene actualidad; actualidad en sentido propio, es decir, que está en acto. Volvamos a lo que dice Lavelle: «El instante de la eternidad es un tiempo que no desfallece», no hay desvanecimiento, no hay esa decadencia de la cual habla Hegel, que es propia del devenir. Se mantiene en la plenitud.

    En el auténtico amor, en la amistad genuina, o en el afecto real, el objeto es siempre nuevo y siempre actual. Piensen, por ejemplo, en el profundo amor entre un hombre y una mujer, o en una amistad, o también en la vida intelectual. Pablo Casals toca todos los días la misma obra de Bach y siempre la encuentra nuevísima, porque llegó a entenderla y a través de ella, a lo divino, a la belleza que representa su música, porque experimenta un profundo contacto con el ser.

    De un sencillo análisis psicológico resulta que en el fondo el hombre hace todas las cosas por «ser» más; aún el que toma bebidas alcohólicas en abundancia, el que cayó en el vicio de la toxicomanía, en el fondo lo hace porque aquel estado artificial lo hace vibrar más y le hace experimentar una cierta plenitud efímera, le hace sentir que es más. Otros buscan los honores y la gloria porque hablando desde un balcón o siendo admirados por la muchedumbre, se sienten más plenos; otros buscan las riquezas, porque eso les hace vivir otros placeres. En el fondo, la voluntad humana busca un mayor ser, es decir, la plenitud.”

    por Emilio Komar, Tiempo y eternidad, Buenos Aires, Editorial Sabiduría Cristiana, 2003, p. 112-114; 115; 117; 118.

    En la foto, Emilio Komar el día de su casamiento en 1944 en Philosophia perennis.

  • Chile: Un año para el olvido

    Chile: Un año para el olvido

    Termina el año con un sabor amargo para Chile por varios motivos, siendo el más relevante, el inicio de un nuevo proceso constituyente con las incertidumbres que trae y sus consecuencias para el progreso.

    Efectivamente, antes de poder terminar de saborear la victoria del 4 de septiembre, ocho supuestos representantes del sentir mayoritario de la ciudadanía (nadie sabe quién ni cuando les dieron ese mandato) firmaron entre cuatro paredes después de noventa y nueve días de negociación (sic) un acuerdo para iniciar un nuevo proceso constituyente, que curiosamente no tiene plebiscito de entrada – a diferencia del anterior – obligándonos por ende a él.

    Amargo también termina el año para la gran mayoría de los chilenos gracias a una inflación desatada, aumento de la cesantía,  a la delincuencia y violencia sin control, a las pensiones de gracia otorgadas por el Gobierno para los octubristas que incendiaron, saquearon y destruyeron Chile – $516.672 pesos mensuales de por vida – premiando la destrucción de los espacios públicos y así podría seguir enumerando diversos motivos para estar amargados y tristes.

    Sin embargo, la noticia más impactante a mi juicio y que hiere el alma de cualquier ciudadano bien nacido, la constituye aquella relacionada con la Escuela de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, a raíz que se viralizaron en redes sociales dos tesis publicadas en el repositorio de la Casa de Bello.

    El primero de los trabajos fue realizado en el año 2016 por un estudiante que optaba entonces al grado de Magíster en Estudios de Género y Cultura en América Latina, titulada “Pedófilos e infantes: pliegues y repliegues del deseo”. La segunda tesis titulada “El deseo negado del pedagogo: Ser pedófilo”, en tanto, fue presentada en el año 2020 por otro alumno para optar al grado de Licenciado en Educación Media con mención en Filosofía y Profesor en Educación Media con Mención en Filosofía. Hoy ambos trabajando, uno como profesor de piano de niños y el otro haciendo clases a niños vulnerables en una comuna de Santiago.

    Contrario a lo que esperábamos – un escándalo acorde a lo denunciado con sanciones ejemplarizadoras para sus autores y cómplices, entre los que se encuentra la profesora guía de ambos trabajos – el Decanato de la Facultad de Filosofía y Humanidades de dicha casa de estudios, salió al paso de las críticas tras la masiva difusión de dos tesis en Twiter– si no seguiría guardando un silencio cómplice como venía manteniendo al menos desde el año 2016 – con un escueto comunicado lamentando los “efectos negativos” de los polémicos trabajos, pero afirmando que son de “corte puramente teórico”, restándole gravedad a sus contenidos y lo que es peor aún, que sus autores trabajen con niños. 

    Por su parte, la Defensoría de la Niñez manifestó que “rechazamos cualquier hecho, situación y/o publicación que inste a normalizar vulneración de derechos de niños niñas y adolescentes, cómo la pedofilia”, añadiendo en Twitter “Nos encontramos analizando aquella publicación”. 

    Como bien dijo el querido fundador de esta página en su columna del 17 de julio del año 2002 – LBM #197 – denominada “Preguntas sin respuesta” y que empieza: “¿Cómo defender a quienes no se quieren defender?; ¿Cómo enfrentar a una jauría de lobos con un cortaplumas?, ¿Cómo despertar a quienes duermen al borde del abismo? ¿Y qué le parece una sociedad que está siendo destruida y no se defiende?” … concluyendo también como él, “¿Ud. sabe cuál es la respuesta a estas preguntas?” Yo no.

    Lo mismo ocurre con mi querida patria, cuyos habitantes parecieran dormir al borde del abismo frente a la destrucción diaria de nuestros cimientos y valores más profundos, quedando para los que sufrimos ante este escenario , seguir gritando para ver si alguien reacciona mientras confiamos en que la Virgen del Carmen, nuestra Reina y Patrona, nunca nos abandonará.

  • La Botella al Mar RL 2022

    La Botella al Mar RL 2022

    Fue este año cuando Cosme, Isidro y Alfonso Beccar Varela decidimos “re-lanzar” La Botella al Mar (de ahí el RL del nuevo logo). Fue en agosto, cuando se cumplieron dos años de la muerte del inolvidable Cosmín, y no se había arrojado la mar botella alguna durante 24 meses. La Botella fue el medio que él usó durante sus últimos 20 años de vida para difundir las ideas y principios católicos (conservadores y tradicionales) ante la crisis que azota a la Argentina y el mundo. Era una visión ante todo crítica, pero no sin esperanza de que aún quedan restos humeantes de fe y cordura que podrían salvar algo de la Argentina católica y tradicional que él quería tanto.

    Animados por varios amigos y antiguos seguidores de la botella de Cosmín, decidimos entonces reiniciar esta lucha, siendo fieles a las ideas y principios que fueron el hilo conductor de mi tío durante toda su vida, pero muy conscientes de las diferencias que nuestra propia voz y estilo traerían a este espacio. Y acá estamos. Aportando nuestro granito de arena.

    Re-lanzada en septiembre 2022, La Botella al Mar RL ya ha publicado 101 notas, no solo del equipo editor conformado por Cosme, Isidro y Alfonso, pero también de amigos y corresponsales que comparten (al menos en lo importante) las mismas ideas y principios. También nos hemos ocupado de seleccionar y publicar en este espacio traducciones de artículos sobre temas de actualidad que pueden servir al lector para educarse en los temas claves de la “batalla cultural” que estamos librando y en la que se juega el futuro de nuestras familias, de nuestro país y del mundo.

    En ese tiempo, estas son las diez notas más leídas de La Botella al Mar (RL):


    Pensamos seguir esta lucha durante en año que viene porque, como bien dijo Cosme Beccar Varela cuando inició este proyecto en en año 2000, “no es tolerable sufrir, sin réplica, la lluvia de mentiras, errores y banalidades que caen sobre nosotros desde todos los medios de difusión”.

    Agradecemos a nuestros subscriptores y seguidores el apoyo brindado hasta ahora y les pedimos que difundan los mensajes de La Botella al Mar RL entre sus amigos y páginas web o blogs de su propiedad.

    Que Dios nos proteja a todos, y que ciegue a los que quieren seguir destruyendo nuestra patria y lo poco que queda de nuestra Civilización, otrora Cristiana. Y que, gozando de esa protección, podamos realmente tener un ¡Feliz 2023!

  • El catolicismo: refugio de la racionalidad

    El catolicismo: refugio de la racionalidad

    Uno de los rasgos definitorios de nuestra cultura moral y política es lo que podríamos llamar “fideísmo secular”. El término puede sorprender a quienes conocen algo de historia teológica: el “fideísmo” se asocia típicamente con formas de creencia que niegan la explicación racional, una forma de fe que declara “lo creo porque lo siento” (y me gusta lo que siento). En otras palabras, el “fideísmo” generalmente se asocia con la “religión”, y si hay algo que no define la era secular, uno podría decir, es la “religiosidad”. Esta afirmación es cierta empíricamente hablando: encuesta tras encuesta demuestran que las personas, especialmente los jóvenes, están abandonando la religión en cantidades cada vez mayores. Entonces, ¿cómo se justifica describir la cultura secular como fideísta? ¿No es eso un oximoron?

    Cada sistema de creencias tiene su historia inicial y la del secularismo actual es más o menos así:

    Una clase dominante patriarcal y (sexualmente) opresiva alguna vez dominó a la humanidad al imponer un sistema de creencias supersticioso que engañaba a las personas para que pensaran que “la mente de Dios”, en lugar de la mente humana, es lo que da significado, estructura y propósito a la vida. El laicismo nos ha liberado de esta oscuridad epistémica y moral.

    Sin duda, quedan muchas disputas intestinas (y a menudo odiosas) entre los guardianes del mito secular. Algunos, por ejemplo, definen “la mente humana” colectivamente, lo que lleva a las “política de izquierda”, y algunos definen la mente humana “individualmente”, lo que lleva a “políticas de derecha”. Pero todos están de acuerdo en que es sólo la mente humana (individual o colectivamente) la que determina la naturaleza del bien y del mal. Eso es, en resumidas cuentas, tanto la modernidad como la posmodernidad: el eclipse total de la creencia en un Dios metafísicamente real, moralmente relevante y racionalmente accesible.

    Sin embargo, a diferencia de los mitos de la antigüedad, las fábulas de la secularidad sirven para ocultar en lugar de revelar, y su gigantesco secreto es este: nunca ha habido una mezcolanza de aseveraciones más grande, o un ejemplo más obvio de pensamiento grupal ciego, o una leyenda más egoísta y más fanática que la historia del secularismo siendo más racional que la religión, especialmente el catolicismo. El laicismo, en otras palabras, es quizás el mayor ejemplo de “fideísmo” en la historia de las ideas, especialmente cuando se aplica a la moral y la política.

    Por ejemplo, considere la evidente ausencia de racionalidad dentro de estas líneas maestras del secularismo, que, aunque contradictorias entre sí, definen colectivamente los contornos morales y políticos del Occidente contemporáneo:

    1. CIENCIA SOLAMENTE (O “CIENTIFICISMO”):

    El cientificismo sostiene que solo la “ciencia” —o la investigación empírica sistemática— puede proporcionar conocimiento verdadero. En resumen, si la ciencia no puede “probar” lo que estás diciendo, tus creencias son indistinguibles de la pura fantasía emotiva (es decir, simplemente lo estás “inventando”). Dejando a un lado el hecho de que el cientificismo es autocontradictorio (no existe ningún experimento científico que pueda llevar a la conclusión de que “solo la ciencia proporciona conocimiento verdadero”), aquellos que afirman el cientificismo, si son consistentes, deben abstenerse de hacer afirmaciones morales, o afirmaciones sobre lo que deben hacer los individuos, grupos, países, etc., por esta sencilla razón: la “ciencia” no tiene capacidad metodológica (establecimiento de un experimento) o sustantiva (el resultado de un experimento) para decir lo que “debería” ser. Todo lo que puede hacer en el mejor de los casos (e incluso esta capacidad es cuestionable) es describir comportamientos humanos y ofrecer explicaciones empíricas de las causas de esos comportamientos. Sin embargo, no puede proporcionar ningún mecanismo racional para determinar qué comportamientos son “buenos” y cuáles son “malos”. Hacer tal afirmación sería violar los parámetros epistemológicos de la ciencia al hablar de asuntos que no pueden conocerse empíricamente. Así, la próxima vez que escuches a alguien decir: “Solo creo en la ciencia y eres una mala persona si votas por el partido X”, o “Como científico, creo que el gobierno tiene el poder de imponer la ley X”, denuncia este engaño por lo que es: fideísmo envuelto en una racionalidad sucedánea de bata blanca.

    2. SUPREMACIA DE LA VOLUNTAD INDIVIDUAL SOLAMENTE (O LIBERALISMO CLÁSICO Y LIBERTARIANISMO)

    Ya sea que estén enraizadas en la tradición filosófica de Immanuel Kant o de John Locke, las teorías morales y políticas del “individualismo” —expresadas contemporáneamente como “Tú haces lo tuyo, yo haré lo mío”— no solo sostienen que los individuos nunca deben infringir a otros en su propia “búsqueda de la felicidad”; sostienen que cada definición de “felicidad” es igualmente aracional (ni racional ni irracional) y, por lo tanto, de naturaleza igualmente preferencial. Sin duda, el liberalismo y el libertarianismo clásicos pueden ser capaces de justificar coherentemente prohibiciones de acciones (es decir, “derechos negativos”) como el derecho a no ser asesinado, agredido, impedido de hablar en público, etc. Sin embargo, las mismas teorías no pueden, en consonancia con sus propios fundamentos filosóficos, decir algo sobre lo que un individuo o una sociedad debe hacer, por ejemplo, qué bien positivo debe perseguirse, que no se pueda reducir a una expresión arbitraria de preferencia personal. Lo que eso significa en la práctica es que todo liberal o libertario clásico que te dice “Está bien hacer X” no dice nada más que “Haz X porque quiero que hagas X”, lo cual es tan fideísta como parece.

    3. SUPREMACIA DE LA VOLUNTAD COLECTIVA SOLAMENTE  (O PROGRESISMO/“WOKEISMO”)

    A pesar de la apariencia externa de que el progresismo o la ideología “woke” son enemigos ideológicos jurados del liberalismo/libertarianismo clásico, las dos corrientes del secularismo comparten la suposición subyacente de que es la mente humana, no la mente de Dios, la que define la naturaleza del bien. Todo lo que hace la ideología progresista o ”woke” es comunalizar el “yo autónomo” del liberalismo/libertarianismo clásico al convertir el “yo creo” en un “nosotros creemos”. De cualquier manera, el resultado es el mismo: las declaraciones sobre lo que se debe hacer en lo que respecta a la naturaleza del bien y del mal, son de naturaleza puramente preferencial y, por lo tanto, no son más que afirmaciones de voluntad racionalmente ciegas, también conocidas como fideísmo. El progresismo ”woke” añade un insulto moral a la herida al afirmar además que “no existen los valores morales universales” al tiempo que insiste en que el progresismo ”woke” es moralmente superior a todas las visiones del mundo en competencia. Esto es lo mismo de declarar: “Creemos lo que creemos porque lo creemos, y tú también debes creerlo (o de lo contrario…)”.

    4. SUPREMACIA DEL “MERCADO” SOLAMENTE (O CONSERVADURISMO GLOBALISTA):

    El conservadurismo de un libre mercado “a ultranza”, no la opinión de que el libre mercado es bueno (lo que afirma el catolicismo), sino que el libre mercado es el bien supremo (que el catolicismo rechaza), puede considerarse inmune a la acusación de fideísmo debido a su inclinación por hablar con cariño de los “valores tradicionales”. Sin embargo, sigue siendo cierto que si la ganancia se encuentra tanto en la parte inferior como en la parte superior de nuestra jerarquía de los valores morales, entonces es racionalmente inconsistente afirmar que otros valores (por ejemplo, “la familia”, “sociedad cívica”, “matrimonio,” “educación clásica”, o incluso “dignidad humana”) tienen algo más que un valor instrumental, si es que tienen algún valor. En otras palabras, afirmar creer en “valores morales” dentro del horizonte del absolutismo de libre mercado no es más que una expresión de preferencia, también conocida como fideísmo.


    Estas cuatro opciones no agotan todas las vertientes del laicismo contemporáneo. Sin embargo, demuestran esta verdad primordial: la negación secular de una conexión racional entre la existencia de Dios y la existencia de un bien humano universalmente objetivo, necesariamente separa la “racionalidad” de cualquier “moralidad” sustantiva, lo que significa que todos los valores éticos y políticos necesariamente terminan siendo arrojados a un depósito de deseos subjetivos grabado con las palabras, “Yo/nosotros lo creemos porque yo/nosotros queremos creerlo”. Por lo tanto, el mejor apodo para “la era secular” podría ser “la era de la afirmación”.

    El catolicismo ofrece una alternativa. Precisamente porque sostiene que las afirmaciones “Dios existe” y “la relación con Dios constituye el bien supremo del ser humano tanto individual como colectivamente”, son cognoscibles racionalmente, universalmente en todos los idiomas y culturas, el catolicismo rechaza categóricamente el fideísmo, especialmente en lo que se refiere a cuestiones morales y políticas. La moral católica, por lo tanto, no es subjetiva. No es la sistematización de impulsos emotivos arbitrarios. Es, más bien, una colección ordenada de hechos morales deducidos de la estructura de la realidad. Como tal, su autoridad no proviene de la voluntad de un individuo o grupo sino, más bien, de la racionalidad misma, es decir, del Logos mismo (ver Juan 1:1).

    A medida que el mundo secular se hunde cada vez más en un caos moral y político trágicamente predecible, el catolicismo puede consolarse recordando que su casa está construida sobre roca. Ya sea defendiendo la dignidad de toda vida humana, la santidad del matrimonio y la familia natural, la realidad ontológica y la complementariedad de los sexos, o la obligación de construir un orden económico justo, el catolicismo puede (y debe) seguir blindando la luz de razón de las oscuras supersticiones de los cultos reinantes de la época. Como siempre lo ha hecho.

    Por Matthew Petrusek, publicado el 16/12/2022 en Word on Fire. Traducido por La Botella al Mar.

  • Mirando para atrás y para adelante

    Mirando para atrás y para adelante

    Despedimos el año comentando algunos eventos que nos parecieron de particular interés y que levantan algunas preguntas.

    En febrero, Rusia invade Ucrania. Contra toda expectativa, Kiev resiste el embate inicial y, con un apoyo militar y económico sin precedentes de Europa y Estados Unidos, resiste y contraataca. Quedan en evidencia el mito del poderío militar ruso (al menos en el campo convencional) y lo peligroso de la dependencia energética europea de Moscú, fruto de poltíticas “verdes” que durante años castigaron la producción de gas y petróleo en haras de energías “renovables”. Menos evidente es que esperan ganar los nuevos amigos de Ucrania, otrora mucho menos proclives a antagonizar a Moscú. Llama poderosamente la atención también el papel de la prensa que es casi unánime en cantar las loas de esta guerra, algo que no de dio en otras oportunidades que Rusia agredió a otras naciones. ¿Sabrán algo que no sabemos?

    En marzo, Gabriel Boric jura como presidente de Chile, liderando una coalición de izquierda con esperanzas de cambiar la Constitución de nuestro vecino país e imponer una agenda de marcada tendencia comunista e indigenista. Pese a la eventual derrota meses más tarde de la propuesta constitución, el gobierno de Boric no se da por vencido y continúa sus esfuerzos para lograr una reforma de su gusto. Junto al triunfo de Petro en Colombia (junio) y Lula en Brasil (octubre), Boric inicia un nuevo giro de América Latina a la izquierda, con el agravante de que Chile parecía haberse librado de esa maldición hacía algún tiempo. ¿Será que el año que viene Argentina puede romper esta tendencia y alejarse del populismo de izquierda?

    En mayo surge la “viruela del mono”. Cuando el COVID parecía estar desapareciendo (salvo en China de la que no se tienen noticias verídicas), pareciera que los burócratas de la Organización Mundial de la Salud que tan mal trabajo hicieron durante la pandemia, no quieren aceptar que el mundo no necesita más tiranos de guardapolvo blanco. Como no podía ser de otra forma en estos días de insana correción política, no pasó mucho tiempo antes de que varios sugiriesen que se cambie el nombre a la “viruela del mono” por tener este connotaciones racistas. Y no pudimos dejar de sonreír cuando en los últimos días de la Copa del Mundo en Qatar, surgió también la “fiebre del camello”… en fin… La vida continúa. ¿Será que el mundo pensante aprendió la lección y no se dejará esclavizar nuevamente por burócratas que usan la excusa de la “salud pública” para restringir nuestras libertades?

    En junio la Corte Suprema de los Estados Unidos derogó Roe v. Wade, que durante 50 años avaló la muerte de millones de bebés sin nacer en ese país. Lo hizo en el marco del caso Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization, votando 6 a 3. Absolutamente claves en esta votación fueron los tres Jueces nombrados por Donald Trump durante su presidencia. ¡Que Dios lo premie! La izquierda usó la derogación como herramienta para movilizar a una base cada vez más desconectada y a la deriva bajo la presidencia de un senil y francamente inútil Joe Biden. Con esta sentencia, la lucha a favor de la vida se mueve ahora en Estados Unidos a nivel estatal, donde estados demócratas ya pasan leyes protegiendo el “derecho” al aborto hasta el último minuto de gestación, mientras que otros restringen o simplemente prohiben este “derecho”. Es evidente también una división dentro del episcopado norteamericano, donde obispos “conservadores” como Salvatore Cordileone en San Francisco públicamente denuncian a políticos que se dicen católicos pero activamente promueven el aborto; mientras que otros obispos, que gozan de la simpatía del Papa Francisco, argumentan que la Iglesia no debe hacer del aborto una bandera de guerra y eligen una táctica más “pastoral”, que en efecto significa guardar silencio ante la escandalosa postura de estos políticos. ¿Será que veremos más victorias en la lucha por la vida, y que en nuestro país podemos revertir la despenalización del aborto?

    En agosto, China conduce ejercicios militares (los más grandes a la fecha) frente a Taiwan. China manifestó su apoyo incondicional a Rusia en ocasión de la guerra de Ucrania, y no es de descartar que decida tomar por la fuerza la isla. Es de notar que con Biden en la Casa Blanca, los mensajes norteamericanos de apoyo a Taiwan son menos claros de lo que deberían ser. Y con noticias de protestas en algunas ciudades chinas provocadas por políticas draconianas “anti-COVID”, uno se pregunta si una guerra (como tantas veces) no sería una solución para distraer de problemas internos. ¿Será que algún día el Partido Cominista chino pierde el control y China goza de la libertad?

    En septiembre, se generalizan protestas en Irán a raíz de la muerte en la cárcel de una mujer detenida por no cubrir suficientemente su pelo. Los ayatolas arrestaron a centenas de ciudadanos que se manifestaban en repudio de esta muerte y las políticas que generaron la misma, pero el régimen no parece flaquear y ya ha empezado a condenar a muerte a docenas de individuos (entre ellos un jugador de fútbol de la selección nacional irnaí) por el delito de “crímentes contra Dios”. Varias ejecuciones ya han tenido lugar. Es de notar que esto se da también en el contexto de una mayor cooperación entre Irán y Rusia, donde el estado islámico está suministrando a Putín centenares de drones y otro equipo bélico para usar en la guerra en Ucrania. No menor tampoco es el hecho de que Irán sigue aumentando sus capacidades nucleares. ¿Será que derrocando el poder de los ayatolas, el pueblo iraní consigue vivir en paz y alejar en espectro de una guerra que parece inminente (¡para variar!) en Oriente Medio?

    En noviembre, las elecciones “de medio término” en Estados Unidos no produjeron la gran reacción republicana que muchos esperábamos. Pese a que los demócratas perdieron el control de la Cámara de Diputados, ganaron el control por el más pequeño de los márgenes de la Cámara de Senadores. Muchos analistas consideran que el Partido Demócrata ha desarrollado una técnica exitosa para ganar elecciones con votos por correspondencia, cuando los republicanos son reacios a mandar votos por correo y prefieren votar el día mismo de las elecciones. No es de descartar que existan prácticas fraudulentas en ciertos distritos dominados por los demócratas, aunque hasta ahora nada se ha probado en la justicia. Durante los próximos meses ambos partidos tendrán que definir sus candidatos para las elecciones presidenciales de 2024, elecciones que serán de gravísima trascendencia para el futuro de ese gran país. ¿Quiénes competiran por el liderazgo? ¿De Santis? ¿Trump? ¿Se animarán con Biden? ¿Y sino quién?

    En diciembre, la Selección Argentina de Fútbol ganó la Copa del Mundo por tercera vez. El capitán, Leonel Messi, lideró con el ejemplo y muestra un claro contraste con el otro héroe futbolístico argentino, Armando Maradona. Donde el primero es de pocas palabras, modesto, trabaja en equipo y disfruta de una vida familiar aparentemente sana, el segundo vivió los últimos años de su vida una decadencia inducida probablemente por las drogas primero y se dedicó a apoyar de forma estridente a dictaduras de izquierda en nuestro continente. La victoria de la selección generó una euforia nacional, y millones de personas de celeste y blanco se volcaron a las calles a festejar. Pese a los desmanes de unos pocos marginales, la celebración fue pacífica, comportándose los participantes con sorprendente cordura. Lo que fue decepcionante aunque no inesperada, fue la actitud mezquina, imprudente y cínica del Gobierno Nacional, que parecía preocupado solamente con conseguir “una foto” del Presidente con el equipo de fútbol, para fines propagandísticos. Gracias a Dios estos planes se vieron frustrados, quedando claro que en esos días de alegría, nada le debemos los argentinos a la gestión política de varias versiones del mismo peronismo que solo ha traido destrucción a la Argentina. ¿Será que el año que viene los argentinos elegimos alejarnos de forma definitiva y duradera de los vendedores de humo, de los que prometen planes y plata fácil? ¿Será que lo hacemos suficientes como para darle a un nuevo gobierno la fuerza que un cambio serio necesitará?

  • Lecciones de San Luis Rey a los gobernantes actuales

    Lecciones de San Luis Rey a los gobernantes actuales

    San Luis Rey se tomaba muy en serio su obligacion de tocar a los escrofulosos (Mycobacterium tuberculosis) diciendo “El Rey te toca, que Dios te cure”. ¿Se imaginan a Alberto Fernández o a Lula tocando escrofulosos? ¡Ni por demagogia lo harían! ¡Qué asco!

    En 1264 (siglo XIII) San Luis recibió la visita oficial del Rey de Inglaterra Enrique III. Hicieron un gran banquete… ¡para los mendigos de Paris!… ¡los dos reyes servían la mesa! Sólo después que los mendigos comieron bien empezó el banquete para los reyes. No lo hicieron por razones electorales; no necesitaban votos. Tampoco lo hicieron para quedar bien ante sus seguidores, o para que la noticia saliera en los diarios, o para exhibir cuán humildes eran (una forma refinada de orgullo). Lo hicieron porque eran católicos practicantes; porque querían hacer méritos ante Dios, irse al Cielo y evitar el Infierno. Ni Alberto Fernández ni Lula entenderían estos conceptos, ni aunque se los expliquen.

    En ese viaje San Luis le devolvió a Enrique III muchas tierras que los reyes de Inglaterra habían tenido en Francia por herencias de Guillermo el Conquistador y Eleonora de Aquitania, pero que su abuelo Felipe Augusto había arrebatado a los ingleses en varias guerras. Así Inglaterra recuperó Normandía, Anjou, Turena, Maine, Poitou, Perigord, Bretaña, Auvernia, Berry, etc, etc. ¡casi la mitad de Francia, sin derramar sangre! En compensación Enrique III realizó el acto de vasallaje a San Luis. La ceremonia se hacía con el vasallo arrodillado ante su señor, con las manos juntas; el señor le tomaba las manos y juraban por su honor mutua fidelidad y ayuda. Para San Luis, muy legalista, este acto de vasallaje era suficiente protección. El Rey de Ingaterra quedaba legalmente atado a nunca levantar la mano contra el Rey de Francia.

    Así hubo paz entre Inglaterra y Francia, hasta que un siglo después (Siglo XIV) los dos países se volvieron a pelear. Para esa fecha el mundo había adoptado los falsos principios que todavía lo gobiernan. No en vano Barbara Tuckman llama al Siglo XIV el “Espejo Distante” del mundo actual. Ahí empezaron los nacionalismos, los absolutismos en nombre del pueblo, el Bien Común separado de la salvación eterna, el maquiavelismo en la política y todo lo que seguimos viendo día a día.

    Como ya dijimos en otro Post citando a Donoso Cortés: ¡Qué triste espectáculo es la humanidad alejada de las vías católicas!

  • Navidad en medio del caos

    Navidad en medio del caos

    El año que viene es el octogésimo aniversario de la entrega de las conferencias de C. S. Lewis que más tarde se convertirían en su libro La abolición del hombre. Al releer esas conferencias hoy, es imposible no sorprenderse por su toque contemporáneo. La razón es simple: lo que Lewis identificó en 1943 como el problema clave que enfrenta la sociedad sigue siendo el problema clave que enfrentamos hoy, y de una forma aún más intensa. El tema es la antropología, la comprensión misma de lo que significa ser un ser humano.

    Gran parte de la agitación en nuestro mundo occidental contemporáneo es una función del colapso del consenso sobre lo que significa ser humano. Los debates díscolos y fútiles sobre el género, la sexualidad, el aborto y la raza se remontan a la pérdida del sentido de la naturaleza humana como una realidad universal que todos compartimos. Luego está la creciente tendencia en nuestra cultura a definir a las personas en términos de sus ideas y convicciones y, por lo tanto, a negar legitimidad a cualquiera que no esté de acuerdo con nosotros. Esto afecta todo. Hace que sea cada vez más raro tener amistades personales entre personas de diferentes perspectivas. Cuando somos nuestras creencias y convicciones, ¿qué podemos tener en común con quienes no las comparten? Es por eso que el lenguaje de los derechos humanos ahora a menudo (e irónicamente) no se usa para hablar sobre los derechos que todos los individuos disfrutan como seres humanos, sino más bien como una subcategoría socialmente construida de la humanidad. Y alimenta la creciente tendencia de ambos bandos políticos a negar legitimidad a las elecciones que favorecen al otro bando. Crisis es un término usado en exceso, pero parece eminentemente justificado para describir nuestro momento actual: vivimos en una época marcada por una crisis de la antropología.

    Con suerte, durante el próximo año, el aniversario de las conferencias de Lewis centrará la mente de muchos en las grandes preguntas que planteó: cuestiones de la ley natural, el subjetivismo moral, el propósito humano y las posibilidades distópicas de un futuro donde la naturaleza humana ha sido abolida. Después de todo, es seguro que los problemas que señaló Lewis en su día, en particular los planteados por la tecnología, son aún mayores ahora que en la década de 1940. Y la religión civil que entonces todavía impregnaba las sociedades occidentales y proporcionaba algunos límites a la abolición del hombre, ahora ha sido más o menos abandonada. Vivimos en un mundo en el que el problema no es simplemente que el centro no pueda sostenerse, para tomar prestada la frase de Yeats que se cita con frecuencia. Vivimos en un mundo donde el centro ha sido aniquilado gracias a la tecnología y la muerte de cualquier noción de una naturaleza humana fija y universal.

    Con suerte, 2023 será testigo de niveles significativos de interés en La abolición del hombre y provocará contribuciones útiles al campo de la antropología teológica. Mientras tanto, la Navidad ofrece a los cristianos de todo el mundo la oportunidad de reflexionar una vez más sobre la Encarnación, cantar sobre su glorioso misterio y hacer conexiones con una rica comprensión de lo que significa ser humano. Al menos tres cosas merecen atención, dado nuestro actual caos antropológico.

    Primero, la Encarnación muestra cómo los universales de la naturaleza humana no son anulados ni opuestos por los particulares de la existencia humana individual. Para que Dios se hiciera carne, era inevitable que lo tuviera que hacer como individuo específico en un tiempo determinado y en un lugar definido. Pero el Nuevo Testamento aclara en numerosos puntos—la genealogía en Lucas, el paralelismo paulino de Adán y Cristo, el llamado mundial del evangelio—que estas particularidades son simplemente los contextos necesarios para el significado universal de Cristo. Que él era un judío del primer siglo es verdad. Que era hombre también es verdad. Pero estos son simplemente los concomitantes necesarios del hecho de que él era sobre todo Dios manifestado en carne humana, cuya humanidad es común a todos nosotros.

    En segundo lugar, al tomar carne de María, nos muestra un hecho importante sobre lo que significa ser humano que la sociedad moderna trata de ignorar: todos somos criaturas dependientes. La afirmación cristiana es que Dios se hizo carne, Dios se hizo humano. Y en el centro de esa afirmación está la narración de la vida de Cristo, una vida en la que Dios mismo, trascendente y autosuficiente, se convierte en un ser humano, desde el cigoto hasta la edad adulta. Dios entra en la red de dependencia interpersonal que yace en el corazón de lo que significa ser humano. La naturaleza humana es más que un genoma; implica personalidad, y la personalidad implica dependencias.

    Tercero, Cristo en su naturaleza humana no depende simplemente de su madre. Él también depende de su Padre. El Nuevo Testamento habla de Cristo aprendiendo la obediencia a la voluntad de su Padre. Registra sus oraciones a su Padre, especialmente en el momento de crisis cuando se avecina el Calvario. Cristo muestra que ser verdaderamente humano es reconocer a Dios Padre y mirarlo para todas las cosas.

    Nuestro mundo se encuentra en un momento de crisis antropológica. Nuestra respuesta como cristianos en esta coyuntura es importante. El Adviento nos ofrece a cada uno la oportunidad de reflexionar sobre cómo Cristo, Dios Encarnado, ofrece una visión de la humanidad que no solo contrasta con las antropologías fragmentadas, autónomas y materialistas de nuestros días, sino que también habla de las necesidades más profundas de la humanidad: saber quiénes somos en relación con los demás y en relación con nuestro creador.

    Por Carl Trueman. Profesor de estudios bíblicos y religiosos en Grove City College y miembro del Centro de Ética y Políticas Públicas. Publicado en First Things el 22 de diciembre 2022. Traducido por La Botella al Mar.

    Ilustración: La Natividad, Jacob Jordaens, Bristol Museum & Art Gallery, Inglaterra.

  • ¿Qué tiene de malo Papá Noel?

    ¿Qué tiene de malo Papá Noel?

    Hace algún tiempo, un pastor amigo mío provocó la ira de un escuadrón de madres cuando predicó contra Santa en un servicio escolar, llamándolo “elfo pagano gordo”. El buen sacerdote pretendía ensalzar las virtudes de San Nicolás, pero su iconoclasia del ícono navideño contemporáneo no fue apreciada y las quejas inundaron su bandeja de entrada.

    La forma más extrema de prédica anti-Santa es la aterradora comprensión de que “Santa” es un anagrama de Satanás (en inglés). Este tipo de prestidigitación lingüística en haras de la teoría de la conspiración siempre es divertida porque sus defensores la toman en serio, como los locos que argumentaron que Elvis debe estar vivo porque su nombre es un anagrama de “vive” (en inglés también). Los anti-Santa tienen su propia tradición. Los puritanos de la Inglaterra de Cromwell prohibieron la Navidad por ser pagana y católica a la vez. Su negación de la Navidad cruzó el Atlántico, y los zarcillos de la misma negatividad puntiaguda se enroscan en nuestra era moderna como una forma venenosa de acebo y hiedra, lo que hace que los predicadores y maestros griten “¡Bah, patrañas!” ante el alegre viejo St. Nick y adviertan que Santa es de hecho Satanás disfrazado.

    Estoy a favor de dejarlos a un lado y celebrar a Papá Noel, recordando que un hombre siempre tiene razón en lo que afirma y está equivocado en lo que niega. Santa Claus es una amalgama muy interesante de varias tradiciones europeas y cristianas. Ha adaptado y adoptado formas modernas para perpetuar su mito, y sobrevive ahora como una versión curiosamente popular y perenne de nuestra tradición europea compartida. ¿Por qué no disfrutar de Papá Noel?

    ¿De dónde vino Papá Noel? En primer lugar, de San Nicolás, el luchador y famoso obispo del siglo IV de Mira (o Bari) en lo que ahora es Turquía. Enérgico porque abofeteó al hereje Arrio en el Concilio de Nicea y famoso por su trabajo con los pobres: arrojar oro a través de la ventana de un hombre pobre para rescatar a sus hijas y rescatar a niños pobres del tráfico de personas. Entonces Nicolás se convirtió en el patrón de los niños y su fiesta del 6 de diciembre se celebró con varias tradiciones encantadoras en toda Europa.

    A los holandeses les gustaba especialmente “Sinterklaas”. Fue retratado como un obispo anciano con una larga barba blanca, una mitra roja, casulla y bastón de obispo. Viene en un barco de vapor desde España y monta un caballo blanco grisáceo. En sus expediciones de entrega de obsequios a través de los tejados, arrojando obsequios por las chimeneas, lo acompañaba “Zwarte Piet”, (Pedro el Negro), un maestro de las travesuras.

    Mientras tanto, otro anciano barbudo había estado dando vueltas en pleno invierno, mucho antes de que San Nicolás apareciera en escena. El dios Odin era una figura tipo Gandalf que llevaba el nombre alternativo Langbaror, o “Barba Larga”. Junto con la barba vestía una capa y un sombrero de ala ancha y llevaba un bastón. Odin fue el centro de la antigua celebración de Yule que se extendió por el norte de Europa. El líder de la Cacería Salvaje, una procesión fantasmal por el cielo, montaba una bestia de ocho patas llamada Sleipnir para llevar regalos a su pueblo.

    Así, Odín fue recogido y bautizado, por así decirlo, por San Nicolás, quien en la Inglaterra puritana se convirtió en el Papá Noel no católico. Los holandeses trajeron a Sinterklaas con ellos a Nueva Amsterdam (que se convirtió en Nueva York) y “Sinterklaas” se convirtió en Santa Claus.

    A medida que el término “Papá Noel” se separó del católico Sinterklaas o San Nicolás, el atuendo del obispo desapareció. Cuando ilustraron el Cuento de Navidad de Charles Dickens, el fantasma de Navidad, el anciano alegre y generoso, fue retratado sin todos los adornos de un obispo católico, vistiendo la capa verde estilo inglés con acebo en el cabello. Casi al mismo tiempo, en 1863, el ilustrador estadounidense Thomas Nast retrató a Papá Noel como una figura rotunda vestida con cálidos abrigos de lana rojos de invierno sin una insinuación o guiño a la vestimenta de un obispo hereje del siglo IV que abofetea a los niños que rescata.

    La nueva imagen de Santa Claus a mediados del siglo XIX surgió a partir de la publicación en 1821 de A Visit from St. Nicholas de Clement Clarke Moore, más conocida como The Night Before Christmas. En el poema se lo ve por primera vez como un elfo alegre. Tiene una barriga que tiembla como gelatina y “un trineo en miniatura y ocho renos diminutos”. Su estatura diminuta, a menudo olvidada, explica cómo baja por la chimenea. En la década de 1930, Santa había evolucionado por completo hasta convertirse en el gran tomador de Coca Cola de traje rojo y blanco que se ha vuelto global.

    ¿Qué tiene de malo Papá Noel? Nada en realidad. Es una parte agradable de la celebración navideña. A algunos puritanos de los últimos tiempos no les gusta Santa porque es pagano o católico o ambos, pero su postura no es lógica. Los vestigios del catolicismo y el paganismo están esparcidos por toda nuestra cultura estadounidense en formas demasiado numerosas para mencionarlas.

    A otros gruñones les preocupa que les mentimos a nuestros hijos cuando les contamos la historia de Santa, y que no les mentimos en nada más. Soy un poco comprensivo. No tiene nada de malo contar la historia de Papá Noel como lo haríamos con cualquier otro cuento de hadas, y la galleta y la leche que le dejaron las medias a Papá Noel es solo un poco de diversión. Perpetuar el engaño durante demasiado tiempo y de forma demasiado extravagante es una tontería. Los niños son inteligentes. Lo descubren y pronto se dan cuenta de que es solo parte de la diversión navideña.

    No hay nada de malo con Papá Noel como tal, pero el problema con nuestra Navidad moderna es que, con demasiada frecuencia, no hay nada más que Papá Noel. El Papá Noel moderno es una manifestación de nuestra cultura y sistema de creencias tanto como lo fue Odín para los pueblos germánicos paganos y San Nicolás para los cristianos medievales. Como tal, nos muestra a nosotros y a nuestra cultura como un espejo, y lo que vemos es una cultura que solía ser cristiana, pero que ha evolucionado hacia un secularismo alegre y consumista. En Santa vemos una cultura que tiene el sobrepeso de un materialismo feliz, riendo con placer inconsciente y autocomplaciente. Santa está bien, pero si no hay otra cosa en Navidad que Santa, entonces Santa está triste.

    Papá Noel debería formar parte de nuestra Navidad siempre que no sea la parte principal. Él no es el centro. Él es parte de la celebración más amplia, parte de la decoración extra. Su enfoque en los niños y los regalos es un recordatorio del rescate de niños que San Nicolás hacía con regalos. Finalmente, la atención de Santa a los niños y su entrega de regalos es un indicador de la profunda verdad de que los niños son un regalo precioso, y que el Niño de Belén es el regalo más grande de todos.

    por Dwight Longenecker. Publicado por primera vez en 2013 en The Imaginative Conservative. Traducido por La Botella al Mar.

  • FIF (Funny Inside Feeling)

    FIF (Funny Inside Feeling)

    Cosme Beccar Varela (1911-1987) (abuelo de Isidro, Alfonso, Luis y yo) era muy amigo de los autores ingleses católicos. Fue a visitarlos a Inglaterra y llegó a ser representante de los derechos autorales de algunos de ellos. Encontré “pruebas de galera” (así se decía antes) de una traducción que probablemente preparaba para su editorial “Espiga de Oro”.

    Entre los libros de nuestro abuelo encontré “Now I See” (“Ahora Veo”) de Arnold Lunn, autor hasta ahora desconocido para mí. Lunn se convirtió al catolicismo en 1932, escribió el libro en 1933 y la edición que tengo es de 1939. Busqué por Google el título en castellano “Ahora Veo” de Arnold Lunn y constaté que es prácticamente desconocido en el mundo  hispanohablante.

    Me pareció suficientemente interesante como para resumir y traducir algunos trechos para LBM(RL), con comentarios. Aquí va.

    El padre de Arnold Lunn era predicador Metodista, su abuelo materno era clérigo anglicano. Pertenecían “a la clase que en conjunto despreciaba socialmente a los católicos” (pág 5). Sin embargo cuando Arnold era niño su madre entró por casualidad a una iglesia católica, vio un altar dedicado a San Francisco Javier y rezó para que su hijo fuera un misionero como él (misionero protestante, se entiende).

    Su camino hasta la conversión fue muy lento. De joven admiró a Leslie Stephen, un agnóstico pionero del alpinismo y como resultado Arnold se hizo ateo y escalador. El montañismo lo hizo famoso; recibió el título de “Sir” por su contribución en ese terreno.

    En su juventud su libro de cabecera era “An Agnostic´s Apology” y se suscribió a la “Rationalist Press Association”, lo que preocupó a sus padres, muy religiosos.

    Su problema es que no veía “lógica” en el cristianismo. Decía que el único argumento válido del Cristianismo es que su Fundador resucitó. Lo demás lo puede decir o hacer cualquiera. Pero como resucitar es imposible, entonces el cristianismo es falso.

    “Estoy convencido que es un gran error apartar como irrelevantes los argumentos lógicos a favor del Cristianismo y concentrarse en que la gente encuentre a Cristo” (pág 15). “De nada sirve implorar a la gente que viva cristianamente si no están convencidos que el Cristianismo es verdadero.” El Cristianismo sin la Resurrección no pasa de ser un “código de salud”, bastante poco atractivo (pag. 18).

    “Para los modernos, como el Profesor Julian Huxley, la religión no es otra cosa que una colección de momentos de éxtasis, como cuando se oye una sinfonía de Beethoven” (pag 21). “La emoción no disciplinada por la razón es siempre peligrosa. Adorar la naturaleza degenera en sentimentalismo. La religión de las montañas que algunos montañistas dicen profesar es fundamentalmente irracional. Las montañas se pueden comparar a catedrales, pero nadie adora catedrales.”

    En Mürren, Suiza, se encontró con el Padre Fahey (Comentario: enterrado en La Recoleta) y discutieron sobre los milagros de la Biblia. Arnold decía que si Josué hubiera detenido el giro de la Tierra la gente hubiera salido despedida por los aires a la velocidad que gira la tierra. Fahey le contesto que Dios Omnipotente hizo la ley de la Gravedad y por lo tanto puede suspender sus efectos (pág 37).

    “He leido todas las grandes obras de la literatura alpina pero el mejor elogio a las montañas lo escribió el Sr Hillaire Belloc, que no es montañista”. En ese libro Belloc hacía una breve descripción de una capilla adonde unos campesinos suizos católicos cantaban en latín “Te lucis ante terminum”. Ese descubrimiento hizo que Arnold empezara a entrar en las capillas católicas que encontraba en medio de los Alpes. También entraba en las protestantes, pero no le gustaban tanto.

    Según Lunn los modernos inventaron un Cristo diferente al real, con ideas como éstas: “Es mucho mejor pensar en Jesús como hombre… no hay que darle tanta importancia a los milagros… prefiero no pensar en los milagros… el Jesús-Hombre es más atractivo que el Jesús-Dios…” (pág 71). El Jesús real no solamente hacía milagros sino que además creía en la existencia del Infierno, creía en la existencia de los demonios y en muchas cosas que los modernos no creen.

    La religión moderna se reduce a un Agradable Sentimiento Interno, “Funny Inside Feeling” (FIF) por el cual las personas “sienten” que tienen razón y que los demás no la tienen (pág 76). El FIF es muy selectivo con sus textos. Por ejemplo al FIF no le gustan los textos del Evangelio en los que Jesús insiste en lo real que es el castigo eterno (pag 77). El nuevo mensaje es “Dios no castiga”.

    “A los ingleses no nos gusta la controversia, porque en realidad no nos gusta la lógica” “El valor que se le da a la controversia como medio para alcanzar la verdad naturalmente depende del valor que se le da a la lógica para sacar conclusiones correctas a partir de determinadas premisas.” (pág 99) “Nuestros antepasados medievales creían en la controversia porque creían en la Razón. Santo Tomás de Aquino escribió que es necesario disputar las verdades de la Fe en público, siempre y cuando los participantes estén bien preparados. Lutero criticaba los áridos silogismos de los escolásticos y sostenía: “La Religión no empieza en el cerebro sino en el corazón.” De hecho nuestra desconfianza nacional contra la lógica la debemos al protestantismo, que es ilógico. En el fondo los ingleses sabemos que “la lógica lleva a Roma.”

    Lunn se puso a investigar “el caso” de la Resurrección como si fuera un detective. Los testigos, los indicios, los datos, inclusive fuentes judaicas. Llegó a la certeza de que esta persona que vivió hace dos mi años había resucitado, efectivamente. Ese milagro lo llevó a adoptar el “combo” completo, es decir, el catolicismo tradicional, no las versiones aguadas y sentimentales.

    Casi a los 50 años Arnold fue recibido en la Iglesia Católica al pie del altar de San Francisco Javier en la misma iglesia de los Jesuitas en Farm Street, Londres, que su madre había visitado de niño. (Comentario: El autor de La Botella al Mar, Cosme Beccar Varela, también fue a rezar a ese altar y me trajo la postal que ilustra esta nota).

  • La Argentina que funciona… y la otra

    La Argentina que funciona… y la otra

    El Lunes hablábamos de lo satisfactorio que fue ver la victoria de la Selección y los festejos. Toda una imagen de la Argentina que funciona. Una Argentina encarnada y representada por la Selección tenía una tarea difícil:  Ganar la prueba deportiva mas competitiva del mundo. Lo consiguieron gracias a la disciplina, esfuerzo y trabajo en equipo de los jugadores y el plantel técnico.  

    El Martes nos encontramos con la otra Argentina. La Argentina encarnada por el Gobierno Nacional, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y el de la Ciudad.  Estos tenían una tarea relativamente simple: vallar un recorrido, organizar un cordón de seguridad y asegurarse que hubiera suficiente agua e idealmente, baños para que el público pudiera asistir a la fiesta civilizadamente en un día de sol y calor.

    Para ello tenían los recursos que brinda un 45% de carga fiscal. Cientos de miles de empleados públicos. Toda la información y experiencia necesaria disponible del otro lado de una búsqueda de internet, de un email o de un llamado de teléfono.

    El Mundial es un evento programado hace MUCHO tiempo. Argentina es favorita desde el principio. Es Finalista desde hace una semana.  La población del Área Metropolitana de Buenos Aires es un dato conocido. El entusiasmo argentino por el futbol también.  El recorrido de la Selección no era un secreto de estado.  Alrededor del mundo hay experiencia acumulada sobre como proveer seguridad para eventos masivos. Las autoridades sabían la repercusión internacional de este momento. Que todos los ojos estarían en Buenos Aires este día. Que seria un momento ideal para festejar y de paso mostrar nuestra capacidad de organización.

    Todos los elementos servidos en bandeja para que hasta unos incompetentes como los que nos gobiernan pudieran hacer un buen papel.

    Por supuesto, fallaron.

    Miserablemente.

    El espectáculo de ómnibus rodeado de unos pobres policías, algunos de los cuales tenían que correr HACIA ATRÁS, unas pocas motos, un par de camionetas que fueron desapareciendo hasta dejar a la Selección sola rodeada por una multitud desenfrenada (literalmente).  Hubo muertos por esta improvisación criminal.  

    El único escape termino siendo un helicóptero bochornoso para todos los involucrados.

    Mientras tantos estos chapuceros criminales, estuvieron maniobrando hasta ultimo momento, mendigando para la foto con los héroes del día.  En lugar de cumplir con el mínimo de su deber.

    Cuando, merecidamente los dejaron sin su golosina, salieron a insultar con terminología marxista (“desclasado”) que muestra más la baja estofa propia que la ajena.

    ¿Que esperaban? Si Messi y los suyos no estaban furiosos con el Gobierno antes de este fiasco, seguramente lo estarían a la cuarta hora de avanzar solo un par de kilómetros.

    Que renuncien. Mejor aún. Alquitrán y plumas…