Yellowstone

Estuve mirando la serie televisiva Yellowstone, que sigue la historia de la familia de un tal John Dutton (Kevin Costner), dueños de una gran estancia dedicada a la explotación ganadera en el estado de Montana. Siguiendo el estilo de otras series parecidas como “Succession”, es triste constatar que todos los personajes de la serie son moral o temperamentalmente lamentables. Inclusive el personaje central, John Dutton, supuestamente un hombre con valores “tradicionales” y enfrentado a la “modernidad” o el “progreso”, es una catástrofe como padre de familia, tolerando o incentivando comportamientos de sus hijos y empleados que redundan en la muerte o la quiebra económica de los que él considera sus enemigos o aquellos que le hacen daño. En otras palabras, es un criminal.

Pero no es mi intención enfocarme en este estilo de narrativa televisiva, la del “anti-héroe”, en la que una persona que busca alguien a quien seguir de modelo mientras se entretiene mirando una película, saldrá defraudado ya que lo único que encotrará, en el mejor de los casos, son personajes “menos malos”. Lo que despertó mi indignación, es otra constante de las producciones televisivas o cinematográficas, que tal vez nuestros lectores ya hayan notado.

Específicamente, me refiero al doble estandard cuando se trata de presentar a la religión, o las creencias religiosas de los personajes en la pantalla, ya que Yellowstone, como a mi ver la gran mayoría de lo que se produce para consumo masivo, evita sistemáticamente mostar las creencias religiosas cristianas en una buena luz, mientras se desdobla de respeto y minutos de espacio televisivo cuando se trata de otras creencias, en este caso, los rituales y visión indígena del mundo y sus virtudes humanas.

Así, mientras que el único pastor que aparece en la serie es un hombre que ejerce su influencia desde el púlpito para disuadir a un feligrés de hacer una denuncia contra John Dutton por un crimen cometido por su familia, la serie está plagada de personajes representando indígenas americanos y sus costumbres y puntos de vista, todos presentados de la forma más favorable posible.

Naturalmente, la visón “indígena” del mundo está plagada de propaganda “progresista”. Colón y el descubrimiento son denostados, la propiedad privada atacada, las causas ambientalistas favorecidas, y un largo “etc.” como es de imaginar. Y mientas que el “hombre blanco” es presentado como avaro, asesino y destructor del medio ambiente, el “indígena” es un santo, paciente y sabio, que sufre en silencio a la espera de una oportunidad de hacer el bien.

Sin haber hecho un estudio científico, puedo afirmar que en líneas generales, esta en una constante, que conforma un verdadero esfuerzo de adoctrinamiento dirigido principalmente a las generaciones más jóvenes que generalmente absorben estos mensajes sin mucho pensamiento crítico, ya que les faltan las lecturas y formación para descubrir otros puntos de vista o realizar una refutación de lo presentado en la pantalla, dejándose llevar por lo emocional y lo gráfico.

Para cerrar, es interesante notar que ha habido grades éxitos cinematográficos y televisivos que se han centrado en el mensaje cristiano. Me viene a la memora La Pasión, de Mel Gibson, una más reciente sobre Fr. Stu, de Mark Wahlberg, y en la pantalla chica una serie sobre los Evangelios llamada The Chosen. En otras palabras, Hollywood y los principales difusores de películas no evitan presentar al cristianismo en una buena luz por falta de mercado. Tampoco lo hacen porque eligen excluir temas religiosos de sus producciones. Lo hacen porque, específicamente, odian o desprecian al cristianismo y prefieren poner cualquier otra religión en su lugar.

Es bueno recordarlo cada tanto.

2 comentarios en “Yellowstone”

  1. Cecilia lamoliatte

    Muy buen punto el que describes y es algo que me pasa a menudo, donde el cristiano es además intolerante y rígido en sus posturas, al punto de faltar a la caridad constantemente con los que no piensan como él.

  2. Ignacio Questa Etcheberry

    Pasa lo mismo con los empresarios y los “ricos” en general, siempre son mostrados en Hollywood como las peores personas en todos los guiones, fomentando el resentimiento social y la mentalidad anticapitalista.

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