Categoría: Estrategia

Pensamientos sobre el largo plazo

  • QUÉ ES UN LIBERAL y QUÉ ES UN LIBERTARIO

    Estamos viviendo una ola “libertaria” -que prendió especialmente en los jóvenes- y que por ignorancia confunden con liberalismo.
    El liberalismo es una herejía antigua que consiste en negar que los diez mandamientos sean obligatorios siempre y para todos los seres humanos. Los liberales creen que cada ser humano tiene derecho a tener sus propios diez mandamientos, o a no tener ninguno, con la única limitación de no hacer daño a los demás. Esta supuesta limitación es obviamente falsa, porque justamente los diez mandamientos son los que hacen el menor daño a los demás, ya que los puso Aquél que creó la sociedad humana. Es como si un reloj pretendiera ser ajeno a las leyes que le puso el relojero con la “sola limitación” de que deber dar la hora correctamente. El liberalismo es por lo tanto un disparate del orgullo humano que surge durante el siglo XVIII con el fin de acabar con la odiada tutela moral del Catolicismo.
    En cambio la ola libertaria consiste en una enorme desconfianza respecto a la aptitud de los gobernantes para permitir que los individuos generen salud, riqueza y cultura. A lo que agrego la ineptitud, mejor dicho la enemistad, del Estado para promover las virtudes cristianas y el ejercicio del culto público católico. Estos cinco bienes, salud, riqueza, cultura, virtudes y culto público, son el “Bien Común” de la sociedad.
    La idea en boga es que donde el Estado mete su torpe pata generalmente arruina al Bien Común, aunque pretenda favorecerlo.
    Hubo algunos períodos de la Historia en que el Estado fue más apto para favorecer el Bien Común, pero en los últimos siglos su ineptitud ha ido creciendo hasta casi convertirse en un enemigo del Bien Común, especialmente en los países latinos, propensos a adoptar ideologías absolutas y equivocadas (como el liberalismo).
    Dice León XIII en la Encíclica Rerum Novarum:

    “Lo que más contribuye a la prosperidad de las naciones es la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constitución de las familias, la observancia de la religión y de la justicia, las moderadas cargas públicas y su equitativa distribución, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esta índole.”

    “El individuo es anterior a la república y por naturaleza tiene derechos como el de velar por su vida y por su cuerpo. Esos derechos de los individuos se hacen fuertes dentro de la sociedad doméstica, la familia, que también es anterior al Estado. Por eso es de absoluta necesidad que haya derechos y deberes totalmente independientes de la potestad civil.”
    “Pues si los ciudadanos, si las familias, hechos partícipes de la convivencia y sociedad humanas, encontraran en los poderes públicos perjuicio en vez de ayuda, un cercenamiento de sus derechos más bien que una tutela de los mismos, la sociedad sería, más que deseable, digna de repulsa.”

    De lo que se deduce que el verdadero libertario debe ser anti-liberal, porque los diez mandamientos que el liberalismo rechaza son precisamente la mejor solución para el convivio humano sin injerencia del Estado.

    El gran católico Gustavo Martínez Zuviría (alias “Hugo Wast”) en su tesis doctoral para la Facultad de Derecho de la Universidad de Santa Fe, redactada en 1907 dice “La excesiva intervención del Estado en el organismo político prepara maravillosamente el terreno para el comunismo. La tendencia individualista hace hombres, la tendencia comunista hace mansos borregos destinados a formar en la caravana del proletariado. Mientras menos se acostumbra al individuo a la tutela del estado más capaz se hace de esfuerzos personales, vigorosos y constantes.”
    No debería existir una tensión entre el bien individual y el bien común. Semejante tensión huele a dialéctica hegeliana. Lo mejor es hablar de equilibrio, no de conflicto ni tensión. La naturaleza creada por Dios está toda hecha de equilibrios, como bien observó Heráclito de Éfeso hace casi tres mil años.

    Es verdad que las pasiones humanas individuales pueden provocar desequilibrios en la sociedad, pero también es verdad que la intervención del Estado provoca aún mayores desequilibrios. Coincido con Milei que el mejor mecanismo para fijar precios es el equilibrio entre oferta y demanda. Cuando el Estado fija precios, supuestamente por razones de bien común, desquicia todo.
    Admito que hay empresarios inescrupulosos que les gustaría imponer precios, pero el peligro es bastante menor de lo que dicen los progresistas para fundamentar sus errores. Por supuesto que hay empresarios ladrones, pero habitualmente se apoyan en los Gobiernos. Sin la fuerza estatal las prestaciones tienden al equilibrio.

  • La Libertad en el Estado de Derecho

    Los Estados que respetan la libertad individual tienen pocas leyes, pues entienden que el bien y la virtud no pueden ser obligatorios ni practicados por la fuerza.

    Es más que sabido que practicar el bien, conlleva paciencia y abnegación a perjuicio inmediato de uno mismo, en consecuencia cada uno será libre de decidir si lo ha de practicar o no, cómo sería: perdonar un deudor, pagar más de lo acordado, ayudar a un pobre mal agradecido, curar a un enfermo sin exigir nada a cambio, etc.

    Esto dicho queda más que claro que la única persona que puede imponer tal generosidad, paciencia o abnegación eso sobre vos, eres vos mismo, pues nadie puede obligarte a violar tu libertad y tus propios derechos contra vos mismo.

    Practicar el bien, no se limita a la honestidad

    Ser bueno es practicar el bien, y practicar el bien no es solamente evitar al mal o el crimen. Eso es ser meramente honesto, pues evitar el mal y el crimen son obligaciones de todos, sin las cuales no existe paz ni progreso social alguno.

    Ser bueno, implica ser virtuoso, renunciar a mis caprichos, preferencias o egoísmos, ya sea en orden a agradar a Dios que nos pide actos de piedad, respeto, obediencia, ya sea con el prójimo de igual modo por amor a Dios, siendo paciente, caritativo, dar sin esperar recompensa ni exigir… etc.

    Por fin, realizar esfuerzos o sacrificios por cumplir con mis obligaciones en relación a mi persona y de aquellos por los cuales soy responsable, no es un acto de virtud, es ser responsable de mis decisiones y de mis actos. Cuidar de los niños, educarlos y en gran medida también cuidar de nuestros padres que han hecho lo mismo con nosotros, es asumir nuestra responsabilidad en ésta vida.

    Así dice un salmo: “Siervo inútil soy, solo cumplo con mis obligaciones”… en tal contexto, en la parábola de los talentos, el servidor que enterró su talento, fue meramente “honesto” y fue condenado por no ser virtuoso, bueno, agradecido con su Señor.

    Así, la mera honestidad es el piso, la base sobre la cual debemos construir el bien.

    Obligar al bien, es un atropello ante Dios y los Hombres

    Imponer el bien por ley, es un atropello ante Dios, que nos ha dado la libertad para hacer el bien y ganar méritos ante Él, ya sea aprendiendo a dominar nuestras malas tendencias al orgullo, egoísmo o sensualidad, ya sea siendo pacientes, caritativos y generosos con los demás, pues Dios es paciente y caritativo con nosotros a pesar de nuestras fallas con él.

    Tambíen es un atropello ante los hombres, imponer pequeñas o grandes cargas a los demás, pues es violar la ley de oro: No hagas a los demás lo que no quieres que los demás hagan contigo.

    Sin duda uno puede perdonar a un deudor una pequeña o gran deuda, pero nadie me puede obligar a hacerlo, a perdonarlo sin que sea un robo. Del mismo modo otro puede pagar un sueldo por encima de lo acordado, pero nadie puede obligarlo sin que sea una extorsión, un atropello y en consecuencia otro robo.

    Así sucesivamente, aquel puede donar parte de su fortuna a una casa de caridad, pero nadie lo puede obligar por ley, sin duda es otra extorsión.

    Sin Libertad no existe motivo alguno para practicar el bien

    Sin libertad toda ley, moral o regla no tiene sentido, como también perdería todo propósito, toda idea de mérito o demérito, de premio o castigo de bien o de mal. Sin ella pasaremos a ser autómatas o esclavos de nuestros propios instintos y pasiones.

    La libertad abre el camino a la existencia de la razón, de la conciencia, del ser mejores que los bichos y bestias del campo. Abre el camino a la filosofía y a comprender la moral objetiva sobre la cual es posible la paz y la convivencia humana, dentro de un marco, sino perfecto, al menos razonable, comprensible y lógico, pues al conocer nuestras propias necesidades, preferencias y gustos, comprendemos las de los demás.

    Ahora, bajo un prisma cristiano, Dios ha dado la libertad al hombre para que éste pueda tener mérito ante Él y de ese modo ganarse de forma meritoria el premio eterno, así la libertad es un don esencial o primordial al hombre.

    La libertad bien llevada nos dignifica, nos engrandece y nos hace crecer ante Dios, ante los hombres y nosotros mismos, gran parte de nuestra autoestima es tener conciencia de nuestros buenos actos, y sin duda muchas depresiones, agustias y temores, es tener noción más o menos clara de nuestras irresponsabilidades, excesos, atropellos, etc.

    Así la grandeza, la dignidad y la gloria del ser humano se basa en su misma libertad de optar por el bien y rechazar el mal. Así en el orden de la naturaleza humana, esta primero la vida, la libertad y luego la salvación o perdición del hombre, pues tal salvación se dará en la medida en que uno responda el llamado cristiano: “si tu quieres, toma tu cruz y sígueme”, es decir, no serás meramente una persona honesta, pero pasarás a hacer el bien.

    Sin duda el mundo material está regido por el mundo inmaterial de las virtudes o vicios nacidos de la mente humana. Así la madre de todas las batallas se traba en el mundo de las ideas, de los principios, y en consecuencia seremos libres, justos, dignos y razonables o no lo seremos de ningún modo.

    Todo punto intermediario, es un punto conflictivo que acaba mal, o el hombre goza de buena salud, o toda enfermedad que no es bien tratada, es un punto intermediario hacia la muerte.

  • Cómo hacen algunos ricos para hacerse más ricos

    Cómo hacen algunos ricos para hacerse más ricos

    En el artículo anterior sobre la generación de riqueza decíamos que la cantidad de trabajadores tiende a ser más limitad que la cantidad de capital.  Efectivamente, criar un chiquito, educarlo y entrenarlo en una profesión es un proceso lento y laborioso (y no siempre exitoso), sin contar que los trabajadores tienen una “vida útil” lo que requiere que deban ser continuamente reemplazados.  El capital, en cambio, es generado en forma constante y se acumula tornándolo cada vez más abundante.

    Recordemos aquí dos conceptos económicos basados en el más sólido sentido común: a) la ley de oferta y demanda y b) y la ley de “disminución de retornos”. 

    El primero dice que cuando hay mas cantidad de un bien, su precio cae y el segundo dice que los factores de producción tienen una correlación óptima bajo la cual el rendimiento es el más eficiente. Si se agrega un factor, la cantidad de producto aumenta cada vez menos hasta que potencialmente se transforma en una disminución.

    En resumen: Si la cantidad de capital crece más rápido que la cantidad de trabajadores y si agregar más capital no necesariamente aumenta la producción, el balance de fuerzas tiende a favorecer al trabajo, no al capital. 

    Pero, objetará mi estimado progre residente, la dinámica es que la riqueza tiende a concentrarse porque los ricos se van adueñando de todos los medios de producción, dejando a los trabajadores excluidos.  ¡Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres! (para usar un cliché).

    En una versión modernizada de este concepto, Thomas Piketty dice que esta relación es afectada por la tecnología que va tornando el trabajo obsoleto a través de la robotización, la inteligencia artificial y otros inventos que reemplazan a los trabajadores por equipamiento (es decir, capital).

    No pretendo personalmente saber más que el Sr. Piketty, aunque sus teorías han sido rebatidas por personajes mucho mas sabihondos que yo.  Pero desde mi limitado sentido común, yo diría que esta tendencia tecnológica simplemente prueba el punto que hacíamos en el párrafo anterior.  Un emprendedor solo invierte en un sistema tan caro como la robotización cuando el costo laboral lo justifica.  Dudo que en Bangladesh haya el mismo nivel de robotización que en Japón.  Por lo tanto, la tecnificación, lejos de probar la supremacía del capital, puede ser usada para demostrar su debilidad creciente.

    Por otra parte, alguien con mucho capital tiene costos para “desplegarlo” que le excluye de una cantidad de negocios por no tener escala suficiente. Sin embargo, esos negocios medianos y chicos que no le interesan al “gran capital” son una parte muy importante de cualquier economía. La razón es que en esos negocios, el trabajo y el capital se confunden en la misma persona. Y con esto se alcanza un muy buen grado de productividad que es difícil de ser igualado aun cuando existieran cantidades ilimitadas de dinero (un restaurante “gourmet”, un hotel “boutique”, un profesional independiente, un artesano, etc.).

    La izquierda le gusta burlarse del “trickle down economics”.  Pero a mi modo de ver es así como funciona:

    • Un trabajador sin capital ve aumentar su valor relativo a medida que el capital se torna más abundante (ley de oferta y demanda). 
    • El capital más concentrado se ve excluido de muchos negocios por un problema de eficiencia (ley de saturación de los factores).
    • Esto abre la oportunidad al trabajador de transformarse en el nuevo capitalista a pequeña escala, que ocupa el espacio que deja “el gran capital”.
    • Su eficiencia es muy alta porque combinan el trabajo y el capital en una misma persona apalancando ambos. 
    • Muchos de estos pequeñas y medianas empresas crecen lo suficiente para poder moverse para arriba en la escala económica.
    • Y el ciclo se perpetua. 

    El Sr. Piketty objeta diciendo que (¡resumiendo mil páginas en una oración…!) el retorno del capital ha sido en el último siglo consistentemente superior al crecimiento económico.   Mas allá de las refutaciones a su teoría y los errores de contabilización que se le han apuntado creo que un factor importante que se ha omitido en su análisis es el papel de las políticas socialistas que han sido prevalentes en el último siglo en muchas partes del mundo.

    • La redistribución de capital implementada a través de altas cargas impositivas dificulta su acumulación y por lo tanto limitan su oferta, sustentando pues el valor del capital ya existente.
    • La sobreabundancia de regulaciones, sirven para alimentar las burocracias estatales, pero limitan las oportunidades de negocios, restringiendo la demanda laboral y por lo tanto disminuyendo el valor del trabajo.
    • Los subsidios al desempleo terminan fomentándolo y además aumentan la demanda agregada (en esto siguiendo el manual de Keynes), al mismo tiempo que reducen la oferta agregada. Esto tiene dos efectos: hacer más ricos a los empresarios actuales y generar inflación, haciendo más pobres a los consumidores.
    • También crean un “piso” al valor del trabajo, en muchos casos incompatible con las oportunidades de negocios que se ubican en la base de la pirámide empresarial (las pequeñas y medianas empresas), favoreciendo una vez mas a los grandes capitales que tienden a concentrarse en sectores de alto valor agregado.

    Mas allá de cuales sean los objetivos declarados de esas políticas, en muchos casos consiguen lo opuesto de lo que dicen querer: Favorecen al “viejo capital”, destruyen oportunidades para los trabajadores, limitan la oferta y aumentan la demanda generando inflación y por lo tanto tienden a aumentar la desigualdad, generar pobres y concentrar el poder.

    Nada nuevo.

  • Como se crea riqueza

    Como se crea riqueza

    Siguiendo con el tema del artículo sobre el “precio justo” publicado hace un tiempo atrás, pensé dedicarle unos párrafos al tema de la creación de riqueza.

    Conversando con un amigo hace un tiempo he descubierto que mucha gente (y no solo de izquierda) le cuesta aceptar el concepto, probablemente influenciados de forma directa o indirecta por la teoría marxista sobre la “plusvalía” del trabajo.

    Estimado lector, si Ud. es un experto economista, ¡no lea este artículo! Se reirá de lo básico de los enunciados. Pero en mi defensa soy un (ex)abogado con apenas un poquito de estudio de economía. Pero creo que hay muchos que tienen mi nivel de incomprensión de los conceptos y espero que ellos se beneficien de mis elucubraciones.

    En la economía clásica se hablaba de los tres factores de la producción: la tierra, el capital y el trabajo.  La tierra es remunerada por la renta, el capital por el interés o el dividendo (dependiendo del nivel de riesgo) y el trabajo por el salario.  Hoy en día se reconoce un cuarto factor que es el conocimiento y la activad emprendedora.

    Voy a recurrir a uno de mis (malos) ejemplos para ilustrar el concepto:  Imaginemos que estamos en un tiempo y un lugar donde una persona que llamaremos Pedro inventa la bicicleta.  Patenta su idea y establece una fábrica para hacerla realidad.

    Identifica un galpón (factor tierra) por el que paga un alquiler mensual (renta).  Para comprar la maquinaria necesaria, pide un préstamo a su banco (factor capital) por el que pacta una tasa de interés que se agregara a las cuotas de repago.  Luego contrata a varios trabajadores (factor trabajo) a quienes les paga un salario.  Digamos que al sumar todos los costos incurridos estima que su costo de producción es $100 por cada unidad producida.

    Nuestro emprendedor hace un estudio de mercado y testea cual es el apetito por su nueva invención.  Descubre que un caballo (competidor de reemplazo mas directo en su mercado) tiene un precio de base, sin opciones, de $1.000.- Por este motivo solo gente pudiente puede acceder a uno. De una población total de 10.000 personas, solo 500 podían disponer de comodidades equinas.

    Decide pues poner un precio de la bicicleta a $500 y con esto tener un mercado potencial no solo de las 500 que tienen ingresos disponibles nivel “caballo” si no que 1.000 personas adicionales. 

    Los criadores de caballos sufren un poco con la aparición de la bicicleta. Pero tienen clientes leales. 400 todavía compran caballos y solo 100 se pasan a la bicicleta, la que es percibida como un producto poco confiable.  Pedro tiene mucha más suerte con su nuevo mercado y vende pues 1.100 unidades. Con una ganancia de $400 sobre el costo de producción por cada una…  Nada mal.   La sociedad en su conjunto perdió los $100.000 de los 100 caballos que no se vendieron, pero gano 550.000 de la nueva industria. La riqueza neta creada de la nada fue pues de $450.000. 

    Marx observo este fenómeno y propuso que Pedro le estaba robando a sus empleados. Que los $400 de ganancia no eran atribuibles a él, si no a los trabajadores cuya “plusvalía” había hecho posible ese ingreso adicional.

    Los partidarios del “precio justo” dirían que las bicicletas no podían ser vendidas a $500 ya que esto es una “ganancia excesiva”. Que un precio “razonable” seria (después de consultar un dado) $150. Que es indiferente que el mercado estuviera a dispuesto a pagar mucho más.  Cobrarles $500 por algo que solo cuesta $100 producir es “engañar al público”.

    Pedro opina que su espíritu ingenioso y organizativo fue el que hizo posible todo esto y que ahora esta estudiando que utilidad puede tener el vapor que sale de su pava cuando hierve el agua.

    Juan, uno de los empleados de Pedro, ajeno a toda esta discusión, piensa que la bicicleta diseñada por Pedro es deficiente. Que una rueda tan grande adelante no es necesaria si se la reemplaza con un piñón y una cadena.  Que se puede obtener un producto mucho mejor usando menos materiales. Además observar que los procesos de producción son poco eficientes.  Después de un tiempo de análisis y planeamiento, patenta un invento, alquila otra fábrica, compra maquinaria y contrata trabajadores. Su costo por unidad es de $50.  Fija su precio en $200 porque descubre que su mercado es de 5.000 personas.  Gracias a su buen marketing, consigue robarle el 100% del mercado a Pedro y un 50% a los caballos. Pero ahora 5.500 personas tienen medio de transporte, cuando antes eran solo 1.000.

    Pedro, nada satisfecho con la situación, recurre a sus amigos en la municipalidad para que prohíban el producto de Juan, diciendo que es poco seguro. Que desarrolla velocidades demasiado altas. Que con tan poco metal es poco seguro. Que con tantas bicicletas el medio ambiente del pueblo se deteriora. Y todos los otros argumentos que se le pasan por la cabeza.  Ofrece que las bicicletas tengan un precio “justo” de $200 y que se protejan las fuentes de trabajo de su fábrica estableciendo una prohibición de establecer nuevas.

    Como el consejo del pueblo está compuesto por gente inteligente y no corrupta, rechazan sus argumentos y le apuntan que Juan ha creado una importante cantidad de riqueza para el pueblo, de la misma manera que él lo había hecho en el pasado.  Lo invitan a continuar con sus investigaciones sobre el vapor que él decía eran tan promisorias….

    El proceso continuo con Tomas, quien inventa un producto parecido al de Juan, pero con un costo de producción de $30 y la vende a $90.  Todo el pueblo tiene a su alcance ahora bicicletas con una generosa ganancia, todavía esta por debajo del costo de producción original.

    Diez años después hay veinte fábricas de bicicletas. El costo de producción esta en $25 por unidad y el precio de venta esta en $30.   

    Pedro, Juan y Tomas salieron del negocio de las bicicletas hace tiempo porque inventaron la maquina a vapor, la electricidad y le energía atómica respectivamente.

    Conclusión: El mercado trata de pagar la menor cantidad de ganancias posible. Nadie le “regala” nada a los emprendedores. Estos aprovechan mientras puede para acumular capital que a su vez servirá de semilla para nuevos emprendimientos. Si el gobierno se mantiene al margen y no trata de “proteger” a nadie, la competencia se encargará de reducir los márgenes al mínimo. El factor trabajo es el más limitado, por lo tanto será el primero que tenga escasez y conseguirá subir los sueldos El capital será cada vez mas abundante a medida que se crea más y más riqueza, bajando su nivel de compensación.  

    Si Ud. quiere mejorar la situación de los trabajadores y minimizar el nivel de ganancias que tienen los empresarios, opóngase a la “protección” de los burócratas estatales. Lo único que quieren ellos proteger es su propia posición y la de sus amigos.

  • Hay que eliminar las elecciones

    Hay que eliminar las elecciones

    William F. Buckley, un pensador y periodista conservador americano famosamente dijo que “prefería ser gobernado por los primeros 2000 nombres de la guía telefónica que por el cuerpo de profesores de Harvard”.   Y… convengamos que la calidad humana e intelectual de los profesores de Cambridge es bastante superior al de la cámara de diputados promedio en nuestras “democracias”.

    Me llamaran “negador” de la democracia. Ciertamente lo soy en su estado actual.

    Imaginemos que tuviéramos que comprar un auto y elegir entre una marca que llamaremos Renaudi y otra que llamaremos Forbenz.  Ahora bien, Renaudi da especificaciones falsas.  El contenido de los manuales es una fantasía. La mayor parte de los críticos de revistas especializadas están conectados con Renaudi y odian a Forbenz por lo que habitualmente manipulan la información para favorecer a su empleador.  Renaudi paga a los docentes para que en el colegio y en la Universidad enseñen que un Clía puede desarrollar 300Kmh y es la máxima expresión del lujo cuando en realidad apenas llega a 120 y los asientos son de plástico.  Renaudi te hacer firmar un papel para debitar las cuotas automáticamente. Pero cuando haces el cálculo las cuotas reflejan un precio mucho más caro que el publicitado.  Te ofrecen una garantía que no respetan. Cuando, harto ya, concurrís a la oficina de protección al consumidor descubrís que opera directamente en la fábrica de Renaudi y te dicen que no tenés derecho a protestar porque firmaste un contrato.  Eso sí. El contrato, mas allá de las falsas declaraciones, de tener errores de ortografía, gramatíca y de que su lenguaje es muy confuso, es suficientemente correcto desde el punto de vista formal como para poder ser aceptado por un juez un poco distraido.

    Ninguna metáfora es perfecta. Y este caso no es distinto.  El Renaudi del ejemplo sería un modelo de ética y probidad en comparación con el sistema político actual.

    El problema principal es moral y filosófico. Pero también hay un aspecto práctico.  En el mejor de los mundos es imposible tener un debate adecuado sobre problemas sobre los que la mayor parte del público no tiene información o formación suficiente para decidir.   Como dijo alguien: todo problema complejo tiene una solución simple y atractiva que es errónea.  Lo que hace que las elecciones inevitablemente sean sobre generalidades y personalidades que son aspectos subjetivos de fácil manipulación.  Y esto significa que el que controla recursos para comunicarse con el público, es el que gana.  Normalmente esos recursos (no solamente económicos) son más fácilmente controlados por los que ya están en el poder, lo que les permite perpetuarse.  No digo esto como un juicio de valor. Esta es la realidad.

    Me dirán que todo lo que digo es verdad, pero que, como dijo Churchill, la democracia es el peor sistema de gobierno si excluimos todos los demás. Y en cierto sentido es verdad:  La monarquía equivale a tirar un dado de 20 caras, donde solo una de ellas es ganadora y la “aristocracia” es básicamente el sistema actual con menos derecho al pataleo.  Pero hay una tendencia que empieza a perfilarse que pretende limar algunas de las artistas del sistema actual y es la “Lotocracia”.  Es decir que los representantes del pueblo sean elegidos por una loteria.

    Un filósofo de Rutgers, Alex Guerrero, una profesora de Yale, Hélène Landemore, y una intelectual belga David Van Reybrouck son citados en un artículo de Vox (cave emptor, publicación de izquierda) como los que están desarrollando la propuesta a nivel teórico.

    Este sistema no es nuevo. Ya en Grecia antigua había cargos que eran sorteados entre los ciudadanos.  Y hoy en día el sistema es usado ampliamente con mucha experiencia de como implementarlo ya que los juicios por jurados, utilizados en muchos países incluyendo el nuestro, es una “lotocracia”.

    También lo son las encuestas utilizadas por los medios de comunicación, con la desventaja que hoy en día esas encuestas son fácilmente manipulables y en muchos casos son una herramienta de formación mas que de reflejo de la opinión pública.

    Probablmente lo mas facil sería imitar en lo aplicable el sistema de jurados, en el que un cuerpo suficientemente grande para ser estadísticamente representativo de la población (1.000? 2.000?) actúe como jurado mientras que representantes de partidos políticos actuarían como “fiscalía” y “defensa” a cargo de las propuestas que debieran ser aprobadas o rechazadas por la asamblea.  El servicio sería suficientemente largo para permitir al “lotócrata” adaptarse, pero no demasiado para evitar “institucionalizarlo”.  Renovación por fracciones de la asamblea también aseguraría una representación dinámica. Bien compensado por participar, y alguna penalidad por rechazar el cargo debiera ser implementado para que no hubiera una selección automática de desocupados y perdedores.  Esta asamblea no tendría funciones ejecutivas ni pudiera originar legislación (ya que esto tiene demasiadas complejidades) aunque si pudiera tener alguna función de seguimiento, auditoria y disciplinaria sobre el ejecutivo. Reglas similares a las que tiene un jurado sobre como debe presentarse la información, sobre “lobbying” y por supuesto, corrupción, así como otras prácticas que pudiera distorsionar la opinión de la asamblea debieran ser implementadas so pena de que esta se transformara en un “sello de goma” para políticas predeterminadas (como fueron algunos ejemplos utilizados por la izquierda en relación al medio ambiente, educación, aborto, etc.). Pero este ultimo problema ya está presente en el sistema actual.

    El sistema tampoco sería perfecto, como no lo es el juicio por jurados. Pero tendría la ventaja de eliminar el ridículo sistema de incentivos que crea una elección en la que gana el que mejor mient… perdón, “sabe de marketing político”, mas acceso a recursos tiene, o consigue acorralar mayor cantidad de gente con bajo interés en los temas como para que su voto sea fácil de “cosechar” o “comprar”.

    Tal vez esto pudiera probarse a nivel municipal primero y luego ir subiendo en la estructura a medida que se vayan corrigiendo los problemas que inevitablemente surgirían.

    Me encantaría saber si alguno de los lectores tiene algún pensamiento sobre el tema de la democracia representativa en su estado actual y posibles correcciones.  

  • La Perversión de los lemas

    La Perversión de los lemas

    El ser humano es un rumiante (que me perdonen las vacas), pero no de ingesta (o no siempre) sino de lemas, de consignas que se inducen por repetición, hasta quedar remachadas en el inconsciente, y que sirven como base para elaborar otros conceptos, ideas, o sacar conclusiones para la vida.

    Estas consignas breves, puestas en palabras fuertes, se llaman “Lemas”. Tienen una función similar a las banderas o a los escudos en la heráldica, porque dan un sentido de pertenencia. Son conceptos con los que uno puede identificarse rápidamente dentro de un colectivo social. Prueba de ello es que todos los escudos llevan un lema, y todos los países, estados o instituciones en general tienen uno propio.

    ¿A que le llamamos “perversión”? Se podría resumir como un movimiento de la inteligencia que contempla la verdad, y luego la rechaza procurando lo opuesto. Sin embargo, la voluntad (que es bastante zonza) no se deja mover sino bajo apariencia de bien.  Recordemos que todo lo que se quiere es en razón de bien/verdad. Para convencer a la voluntad hay que hacer un buen make-up del error. En esto sobran ejemplos. Hay grupos de lobby especialistas en vender perversión pintada de lindos colores.

    Entonces, la receta sería la siguiente: unos gramos de palabras fuertes y buenas, revolver en sentido opuesto, condimentar y colorear. Poner a fuego medio desde bien temprano, machacar repetidas veces y mezclar en las ollas populares. Se recomienda consumir desde la infancia.

    Si vemos en la historia, ya Sócrates se peleaba con los sofistas por la adulteración de los conceptos. Mas tarde la revolución francesa tomó la “libertad” como una ausencia de reglas, la igualdad como medida geométrico-social (al que asoma la cabeza se la cortamos), y la fraternidad como un concepto promiscuo, donde por ser hermanos puedo comer de tu plato y dormir en tu cama con la ropa sucia.

    Lo único que no puede ser relativo es la relatividad. Actualmente se habla mucho del amor, de la tolerancia, del respeto, de la libertad… Si, son las mismas preocupaciones que tiene la humanidad desde siempre. Ya son palabras que me dan asco de tantas veces que las oí mal usadas.

    En el imaginario colectivo (y basta con preguntar en la calle) el amor es un sentimiento errático e inasible que hoy está y mañana no, desconectado de cualquier plan. Ni hablar de grados, o de acepción de personas. ¡Ah! no nos olvidemos de los animales.

    Sin embargo, sabemos que el amor siempre fue el motor, el aglutinante para un proyecto de trascendencia. El primer analogado es el Amor Divino por el cual fuimos creados y al cual estamos llamados a volver. Luego está el amor a la Patria, en conexión directa con la familia y la tierra. Y también con el amor al prójimo por el cual nos esforzamos en ser educados, o en enseñar, o en formar una familia estable que dé vida a nuevos seres humanos.

    Hoy la tolerancia es una palabra que significa “hace lo que quieras mientas no me molestes”, siendo que el verdadero sentido (del latín “tollere”) es el de tomar sobre las espaldas las cargas ajenas. La tolerancia es la virtud del cordero sacrificado en holocausto. Está intrínsecamente ligada con la paciencia, y -de vuelta- con la trascendencia de una causa común. El respeto se basa en la dignidad y en la confianza. Y el verdadero respeto se gana y tiene grados. No es lo mismo el respeto hacia un desconocido que hacia nuestros abuelos, por ejemplo.

    Y la libertad… la gran protagonista. Esa señora sin frío.

    Pero la libertad no es una condición permanente, es un medio para conseguir un fin. La libertad está atada a ese fin. Si, atada. Solo es libre el que nada desea. Y nada desea quien todo lo posee. ¿Quién posee todo? Sólo “la Verdad os hará libres” (Jn. 8-32.)

    Volver a darle sentido a las palabras y a los lemas es un trabajo duro pero necesario. De a poco se puede ir logrando. In God we trust.

  • Los siete pilares del régimen

    Los siete pilares del régimen

    El sistema moderno de gobierno es más aristocrático (¿oligárquico?) que democrático.  No es el gobierno de la mayoría. Es el gobierno de una minoría bien financiada y organizada.  Pero es innegable que tiene el consentimiento de por lo menos de una buena porción de la población. ¿Cómo consiguen ese apoyo?

    Si un progre nos lee (¡hola, Adolfo!) inmediatamente me dirá que eso es obvio y que se apoyan en los “intereses económicos” según lo que su facción viene proclamando hace mucho tiempo.  

    Y tiene Ud. razón. Pero solo parcialmente. Si la codicia fuera el único motor que mueve el esquema moderno de poder, las cosas serian relativamente simples.   

    Observemos nuestro propio día a día.  Es evidente que no todas nuestras acciones son empujadas por “intereses económicos”.  ¿Por qué compramos ropa “de marca” cuando pudiéramos vestirnos con un producto de igual calidad pagando mucho menos? Porque la motivación “vanidad” (orgullo) en este caso es más fuerte que la económica (codicia). Lo mismo podemos decir cuando preferimos quedarnos dormidos y no ir a trabajar.  La “fiaca” (pereza) es más fuerte que nuestro interés económico.  Los episodios en los que alguien, preso de un ataque de furia (ira), produce un daño que luego tiene que reparar a un costo considerable no son infrecuentes.

    Gracias a Dios también hay muchas motivaciones buenas y estoy seguro de que es la norma en todos nuestros lectores. Pero seamos sinceros ¿Acaso la pereza no es más fácil que la diligencia? ¿La gula que la templanza? ¿la lujuria que la castidad? ¿la codicia que la austeridad? ¿el orgullo que la humildad?

    Un cínico que no crea en el concepto de “naturaleza caída” o “cielo” o “infierno” o todas esas patrañas de la abuela, pero que tenga un poco de espíritu de observación se dará cuenta que todas esas pasiones pueden ser “apalancadas” con mucha facilidad para beneficio propio.

    Su primer desafío sería mejorar el “branding”.  Después de 2,000 años de educación Cristiana, el público pudiera tener alguna resistencia a una campaña que le propusiera como ideal ser orgulloso, perezoso, envidioso, degenerado, glotón, iracundo y codicioso.

    Pero, milagros del marketing moderno, si en lugar de orgullo hablamos de “igualdad”, si a los perezosos los llamamos “víctimas de la explotación”, si en lugar de envidia hablamos de “justicia social”, si decimos que la lujuria es una “liberación de prejuicios”, si justificamos la ira como “pasión revolucionaria”, y en lugar de codicia hablamos de “consumo” ya tenemos algo con lo que trabajar.

    Después nuestro cínico tendría que “personalizar la campaña”.  Tal vez un intelectual no sea codicioso o perezoso, pero el “ángulo” del orgullo funcione muy bien.  No parecería difícil incentivar la codicia de un empresario, la lujuria de un estudiante, la pereza de un trabajador, la gula de un adicto, la envidia de un fracasado. Y el mercado potencial de nuestro cínico es enorme. El conflicto entre vicios y virtudes es universal y el campo de batalla es el interior de nuestra conciencia. Y lamentablemente todos nosotros, mismo los que rezamos el Padre Nuestro, caemos (frecuentemente) en alguna tentación.

    Tal vez estos “pilares” no sean novedosos, pero si son poderosos.  Está en cada uno de nosotros restarles efectividad…  

  • Oir las dos campanas

    Oir las dos campanas

    “La maternidad implica serios riesgos desde el punto de vista físico, emocional, económico para las mujeres. Son ellas las que cargan con el peso y las responsabilidades, y son ellas las que deben tener el poder de decisión sobre este tema. Esta muy bien cuando eligen ser madres, pero nadie, y menos aún el Estado, tiene derecho de imponerles esa carga.”

    “Cada vida humana es preciosa e irremplazable. Matar un inocente es horrendo. Hacerlo por comodidad, intereses económicos, proteger una carrera es aún peor. Si la víctima es un bebito indefenso, nos hace retroceder de horror. Y que lo haga su madre, en complicidad con un médico, que hizo un juramento para proteger la vida, solo puede ser concebido por mentes de una perversidad insondable.”

    Creo que esto resume adecuadamente la esencia de los mensajes pro-aborto y pro-vida respectivamente. Es fácil darse cuenta de que el “truco” del primero es simplemente ignorar la realidad del segundo. Lo que dicen los abortistas sería razonable si no fuera por el pequeñísimo detalle que no mencionan el precio implícito.  Es como si nos preguntara un día de calor si queremos una Coca sin decirnos que el precio es cortarnos una pierna. Si los dos mensajes tuvieran igual difusión, creo que el primero perdería.

    ¿Pero cómo podemos decir que no tienen paridad? Nadie puede decir que el hecho de la existencia de una vida humana a partir de la concepción es un secreto. Cualquier persona puede llegar a esa conclusión con facilidad. ¿Por qué no lo hacen?

    Hay varias respuestas posibles y todas ellas pueden ser verdaderas: egoísmo, ignorancia, presión del círculo íntimo, miedo, inexperiencia y condicionamiento de la opinión pública, a través de una campaña organizada, para adoptar el primer mensaje y activamente ignorar el segundo . Y es en esto en lo que me quiero focalizar hoy.

    Para tratar de entender el fenómeno, los invito a acompañar a un imaginario joven universitario durante un día cualquiera y tratemos de identificar los “puntos de contacto” (para usar términos de marketing) que utiliza esta campaña.

    Al levantarse es posible que conecte algún tipo de servicio de “streaming” para oír música. Sus artistas favoritos, a los que sigue en varias redes sociales, transmiten mensajes sobre la “igualdad” (dato normalmente pasado por alto: son unos millonarios malcriados) y de la importancia de “empoderar a las mujeres” (dato normalmente pasado por alto: son unos degenerados).  

    Imaginemos que nuestro joven vive con sus padres y baja a tomar el desayuno. Por algún milagro no tienen sus headphones puestos y participa de la conversación familiar.  La misma es sobre temas banales y actividades previstas durante el día.

    El joven cursa estudios el ciclo básico de Derecho y pasa su mañana en la facultad. Las materias que debe estudiar son Sociología, Ciencia Política, Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado, Introducción al Pensamiento Científico, Principios Generales del Derecho Latinoamericano y Principios de Derechos Humanos y Constitucionales.  Todas ellas dan por sentado como verdades fundamentales premisas secularistas, ateas (o en la mejor de las hipótesis, agnósticas), marxistas, contra la familia tradicional, y promueven la religión ambientalista.  El grado de sutilidad con la que el mensaje es difundido varía, aunque no mucho.  Las conversaciones con sus compañeros durante los breves momentos de relajación son sobre futbol o la próxima salida del fin de semana.  Si hay alguna referencia (muy ocasional) a temas más profundos, es extremadamente raro que alguno de sus compañeros adopte una posición católica o de derecha de forma explícita. Si lo hiciera sus comentarios serán recibidos con un silencio incomodo cuando no con hostilidad agresiva.

    Después de cinco horas de clase, nuestro joven va a su trabajo de tiempo parcial en una empresa multinacional, donde esta participando de un programa de práctica para futuros profesionales.  En el viaje en colectivo aprovecha para ponerse al día con sus cuentas en las redes sociales. Los temas “trending” hablan sobre el calentamiento global, el anti-racismo, y la importancia de no discriminar por razones de identidad de género.  Recibe varias sugerencias para seguir un artista “trans” y se celebra ese día el “matrimonio” gay de un famoso quien hace declaraciones sobre su reciente adopción de mellizos. Las fotos son enternecedoras.  Un “pop up” le pregunta que pronombres desea utilizar.

    Cuando llega a su trabajo, el departamento de Recursos Humanos le había informado que el entrenamiento obligatorio sobre “ética” debe estar completado dentro de las próximas dos semanas.  Nuestro joven se aboca pues a la tarea.  En este material, se habla de “equidad”, “diversidad”, “empoderamiento de la mujer”, “desarrollo responsable”, “la lucha común contra el calentamiento global”.  Las reuniones con ejecutivos de la empresa contienen referencias frecuentes a estos temas.  Las conversaciones con sus compañeros de trabajo tienen temas similares a los de la facultad. En este caso existe una prohibición explícita o implícita a no hablar de ningún tema profundo. Ni siquiera esta bien visto hacer comentarios sobre el curso de “ética” obligatorio.

    Al terminar su día activo después de juntarse con sus amigos durante un rato a tomar una cerveza (los temas de conversación son futbol, la próxima salida, y algún meme viral ese día en Tik Tok) vuelve a su casa y se sienta un rato a ver una serie en Netflix.  La trama de la serie incluye por lo menos alguno (o todos) de los siguientes elementos: un gay que es un genio, un trans que es muy gracioso, un “malo” que hace “bullying” en términos enteramente irrealistas de los dos anteriores y que es racista, una chica que tiene sexo en la primer cita con un chico, un cura que es un hipócrita, un padres y una madre que se pelean sin cesar por las cosas más absurdas haciendo la vida imposible a un adolescente rebelde, un empresario ladrón que pretende destruir el medio ambiente, un “idealista” ambiental y de izquierda que predica un discurso levemente irrealista pero altamente atractivo, un tipo que golpea a su novia, un militar loco.

    Nuestro joven, antes de irse a dormir sale al jardín de su casa a fumarse un porro y cansado, se retira a dormir para empezar el ciclo de nuevo al día siguiente.

    En resumen. TODOS los “puntos de contacto” que tienen ese joven, día tras día, le venden un solo mensaje. En sus interacciones con familia y amigos es raro que se traten temas relevantes y por lo tanto no hay una “contra influencia” que sirva para compensar. No es de sorprender pues que, volviendo a los dos primeros párrafos, el mensaje abortista se imponga y la realidad que describimos en el segundo párrafo es simplemente ignorada.

    Y esto no es solo los jóvenes. Esto se extiende a todas las edades y todos los ámbitos. 

    Se habla mucho de “la plata en la política”. Cuanto vale todo ese marketing ideológico. O puesto de otra manera, ¿cuanta plata sería necesaria para contrarrestarla “mano a mano”?

    En conclusión, aunque nos impusiéramos un objetivo de mínima de que “las dos campanas sean oídas” tenemos una tarea monumental frente nuestro.  El primer paso consiste en estar conscientes del fenómeno.

    Manos a la obra. Crease o no, la tarea no es imposible. Solo difícil. Acuérdense de David…

  • La verdad según la justicia social

    Cómo la izquierda progresista se alineó con el posmodernismo

    Hemos llegado a un punto en la historia donde las ideas que sustentan el liberalismo y la modernidad en el seno de la civilización occidental están en grave riesgo. La naturaleza precisa de esta amenaza es complicada. Surge de al menos dos presiones abrumadoras, una revolucionaria y otra reaccionaria, que están en guerra sobre qué dirección iliberal deben ser arrastradas nuestras sociedades.

    Los movimientos populistas de extrema derecha afirman librar una última y desesperada batalla por el liberalismo y la democracia contra una ola creciente de progresismo y globalismo. Se están volviendo cada vez más hacia el liderazgo de dictadores y hombres fuertes que pueden mantener y preservar la soberanía y los valores “occidentales”.

    Mientras tanto, los cruzados “progresistas” de extrema izquierda se presentan a sí mismos como los únicos y justos campeones del progreso social y moral.

    No solo promueven su causa a través de objetivos revolucionarios que rechazan abiertamente el liberalismo como una forma de opresión: también lo hacen con medios cada vez más autoritarios, buscando establecer una ideología completamente fundamentalista de cómo debe ordenarse la sociedad. Cada lado en esta refriega ve al otro como una amenaza existencial y, por lo tanto, cada uno alimenta los mayores excesos del otro. Esta guerra cultural es lo suficientemente intensa como para definir la vida política —y, cada vez más, social— a principios del siglo XXI.

    Aunque el problema de la derecha es grave y merece un análisis cuidadoso en sí mismo, nos hemos convertido en expertos en la naturaleza del problema de la izquierda. Esto se debe en parte a que creemos que, mientras que los dos bandos se están conduciendo mutuamente a la locura y a una mayor radicalización, el problema que proviene de la izquierda representa un alejamiento de su punto histórico de razón y fuerza: el liberalismo esencial para el mantenimiento de nuestras seculares democracias liberales. La izquierda progresista se ha alineado no con la modernidad sino con el posmodernismo, que rechaza la verdad objetiva como una fantasía soñada por pensadores de la Ilustración ingenuos o arrogantemente fanáticos que subestimaron las consecuencias colaterales del progreso.

    El posmodernismo, según su punto de vista, se ha convertido o ha dado lugar a una de las ideologías menos tolerantes y más autoritarias con las que el mundo ha tenido que lidiar desde el final del colonialismo y la Guerra Fría. El posmodernismo se desarrolló en rincones relativamente oscuros de la academia como una reacción intelectual y cultural a todos estos cambios y, desde la década de 1960, se ha extendido a otras partes de la academia: al activismo, a través de las burocracias y al corazón de las escuelas y universidades. A partir de ahí, ha comenzado a filtrarse en la sociedad en general hasta el punto en que el posmodernismo y las reacciones violentas en su contra, tanto razonables como reaccionarias, dominan nuestro panorama sociopolítico.

    Este movimiento persigue nominalmente un objetivo amplio llamado “justicia social”. El término se remonta a casi 200 años. Bajo diferentes pensadores en diferentes momentos, sus diversos significados se han referido a abordar y reparar las desigualdades sociales, particularmente cuando se trata de cuestiones de clase, raza, género, sexo y sexualidad, y particularmente cuando estas van más allá del alcance de la justicia legal. Quizás lo más famoso sea que el filósofo progresista liberal John Rawls expuso una teoría filosófica de las condiciones bajo las cuales se podría organizar una sociedad socialmente justa. En esto, planteó un experimento de pensamiento universalista en el que una sociedad socialmente justa sería aquella en la que un individuo al que se le diera la opción sería igualmente feliz de nacer en cualquier medio social o grupo de identidad.

    También se ha empleado otro enfoque explícitamente antiliberal y antiuniversal para lograr la justicia social, particularmente desde mediados del siglo XX. Este tiene sus raíces en la “teoría crítica”. La teoría crítica se ocupa principalmente de revelar sesgos ocultos y suposiciones subexaminadas, por lo general, señalando los “problemas”, es decir, las formas en que la sociedad y los sistemas en los que opera van mal. El posmodernismo, en cierto sentido, fue una rama de este enfoque crítico.

    El movimiento que asume este cargo presuntuosamente se refiere a su ideología simplemente como “justicia social”, como si solo buscara una sociedad justa, mientras que el resto de nosotros abogamos por algo completamente diferente. Cada vez es más difícil pasar por alto la influencia del Movimiento por la Justicia Social en la sociedad, sobre todo en forma de “política de identidad” o “corrección política”. Casi a diario, sale una noticia sobre alguien que ha sido despedido, ‘cancelado’ u objeto de vergüenza pública en las redes sociales, por haber dicho o hecho algo interpretado como sexista, racista u homofóbico. A veces, las acusaciones están justificadas, y podemos consolarnos con el hecho de que un fanático, a quien vemos como completamente diferente a nosotros, está recibiendo la censura que “merece” por sus odiosas opiniones.

    Sin embargo, cada vez con mayor frecuencia, la acusación es altamente interpretativa y su razonamiento tortuoso. A veces pareciera como si cualquier persona bien intencionada, incluso alguien que valora la libertad y la igualdad universales, podría decir sin darse cuenta algo que no cumple con los nuevos códigos de expresión, con consecuencias devastadoras para su carrera y reputación.

    Esto es confuso y contrario a la intuición de una cultura acostumbrada a poner la dignidad humana en primer lugar y que, por lo tanto, valora las interpretaciones caritativas y la tolerancia de una amplia gama de puntos de vista. En el mejor de los casos, este comportamiento tiene un efecto escalofriante en la cultura de la libre expresión, que ha servido bien a las democracias liberales durante más de dos siglos: las buenas personas se autocensuran para evitar decir cosas “incorrectas”. En el peor de los casos, es una forma maliciosa de intimidación y, cuando se institucionaliza, una especie de autoritarismo.

    Estos cambios, que se están produciendo con una rapidez asombrosa, son muy difíciles de comprender. Esto se debe a que provienen de una visión muy peculiar del mundo, que incluso habla su propio idioma, en cierto modo. Dentro del mundo de habla inglesa, los defensores de la justicia social hablan inglés, pero los “despertados” (“woke” en inglés, es decir, aquellos que despertaron a la visión de la justicia social) usan palabras cotidianas de manera diferente al resto de nosotros. Cuando hablan de ‘racismo’, por ejemplo, no se refieren a prejuicios por motivos de raza, sino a, como ellos lo definen, un sistema racializado que impregna todas las interacciones en la sociedad pero que es en gran parte invisible excepto para aquellos que experimentan o que están versados ​​en los métodos ‘críticos’ apropiados que los entrenan para verlo.

    Estos académicos-activistas no solo hablan un lenguaje especializado, mientras usan palabras cotidianas que la gente asume, incorrectamente, que entienden, sino que también representan una cultura completamente diferente, incrustada en la nuestra. Las personas que han adoptado este punto de vista pueden estar físicamente cerca, pero intelectualmente están a un mundo de distancia. Están obsesionados con el poder, el lenguaje, el conocimiento y las relaciones entre ellos. Interpretan el mundo a través de una lente que detecta dinámicas de poder en cada interacción, expresión y artefacto cultural, incluso cuando no son obvios o reales.

    Esta es una visión del mundo que se centra en los agravios sociales y culturales y tiene como objetivo convertir todo en una lucha política de suma cero que gira en torno a marcadores de identidad como la raza, el sexo, el género y la sexualidad. Para un extraño, esta cultura parece haberse originado en otro planeta, cuyos habitantes no tienen conocimiento de las especies que se reproducen sexualmente, y que interpretan todas nuestras interacciones sociológicas humanas de la manera más cínica posible. Pero, de hecho, estas actitudes absurdas son completamente humanas. Dan testimonio de nuestra capacidad repetidamente demostrada para adoptar cosmovisiones espirituales complejas, que van desde el animismo tribal hasta el espiritualismo hippie y las religiones globales sofisticadas, cada una de las cuales adopta su propio marco interpretativo a través del cual ve el mundo entero. Este simplemente trata sobre una visión peculiar del poder y su capacidad para crear desigualdad y opresión.

    Interactuar con los defensores de este punto de vista requiere aprender no solo su lenguaje, que en sí mismo es bastante desafiante, sino también sus costumbres e incluso su mitología de los problemas “sistémicos” y “estructurales” inherentes a nuestra sociedad, sistemas e instituciones. Como saben los viajeros experimentados, comunicarse en una cultura completamente diferente implica más que aprender el idioma. Uno también debe aprender modismos, implicaciones, referencias culturales y etiqueta. A menudo, necesitamos a alguien que no sea solo un traductor sino también un intérprete en el sentido más amplio, alguien que conozca ambos conjuntos de costumbres, para comunicarnos de manera efectiva.

    En nuestro libro Cynical Theories explicamos cómo la teoría de la justicia social se ha convertido en la fuerza impulsora de la guerra cultural de finales de la década de 2010, y propone una forma filosóficamente liberal de contrarrestar sus manifestaciones en la erudición, el activismo y la vida cotidiana. Contamos la historia de cómo el posmodernismo aplicó sus teorías cínicas para deconstruir lo que podríamos estar de acuerdo en llamar las ‘viejas religiones’ del pensamiento, que incluyen creencias religiosas convencionales como el cristianismo e ideologías seculares como el marxismo, así como sistemas modernos cohesivos como la ciencia, el liberalismo filosófico y el ‘progreso’, y los reemplazó con una nueva religión propia, llamada justicia social.

    Es útil que la teoría de la justicia social se haya vuelto cada vez más segura y clara acerca de sus creencias y objetivos. Este desarrollo es, sin embargo, alarmante: ha hecho que la teoría sea mucho más fácil de entender y actuar por parte de los creyentes que quieren remodelar la sociedad. Podemos ver su impacto en el mundo en los ataques de la justicia social a la ciencia y la razón. También es evidente en las afirmaciones de los creyentes que la sociedad está dividida de manera simplista en identidades dominantes y marginadas y está respaldada por sistemas invisibles de supremacía blanca, patriarcado, heteronormatividad, cisnormatividad, capacitismo y gordofobia.

    Por Helen Pluckrose and James Lindsay.

    Traducido de The Spectator.

  • El equivalente moral a una guerra

    El equivalente moral a una guerra

    En 1911 un intelectual socialista americano llamado William James dictó una conferencia que llamo “El equivalente moral a una guerra”. James, que se decía pacifista, considera que los militaristas de su época tenían razón en apuntar a las virtudes cívicas que la guerra trae a la superficie de una población: “intrepidez, desprecio a la debilidad, subordinación de los intereses privados, obediencia a las órdenes” son las que menciona.  Se pregunta cómo podrían los socialistas incentivar similares virtudes sin llegar a provocar guerras sangrientas.  En particular se refiere a las clases burguesas que solo estaban expuestas a vicisitudes y sufrimientos en tiempos de conflicto.  La solución que propuso es lo que llamó “el equivalente moral a una guerra”.  Crear en la población el estado de ánimo que justificaría por ejemplo una conscripción (temporaria) de todos los ciudadanos para trabajar “por el bien común” y experimentar en carne propia las penurias de los soldados en el frente.

    Y no es patrimonio exclusivo de los socialistas “internacionales”.  Los socialistas “nacionales”, los fascistas y todo gobierno totalitario ha llegado a la misma conclusión: la población en “pie de guerra” es una población obediente y dependiente del poder del Estado.

    En 1977, Carter estaba sumido en la crisis energética y económica producto de las políticas estatistas en boga en esos años (agravadas por el conflicto en Medio Oriente) e hizo un discurso con ese mismo leitmotiv. La solución que propuso, haciéndose eco de James, fue que los americanos pensaran en la crisis por la que atravesaban como “el equivalente moral a una guerra”. Y que hicieran los sacrificios que estarían dispuestos a hacer en un conflicto. Implícito estaba el pedido de que le dieran el tipo de poder casi omnímodo que tiene un gobierno en tiempos de crisis.  Es decir que la culpa de la crisis no eran sus políticas si no que la gente no era suficientemente obediente.  No aclaró si la equivalencia llegaría al punto de hacer fusilar gente por desacato.

    Si consiguiéramos entender lo que dice Biden, creo que esta tratando de vender un punto similar.

    Sospecho que la posición pacifista que tradicionalmente ha adoptado la izquierda es uno de sus “valores temporarios”. Similar al “mi cuerpo, mi elección” (solo aplicable al aborto, pero no a los experimentos con inyectables), “abolir la policía” (hasta que la policía les responde y se convierten en estados policiales), o “libertad de expresión” (hasta que controlan los medios), o “derechos humanos” (hasta que quieren vengarse de sus enemigos).  China, Rusia y todos los gobiernos comunistas cayeron en un militarismo caricaturesco, incluyendo varias aventuras bélicas no muy consistente con una doctrina pacifista.  

    Es natural que esto sea así. Para la Izquierda el Estado es su religión. Rousseau, uno de los padres fundadores del “progresismo”, llego a articular esto claramente cuando llamo a reemplazar el Cristianismo por “una religión civil”.  A la misma conclusión llego Voltaire quien consideraba que la religión (por supuesto no Católica) debía ser una función más del estado.  

    Cuando la izquierda y otros idiotas útiles hablan de un “estado presente” siguen en esta tradición. Mas allá del tamaño del estado (obviamente lo quieren grande) quieren que las competencias del estado abarquen todos los aspectos de la vida humana.  Como la Ley de Dios es enteramente abarcativa.

    La diferencia es que la Iglesia sí cree en la separación del poder temporal del poder espiritual. Desde que Jesús instruyó lo de darle al Cesar lo que es del Cesar, la Iglesia lo ha mantenido (al menos doctrinariamente). Vale la pena aclarar que eso no significa eximir al estado de la Ley de Dios. Simplemente que las competencias, las herramientas, las penalidades, los mecanismos de aplicación son todos distintos. Por ejemplo, cuando uno comete una ilegalidad la pena puede ser la cárcel. Cuando uno comete un pecado, la penalidad puede ser el infierno.  

    ¿Se acuerdan cuando hablábamos de la proyección psicológica de la Izquierda que acusa a Iglesia de querer “teocracias”?  Eso es exactamente lo que quieren ellos. Solo que el Estado es su dios y su iglesia.

    La “guerra” contra la pobreza, la “guerra” contra el calentamiento global, la “guerra” contra el COVID y todas las otras “guerras” que nos venden continuamente son “guerras santas” para aumentar los sacrificos en el altar del Estado.  Siempre y cuando el mismo esté en manos de sus “clérigos” (burócratas o plutócratas), claro está. 

    Y esto nos lleva a la pregunta inevitable: ¿la belicosidad que están demostrando los antiguos pacifistas en el caso de Ucrania, es por sincera simpatía al pueblo ucraniano, o porque sienten que una “guerra caliente” es una mucho mejor oportunidad para expandir su poder que los débiles sucedáneos que mencionamos arriba?  

    El que viva, verá…

  • ¿Realmente odiamos a “las elites”?

    ¿Realmente odiamos a “las elites”?

    Me mandaron este artículo que me pareció muy interesante. Es una critica a la “Nueva Derecha” desde un punto de vista del liberalismo clásico (o eso es lo que dice el articulista).

    ¿Qué es la “Nueva Derecha”?  

    En general desconfío de las etiquetas puestas por “la Contra” para describir movimientos conservadores. Se me antojan intentos de proveer lideres y contenido ideológico desde afuera, seguramente con malas intenciones.  Pero con eso en mente, acá hay un artículo de Vanity Fair (caveat emptor: es un pasquín de extrema izquierda) que tiene datos interesantes.

    Para aquellos de una cierta edad, recordaran que ese termino se usó durante la época de Reagan para definir un sector del movimiento que lo impulsó al poder.  Hoy en día vuelve a estar en boga y se refiere a un cierto sector que es joven, educado, “techy”, no enteramente alineado con algunos puntos del conservadurismo político tradicional, en particular en lo que se refiere a política económica.  Sobre todo, están enojados con las actuales elites las que normalmente hubieran sido sus pares. Un ejemplo de ellos es Peter Thiel (el ex socio de Elon Musk) y una serie de figuras que él ha impulsado como por ejemplo JD Vance, el actual candidato al senado en Ohio.  Yo diría que Giorgia Melloni pudiera ser también un ejemplo.

    Según este articulo la mayor diferencia que existiría entre un “conservador clásico” y un “Derechista Nuevo” es “cuanta fe tiene cada grupo en la posibilidad de que “las elites” pueden existir como un grupo funcional y digno de confianza”.    Su argumento pudiera ser resumido así:  los liberales clásicos pensaban que el “sistema” (capitalismo, libre mercado, democracia) eran fundamentalmente solido y si bien las “elites” eran fácilmente capturadas por intereses particulares, podía en general confiarse que había suficientes mecanismos de auto corrección como para confiar en que serían capaces de llevar el timón en un buen rumbo general.   

    La nueva derecha es en cambio iconoclasta y considera que las “elites” en su actual conformación son un agente pernicioso. Esta visión tan pesimista influencia varias posiciones que antes eran consideradas pilares del pensamiento de derecha. La libertad de expresión pasa a ser vista como un “pase” para aquellos que controlan las grandes compañías tecnológicas y los medios de comunicación corporativos.  La inmigración que era vista con una cierta benevolencia por generaciones anteriores pasa a ser vista como un ataque a la identidad nacional. El libre intercambio un mecanismo para reforzar la globalización y centralización del poder.  

    La Nueva Derecha tiene una mayor preocupación por limitar el creciente poder de la Izquierda que en garantizar los derechos fundamentales individuales que era la roca fundacional del liberalismo clásico.

    Según Tyler Cowen (el autor del artículo) esto es una sobrerreacción de la “Nueva Derecha”. Cree que hay un mecanismo de retroalimentación tanto en la izquierda como en la derecha, en la que ambos bandos tienden a centrarse en los aspectos y noticias negativas ya que estas son las que de alguna manera justifican su existencia. De ahí que sus visiones estan teñidas de extremo pesimismo que les impide ver el cuadro general. En realidad, según él, la situación dista de ser lo negativa que la presentan.   Considera que este desprecio por las elites es auto destructivo, ya que una cosa es querer controlarlas (como era el caso en el antiguo liberalismo) y otra es destruirlas, lo que dejaría a la sociedad sin cabeza, lo que seria peor como remedio que la enfermedad que pretende curar.

    A primera vista parece un análisis atractivo. El optimismo siempre es una posición simpática. Puede que las cosas no estén tan mal como me la venden. Las malas noticias son buenas herramientas para recaudar fondos y organizar las tropas.  Hoy en día hay excelentes maquinarias dedicadas a explotar los miedos de la gente.  La cantidad de horrores en el mundo es más o menos constantes, lo que pasa es que antes nos enterábamos solo de lo que pasaba cerca nuestro y ahora no hay desastre en cualquier rincón remoto de la tierra que no llegue instantáneamente a nuestros oídos.   ¿Este mensaje apaciguador es real o es un canto de sirena para que relajemos nuestra guardia? La ingenuidad y el optimismo se parecen tanto que a veces es difícil distinguirlos.

    Empecemos con un “chequeo de realidad”. A continuación, describo solo cinco proposiciones defendidas (o implementadas) no por una minoría extrema, si no por instituciones de peso como lo son burocracias estatales, partidos políticos, organismos multilaterales, universidades prestigiosas, empresas multinacionales, bancos, productoras, medios de comunicación, asociaciones de maestros, profesores en todos los niveles de enseñanza, lideres religiosos, etc.  De forma casi unánime. Y el disenso con por lo menos algunas de estas proposiciones está siendo penalizado, incluso legalmente, en muchos lugares del mundo.  

    • El aborto es un derecho fundamental de la mujer que no debe tener limitaciones de ninguna índole.
    • Considerar que hay solo varones y mujeres es un prejuicio pernicioso. Los individuos deben tener derecho a elegir su “genero” desde temprana edad y realizar cambios permanentes en su anatomía aun antes de la mayoría de edad sin consentimiento de sus padres.  Esto debe ser enseñado y promovido en el sistema educativo, junto con el concepto que la familia tradicional es una construcción social inventada por el patriarcado para dominar a todos las mujeres y todos los que nos se conformaban a sus dictados.
    • Las diferencias de resultados entre diversos grupos son atribuibles a problemas estructurales de la sociedad y considerar que son resultado de elecciones individuales es racismo.
    • El origen del crimen es la pobreza y la injusticia del sistema. Por lo tanto, no puede castigarse a los criminales individualmente si no se debe trabajar para solucionar las causales remotas.
    • El Cristianismo, y la cultura europea fueron fuerzas destructoras en la historia y su influencia debe ser limitada y/o eliminada.

    Si alguien duda de que estas son posiciones ampliamente apoyadas por las “elites” (como las describo arriba), por favor hágamelo saber y le hago llegar un par de bibliotecas de datos que apoyan esta afirmación.

    Este botón de muestra del “programa de gobierno” de las elites como están compuestas actualmente, marca una enorme diferencia con lo que decían defender esas mismas elites hace relativamente poco tiempo atrás. Tal vez eso explica la diferencia de tratamiento por parte de la derecha que nota el Sr. Cowen.  

    Por otra parte, me parece que es un error conceptual identificar el concepto de “elites” con las elites específicas que sustentan estos puntos de vista.   Es como decir por que yo quiero aplicar las máximas sanciones a un juez corrupto es porque yo odio a los jueces en general.  El mundo no es igualitario si no jerárquico. El respeto a esas jerarquías implica una gran dosis de responsabilidad que va creciendo junto con la posición de poder. Las máximas posiciones de poder requieren el máximo de compromiso.  Creo que todos estamos de acuerdo que las sanciones por abuso de poder van en proporción con el poder del que se abusa.   

    Es verdad que como dice el Sr. Cowen, la derecha tenía una posición complaciente con respecto a varias instituciones porque estaba convencida que habría mecanismos de autocorrección que impedirían el derrape. Pero esta complacencia no tomaba en cuenta un esfuerzo coordinado de una minoría comprometida con un programa ideológico que se dedicaron a sabotear todos estos mecanismos de autocorrección. Por lo tanto, es natural que la derecha tenga interés en reevaluar sus premisas y asegurarse que existan mecanismos de prevención contra este peligro.  No hacerlo sería cómplice con esas fuerzas disolventes.

    El Sr. Cowen no lo dice, pero es algo que es levantado como un fantasma en muchos otros ámbitos y por lo tanto es bueno contestarlo. El riesgo implícito de este negativismo seria impulsar al movimiento de derecha a la violencia. Como decíamos el otro día, la izquierda tiene un grave problema de proyección psicológica. Como ellos llaman constantemente a una revolución sangrienta y han cumplido su promesa muchas veces en la historia piensan que la derecha busca los mismos métodos. Pero esta afinidad con la violencia no es tan frecuente en la derecha. Sobre todo en la derecha burguesa que es la que me parece que el Sr. Cowen esta analizando. 

    Lo que quiere la Derecha es un mundo ordenado donde el mérito y la responsabilidad personal sean los factores determinantes para ascender en la escala de responsabilidad. Donde la concentración de poder sea vista con desconfianza y que se aplique el principio de subsidiariedad. Donde se respete al individuo, a la familia, a la comunidad. Se ame al prójimo y no conceptos abstractos como “la humanidad”.  Donde se respete la vida, la propiedad, la verdad. En resumen, donde se respete la Ley de Dios.