Autor: Alfonso Beccar Varela

  • Los intelectuales

    Los intelectuales

    Aunque a veces no parezca, el hombre es un animal racional. El intelecto y la razón es lo que nos distingue del resto de la creación, y en la medida que el hombre ha moldeado la sociedad en base a ideas o creencias sanas, estas sociedades han sido fructíferas y mejorado su condición en esta tierra. Nuestra propia civilización occidental tiene sus raíces en la remota Grecia, donde los filósofos empezaron a idear el concepto de que fuimos creados a imagen de Dios, del alma inmortal, la felicidad, la libertad, los derechos del hombre, y la democracia misma. Pasaron siglos entre la primera aparición documentada de estas ideas y su difusión a Roma, donde estas continuaron creciendo, plasmándose en el derecho codificado y los rudimentos de un estado moderno. Otros siglos pasaron hasta que la semilla del Cristianismo echó raíces en esa civilización y la hizo propia.

    El reconocimiento de la primacía de la razón sobre otros aspectos de la naturaleza humana como pueden ser las pasiones o las necesidades del momento, es la base misma de la educación. Comenzando en el seno de la familia, y siguiendo durante toda una vida, educamos a nuestros hijos en conceptos que los forman como individuos primero, pero también están destinados a regir o al menos sugerir como deben ser las relaciones con sus semejantes, en otras palabras, a la vida en sociedad.

    Es acá donde el paso de los siglos nos debería dar el gran beneficio de identificar y adoptar ideas y conceptos que han “funcionado” mientras descartamos lo que ha fracasado. Reduciendo esto a lo más básico, la mera existencia de bibliotecas, libros u otros medios de retener información, es un “ayuda-memoria” valiosísimo en este sentido. Pero más allá de esto, la humanidad ha desarrollado también tradiciones, costumbres y formas que también son un “archivo viviente” de las ideas y conceptos que pretende preservar para las generaciones futuras.

    Como católicos creemos también que “Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros”, dejándonos una Iglesia para preservar y difundir sus enseñanzas, y ayudarnos a plasmar estas en nuestras vidas individuales y también como sociedad.

    Muchos de los males que nos aquejan, surgen de una pseudo-liberación del hombre y la sociedad de este corpus de conocimiento o tradiciones que componían el entramado de nuestra civilización occidental. En ese sentido, es clave el papel que en esta revolución han jugado un gran número de intelectuales en los últimos 200 años.

    Así explica Paul Johnson el fenómeno en su libro Los Intelectuales:

    Durante los últimos doscientos años, la influencia de los intelectuales ha crecido constantemente. De hecho, el surgimiento del intelectual secular ha sido un factor clave en la configuración del mundo moderno. Visto contra la larga perspectiva de la historia, es en muchos sentidos un fenómeno nuevo. Es cierto que en sus encarnaciones anteriores como sacerdotes, escribas y adivinos, los intelectuales han pretendido guiar a la sociedad desde el principio. Pero como guardianes de culturas hieráticas, ya fueran primitivas o sofisticadas, sus innovaciones morales e ideológicas estaban limitadas por los cánones de la autoridad externa y por la herencia de la tradición. No eran, ni podían ser, espíritus libres, aventureros de la mente.

    Con el declive del poder clerical en el siglo XVIII, surgió un nuevo tipo de mentor para llenar el vacío y captar la atención de la sociedad. El intelectual secular puede ser deísta, escéptico o ateo. Pero estaba tan dispuesto como cualquier pontífice o presbítero a decirle a la humanidad cómo conducir sus asuntos. Proclamó, desde el principio, una especial devoción por los intereses de la humanidad y el deber evangélico de promoverlos con su enseñanza. Aportó a esta tarea autoproclamada un enfoque mucho más radical que sus predecesores clericales. No se sentía atado por ningún corpus de religión revelada. La sabiduría colectiva del pasado, el legado de la tradición, los códigos prescriptivos de la experiencia ancestral existían para ser seguidos selectivamente o rechazados por completo según lo decidiera su propio sentido común. Por primera vez en la historia humana, y con creciente confianza y audacia, los hombres se levantaron para afirmar que podían diagnosticar los males de la sociedad y curarlos con sus propios intelectos sin ayuda: más aún, que podían idear fórmulas mediante las cuales no sólo la estructura de la sociedad pero los hábitos fundamentales de los seres humanos podrían transformarse para bien. A diferencia de sus antecesores sacerdotales, no eran servidores e intérpretes de los dioses sino sustitutos. Su héroe fue Prometeo, quien robó el fuego celestial y lo trajo a la tierra.

    Una de las características más marcadas de los nuevos intelectuales seculares fue el gusto con el que sometieron a la religión y a sus protagonistas al escrutinio crítico. ¿Hasta qué punto habían beneficiado o perjudicado a la humanidad estos grandes sistemas de fe? ¿Hasta qué punto estos papas y pastores habían vivido de acuerdo con sus preceptos, de pureza y veracidad, de caridad y benevolencia? Los veredictos pronunciados tanto sobre las iglesias como sobre el clero fueron duros. Ahora, después de dos siglos durante los cuales la influencia de la religión ha seguido disminuyendo y los intelectuales seculares han desempeñado un papel cada vez mayor en la configuración de nuestras actitudes e instituciones, es hora de examinar su historial, tanto público como personal. En particular, quiero centrarme en las credenciales morales y de juicio de los intelectuales para decirle a la humanidad cómo comportarse. ¿Cómo dirigían sus propias vidas? ¿Con qué grado de rectitud se comportaron con familiares, amigos y asociados? ¿Eran justos en sus tratos sexuales y financieros? ¿Dijeron y escribieron la verdad? ¿Y cómo sus propios sistemas han resistido la prueba del tiempo y la praxis?

    Paul Johnson pone el foco en la vida e ideas de estos intelectuales modernos, y con el estilo que le es característico, los presenta de una forma muy clara y cuestiona si son merecedores o no de la admiración que posibilitó la difusión de sus ideas. Ciertamente recomendamos la lectura de este libro a todos los que les interese el papel que las ideas juegan en nuestras vidas.

  • Hoy es la fiesta de los antepasados

    Hoy es la fiesta de los antepasados

    Siempre pensé que, a falta de un santo patrono de la genealogía (aunque San Mateo, que empieza su Evangelio con una genealogía de Jesús ¡es un buen candidato!), el 2 de noviembre, fecha en que la Iglesia celebra a los Fieles Difuntos, es lo más próximo que tenemos a una Fiesta de los Antepasados.

    Durante esta fiesta — cuyo objetivo es orar por los que han concluido su vida terrena — no recordemos únicamente a aquellos familiares próximos, aquellos cuyo salto a la eternidad (tal vez reciente) todavía nos duele. No pensemos solamente en hermanos, padres, abuelos o hijos que conocimos íntimamente e hicieron huella en nuestra vida, nuestra personalidad o nuestros sueños, dejándonos sus recuerdos, sus historias o sus pertenencias.

    Acordémonos también — ¡porque no! — de aquellos antepasados más remotos que siempre fueron parte de nuestra historia familiar, que brillan en nuestro árbol genealógico, que tal vez de jóvenes — sino de chicos — conocimos y con los que establecimos una conexión llena de orgullo: el patriarca, la artista, el conquistador, la filántropa, el prócer, el empresario exitoso… aquellos que un país entero tal vez los tiene como suyos, pero sólo de nosotros recibirán el título de abuelo o de pariente.

    Acordémonos especialmente también este año, de aquellos desconocidos que irrumpieron en nuestras vidas, saltando de la página de un libro, un estudio genealógico (o tal vez de un sitio como Genealogía Familiar), y se introdujeron en nuestras vidas reclamando esa familiaridad con nosotros que el parentesco les otorga.

    Recemos por el eterno descanso de todos estos antepasados y, sin necesariamente entender la forma misteriosa con que la Providencia teje el tapiz de la historia de cada familia y de cada país, agradezcámosles la parte que cada uno de ellos contribuyó hacia lo que somos nosotros hoy.

    Porque vivir en nuestro recuerdo es, después de la salvación eterna, lo más parecido a la inmortalidad que podemos darles.

  • Listado de las víctimas del terrorismo en Argentina

    Listado de las víctimas del terrorismo en Argentina

    Desconozco de la existencia de una lista de las víctimas del terrorismo marxista que intentó tomar el poder en la Argentina por las armas durante los años ’70. De existir, agradezco a cualquier lector que me la haga llegar. Mientras tanto, rescato de nuestro archivo, un listado creado por el Sr. Carlos Rey, y enviado a este medio en Junio 2006.

    Junio 9, 2006

    Correo para “La botella al Mar”:

    He visitado varias páginas buscando el listado completo o la cantidad total de víctimas de la subversión sin encontrarlo, por tal motivo, recopilé información de todos ellos y elaboré el siguiente listado, pido al amable lector que lo lea detenidamente y agregue aquellos datos de su conocimiento que falten, haciéndolo circular para que todos y cada uno de los muertos a manos de la subversión sea recordado. Desde ya muchas gracias.

    Carlos Rey

    Cosme Beccar Varela, publicó entonces el listado en la sección Correo del Lector de La Botella al Mar, con este comentario:

    La lista es sobrecogedora. Cada uno de los nombres implica una vida, una familia, lágrimas y dolor. ¡Y sus perversos asesinos pretenden que se les reconozca patriotismo o cualquier otro sentimiento noble! Es incomprensible que los autores o los cómplices de estos crímenes cobardes hayan podido llegar a los altos cargos que hoy ocupan gracias a la colaboración inicua de los partidos políticos reconocidos, peronista, radical, izquierda, socialismo, etc. y que esos partidos se atrevan a reivindicar el tÌtulo de “democráticos”.  

    En La Botella al Mar no nos cabe duda que las víctimas de la subversión son los verdaderos desaparecidos de esos años. Desaparecidos de la memoria nacional, que elige sólo reconocer a sus victimarios. Estos, derrotados en la calle pero victoriosos en la política, obtuvieron para sí o sus parientes puestos en el estado y compensaciones económicas (1), e implantaron en la sociedad –gracias al control o colaboración de los medios de comunicación masiva– la leyenda de los “jóvenes idealistas” y el número jamás comprobado de 30.000 desaparecidos.


    Desconozco el rigor científico empleado por el Sr. Rey en al confección de este listado, que presento a nuestros lectores más como un proyecto a ser continuado que como un documento final. Agradezco desde ya que se comuniquen conmigo, sea haciendo un comentario en esta nota, o mandando un mensaje a la Botella al Mar, si alguno de Uds. tiene datos adicionales, o correcciones a hacer a este listado, que pretende ser un humilde in memoriam de nuestra parte. Desde ya muchas gracias.

    Listado de las víctimas del terrorismo en Argentina


    (1) Como botón de muestra, en mayo 2022 la firma del Sr. Montoto, un ex-Montonero, fue contratada por el gobierno por $3.723 millones para “monitorear y rastrear parejas de agresores y víctimas de violencia de género.” (Ver noticia). Que conste que a su vez el Sr. Montoto es padre de la titular de la ANSES, Fernanda Raverta, militante también. Los millones quedan en familia.

  • ¿No nos cansamos del fracaso?

    ¿No nos cansamos del fracaso?

    Fuimos un país que supo tener aspiraciones de grandeza. Dueño de un extensísimo territorio y dotado de requizas naturales envidiables, la Argentina salió de las convulsiones de las Guerras de la Independencia y las Guerras Civiles que le siguieron, apuntando alto y con un plan, cuyos voceros más claros fueron tal vez Alberdi y la Constitución de 1853. Sin entrar en la minucia de la historia y la discusión eterna sobre si tal o cual personaje o tal o cual política fue lo mejor para el país (lo que a su vez deriva muchas veces en una discusión sobre que tipo país queremos tener, o hasta quienes somos), me animo a decir que en líneas generales, el medio siglo comprendido entre 1880 y 1930 nos vió en un camino de crecimineto en un largo listado de indicadores que, en su época, marcaban el progreso de una nación y su gente: educación, ferrocarril, exportaciones, cierta estabilidad política, salud, ciencia y otros. (1)

    Si hay debate sobre si ese medio siglo representó una época dorada para la Argentina o no, empieza a haber más consenso entre historiadores y opinólogos en que la revolución de Uriburu en 1930 marca un quiebre del orden institucional y da inicio a una época “infame”. Los detractores de José Félix, limitan la infmamia a una década, excluyendo así a lo peor, a lo más “infame” y nocivo que produjeron los varios golpes militares en la Argentina: la subida al poder del Coronel Perón que muy hábilmente usó los recursos del Estado para construir una base política aprovechando las necesidades reales de los trabajadores.

    Es a mi entender este acontecimineto (el surgimineto del movimiento “Justicialista” o más exactamente “Peronista”) que puso a nuestro país en un rumbo de decadencia que ya tiene casi 100 años de duración y no parece tener arreglo a corto plazo. El éxito de las nefastas y fluidas ideas que manienen vigente a este movimiento y sus múltiples metamorfosis, no es mérito exclusivo de Juan Domingo. Es inegable que el cocktail de autoritarismo, demagogia, facilismo, corrupción, mentira y hasta terrorismo, encontró tierra fértil en un porcentaje elevado de la población de nuestro país, sin cuya colaboración activa o pasiva, esto nunca hubiese ocurrido o, como en el caso de muchos experimentos fracasados en la historia política del mundo, ya hubiese sido rechazado y mandado a los libros de historia, al capítulo titulado “Cosas que no deben hacerse nuevamente”.

    Por más que nos pese, tenemos que reconocer que la razón por lo que esto todavía no ocurrió es porque los argentinos como nación no hemos dado la espalda a la receta tóxica que el peronismo nos invita a beber. Casi 100 años de vigencia representan entre tres y cuatro generaciones que han mamado esto y no conocen otra cosa. Más que las ideas, la “personalidad” del peronismo ha hecho metástasis en nuestra sociedad. El resentimiento hacia los más exitosos o los que tienen más, la idea de que se puede hacer plata sin trabajar, esa convicción de que el Estado puede y debe resolver muchos de los problemas de la sociedad, un “anti-americanismo” visceral; son todas manifestaciones de una forma de pensar que contamina las ideas de muchísimos argentinos… aún de aquellos que jamás reconocerían ser “peronistas”.

    Por si queda alguna duda de que esto es así, sólo basta mirar la trayectoria del último gobierno “no peronista”, liderado por Mauricio Macri. No representó un repudio de las políticas que vienen siendo nefastas hace décadas. Los piqueteros siguieron en control de las calles, los planes sociales aumentaron como nunca, ninguna ley estructural cambió. Esto no lo digo sólo como una crítica a Marci o al “Cambiemos” de entonces. Lo digo como prueba de que los argentinos no estábamos entonces (¿estaremos ahora?) listos para apoyar seriamente el mencionado cambio, aún en el caso de que el PRO y sus aliados hayan sido capaces de producirlo, algo de lo que no tengo certeza alguna. Y sólo se hicieron falta las elecciones siguientes para que el electorado “vuelva al redil”, eligiendo a Alberto Fernández, individuo gris cuya única credencial fue el haber sido seleccionado por Cristina Fernández de Kirchner.

    Y así seguimos nuestra decadencia sin fin, probando recetas fracasadas. ¿No nos cansaremos nunca?


    (1) Hay quienes dicen que esos “años dorados”, los de “la generación del ’80”, sólo sirvieron para enriquecer “a la clase dirigente”, y que “el pueblo” no se benefició. Que Argentina era de hecho dos Argentinas, una pobre y otra rica. Es lo mismo dicen de la división de la riqueza en nuestros días, con el famoso estribillo de que “los ricos están cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres”, o cuando reniegan sobre el tan malvado “1%” que tiene la riqueza del mundo. Sin ser un economista (¡ni de lejos!), sospecho que esas frases propagandísticas esconden el hecho que tanto entonces como hoy, la riqueza de un país o de algunos, termina beneficiando a los que no son tan ricos. Sabemos que hoy en día al menos, la existencia de los penta-billonarios no es freno para que los niveles de pobreza hayan caido en el mundo, y que el promedio de la población vive mejor de lo que vivía hace 100 años, en términos materiales al menos.

  • La viga en el propio

    La viga en el propio

    Como si no hubiese temas graves para tratar en el Titanic del que Sergio se declaró plomero, el gobierno que timonea Cristina y tiene a Alberto como mascarón de proa (¡y paramos acá con las analogías náuticas!), tiene tiempo para preocuparse de una conversación grabada en Gran Hermano, un show que no aporta NADA a la salud moral de nuestro país, y tal vez por eso, goza de alto rating. Como es de conocimiento público, un participante, Walter Santiago, o “Alfa”, comentó que Alberto Fernández le habría pedido coimas, “muchísimas veces”.

    Este comentario mereció el repudio inmediato de la alerta vocera presidencial, Gabriela Cerruti, afilada defensora del peronismo corrupto cuando éste fue atacado recientemente por un par de políticos españoles. Invirtiendo el tiempo que sería mejor usado en temas más serios –aunque a veces uno es llevado a pensar que es mejor que no hagan nada, como pide por otras razones Brancatelli– la vocera exigió a los organizadores del programa una rápida retractación. Adicionalmente, declaró: “Como es sabido … a lo largo de su trayectoria pública Alberto Fernández nunca se vio involucrado en hechos de corrupción. Ha hecho de la transparencia un propósito central de su gestión en la función pública. Preservando su honor, no podemos naturalizar que alguien se exprese ligeramente de un modo tal que solo busca difamarlo y desprestigiarlo.”

    Podemos discutir sobre la transparencia de Alberto Fernández, y que quiso decir la vocera al usar esta palabra. Estamos de acuerdo con Cerruti en que el hombre que calienta el sillón de Rivadavia es tan transparente como invisible, ya que no se lo encuentra donde tiene que estar. Como dijimos arriba, tal vez eso sea hasta una virtud, considerando lo poco y mal que aporta a solucionar los problemas de los argentinos.

    Después de las palabras de Cerruti, no tardó mucho el abogado Gregorio Dalbón en apuntalar la exigencia de la vocera con una amenaza judicial. Bajo instrucciones de Fernández (el transparente, no la corrupta), lanzó por Twitter: “Sin perjuicio de lo dicho por la vocera presidencial y en caso de persistir la injuria al presidente de la Nación, Alberto Fernández, me instruyó a iniciar las acciones civiles por daño contra su honor”.

    Pero dejemos eso de lado, y enfoquémonos en la última parte de la frase de Cerruti. Las palabras de “Alfa” despertaron en ella un celo por preservar el honor de Alberto, e impedir que la gente se exprese con ligereza para difamar y desprestigiar al Presidente. Queremos suponer (aunque no estamos seguros) que la vocera cree que en un país republicano, hay que preservar el honor de todos (y todas para usar la popularizada redundancia gramatical) los ciudadanos.

    Confieso que encuentro refrescante y digna de apoyo la defensa el honor, un valor que considero se ha opacado casi al punto de desaparecer de entre nosotros, especialmente entre la clase política argentina. Nunca me imaginé que esta defensa viniese de este grupo de individuos. Pero soy un iluso. Lamentablemente no es eso lo que está ocurriendo.

    Esto no es nada más que un “show” (y me refiero tanto al Gran Hermano como al despliegue creado desde el gobierno como respuesta), otra gran distracción pre-Catar para que los argentinos hablemos de lo que a ellos les interesa y no sobre los temas serios que nos agobian. La clase gobernante no sabe lo que es ni le interesa el honor.

    Miente además la vocera cuando dice que a su jefe le preocupa la ligereza al hablar ya que esta puede dañar el honor de otros argentinos. Yo le recomiendo al transparente Presidente que empiece por practicar él mismo lo que predican en su nombre. No tengo un catálogo de declaraciones de Alberto hechas con ligereza y dañinas al honor de las personas –seguramente nuestros lectores recordarán muchas– pero como botón de muestra, cito un Tweet suyo de hace algunos años, cuando así se refirió a mi familia:

    “Beccar Varela … TFP … golpistas … nazis. Se lo que digo.” (En la foto).

    Desde que mis tatarabuelos Cosme Beccar y María Varela se casaron en 1864, la familia ha dado a la Argentina centenas de individuos honestos, dedicados y trabajadores. Abogados de renombre, empresarios, religiosos, militares, médicos, artistas y mucho más. Menos de una docena (entre los que me encuentro) militamos en las filas de la Tradición Familia Propiedad (TFP) durante algún tiempo. Ciertamente no conozco a ningún pariente nazi, muy por el contrario. Y si por “golpista” Alberto se refiere a los millones de argentinos que en algún momento celebraron alguno de los golpes de estado de nuestra turbulenta historia, estamos en buena compañía.

    Pero hablando con la ligereza que le molesta cuando la siente en carne propia, el presidente difamó e hizo lo que pudo para desprestigiar a centenares de personas que llevan nuestro apellido, usando pocas palabras en un Tweet. ¿No es esto hablar ligeramente con intención de difamar y desprestigiar no a una persona pero a una familia entera? No me consta que se haya retractado nunca, y ya que estamos en tema, llamo al Presidente a hacerlo ahora. Nunca es tarde.

    Por más que escribió “sé lo que digo”, Alberto no sabía lo que decía entonces. Los años han pasado y no pareciera saber lo que dice ahora. Con la ayuda de Dios y el voto de los argentinos, tal vez su figura terminará de desvanecerse y desaparecerá de nuestra historia, a la que no ha aportado nada positivo. Con suerte nos podremos olvidar de él. Pero sospecho que las consecuencias de su patético gobierno estarán con nosotros por muchas décadas.

  • Mediocres por los siglos de los siglos

    Mediocres por los siglos de los siglos

    En al año 45 a.C., cuando Cicerón (en la foto) se encontraba en el ostracismo y alejado de la vida pública, pasó un tiempo en su casa en Tusculum — a 25 km de Roma por la Vía Latina — lugar de residencia preferido de muchos romanos acaudalados. Allí escribió las Tusculanae Disputationes, una serie de cinco libros destinados a popularizar la filosofía de la antigua Grecia entre sus contemporáneos.

    Entre los temas que desarrolla se encuentra el de la felicidad, y que es y no es necesario para obtenerla. Entre muchos otros, toca el de la popularidad, y hasta qué punto gozarla es una fuente de placer o un peso. “¿Por qué debe el sabio seguir el placer de la multitud, en lugar de buscar la verdad sin importarle la presión popular?”, nos pregunta. “Ciertamente sería el ápice de la estupidez darle importancia a la opinión de la masa, cuando a cada uno de ellos como individuos los miramos de arriba porque son obreros sin educación”, nos responde él mismo.

    En ese contexto nos habla de Hermodorus, que vivió en el siglo IV a.C., miembro de la Academia de Platón y que estuvo presente en la muerte de Sócrates. Llegó a ser un hombre prominente en Éfeso, pero fue expulsado de la ciudad por sus compatriotas que Cicerón cita como diciendo: “A nadie entre nosotros se le puede permitir que sobresalga sobre los demás. Cualquiera que aspire a algo así, tiene que irse y vivir en otro lugar, entre otra gente.” Esta oda a la mediocridad, que causó el exilio de Hermodorus, llevo a Heráclito (según nos sigue contando Cicerón) a declarar que toda la población de Éfeso debería haber perdido la vida por proferir tal despreciable afirmación.

    Dejando ese castigo draconiano propuesto por Heráclito de lado, el punto de vista expresado por los habitantes de Éfeso hace 2.400 años es tan parte de la naturaleza humana hoy como lo fue entonces. El mediocre no sólo quiere que lo dejen en paz y no lo empujen a superar sus propias debilidades y falencias, pero resiente y quiere suprimir a aquellos que se destacan, ya que representan la manifestación viva de su propias falencias.

    Y al igual que en la Éfeso del siglo IV a.C., hay estados en pleno siglo XXI que promocionan la mediocridad y castigan la excelencia. Desarrollan estructuras de incentivos, sean culturales o fiscales, para premiar al que, para hablar en criollo, “se queda en el molde” y castigar al que no lo hace. El tan mentado “paraíso socialista escandinavo” es un ejemplo — según me han contado varios que, cual Hermodorus se han exilado del mismo — de una sociedad donde ser exitoso más allá de ciertos parámetros atrae el castigo no sólo de pesadas cargas impositivas, pero también una censura social que mira con malos ojos al que descolla.

    Sin tener que cruzar océanos y llegar a la lejana Suecia, nuestra propia Argentina peronizada sufre del mismo síndrome. Es larga la lista de argentinos cuyo talento y trabajo no ha sido reconocido por sus compatriotas. Y, las experiencias de argentinos que triunfan en el extranjero, son suficientemente numerosas como para proveer evidencia anecdótica de que, una vez libres del peso de la mediocridad nacional imperante, los esfuerzos de muchos son recompensados y destacan como no destacan acá.

    Es triste notar cómo la mediocridad perdura en el corazón del hombre desde el inicio de la historia conocida hasta nuestros días. Pero, también es esperanzador comprobar que ciertos elementos básicos de la naturaleza humana no cambian, pese a los esfuerzos de los ilusos (¿o deberíamos decir mentirosos?) que ignoran este hecho. Dicen vulgarmente que Dios ciega al que quiere perder. Y los ciegos que pretenden redefinir cosas tan inmutables como la existencia de sólo dos sexos, o la influencia de las pasiones o malas tendencias en el comportamiento humano, harían bien en estudiar la historia y darse cuenta que algunas cosas no cambian ni cambiarán nunca. Aunque sea la existencia de los que destacan en un mar de mediocres, de los cuales hay tantos hoy como entonces.

  • Cacofonía

    Cacofonía

    Si hay algo que la actual guerra en Ucrania me ha enseñado, es que todos vivimos inmersos en cantidades indigeribles de información. En una era en la que cualquiera con acceso a internet puede ponerse a leer las obras completas de Cicerón, o mirar el último video de un misil ruso explotando en Kiev, es muy difícil decidir cómo priorizar la información disponible, que conclusiones sacar de ella y como esta afecta nuestras vidas.

    Dicen que la verdad es la primera víctima de la guerra, y esto no es un fenómeno moderno. Siempre fue así. Lo que es moderno es la velocidad y amplitud geográfica con que la información circula en el mundo. No hacen falta muchos conocimientos técnicos o abundantes fondos (y esta misma Botella es una muestra de esto), para que cualquiera que quiera emitir un sonido en el ciberespacio pueda hacerlo.

    Esta cacofonía digital es generada por incontables entidades públicas y privadas con presupuestos muy diversos que tienen intereses en difundir su opinión y su punto de vista. Como todos, estas deciden a qué hechos darle importancia y a cuales no, siendo la omisión muchas veces tan estridente como el énfasis. Ya no se trata simplemente de informar hechos puntuales. Desde la selección de la noticia, hasta cómo se la entrega, está sirviendo, en menor o mayor grado, el interés del que la presenta.

    Aquellos quienes pretenden la quimera de recibir “sólo los hechos”, para poder “formar su propia opinión”, tienen que recurrir a todo tipo de esfuerzos para “compensar” la parcialidad conocida o supuesta del que entrega la noticia. Ni una legión de expertos sería capaz de verificar en tiempo real la veracidad de las noticias que se generan y entregan en el mundo, y el que absorbe noticias y quiere retener cierta independencia intelectual lo hace sabiendo que sus esfuerzos nunca serían del todo exitosos.

    Para complicar más el asunto, no podemos olvidar que todos cargamos nuestras propias parcialidades, de las que somos más o menos conscientes, creadas y alimentadas desde nuestra infancia como parte de nuestra educación, entorno familiar y opciones de vida. Ellas también determinan nuestro punto de vista, y se requieren actos de honestidad intelectual poco comunes para ser capaces de asomarnos como por una ventana al punto de vista del otro sin perder nuestras propias ideas, pero al mismo tiempo admitiendo que ángulos diferentes pueden sumar al que uno ya tiene.

    En última instancia, se requiere una vida de educación, trabajo y fe en Dios para identificar y adquirir los principios y valores morales, religiosos y humanos que nos deberían servir de guía en nuestra búsqueda de la verdad en un mundo que ha desarrollado el talento de camuflarla muchas veces con maestría. Al igual que el camino de la salvación eterna, esta no es una tarea fácil o popular. Pero si al menos no tratamos de desarrollar estos principios y valores, inevitablemente seremos como un corcho en el océano, avasallados por las opiniones de los que pueden hablar más fuerte que nosotros.

    Volviendo al tema Ucrania, quizás los acontecimientos tácticos en el campo de batalla sean los más fáciles de entender. Al final del día, este lado controla tal territorio, y tal o cual edificio o puente fue o no fue destruido. Pero a la hora de formar un juicio sobre los antecedentes del conflicto, o la moralidad del mismo, para no hablar sobre las consecuencias que este puede tener sobre el futuro de ambos países en pugna y sobre el resto de Europa o el mundo, ahí es donde nos encontramos con el equivalente a una “torta mil hojas”, donde cada camada representa una posible explicación, aparentemente bien razonada y con su propio conjunto de datos para fundamentarla.

    Puestos a deconstruir esta torta y sus mil hojas de hojaldre, las posibilidades de interpretaciones alternativas son incontables. Aquí algunas de ellas:

    • Los únicos ganadores de esta guerra serán, como siempre, los fabricantes de armas que están juntando billones.
    • Estados Unidos y la OTAN están “luchando hasta el último ucraniano” para debilitar a Rusia pero, en realidad, no tienen un interés real o válido por ver una Ucrania independiente.
    • Ucrania nunca debió haber sido independiente porque siempre fue parte de Rusia hasta que Nikita Kruschev se la regaló a los ucranianos.
    • Europa y la OTAN representan políticas anti-cristianas como la ideología de género o el aborto, mientras que Putin lucha contra la homosexualidad y es un líder de “derecha”.
    • Rusia está luchando una guerra defensiva ya que fue provocada por la OTAN y tiene derecho a defenderse.

    Y seguro que hay otras…

    Pese a que todas o alguna de estas interpretaciones, sean tal vez legítimas, en lo personal, e íntimo conocedor de mis propios prejuicios y puntos de vista; nacido y formado durante la Guerra Fría, pocas cosas me harían más feliz que ver a Putin derrotado y que la Rusia que él y sus amigos oligarcas representan sea puesta en su lugar. Ese deseo de mi parte, inevitablemente, goza de cada victoria ucraniana y celebra cada debacle ruso. 

  • Mientras la Iglesia susurra, la AMA pelea

    Mientras la Iglesia susurra, la AMA pelea

    Una noticia publicada ayer por Infobae nos cuenta que la Asociación de Mujeres Americanas han denunciado penalmente a la ministra de Salud, Carla Vizzotti, por incumplimiento de deberes de funcionario público. Lo que motiva esta denuncia es la campaña en pro de la esterilización permanente a personas a partir de los 16 años (en la foto).

    La docente y fundadora de AMA, Mercedes Moreno Klappenbach, Pilar Santucci están convencidas de que esa resolución oficial “incita a la mutilación de órganos indispensables para la reproducción” y que la campaña impulsada por el Ministerio “desconoce dolosamente el Pacto de San José de Costa Rica, incorporado expresamente a la Constitución Nacional, sobre la mayoría de edad”.

    Me escandaliza que eso sea lo único que tenga la Ministra de Salud para ofrecer a los jóvenes. Están los que se van del país y para los que se quedan es esterilización masiva y definitiva. Es un disparate. Quiero pensar que Vizzotti se equivocó ya que, como se vota a los 16, pensó que esa era la mayoría de edad, pero no es mayoría de edad”, señaló Moreno Klappenbach a Infobae.

    Infobae

    Es de notar que la Ley 26.130 establece “que toda persona mayor de edad tiene derecho a acceder a la realización de las prácticas denominadas ‘ligadura de trompas de Falopio’ y ‘ligadura de conductos deferentes o vasectomía’ en los servicios del sistema de salud” y fue promulgada en el año 2006. Naturalmente, el procedimiento es gratuito, o, mejor dicho, lo pagan todos los contribuyentes, incluyendo aquellos que tienen objeciones de conciencia sobre estos métodos de control de la natalidad.

    No sabemos bien por qué o cuándo, la ministro de Salud y su equipo decidieron que la mayoría de edad son ahora los 16 años, y lanzaron la campaña publicitaria que provocó la denuncia arriba mencionada. De hecho la Ley 26.579 promulgada tres años después de la que regala esterilizaciones a los argentinos, deja claro que la mayoría de edad en la Argentina es a los 18 años.

    Hace un par de semanas, la Comisión Episcopal por la Vida, los Laicos y la Familia, emitió un comunicado expresando “preocupación” por esta campaña del Ministerio de Salud. Como parece ser la norma en los pronunciamientos de los obispos argentinos, el comunicado usa un lenguaje que carece de la indignación que creemos debería ser parte de una condena a esta campaña que atrofia a los menores de forma definitiva.

    “La exigencia ética de promover una paternidad responsable nunca debe abrir camino a métodos que atentan contra la dignidad de la persona, que acotan la noción de libertad humana o que cargan con la responsabilidad sobre personas que aún no han alcanzado la madurez necesaria para decidir sobre procesos irreversibles”, dice el comunicado de la Comisión. La verdad que si quiero clases de ética o sobre la dignidad humana no necesito la Conferencia Episcopal. ¿No es mucho pedir que expliquen a los argentinos en qué estas prácticas ofenden a Dios o contradicen la enseñanza de la Iglesia?

    La Comisión Epsicopal también expresa preocupación por “el progresivo debilitamiento de la conciencia sobre la vida y sobre la condición humana, que emerge con fuerza cada vez que aparece en la agenda pública el tema del aborto, la eutanasia y tantos otros debates que ponen en jaque los fundamentos más profundos de la humanidad”. 

    “Este debilitamiento -sigue diciendo- reduce la condición humana a una simple materialidad” y “no se tiene en cuenta la existencia de la persona y su trascendencia, y queda peligrosamente desconocida la dignidad de los excluidos, los ancianos, los pobres, los enfermos y los niños por nacer”.

    Infobae

    ¿No sería mas a tono con la identidad y misión de los obispos recordar a los argentinos que, como leemos en la encíclica Humanae vitae del recientemente canonizado Pablo VI, que “tampoco es vía lícita la esterilización directa, perpetua o temporal del hombre o de la mujer”?

    Pero en fin… nuestros pastores hace mucho que no se caracterizan por predicar de forma inequívoca y clara al pueblo en general, prefiriendo discursos que, aunque muchas veces correctos en lo substancial, no disipan la confusión de los fieles, y ciertamente no los mobilizan. En una era en que los enemigos de Dios y de la Iglesia cuentan con un casi monopolio de los medios de información, los obispos argentinos susurran.

    Bastante más claras fueron otras organizaciones porteñas, que

    … también repudiaron “el intento de control de la natalidad y la propaganda” destinada a que “los adolescentes presenten el consentimiento a que el Estado los mutile”.

    Con la firma de la Democracia Cristiana, la Ucedé, el Partido Demócrata y el Partido de las Ciudades en Acción, de la Capital Federal, el comunicado califica de “hecho aberrante” la campaña del Ministerio de Salud. “Intimamos por medio de la presente al cese de esta actividad” que confunde a los jóvenes y busca destruir a la familia e invisibilizar a “la persona humana destruyendo su identidad y naturaleza”.

    Infobae

    Pero al final del día, son Mercedes Moreno Klappenbach, y Pilar Santucci de la Asociación de Mujeres Americanas, las que se llevan nuestra admiración y apoyo, por no solo hablar pero también actuar sin pelos en la lengua en la defensa de la familia argentina, atacada desde tantos frentes y protegida por tan pocos. ¡Que Dios recompense a estas mujeres en esta vida y en la próxima!

  • La brújula, la espada y la cruz

    La brújula, la espada y la cruz

    530 años atrás, un 12 de octubre a las 2 de la mañana, Rodrigo de Triana ve tierra americana por primera vez desde su puesto abordo de La Pinta, una de las famosas carabelas al mando de Cristóbal Colón. 

    Con la salida del sol, y como leemos en el diario del jefe de la expedición, “llegaron a una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní. Luego vinieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda la Armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha isla por el Rey y por la Reina sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito. Luego se ajuntó allí mucha gente de la isla.” (1)

    Habiendo llegado, no tardaron mucho en darse cuenta que no estaban en “las Indias” que buscaban. Con esta realización confirmada, cambiaria el propósito de la travesía que se había mentado para establecer una nueva ruta comercial (es de notar que no había a bordo de las carabelas ni sacerdote ni militar alguno), y el viaje sería el detonante de algo totalmente diferente.

    Sin entrar en tecnicismos sobre si esta fecha recuerda o no un “descubrimiento”, el hecho es que Colón, no sólo se topa con América por primera vez, pero vuelve con éxito y comparte con otros su experiencia y conocimientos, lo que hace más significativa aún su travesía. En el plazo de diez años cruzará con éxito el Atlántico tres veces más, uniendo definitivamente a España – y por extensión a toda Europa – con las costas del Caribe, Venezuela y Centro América. 

    Al tiempo que celebramos el descubrimiento de América, también festejamos lo que fue un verdadero derroche de energía e imaginación que se desencadenaron en el alma colectiva de los recientemente unificados reinos de España, al entender que tenían entre manos tierras ignotas a explorar. Desde el primer momento, Fernando e Isabel y sus descendientes, administraron la conquista de todo el continente americano, supervisando la transfusión de la sangre de un pueblo que logró en tiempo récord cristianizar, asimilar y poblar el “Nuevo Mundo”, plantando la semilla y construyendo las bases de las naciones de las que hoy formamos parte.

    El modelo a seguir surgió casi de inmediato. Nobles e hidalgos aportaban financiación y el “músculo” militar de la aventura, que se hacía en nombre de la Corona. Esta, a su vez, retenía autoridad final sobre lo actuado por estos, y no solo adquiría soberanía sobre las nuevas tierras sino que también insistió desde el principio que la misión evangelizadora debía ser parte de cualquier empresa. Cerrando el cuadro administrativo, no podemos dejar de mencionar a los escribanos, abogados y juristas que notariaban lo actuado; informando al poder central en gran detalle, generando una inmensa carga burocrática que, algunos dicen, terminó siendo fatal a los intereses de España con el correr de los años, aunque invaluable para los historiadores e investigadores que siguieron.

    Encuadradas en este modelo, hubo centenares de expediciones de diversa magnitud, que conformaron una verdadera carrera conquistadora sin precedentes en la historia. Para poner en perspectiva la dimensión de esta obra, recordemos que pasaron menos de 100 años entre la llegada accidental de Colón a una diminuta isla del Caribe y estos hitos:

    • Fundación de La Havana en 1515.
    • La caída del imperio Azteca en 1521.
    • La caída del imperio Inca en los años 1530.
    • Fundación de Cartagena, Colombia en 1533.
    • Fundación de Lima, Perú en 1535.
    • Primera fundación de Buenos Aires, en 1536.
    • Fundación de Asunción, Paraguay, en 1537.
    • Fundación de Santiago, Chile, en 1541.
    • Juan Rodríguez Cabrillo llega a California en 1542.
    • Fundación de Potosí, Bolivia, en 1545.
    • Fundación de San Agustín en Florida, Estados Unidos en 1565.
    • Fundación de San Miguel de Tucumán, Argentina, en 1565.
    • Fundación de Córdoba, Argentina, en 1573.
    • La segunda y definitiva fundación de Buenos Aires en 1580.
    • Fundación de Salta, Argentina, en 1582.

    Fue como si el genio español, restringido y asfixiado durante 800 años por una Reconquista que parecía no terminar nunca (convengamos que el territorio siendo reconquistado de los musulmanes era más bien pequeño), hubiese explotado cual vapor en una olla a presión una vez que cayó Granada y se abrieron las puertas del mar a las tierras de horizontes sin límites.

    América ofrecía un sinfin de oportunidades sea al militar, al explorador, al artesano o al misionero. Y en lo que sería un gran éxito del “marketing” de la época, hasta sedujo al aventurero, sugiriendo por medio de leyendas la posibilidad de riquezas fabulosas que quedaron grabadas para siempre en el imaginario colectivo. Una vez que cayeron los aztecas, o todo su oro no pudo salvar al Inca, se oye desde lugares siempre un poco más lejanos, el canto seductor de riquezas fabulosas esperando para entregarse al corajudo que llegue primero. Leyendas como La Ciudad de los Césares o El Dorado (2), sirvieron para que millares de kilómetros cuadrados sean explorados y para que tras los pasos del aventurero desilusionado siguiesen los fundadores de ciudades y los que buscaban su fortuna en el trabajo.  

    Porque al final del día, (con algunas notables excepciones), los conquistadores no fueron premiados con riquezas fáciles o fabulosas. Fue la tierra misma, la que muchos regaron con su sangre, la que recompensó sus esfuerzos y bendijo a sus descendientes (3). Fue en esta tierra en la que se asentaron desde el primer momento los misioneros, sacerdotes y evangelizadores, que levantaban la cruz y las iglesias a cuya sombra encontraron refugio y salvación los habitantes originarios. Fue a esta tierra a la que vinieron también millares de hombres y mujeres (en su mayoría españoles durante estos primeros cien años), y la convirtieron en propia, generando con el pasar de los años una identidad única, derivada de la española, pero diferente a ella por las circunstancias de la geografía y el mestizaje. 

    Muy acertadamente Faustino Rodríguez San Pedro acuña en 1913 el término “Día de la Raza”, para festejar la unión entre España e Iberoamérica,  para que “se conmemore la fecha del descubrimiento de América, en forma que a la vez de homenaje a la memoria del inmortal Cristóbal Colón, sirva para exteriorizar la intimidad espiritual existente entre la Nación descubridora y civilizadora y las formadas en el suelo americano, hoy prósperos Estados.”

    Es esa historia y esa unión (y no a los “pueblos originarios” como algunos pretenden ahora) lo que celebramos hoy.

    Desde hace tiempo que la figura de Colón es vilipendiada. No olvidemos que fueron sus contemporáneos españoles, que conocieron de cerca sus defectos, los que lo apartaron de posiciones de gobierno. Por eso es que Colón muere en la pobreza y despojado de sus títulos. Más adelante, es la “Leyenda Negra”, anti-española y anti-católica, que con fines claramente propagandísticos, suma Colón a un listado de horrores cometidos por los rivales de Inglaterra. En tiempos más recientes, el frenesí anti-columbino que incluye la destrucción o remoción de sus estatuas por el mundo entero, va mucho más allá de ser un acto “anti-español” y es un estribillo del mismo movimiento que usa el ambientalismo como excusa para socavar y posiblmemente destruir lo que queda de los valores cristianos de la civilización occidental (4). Colón no es criticado ya por sus defectos (que los tuvo y muchos), pero por haber posibilidado que la civilización europea (entonces cristiana) se implantase en América.

    Las elites intelectuales de la izquiera y la progresía mundial, disfrazadas de “tribunal popular” o de “defensores de los pueblos originarios”, prenteden juzgar a Colón con sus criterios modernos y su agenda ideologizada, y contrastan al navegante con una visión idílica de la vida en América antes de la llegada de los europeos. Colón y los que siguieron sus pasos habrían llegado a un paraíso perdido, donde existía una sociedad perfecta en plena armonía con la naturaleza. Un paraíso vírgen de los horrores y los pecados de Europa.

    Ambas visiones son falsas. Ni España impementó en América un genocidio organizado de los “pueblos originarios”, ni estos pueblos vivían idílicamente. Es bueno recordar que tanto los españoles como los indígenas, eran todos humanos. Hombres de su época y sus culturas, con sus virtudes y sus defectos. Eso dicho, una de las civilizaciones era Crisitana (al menos aspiracionalmente) y con la visión antropológica que esta posee sobre los derechos del hombre creado a imagen y semejanza de Dios. La otra estaba aun sumida en las tinieblas del paganismo y como los sacrificios humanos de los aztecas y otras prácticas aberrantes del continente atestiguan, representaba una cosmovisión que no podía coexistir con la que llegaba de Europa en las tres carabelas con la cruz en sus velas. Al final del día (y para enorme ventaja de todo el continente y amargura de los neo-paganos) prevaleció la Crisitana.

    En última instancia, la brújula de Colón abrió el camino a la espada del conquistador y a la cruz del misionero. Esta combinación permitió en nuestro continente el desarrollo de una sociedad criolla en la que fue posible, en las palabras de Carlos Ibarguren (h) “el establecimiento formal de la familia cristianamente constituida; la práctica de las virtudes domésticas que ella supone; el apego al suelo mediante la propiedad territorial heredable de generación a generación; lazos morales, todos esos, entre la tierra y la sangre, que cimentan la paz, el orden, el hábito comunitario; vale decir el amor a la patria, nacido con el arraigo de la estirpe al terrón nativo.” (5)

    Es por eso que digo con orgullo: ¡Gracias Colón!


    (1) Ver El primer viaje a las Indias Relación compendiada por Fray Bartolomé de las Casas.

    (2) Es interesante notar como estas fabulosas ubicaciones están geográficamente en las antípodas de Sudamérica. Jerónimo Luis de Cabrera (nieto) llega desde Córdoba hasta el volcán Villarica en Chile en busca de la Ciudad de los Césares. E incontables expediciones como la del aventurero paranoico Lope de Aguirre (ver biografía de Tula Cervín en Los Antepasados) buscaron el mítico El Dorado en la selva a amazónica entre Brasil, Colombia y Venezuela. Podríamos agregar a esta lista la mítica Fuente de la Eterna Juventud que trajo a Juan Ponce de León y muchos otros a Florida en Estados Unidos.

    (3) Como botón de muestra de una larguísima lista de conquistadores y las vicisitudes de sus andares y muertes en América, recomiendo leer la biografía de Juan Gregorio Bazán escrita por Carlos F. Ibarguren en Los Antepasados.

    (4) Para leer más sobre el tema, ver El ambientalismo como religión.

    (5) Ver Los Antepasados, de Carlos F. Ibarguren. Biografia de Hernán Mexía de Mirabal.


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  • Dólar Experiencia

    Dólar Experiencia

    Parece que no podemos mirar televisión o leer las noticias estos días sin oír hablar sobre la escasez de dólares en el Banco Central. Las políticas económicas fallidas de nuestro gobierno (que se suman as las de un largo número de gobiernos anteriores), han hecho de la disponibilidad de reservas en dólares como el cuento de la frazada demasiado corta para cubir los pies y los hombros al mismo tiempo. Desesperado por evitar una explosión en una economía ya descuajeringada, y llegar, como sea, a las próximas elecciones, se dedican ahora a inventar distintos tipos de cambio que se ofrecen al público en un verdadero buffet de ofertas. Si no es el dólar “soja” será el dólar “Qatar”. Si favorecemos la compra de insumos para potenciar las exportaciones de automóviles tenemos que restringir la importación de instrumentos musicales. Si gastamos dólares “para producir”, gastarlos en viajes no es patriótico. Es el precio de gerenciar la miseria.

    Estoy tentado de acercarle al Ministro de Economía una propuesta que podría ayudar a llenar las arcas del Estado. Tenemos que empezar a vender al mundo nuestra experiencia. Y venderla a buen precio. Quiero un “Dólar Experiencia”.

    ¿Qué experiencia tenemos que es única y valiosa? ¿Exportable? ¿Dolarizable?

    Los argentinos somos producto de ya casi 100 años de políticas estatistas, y expertos en vivir de subsidios, regalos (cuando no del robo de la corrupción directamente), planes, prebendas y de la discrecionalidad del funcionario de turno. Este experimento casi secular, ha generado un país para el que la hiper-inflación ya no asusta, las deuda externa crece pero a veces se paga y a veces no, donde los ahorros nunca están demasiado lejos de la mano confiscatoria del Estado, donde la educación y la salud pública son una triste sombra de lo que fueron y asi por delante.

    Cualquier combinación de dos o tres de los elementos arriba mencionados conformarían en un país serio una catástrofe que obligaría a los ciudadanos a analizar en que se equivocaron, y que medidas concretas habría que tomar para evitar una reincidencia. ¡Pero no nosotros! ¿Porqué?

    Hemos aceitado y perfeccionado durante casi 100 años un mecanismo que permite a gobiernos que sólo producen catástrofes, seguir ganando elecciones. Lo constatamos todos los días en un país, donde, pese a los desastres que nos rodean en todos los frentes, un sector imporante de la población los sigue y los seguirá votando.

    Lo que muchos en el mundo no saben (aunque algunos países como el Estados Unidos de los Demócratas ya lo están descubriendo), es que en la democracia moderna no necesitás convencer a TODOS los votantes para obtener el poder. Con tener un número suficiente (¿un 30%?) de parásitos que prefieren vivir permanentemente del trabajo de los demás, el resto de los votos se consiguen sea con engaños, presión mediática o, porque no, algo de fraude electoral por si se hiciera falta un último esfuercito. Esa receta ¡ES ARGENTINA! ¡Como el dulce de leche, las empanadas o el arroz con leche!

    Yo creo que esta es una experiencia que vale oro. Vale dólar “de cabeza grande”. Son incontables los hombres y mujeres del mundo, en países que están a tiempo de evitar “la experiencia peronista”, que pagarían en divisa fuerte un curso intensivo para entender que hicimos mal. Y aunque nosotros no tengamos las ganas o las fuerzas para arreglarlo, tal vez ellos si.

    Una vez que logre del ministro Massa un “Dólar Experiencia”, compartiré mis conocimientos con Isabel Díaz Ayuso, presidente de la Comunidad de Madrid, que ya tiene claro que España debe evitar el mismo camino. Y si me piden, ofrezco descuento dependiendo el número de ciudades españolas que me abran las puertas. Y de España… ¡al mundo!


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  • Cruzada #2

    Cruzada #2

    Noticias del archivo

    Hemos sumado el ejemplar #2 de la revista CRUZADA, publicada en agosto 1956, a la Biblioteca Digital de La Botella al Mar. Los artículos que incluye son:

    • El panamericanismo
    • Del liberalismo francés al comunismo ruso
    • España, defensor fidei
    • ¿Divergencias políticas o cuestión religiosa?
    • ¡Pardonnez a la France!
    • Enseñanza religiosa
    • La ciudad fraternal de Maritain
    • ¿Católicos independientes, católicos de Independiente o católicos “de boca”?
    • Tristeza – Consuelo

    La revista puede ser leída acá, junto con otras publicaciones de Cosme Beccar Varela.